Revista revoluciones. (2025). Vol. 7 Num. 20. pags. 1-19

Revista revoluciones https://revistas.inudi.edu.pe/rr ISSN: 2710-0499 ISSN-L: 2788-0480 Editada por: Instituto Universitario de Innovación Ciencia y Tecnología Inudi Perú
Artículo original

La jornada sin fin: experiencias de una madre trabajadora en la industria de manufactura en Mazatlán

DOI: https://doi.org/10.35622/j.rr.2025.020.001

Resumen

Este artículo presenta el caso de una trabajadora del sector manufacturero en Mazatlán, Sinaloa, analizado desde una perspectiva feminista. El estudio muestra cómo su empleo en este sector de la industria se combina con trabajos domésticos remunerados y con las tareas de cuidado dentro del hogar, y se configura una doble y hasta triple jornada. Esta carga de actividades repercute directamente en su salud, en su alimentación y en la posibilidad de contar con espacios de descanso. La investigación      se desarrolló con un enfoque cualitativo, a partir de entrevistas en profundidad y observaciones de campo, lo que permitió una descripción detallada de la vida cotidiana de la participante. Los resultados evidencian que la precariedad laboral y la invisibilización del trabajo de cuidados no son exclusivas de ciertos sectores, como la maquila textil o pesquera, sino que atraviesan también a la industria de manufactura. Se concluye que el reconocimiento y la redistribución del trabajo de cuidados son condiciones necesarias para avanzar hacia la igualdad sustantiva de género.

INTRODUCCIÓN

La participación de las mujeres en el trabajo remunerado ha crecido de manera sostenida en América Latina, pero este aumento no se ha traducido en mejores condiciones laborales ni en una reducción de las desigualdades de género. Aunque cada vez más mujeres se insertan en actividades productivas, lo hacen con frecuencia en empleos caracterizados por salarios bajos, inestabilidad y escasas posibilidades de ascenso (Pedrero, 2018; Sabido, 2023). En México, a pesar de que representan casi la mitad de la población económicamente activa, continúan enfrentando brechas salariales y mayores dificultades para acceder a puestos de decisión, lo que refleja la persistencia de estructuras desiguales en el ámbito laboral (INEGI, 2020; Colinas, 2008).

Los estudios sobre trabajo femenino en el país han mostrado que esta situación no es nueva. Fernández (1984) documentó que las obreras de maquila en la frontera norte eran contratadas en posiciones de menor rango, con salarios más bajos y altos niveles de rotación. Zúñiga (1988) evidenció condiciones semejantes en la industria del empaque, donde las mujeres asumían largas jornadas en contextos de precariedad e invisibilización. Investigaciones posteriores confirmaron que, aun cuando el trabajo asalariado ofrecía un ingreso, este se combinaba con responsabilidades domésticas y de cuidado que recaían de manera desproporcionada sobre ellas (De la O Martínez, 2006; Romero & De los Santos, 2024). Estos hallazgos muestran que las mujeres no solo participan en el mundo del trabajo formal, sino que enfrentan una doble o triple jornada que incide directamente en su salud y bienestar (Delgado, 2021; Natalie, 2016).

En Mazatlán, Sinaloa, el sector manufacturero, constituye un espacio de empleo relevante, aunque poco estudiado desde la perspectiva feminista. Esta falta de visibilidad impide comprender las condiciones reales en que se desempeñan y limita la construcción de políticas públicas que atiendan las desigualdades de género en el trabajo.

Desde la teoría feminista, estas desigualdades pueden entenderse como el resultado de la articulación entre capitalismo y patriarcado. Las mujeres sostienen simultáneamente la producción y la reproducción social, pero mientras su empleo asalariado recibe un reconocimiento parcial, el trabajo doméstico y de cuidados se mantiene oculto e infravalorado, aunque es indispensable para el funcionamiento del sistema económico (Federici, 2020; Bolla et al., 2021; Rodríguez-Enríquez, 2015). Analizar las experiencias de mujeres trabajadoras en el sector manufacturero permite observar de qué manera estas estructuras de desigualdad se manifiestan en la organización de la vida cotidiana y en la gestión del tiempo.

Postura teórica

Este estudio se inscribe en una postura feminista que entiende el trabajo de las mujeres como un espacio atravesado por desigualdades de género y de clase. Bajo esta mirada, no es posible separar el empleo asalariado de las tareas de cuidado y del trabajo doméstico, ya que ambos forman parte de una misma lógica social y económica que sostiene la reproducción de la vida y, al mismo tiempo, alimenta el sistema capitalista (Federici, 2020; Colinas, 2008).

La perspectiva adoptada reconoce que las mujeres enfrentan una doble y hasta triple jornada: empleo formal, trabajos adicionales para complementar el ingreso y, de manera simultánea, las labores domésticas y de cuidado que recaen de forma casi exclusiva sobre ellas. Como señalan Bolla et al. (2021), estas responsabilidades, al no recibir remuneración ni valoración social profundizan las condiciones de desigualdad y limitan el acceso de las mujeres a mejores oportunidades laborales y de desarrollo personal.

La postura también retoma aportes de la economía feminista, la cual ha visibilizado cómo la división sexual del trabajo se traduce en un reparto inequitativo de los tiempos y las tareas. Rodríguez-Enríquez (2015) destaca que, en América Latina, la organización social del cuidado se sostiene sobre la base de la labor femenina, lo que limita su inserción en empleos de calidad y perpetúa la precariedad.

Un segundo eje que orienta este estudio es la interseccionalidad (Crenshaw, 2012), entendida como la categoría que permite reconocer cómo género, clase, la maternidad y el trabajo de cuidados se entrelazan en la experiencia de las trabajadoras. Desde este marco, la situación de la participante no se explica como un hecho individual, sino como expresión de estructuras sociales que condicionan sus oportunidades y amplían su carga laboral.

Asimismo, se asume que en el campo del Trabajo Social feminista las mujeres no son solo sujetos de estudio, sino también portadoras de un conocimiento situado. Sus relatos y prácticas cotidianas constituyen evidencias válidas para comprender la forma en que se manifiestan las desigualdades y para generar propuestas de intervención. Tal como señalan Harding (1987) y DeVault (1999), la voz de las mujeres y la observación etnográfica permiten construir un conocimiento crítico que cuestiona las narrativas dominantes.

Entonces, la perspectiva teórica de este estudio articula tres dimensiones: el feminismo como enfoque crítico, la economía del cuidado como eje analítico y la interseccionalidad como categoría que explica la complejidad de las experiencias. Desde aquí se reconoce que la explotación laboral y doméstica que enfrentan las mujeres trabajadoras del sector manufacturero no es un hecho aislado, sino parte de un sistema que reproduce desigualdades estructurales que deben ser visibilizadas y problematizadas.

Investigaciones situadas

El estudio del trabajo femenino en distintos sectores productivos ha mostrado, de manera constante, que las mujeres suelen incorporarse a empleos con condiciones de inestabilidad y escaso reconocimiento social. Estos análisis han sido relevantes porque permiten entender cómo la vida laboral de las mujeres se entrelaza con la vida doméstica y de cuidados, esto configura una doble o triple jornada que impacta en su salud, bienestar y oportunidades de desarrollo.

Ámbito internacional y latinoamericano

En la investigación feminista internacional, DeVault (1999) subraya la importancia de recuperar la voz de las mujeres como fuente legítima de conocimiento, ya que sus experiencias aportan a comprender la forma en que operan las desigualdades de género en la vida cotidiana. En América Latina, Rodríguez-Enríquez (2015) ha puesto de relieve que la organización social del cuidado se sostiene mayoritariamente en el trabajo no remunerado de las mujeres, lo que condiciona su participación en el empleo y reproduce la desigualdad. Estos planteamientos muestran la necesidad de analizar el trabajo femenino no solo en el plano productivo, sino también en relación con las tareas domésticas y de cuidado.

Contexto nacional

En México, Fernández (1984) documentó en Ciudad Juárez que las trabajadoras de maquila eran contratadas en puestos de baja jerarquía, con salarios inferiores a los de los hombres y alta rotación laboral. Más tarde, Zúñiga (1988) evidenció que en la industria del empaque las mujeres asumían largas jornadas en condiciones precarias. De la O Martínez (2006) amplió este panorama al señalar que las maquilas concentraban mano de obra femenina en puestos poco valorados, sin estabilidad ni prestaciones suficientes. Investigaciones recientes, como la de Romero y De los Santos (2024), muestran que estas dinámicas siguen vigentes, ya que las mujeres trabajadoras en maquilas de Sonora combinan empleo asalariado con responsabilidades domésticas y de cuidado, el resultado de esto es una carga laboral extendida que deteriora su calidad de vida.

Contexto regional y local

En el noroeste del país, Delgado (2021) analizó la participación de las mujeres en la producción pesquera y en las labores de reproducción social, destacando que, pese a ser esencial, su contribución continúa siendo invisibilizada. A su vez, a nivel local, los estudios en Mazatlán se han concentrado en los sectores pesquero y turístico, dejando de lado el papel de las mujeres en la industria manufacturera, a pesar de que constituye un eje importante de la economía regional. Esta ausencia de análisis limita la comprensión de las condiciones en que ellas participan en este sector y, deja sin visibilizar la forma en que se organizan sus tiempos de trabajo y de cuidado.

Con base en lo anterior, los estudios revisados coinciden en señalar que las mujeres enfrentan precariedad, sobrecarga doméstica y falta de reconocimiento en su labor productiva y reproductiva. No obstante, se identifica un vacío en torno al sector manufacturero en Mazatlán, donde la experiencia femenina no ha sido documentada desde una mirada feminista. Este vacío justifica la pertinencia del presente estudio, al contribuir a la comprensión de las desigualdades de género en el ámbito laboral y doméstico.

Por ello, el objetivo de este estudio fue visibilizar las experiencias de una madre trabajadora de la industria manufacturera en Mazatlán, Sinaloa, con el propósito de analizar las condiciones de doble y triple jornada que enfrenta y reflexionar sobre los aportes del feminismo al Trabajo Social en la comprensión y atención de estas desigualdades. Documentar este caso resulta pertinente no solo por la escasa investigación en torno al sector manufacturero local, sino también porque aporta elementos para repensar la necesidad de reconocer, redistribuir y revalorizar el trabajo de cuidados como un eje fundamental para avanzar hacia la igualdad sustantiva de género.

METODOLOGÍA

El presente estudio se desarrolló bajo un enfoque cualitativo feminista, el cual reconoce que la experiencia situada de las mujeres constituye una fuente legítima y necesaria de conocimiento. Desde esta perspectiva, el relato de una sola participante puede ser suficiente para visibilizar las estructuras de desigualdad que atraviesan a las mujeres en contextos específicos (Harding, 1987; DeVault, 1999).

Diseño de investigación

Se adoptó un estudio de caso único con enfoque feminista, entendiendo que las metodologías feministas privilegian la voz de las mujeres, la subjetividad y la recuperación de la vida cotidiana como espacios donde se manifiesta la opresión y la resistencia (Castañeda, 2022; Reinharz, 1992). La elección de un caso responde a que el objetivo principal no es la generalización, sino la comprensión en profundidad de la realidad de una mujer trabajadora en una empresa de manufactura en Mazatlán.

Participante y criterios de selección

La selección de la participante se realizó mediante un muestreo por conveniencia, considerando los siguientes criterios de inclusión: ser mujer trabajadora asalariada en el sector manufacturero en Mazatlán, realizar de manera simultánea labores domésticas remuneradas y de cuidado, y mostrar disposición para participar en entrevistas y observaciones etnográficas. Se excluyeron mujeres cuya experiencia laboral se desarrollará exclusivamente en el sector informal o que no pudieran garantizar su participación durante el proceso de campo.

            La participante fue una mujer de 46 años, madre soltera y jefa de familia, trabajadora asalariada en el sector manufacturero, en una empresa envasadora de Mazatlán, Sinaloa. Por razones éticas y de confidencialidad no se presenta el nombre de la compañía en este estudio. Su selección respondió a la disposición y apertura mostrada para compartir su experiencia de vida y laboral en el marco de esta investigación.

            Tiene tres hijos de 26, 17 y 15 años, de los cuales dos dependen todavía de ella. Comparte el hogar con su madre de 85 años, lo que amplía las responsabilidades de cuidado que asume de manera cotidiana. Al momento de la entrevista tenía 5 años divorciada. Después de una relación marcada por episodios de violencia de género; existe una orden de restricción contra su ex cónyuge.

Técnicas de recolección de información

Se utilizaron las siguientes técnicas cualitativas:

-    Entrevista semiestructurada, para explorar en profundidad las experiencias laborales y de cuidados.

-    Historia de vida, como herramienta que permite comprender la trayectoria vital de la participante en relación con sus múltiples trabajos (Bolívar et al., 2001).

-    Observación etnográfica, centrada en los espacios de trabajo y cuidados, para contextualizar el relato.

-    Fotografía etnográfica, como instrumento de registro y testimonio (Pink, 2013).

Procedimiento

El trabajo de campo se desarrolló en tres etapas:

1)        Contacto inicial: consistió en ubicar a la participante que cumpliera con los criterios de inclusión y aceptara firmar el consentimiento informado, garantizando la confidencialidad y el respeto a su voz.

2)        Recolección de información: se realizó mediante una entrevista a profundidad y observaciones acompañadas.

3)        Análisis: se procedió a la transcripción, codificación abierta y axial, organizando la información en categorías de análisis (trabajo asalariado, trabajo extensivo, trabajo doméstico y cuidados), para finalmente realizar la triangulación de los datos.

Análisis de datos

El análisis de los datos se desarrolló en varias etapas. En primer lugar, se realizó una lectura completa de la transcripción de la entrevista y de las notas de campo, se identificaron fragmentos significativos relacionados con la vida laboral, el trabajo doméstico y las responsabilidades de cuidado. Segundo, se aplicó una codificación abierta que permitió reconocer temas emergentes y, mediante una codificación axial se agruparon los fragmentos en categorías analíticas. Estas categorías sirvieron de base para la construcción de la tabla que se presenta más adelante en los resultados, en la cual se sintetizaron los testimonios y observaciones registradas. El procedimiento se apoyó en el enfoque narrativo propuesto por Riessman (2008) y en la noción de “descripción densa” de Geertz (1989), lo que permitió articular los relatos de la participante con las observaciones de campo y garantizar un análisis situado y coherente con la perspectiva feminista del estudio.

Consideraciones éticas

El estudio se desarrolló bajo criterios de respeto, confidencialidad y consentimiento informado, en concordancia con los principios éticos de la investigación feminista. Reinharz (1992) subraya que las mujeres participantes deben comprender con claridad los objetivos de la investigación y conservar control sobre su grado de implicación. De manera complementaria, Hesse-Biber (2014) plantea que el consentimiento no se limita a una firma, sino que constituye un proceso continuo de diálogo y acuerdo entre investigadora y participante. En este trabajo, se optó por mantener la voz de la participante en primera persona con el fin de preservar la autenticidad de su relato. Asimismo, se resguardó su identidad mediante la asignación del código M1, y se evita la inclusión de datos que pudieran comprometer su anonimato.

RESULTADOS

Trabajo asalariado

La participante labora como almacenista en una empresa manufacturera en Mazatlán, con más de cuatro años de antigüedad. Su jornada de 8 horas se desarrolla en un esquema de turnos rotativos (mañana, tarde y noche), lo que genera una constante alteración en sus horarios de descanso y en la organización familiar. Relato de la participante M1: “Cubro tres turnos, uno por semana… cuando me toca de noche descanso dos días porque es muy pesado por la desvelada” (Comunicación personal, 2025).

            Aunque la empresa brinda prestaciones básicas, como el aguinaldo y la afiliación al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el salario es percibido como insuficiente para cubrir las necesidades familiares. Este hallazgo coincide con estudios sobre precarización en maquilas y empresas manufactureras, donde las mujeres reciben salarios bajos y limitadas oportunidades de ascenso (Fernández, 1984; Romero & De los Santos, 2024).

Jornada extensiva

Además de su empleo formal, la participante dedica 4 a 5 horas semanales al trabajo doméstico remunerado en casas particulares, lo que constituye una segunda fuente de ingresos para el sostenimiento de su hogar. La participante relató: “limpio dos casas a la semana… soy mamá soltera y con lo que gano en la empresa no alcanza” (M1, comunicación personal, 2025). Con esta expresión, la entrevistada resume la forma en que organiza su vida cotidiana: entre el empleo asalariado en una industria envasadora de Mazatlán y las labores domésticas remuneradas que realiza para asegurar el sustento de su familia.

            La mujer, de 46 años, vive con su madre de 85 años y con dos de sus tres hijos, de 15 y 17 años, quienes dependen económicamente de ella. Su salario semanal, equivalente a 2,500 pesos brutos, no le permite cubrir las necesidades básicas del hogar; por lo que se ve obligada a prolongar su jornada en actividades adicionales de limpieza. Está separada desde hace cinco años, después de una relación marcada por violencia de género, carga con la responsabilidad exclusiva de sostener a su familia, ya que su expareja no contribuye económicamente al bienestar de los hijos.

            Esta trayectoria personal y laboral refleja lo que en la literatura feminista se ha descrito como una “jornada sin fin”: una combinación de empleo formal, trabajos complementarios y responsabilidades de cuidado. Su experiencia permite observar cómo las condiciones estructurales de precariedad se materializan en la vida diaria, limitando el tiempo de descanso, la salud y las posibilidades de desarrollo personal y familiar.

Observación etnográfica

Comunicación y coordinación del trabajo doméstico

La participante se comunica con unas de las familias a donde acude a realizar el trabajo de limpieza para saber qué día puede acudir, ella se mantiene en constante comunicación con ambas familias (Párrafo 2, diario de campo, 23 de enero de 2025).

            Este dato refleja cómo las mujeres recurren a múltiples empleos para enfrentar la insuficiencia salarial, reproduciendo la lógica de la doble jornada descrita en la literatura feminista (Federici, 2020).

Jornadas extensivas y cansancio acumulado

Durante el acompañamiento en campo se constató que la participante, en los días en que cubre el turno vespertino en la empresa, inicia su jornada a tempranas horas de la mañana realizando labores de limpieza en hogares particulares. El 25 de marzo de 2025, a las 8:00 a.m., se le observó iniciar la limpieza sin haber desayunado debido a la premura de acudir al trabajo. De manera similar, el 27 de marzo de 2025, a las 5:00 p.m., al concluir su turno laboral en la empresa de manufactura local, acudió directamente a otra casa para cumplir con la limpieza, visiblemente cansada y sin oportunidad de cenar, extendiéndose su jornada por más de cinco horas adicionales (Párrafo 3, diario de campo, 27 de enero del 2025).

            Esta evidencia muestra cómo la jornada extensiva impacta directamente en su alimentación, descanso y bienestar físico. La sobrecarga de trabajo entre empleo asalariado y empleo informal refleja la condición de doble jornada que enfrentan muchas mujeres, en la cual los tiempos de autocuidado se ven sacrificados. Tal como plantea Geertz (1989), la observación etnográfica permite ofrecer una “descripción densa” de la vida cotidiana, evidenciando no solo lo que se dice, sino lo que se vive en la práctica.

            El trabajo doméstico remunerado no solo se realiza en días laborales; también se constató que la participante ocupa sus días de descanso y días no hábiles para cumplir con la limpieza en dos hogares adicionales, prolongando así la carga de trabajo semanal.

Uso de los días de descanso como extensión laboral

Durante la visita de campo se observó que, en su día asignado como descanso laboral, la participante acudió a realizar limpieza en dos casas particulares (Párrafo 6, diario de campo, 3 de febrero, 2025). De manera similar, en días no hábiles también se le registró trabajando en actividades domésticas remuneradas (Párrafo 7, 6 de febrero de 2025). Esta dinámica muestra cómo el espacio que debería destinarse al reposo se convierte en otra extensión de su jornada laboral, lo que reduce prácticamente a cero los tiempos de recuperación física y emocional.

            Este hallazgo evidencia la inexistencia de un tiempo de descanso real en la vida de la participante, pues incluso los días no laborales se convierten en espacios para generar ingresos adicionales. En términos de la literatura feminista, se confirma la lógica de la jornada sin fin, donde las mujeres enlazan empleos formales, trabajos informales y cuidados domésticos sin posibilidad de reposo (Federici, 2020; Bolla et al., 2021).

Trabajo doméstico y de cuidados

La participante es también responsable de las tareas domésticas y del cuidado de sus dos hijos adolescentes y su madre. Se levanta a las 5:00 am para iniciar la preparación de alimentos, limpieza del hogar y atención de mascotas, antes de asistir a su empleo formal. La participante relató: “Me levanto temprano, hago desayuno, limpio, lavo ropa, preparo la comida… a veces son seis horas o más de trabajo en la casa” (M1, comunicación personal, 2025).

            La experiencia de M1 pone en evidencia tres elementos centrales: 1) Precariedad laboral en el empleo formal, caracterizada por turnos rotativos y bajos salarios. 2) Necesidad de complementar ingresos mediante trabajos adicionales, que extienden su jornada laboral. 3) Carga desproporcionada de cuidados y tareas domésticas, invisibles y no remuneradas, que perpetúan la desigualdad de género. A continuación, estos elementos se presentan en la Tabla 1.

Tabla 1

Experiencia de sobrecarga laboral femenina en una trabajadora de la industria envasadora

Categoría

Relatos de la participante (M1)

Observaciones etnográficas

Consecuencias identificadas

Trabajo asalariado

“Cubro tres turnos, uno por semana…
cuando me toca de noche descanso dos días porque es muy pesado por la desvelada”.

Se constató que su empleo implica turnos rotativos (mañana, tarde, noche), con jornadas de 8 horas y rotación semanal.

Alteración del sueño, cansancio acumulado, dificultad para organizar la vida familiar.

Jornada extensiva

“Limpio dos casas a la semana… soy mamá soltera y con lo que gano en la empresa no alcanza”.

- 25 de marzo de 2025, 8:00 am: acudió a limpiar sin desayunar antes de su turno vespertino en la empresa. - 27 de marzo de 2025, 5:00 pm: salió de la empresa y se trasladó directamente a otra casa para limpiar, sin cenar y visiblemente cansada.

Pérdida de tiempo para alimentación y descanso; desgaste físico y emocional; extensión de la jornada hasta 5 horas más al día.

Trabajo extensivo en días de descanso

No lo expresa directamente, pero lo asume como necesario para el ingreso familiar.

En su día de descanso laboral acudió a limpiar dos casas particulares. También se constató que en días no hábiles realiza actividades domésticas remuneradas.

Inexistencia de tiempo libre o reposo real; el descanso se transforma en más trabajo, configurando una jornada sin fin.

Trabajo doméstico y de cuidados no remunerado

“Me levanto temprano, hago desayuno, limpio, lavo ropa, preparo la comida… a veces son seis horas o más de trabajo en la casa”.

Se observó que prepara alimentos, organiza el hogar, realiza la limpieza y brinda cuidados a sus hijos y a su madre antes y después de sus otros empleos.

Sobrecarga de tareas invisibilizadas, triple jornada (asalariado + extensivo + doméstico/cuidados) y afectación a la salud integral.

Nota. Elaboración propia a partir de la entrevista y las observaciones de campo (enero-marzo de 2025). Los fragmentos textuales corresponden a la voz de la participante, identificada con el código M1.

            Estos resultados muestran cómo la vida de las mujeres en la industria manufactura en Mazatlán está atravesada por la doble y triple jornada, fenómeno documentado previamente en otros sectores como la maquila textil y camaronera (Zúñiga, 1988; Delgado, 2021), pero que en este caso se confirma en el ámbito industrial local.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

Los resultados obtenidos en este estudio permiten comprender cómo las mujeres trabajadoras de la industria de manufactura local enfrentan condiciones de jornada sin fin en las que se combinan empleo asalariado, trabajo doméstico remunerado y labores de cuidado no remunerado. Esta dinámica confirma lo señalado por Federici (2020), quien plantea que el capitalismo descansa en la explotación invisible del trabajo reproductivo, lo que traslada y deposita en las mujeres el peso de la reproducción social sin reconocimiento económico ni político.

En términos de precariedad laboral, la experiencia de la participante coincide con lo documentado por Fernández (1984) en Ciudad Juárez, donde las mujeres ocupaban puestos de menor rango, con alta rotación y bajos salarios. De manera similar, Zúñiga (1988) describió en la industria camaronera la inestabilidad en el empleo femenino, así como las malas condiciones de higiene y seguridad. Los hallazgos de este caso reafirman que, aunque se trate de la industria manufactura y no de la maquila camaronera, persiste una lógica de explotación caracterizada por rotación de turnos, salarios bajos y mínimas prestaciones sociales, lo que refleja la transversalidad de estas problemáticas en distintos sectores industriales (Romero & De los Santos, 2024; Sabido, 2023).

            En relación con la jornada extensiva, se observó que la participante recurre a trabajos domésticos remunerados en días laborales, de descanso e incluso en jornadas no hábiles. Esto coincide con los hallazgos de Romero y De los Santos (2024), quienes señalan que las trabajadoras recurren a empleos adicionales para sostener a sus hogares, sacrificando tiempo personal y descanso. Asimismo, estudios como los de Delgado (2021) y De la O Martínez (2006) evidencian que la participación femenina en cadenas productivas precarizadas obliga a las mujeres a diversificar fuentes de ingreso, lo que repercute directamente en su salud física y emocional.

Asimismo, la dimensión del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado refuerza lo planteado por Bolla et al. (2021), quienes destacan que las mujeres asumen la mayor parte de las responsabilidades del hogar, al duplicar el tiempo que los hombres dedican a estas actividades (Rodríguez-Enríquez, 2015; Pedrero, 2018; Peralta & Olivarría, 2022). En el caso analizado, la participante comienza sus labores de cuidado desde las cinco de la mañana, antes de acudir a la empresa, y continúa al regresar de sus otros trabajos, configurándose lo que se ha denominado la “jornada sin fin” (Malnis, 2020; Colinas, 2008). Estos hallazgos también se asemejan a los reportados por Cano (1996) y Natalie (2016), quienes subrayan que la maternidad y el cuidado se convierten en condiciones estructurales que limitan las posibilidades de las mujeres en el ámbito laboral, lo que evidencia cómo la clase y el género se interseccionan como factores determinantes que las mantiene atrapadas en “suelos pegajosos” (Martínez & Burgueño, 2019).

Un aspecto distintivo de este estudio es la triangulación entre relatos y observación etnográfica. La constatación de que la participante acudía a limpiar casas antes y después de sus turnos en la empresa, incluso en días de descanso, permite enriquecer los hallazgos más allá del discurso, aportando una “descripción densa” (Geertz, 1989) de su vida cotidiana. Esta estrategia metodológica otorga validez al análisis, al mostrar no solo lo que la participante declara, sino también lo que efectivamente realiza en sus jornadas diarias (Riessman, 2008; Pink, 2013).

En síntesis, este estudio comparte similitudes con Fernández (1984) y Romero & De los Santos (2024), donde se reportan dobles jornadas y deterioro de la salud. Asimismo, con Delgado (2021) en donde las mujeres asumen labores invisibilizadas de preparación y comercialización y, por último, con Bolla et al. (2021), Rodríguez-Enríquez (2015) y Pedrero (2018), que confirman que el peso de los cuidados recae mayoritariamente en las mujeres.

Sin embargo, este caso aporta un elemento diferenciador: la experiencia situada en la industria manufacturera de Mazatlán, un sector poco documentado en la literatura feminista. Mientras que los estudios previos se han centrado en maquilas textiles o camaroneras, este análisis muestra que las mismas condiciones de precariedad y sobrecarga laboral se replican en industrias manufactureras locales, lo cual amplía el campo de estudio del Trabajo Social feminista.

Los hallazgos también ofrecen un aporte al conocimiento al visibilizar cómo los tiempos de descanso y alimentación de las trabajadoras son absorbidos por la necesidad de cumplir con la jornada extensiva, además del trabajo de cuidados, a este fenómeno se le conoce como “feminización de la responsabilidad”, es decir, la carga creciente que enfrentan las mujeres frente a la pobreza sin reconocimiento adecuado (Chant, 2008). La observación etnográfica mostró que la participante iniciaba labores sin desayunar o cenar, lo que evidencia la afectación directa a la salud integral. Este dato se vincula con lo planteado por Romero y De los Santos (2024), quienes señalan que las dobles jornadas generan deterioro físico y emocional en las mujeres. En cuanto a las limitaciones del estudio, debe reconocerse que se trata de un caso único, lo que impide generalizar los hallazgos a toda la población de mujeres trabajadoras. Sin embargo, desde la epistemología feminista, la experiencia individual constituye un conocimiento situado y válido (Harding, 1987; DeVault, 1999). Esta limitación se convierte, a su vez, en una fortaleza metodológica, al permitir profundizar en la vida cotidiana de la participante y dar voz a experiencias generalmente invisibilizadas.

El análisis de este caso permite afirmar que la vida laboral de las mujeres en el sector manufacturero de Mazatlán está marcada por la sobrecarga de tareas y la fragmentación de los tiempos de descanso. La trabajadora no solo cumple con su empleo asalariado bajo turnos rotativos, sino que también dedica horas adicionales a labores domésticas remuneradas y, de manera cotidiana, asume las responsabilidades del hogar y del cuidado familiar. Esta combinación configura una doble y triple jornada que deja en evidencia los límites de la conciliación entre trabajo y vida personal cuando las condiciones laborales son precarias.

Los hallazgos dialogan con investigaciones previas que han documentado la precariedad y la desigualdad de género en maquilas y en otros sectores productivos. Sin embargo, aportan un elemento distinto al situarse en la industria de manufactura, un ámbito poco explorado en la literatura feminista. Esto muestra que las dinámicas de explotación y la invisibilización del trabajo de cuidados no se restringen a determinados espacios de producción, sino que atraviesan de manera estructural a la economía local y regional.

La postura feminista asumida en este estudio permitió mostrar que la precariedad laboral no puede analizarse de manera aislada, sino en relación con el trabajo doméstico y de cuidados que sostiene la vida cotidiana. Desde el enfoque de la matriz de dominación (Collins, 2000), se entiende que la doble y triple jornada no responde solo a la asignación de tareas por género, sino también a la posición de clase de la participante, que la obliga a desempeñar múltiples roles laborales y de cuidado de manera simultánea. En esta misma línea, Crenshaw (2012) plantea que la interseccionalidad permite comprender cómo distintas formas de opresión se entrecruzan en la experiencia concreta de las mujeres. De este modo, la sobrecarga observada se explica por la articulación estructural entre género y clase en la vida cotidiana de la participante. En consecuencia, la voz de la participante, junto con la observación etnográfica, aportó un conocimiento situado que ayuda a comprender cómo las desigualdades de género se materializan en la organización del tiempo, en la salud y en las oportunidades de las mujeres.

Aunque se trata de un estudio de caso único, lo que limita la posibilidad de generalizar los resultados, la riqueza del análisis cualitativo radica precisamente en mostrar con detalle una experiencia que refleja procesos estructurales más amplios. Por lo tanto, se sugiere que futuras investigaciones amplíen la muestra para incluir a más trabajadoras de la industria manufacturera local en Mazatlán y de otros sectores de la economía del noroeste de México, con el fin de comparar trayectorias y construir un panorama más amplio de las desigualdades de género en el mundo laboral. Asimismo, se recomienda incorporar metodologías mixtas que permitan complementar el análisis cualitativo con datos cuantitativos sobre horas trabajadas, ingresos y condiciones de salud, lo que fortalecería tanto el debate académico en torno a la precariedad laboral femenina como la incidencia en políticas públicas orientadas a la igualdad laboral y al reconocimiento del trabajo de cuidados.

Finalmente, el estudio ofrece insumos relevantes para el Trabajo Social y para el diseño de políticas públicas. La necesidad de reconocer, redistribuir y revalorizar el trabajo de cuidados es una condición indispensable para avanzar hacia una igualdad sustantiva. Asimismo, resulta fundamental generar estrategias que garanticen derechos laborales, estabilidad y salarios dignos, de modo que las mujeres puedan ejercer su participación en el mundo del trabajo sin que ello implique sacrificar su salud y bienestar.

Conflicto de intereses / Competing interests:

Los autores declaran que no existe ningún conflicto de interés con algún autor o institución.

Rol de los autores / Authors Roles:

Florina Olivarría: Conceptualización, metodología, validación, análisis formal, investigación, recursos, escritura – borrador original, visualización.

Gandhi Peralta: Conceptualización, metodología, validación, análisis formal, investigación, visualización.

Fuentes de financiamiento / Funding:

Los autores declaran que no recibieron un fondo específico para esta investigación.

Aspectos éticos / legales; Ethics / legals:

Los autores declaran no haber incurrido en aspectos antiéticos, ni haber omitido aspectos legales en la realización de la investigación.

Referencias

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