Resumen
Durante el siglo XXI, el choque entre Rusia y Ucrania ha sido uno de los eventos que ha sacudido a más no poder el suelo europeo y la cadena internacional. Este ensayo analiza parte de estas causas que llevaron a otro nivel el estado de guerra, donde toda una nación fue arrastrada a una batalla por el poder geopolítico y económico. Pues, mientras que el coloso Estado ruso pretende redimirse de una pasada derrota al perder a Ucrania, Estados Unidos intenta devorar a través de sus acciones beligerantes a los rojos.
Palabras clave
INTRODUCCIÓN
En febrero de 2014, los habitantes de Ucrania se despertaron con la noticia de que su país estaba siendo invadido por el ejército ruso. Durante la noche, los tanques rusos entraron en el país y los militares atacaron desde diversas direcciones. Desde entonces, Rusia no ha dejado de intensificar una agresión que pretende aplastar y doblegar a quien consideran como su inseparable nación (Gómez, 2021; Amnistía Internacional, 2024). Las fuerzas rusas avanzaron hasta las afueras de la capital, Kiev, y conquistaron territorios en el este y en el sur antes de ser repelidas en combates feroces. A finales de 2022, las fuerzas rusas se habían retirado de gran parte de los territorios capturados durante el año, aunque aún conservaban el control de extensas áreas en el este, sudeste y sur de Ucrania, incluida la península de Crimea (Amnistía Internacional, 2024).
En un camino que parece injusto, mientras que Rusia ha estado recuperando su posición como una gran potencia energética en el siglo XXI, desarrollando una red de oleoductos y gasoductos que podría convertirla en un importante proveedor de petróleo y gas para Europa, así como para los grandes centros económicos y demográficos del Asia Oriental, como China, India, Japón y Corea del Sur (Gutiérrez del Cid, 2017). Ucrania experimentó una transición inesperada hacia la ingobernabilidad. A pesar de haber sido el Estado postsoviético más estable en términos políticos, económicos y sociales durante la década de 1990, se ha convertido en una región marcada por la inestabilidad, los conflictos armados y los sentimientos nacionalistas, en parte fomentados desde el exterior, especialmente en sus primeros años (Telman, 2016).
En un escenario como este, ¿cuál es el interés real de Moscú sobre Ucrania? Para Roldán (2022), Ucrania juega un papel crucial en este escenario geopolítico, siendo un país de gran tamaño en Europa con una población considerable y abundantes recursos naturales, y, añadiendo también, su extensa frontera con Rusia lo que lo convierten una zona estratégica. En efecto, lo que ocurra con Ucrania podría tener efectos adversos en sus vecinos más cercanos, como Hungría, Polonia, Rumania, Eslovaquia y los países bálticos. Algo que no es de extrañar, pues, desde sus inicios, Ucrania y partes de su territorio han sido objeto de constantes disputas entre potencias circundantes como Polonia, el Imperio Austro-Húngaro, el Ducado de Lituania y Rusia en sus diferentes formas.
En tanto que, según Bermúdez (2022), tres son las razones máximas que empujan al coloso Estado ruso a actuar de esta manera. En primer lugar, Rusia está implementando estas políticas actualmente porque percibe que un país cercano a su frontera se está convirtiendo en una plataforma para una alianza militar amenazante. Esto se debe a la posibilidad de que Ucrania se una a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y, por lo tanto, albergue misiles y tropas de esa alianza. En segundo lugar, Rusia no ve a Ucrania como simplemente otro país. Desde la perspectiva del nacionalismo ruso, Ucrania es considerada una nación eslava hermana y, más aún, el corazón de la nación rusa. Esta ideología poderosa convierte a Ucrania en un elemento central de la identidad rusa. Por lo tanto, hay fuertes emociones cuando Ucrania se define a sí misma en oposición a Rusia, lo que genera ira y frustración en Rusia, que se siente traicionada por un país hermano. Por último, Rusia ha estado lidiando con este tema durante mucho tiempo y lo considera un asunto pendiente que forma parte de su legado y que necesita ser resuelto de una vez por todas. Por lo tanto, Putin cree que Occidente ha convertido a Ucrania en una plataforma antirrusa y que esta situación debe resolverse.
Sin duda, no está por demás decir que la guerra desatada entre Rusia y Ucrania ha tenido un impacto profundo en Europa y en el escenario internacional. Este choque de gobiernos o conflicto bélico que inició en 2014 -incluso mucho antes- se ha caracterizado por una serie de enfrentamientos militares, disputas territoriales y tensiones políticas que por lo pronto están lejos de terminar. En esa premisa, este ensayo busca analizar en detalle las causas y el desarrollo de este conflicto, así como las implicaciones que ha tenido y podría tener en el día después de mañana. Puesto que, la confrontación entre Rusia y Occidente por Ucrania se inserta en lo que el presidente ruso, Vladímir Vladímirovich Putin, considera ponerle fin a la historia de pérdidas y humillaciones de Rusia causadas por la desintegración de la Unión Soviética (URSS) (1922-1991), un proceso que él llama la mayor tragedia geopolítica del siglo XX. Una perspectiva compartida por una amplia mayoría de conciudadanos rusos que lamentan la desaparición de la entonces poderosa URSS (Contreras, 2023). Por debajo de esas premisas, este ensayo analiza parte de estas causas que colisionaron a Rusia contra Ucrania, ya que llevaron a otro nivel el estado de guerra, donde la redención, expansión y el poder se apropian del antiguo territorio ruso.
DESARROLLO
En febrero de 2022, una invasión de gran magnitud del ejército ruso cruzaría las fronteras ucranianas desde el norte, avanzando hacia Kyiv; desde el este, dirigiéndose a Járkov, y desde Crimea, en el sur, hacia Jersón. Las columnas de humo y sonido de tanques y vehículos blindados rusos irrumpiendo en un Estado soberano parecían, para muchos, inaudito e inimaginable en pleno siglo XXI. Sin embargo, no fue un suceso inesperado al revisar los hechos retrospectivos que indicaban su posible ocurrencia. Pues, más tarde que nunca pasaría. Semanas previas, ya circulaban ampliamente imágenes satelitales y otras informaciones de inteligencia que mostraban un despliegue de fuerzas rusas preparándose para una operación militar sin precedentes. Estos informes revelaron la concentración de más de 150,000 efectivos y numerosos blindados y unidades motorizadas que no se limitaba a las zonas ocupadas por fuerzas pro-rusas en el Dombás (Sanahuja, 2022).
Por aquel entonces, Vladímir Putin, líder de facto del partido político Rusia Unida y presidente del Estado ruso, ofrecería un discurso en el que resumía tres traiciones por el que había pasado la Rusia del siglo XX. Primero, acusó a Lenin y Stalin de mal gestionar la cuestión nacional, creando una constitución que se convirtió en una bomba de tiempo, estallando en 1991 con la caída de la URSS. La segunda, se la atribuiría a las élites comunistas que desmantelaron al poderoso Estado ruso en 1991 para asegurar el control sobre las repúblicas. Finalmente, la tercera traición provino de Estados Unidos y la OTAN, que incumplieron los compromisos de la posguerra fría, bloqueando la expansión de la alianza y desconfiando del acercamiento ruso a Occidente y su liberalización económica y política. Lo cierto es que, en palabras de Putin, Rusia ha presenciado falsedades proclamadas desde las cimas del poder estatal y desde el estrado más alto de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Hoy, este Estado no puede sentirse seguro, prosperar y existir bajo la constante amenaza que emana del territorio de la actual Ucrania. Por ello, la intención es buscar la desmilitarización y liberación de su antiguo territorio que se encuentra en condición de rehén de los Estados Unidos (Sanahuja, 2022; Putin, 2022).
Estas relaciones empeoraron desde que Joe Biden llegó a ocupar en 2021 el cargo más alto de los Estados Unidos. Sin importar qué, la convivencia entre Washington D.C. y Moscú no encontrarán un buen paraje, dado que, una vez pisada la Casa Blanca, el propósito fue desmantelar los ejes de política exterior de la administración anterior del presidente Trump. Aunque esto pareciera no ser sencillo, Biden estaba dispuesto a hacer lo posible por cambiar esos imprevistos y dar un nuevo rumbo a su presidencia (Bermejo-García, 2023). Peor aún, las relaciones se volvieron más tensas, cuando Rusia, atacó Ucrania creyendo que podría doblegar fácilmente la voluntad y la determinación de un pueblo libre, que podría someter a una nación soberana sin recibir nada a cambio. Creyó, según Biden que podía socavar los cimientos de la seguridad en Europa y más allá. Sin embargo, Putin había cometido un grave error, sus acciones tenían consecuencias; pues, el resultado de este mal cálculo erróneo, convirtieron a la OTAN en la más grande y la más fuerte institución en el globo. Ahora, mientras el conflicto toma altura, una coalición internacional sin precedentes de 50 naciones liderada por Estados Unidos brinda asistencia crucial a Ucrania, con tal de que Rusia rinda cuentas por su agresión (Biden, 2024).
De esta manera, las sanciones no se hicieron esperar por parte de Occidente (Guardia, 2022); pues, en términos económicos, le prohibieron la compra de combustibles fósiles, el congelamiento de sus activos y reservas, excluyendo entidades rusas del System of the Society for Global Interbank Financial Telecommunications (SWIFT), y frenando la venta de productos con tecnologías estratégicas y la adquisición de oro, adicionándole el impedimento de vuelos procedentes de Rusia (Mohanna, 2022). Sin lugar a dudas, las repercusiones de estas medidas no solo afectaron a las naciones implicadas, sino también a la región europea y al mundo, destacando la necesidad de contar con una red internacional de seguridad y de mecanismos regionales para proteger las economías frente a este tipo de choques inauditos (Kammer et al., 2022). Para algunos como, Bermúdez-Tapia y otros (2024), este conflicto ha despertado el interés de examinar la importancia de las rutas comerciales y la necesidad alta de contar con fuerzas militares que posean la capacidad y el equipo óptimo para defender la integridad territorial e insistiendo en la pertinencia de mantener alianzas estratégicas, especialmente con Estados u organismos supranacionales que puedan influir en una eventual confrontación.
Como era de entenderse, el daño interno también afectó a las partes en conflicto, ya que, tanto Rusia como Ucrania, al ser grandes productores de materias primas, vieron cómo las perturbaciones en tierra firme provocaron una escalada en los precios mundiales, especialmente del petróleo, del gas natural, los alimentos y algunos productos que alcanzaron precios poco normales (Kammer et al., 2022) como el caso del precio del petróleo. Los primeros días de la invasión a Ucrania, el aumento fue del 2.31%, cerrando el barril a 99.08 USD; cien días después, este subió un 20.8%, cotizándose a 119.72 dólares por barril (Díaz-Pinzón, 2023). Todo esto a causa de los fallidos intentos de un cese al fuego, tal como afirma Carrillo (2022), estuvieron a punto de colisionar con una cuarta crisis del petróleo, sabiendo que la confrontación no solo ha provocado la trágica pérdida de vidas humanas o la más grande desgracia de las guerras, sino también ha destruido la economía de millones de personas atrapadas en este conflicto.
Pese a que el estallido ruso-ucraniano fuese reciente, las tensiones entre ambas naciones tienen profundas raíces históricas (Villarreal & Estrella, 2022). Tras la caída de la URSS en 1991, Ucrania obtendría su independencia, y que, una vez golpeada la identidad comunista, las exrepúblicas soviéticas buscaron recuperar sus culturas anteriores a la formación de la Unión Soviética. Sin embargo, muchas se enfrentaron al desafío de que sus idiomas, tradiciones y símbolos nacionales habían sido erosionados por las agresivas políticas de rusificación, principalmente implementadas por Stalin. En estas repúblicas postsoviéticas, el concepto de nación era como recuerdos lejanos, vagos y distorsionados, parte de los nuevos Estados independientes se vieron obligados a reinventarlos a partir de algunos elementos preexistentes, proyectándose como naciones que tuvieron que revertir el proceso de rusificación mediante políticas culturales y lingüísticas que afirmaran su identidad nacional en las recién independizadas repúblicas (Zabala, 2022).
En el caso de Ucrania, este quedó dividida. Una parte de su población se conceptualizó como pro-rusa y deseaba formar parte de la Federación de Rusia o establecer algún convenio de unión o regreso a casa, mientras que la otra parte, era pro-occidental y se inclinó hacia la Unión Europea (UE) y la OTAN (Padilla, 2023). Ucrania no ha tenido otra opción más quedarse sobre la línea roja que separa a la OTAN de Rusia, cuya posición estratégica se ha convertido en un terreno crucial para ambos bandos, donde su posición política interna comenzó a ser influenciada por la lucha de poder internacional. Lo que ocurre es que, no solo está en juego la independencia de este país; el conflicto forma parte de un tablero de ajedrez donde las grandes potencias tienen intereses y apoyan a uno u otro bando. En ese sentido, la riqueza de los recursos naturales, su tamaño y ubicación post-soviética la convierten en un Estado codiciado por Rusia y por el binomio Estados Unidos-Unión Europea (Dorado, 2020; Villarreal & Estrella, 2022).
Aunque el conflicto armado tiene como actores directos a Ucrania y Rusia, su impacto ha intensificado gravitatoriamente las tensiones entre la OTAN y Rusia. Las medidas adoptadas por la OTAN y sus integrantes, como el paquete de sanciones y el refuerzo de sus defensas, pretenden prevenir una posible agresión, que, dada la creciente presión y la magnitud de ambos en términos de poder político, económico y militar, así como sus extensiones y localizaciones geográficas que se sienten en diversas partes del mundo (Montero et al., 2023), no pudieron evitar la gran guerra.
Pues, esta guerra, en declaraciones de Padilla (2023), ha dejado una huella profunda en los intereses de los países europeos occidentales, Estados Unidos y otros actores implicados. Este conflicto representa los anhelos de un imperialismo que intenta erradicar la influencia de Rusia de la faz de la tierra, utilizando a Ucrania y las naciones aledañas como escudo. En tal fin, Occidente ha elegido a Ucrania como el campo de batalla donde pueda finalmente decidirse quién es el más fuerte, quien es el verdadero coloso, proporcionando armamento y contratistas militares para respaldar a las fuerzas paramilitares. Por su parte, Rusia se esfuerza por eliminar el neofascismo de la Ucrania moderna, protegiendo los intereses de sus compatriotas en esos territorios. Por eso, entender las raíces históricas, las causas y la magnitud de este conflicto es esencial para captar su impacto político, económico, financiero, social y diplomático en el mundo actual.
Por donde lo notemos, la guerra en Ucrania ha revelado como es que Rusia busca liberarse de su vulnerabilidad frente al avance de los Estados Unidos y sus aliados europeos, reivindicando su antigua grandeza imperial y soviética. Al mismo tiempo, Estados Unidos lidera un grupo de países que se proclaman defensores del mundo libre y democrático, mientras Rusia y su similar, la República Popular China, con su enorme poder económico, aspiran a ser la potencia dominante del siglo, estableciendo un orden basado en la moral y el bien colectivo. De manera que, la resistencia ucraniana, fortalecida por el armamento suministrado por Estados Unidos y Europa, ha frustrado momentáneamente las expectativas de los colosos del Oriente.
Las sanciones económicas han debilitado, obstaculizando sus exportaciones y transacciones financieras y, cualquier otro movimiento que hacía en tierra antes de invadir suelo ucraniano, ahora, Rusia busca apoyo en Asia, especialmente en China, su gran compañero (Connelly, 2023). En este mismo contexto, también llama la atención el papel que ha tenido el conflicto ruso-ucraniano frente a la justicia internacional, donde -según Virdzhiniya (2023)- la incapacidad de la Corte Penal Internacional (CPI) y la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para resolver el conflicto armado es políticamente comprensible, pero jurídicamente inaceptable. Puesto que, todo se ha visto cuestionado por la llegada de la guerra.
Con toda certeza, el conflicto entre Rusia y Ucrania ha generado una crisis civilizatoria en los ámbitos políticos, sociales y económicos, reavivando la amenaza nuclear y causando un peligro real de escala macro. Así como se ha explicado, esta pugna tiene sus raíces en la independencia de Ucrania tras la disolución de la URSS y la importancia geopolítica que aún se mantiene (Montero et al., 2023). Pues, esta pérdida representó para Rusia la peor derrota en términos geoestratégicos, ya que eliminaba cualquier posibilidad de reconstruir el imperio ruso, dejando a este solo con una pequeña franja de la costa en el Mar Negro. Por si fuera poco, Rusia tuvo que observar cómo la OTAN junto con la nueva Ucrania, ganaba influencia en su cara (Yáñez, 2023).
Como último caso, la guerra se ha convertido en el espacio donde se miden los más fuertes, donde los débiles son derrotados o, de manera sorprende, es el lugar en el que los gigantes caen (Canaza-Choque, 2022). Justo aquí, en una contienda que se ha exacerbado por la furia de la globalización y, que, a pesar de la creación de organizaciones internacionales como la ONU y la Unión Europea, diseñadas para evitar confrontaciones armadas, no podido evitar la batalla de los dioses terrenales (Huanca-Arohuanca, 2023), ni siquiera las décadas de relaciones multilaterales y estrategias de soft power han impedido que se desatara este conflicto sangriento (Montero et al., 2023).
CONCLUSIONES
Las grandes civilizaciones del ayer impusieron el calor de su fuerza en construir y resguardar lo que con tanto deseo habían conquistado, y del que no estaban en condición de renunciar sin antes dar una pelea que finalmente decidiera la sobrevivencia de uno de ellos. Tanto Estados Unidos como Rusia, pueden ser testigos claves de ese legado, ambos gobiernos todavía anhelan ampliar su tamaño de influencia a las buenas o las malas, sometiendo a toda costa el interés particular de algunas naciones, que, para su mala suerte están en medio de la batalla por el poder internacional de dos grandes potencias. Lo que sucede en Ucrania, no escapa de estas intenciones dantescas. Pues, mientras que Rusia pretende redimirse de una pasada derrota al perder a Ucrania, Estados Unidos no pretende por nada del mundo retroceder en sus acciones.
En este escenario, ¿qué le depara a Ucrania? ¿cuál será su situación para cuando termine esta guerra? No se descarta que la soberanía, la estabilidad y la nación entera de una Ucrania golpeada por esta tormenta, está en juego, y está en riesgo absoluto. Lo más seguro es que a medida que evolucione el contexto político, militar, diplomático y jurídico en el terreno en disputa, las cosas tenderán a ser más claras para el sobreviviente Estado ucraniano.
Conflicto de intereses / Competing interests:
Los autores declaran que no existió ningún conflicto de intereses.
Rol de los autores / Authors Roles:
Jesús Huanca: Teorización, investigación, recursos, supervisión, visualización, administración del proyecto, escritura preparación del borrador original, escritura revisar & amp; edición, recolección archivos, codificación abierta, estructuración, teorización, preparación del borrador.
Zulma Gavancho Quispe: Investigación, recursos, supervisión, visualización,
administración del proyecto, escritura -preparación del borrador original, escritura revisar & amp; edición, recolección archivos, codificación abierta, estructuración, teorización, preparación del borrador.
Elbia Sánchez Díaz: Visualización, administración del proyecto, escritura preparación
del borrador original, escritura revisar & amp; edición, recolección archivos, codificación abierta, estructuración, teorización, preparación del borrador.
Fuentes de financiamiento / Funding:
Los autores declaran que no recibió un fondo específico para esta investigación.
Aspectos éticos / legales; Ethics / legals:
Los autores declaran no haber incurrido en aspectos antiéticos, ni haber omitido aspectos legales en la realización de la investigación.
Referencias
- Referencias no sincronizadas.