Revista revoluciones. (2024). Vol. 6 Num. 16. pags. 88-93

Revista revoluciones https://revistas.inudi.edu.pe/rr ISSN: 2710-0499 ISSN-L: 2788-0480 Editada por: Instituto Universitario de Innovación Ciencia y Tecnología Inudi Perú
Artículo original

García L. Á. (2024). La democracia como agravio. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO y Facultad de Ciencias Sociales – UBA.

DOI: https://doi.org/10.35622/j.rr.2024.016.005

Resumen

La presente reseña se inscribe en la pertinencia de escribir, debatir y cuestionar el tema de la democracia en el mundo contemporáneo. Este ejercicio abona al enriquecimiento conceptual de las ciencias políticas y las ciencias sociales. La labor epistémica, y ontológica, de analizar y resignificar a la democracia va de la mano con los cambios continuos que se presentan en la sociedad . El autor propone, como labor no sólo académica, construir herramientas teóricas, conceptuales y metodológicas que incidan en la transformación de escenarios de injustica y desigualdad.

Contenido

La pertinencia de escribir, debatir y cuestionar el tema de la democracia debe de ser un ejercicio recurrente. Cada vez se inscriben más disciplinas que abonan al enriquecimiento de las ciencias políticas y las ciencias sociales. La labor epistémica, y ontológica, de analizar y resignificar a la democracia va de la mano con los cambios continuos que se presentan en la sociedad. Como desde el inicio de esta obra lo expresa la editorial se aspira a construir herramientas teóricas, conceptuales y metodológicas que incidan en la transformación de escenarios de injusticia y desigualdad.

En la presentación que realiza el investigador de la Universidad de Buenos Aires, Julián Rebón, advierte que el texto de Álvaro García Linera se enmarca en “tiempos difíciles” para la democracia. Pero no la democracia en sentido abstracto y romántico, en la que, de manera simplista, solo se relaciona el ejercicio de la libertad, participación y representación del pueblo, encapsulada en un hecho electoral. Más bien, de lo que se trata es cuestionar la dinámica de la democracia representativa liberal, como un sistema en crisis derivado del momento histórico neoliberal. Esto es de suma importancia ya que desarticula el horizonte predictivo que ordena la vida y la esperanza de la población (p. 17). Así pues, en este momento en que se ven resultados plausibles del modelo neoliberal, como la desigualdad, la incertidumbre, y la exclusión, sus consecuencias hacen cuestionable la insatisfacción o malestar hacia la democracia liberal ante la continuidad y profundidad de estos fenómenos, que no satisfacen las demandas históricas de estabilidad, igualdad, certeza, paz e inclusión social.

En este malestar lo que se percibe, también, es el debilitamiento de la democracia liberal con una pérdida de legitimidad ante instrumentos y herramientas institucionales, que veladamente acarician formas autoritarias y despóticas, así como una falsa o engañosa representatividad del pueblo, o la plebe como señala García Linera, de los partidos políticos. Entonces el desafío es instrumentar mecanismos institucionales, legales, para superar estas delimitaciones y, a su vez, configurar una democracia compuesta que arrope formas, originales y reales, de participación respetando la esencia de la sociedad civil.

Así pues, estamos ante un trabajo intelectual que invita a la reflexión, similar a aquellos postulados que el sociólogo chileno Hugo Zemelman escribió sobre el pensar teórico y el pensar epistémico. Es decir, los cambios, con el arribo de gobiernos de derecha, centro e izquierda progresista alrededor del orbe, demanda resignificar el entendimiento de lo que es la democracia. También evaluar los resultados, en materia de bienestar y movilidad social, que se han tenido en todas estas décadas, y en la que desde el pensamiento hegemónico sólo se aprueba a la democracia liberal como la garante de satisfacer e instrumentar una mejor forma de gobierno. Entonces, hay un desafío epistemológico al cuestionar qué es la democracia en estos tiempos, qué implicaciones tiene seguir considerando a este modelo de manera óptima a partir de decisiones gubernamentales, marginando el peso decisivo que tienen los nuevos movimientos sociales, o la insurgencia de la sociedad civil, que visiblemente cada más se compone de manera heterogénea, plural e inclusiva.

García Linera hace un llamado hacia el mundo académico e intelectual para cuestionar el estado de la democracia. Tan solo al mencionar obras de académicos y estudiosos reconocidos con títulos pesimistas o desilusionantes sobre la crisis de representación, refuerzan el pertinente cuestionamiento sobre la dinámica de la democracia; títulos como El desencanto democrático de Przeworsky, la obra del francés Piketty sobre regresión democrática, o el texto de Wolf con La crisis del capitalismo democrático, entre otros, dan prueba del estado actual de la percepción, o condición, en la que se encuentra la democracia global.

A través de una mirada pormenorizada se observa que cada vez, por ejemplo, el desencanto democrático se vislumbra con una tendencia decreciente de participación electoral, una continuidad del poder de las élites y grupos fácticos amoldándose a otras ideologías por conveniencia, o el resurgimiento de grupos o partidos de corte neofascista, con un nacionalismo exacerbado  en la que recuperan discurso racistas y excluyentes, señalando a sujetos como los migrantes o clase baja de atentar contra privilegios y derechos que solo benefician a determinadas clases. Además, hacen eco de que todo tiempo pasado fue mejor, marginando los nuevos cambios sociales y políticos contemporáneos. De allí, que Álvaro García Linera sostenga que hay democracias múltiples, que efectivamente, por diversos mecanismos y discursos buscan ejercer la soberanía del pueblo y la ilusión respecto a que cada una de ellas es la mejor forma de esas soberanías (p. 28). Para ello se busca legitimar una narrativa predominante que avale cualquier mecanismo en nombre de la democracia. En un sentido gramsciano se observa, por ende, la presencia de la academia y medios de comunicación dominantes que tratan de incidir, y persuadir, señalando a la democracia liberal como la mejor opción como forma de gobierno y participación. No obstante, el autor reclama que lo que se entiende por democracia es siempre un producto provisional de intersubjetividades entre distintas correlaciones de fuerzas de la acción comunicativa e institucional (p. 29). Sin embargo, esto se desenvuelve en espacios desiguales, ya sea comunicativos o de participación. Por tanto, en esta vanagloriada democracia liberal, que se consolidó ante el derrumbe de las utopías del socialismo real, y en la que se fue consolidando el neoliberalismo, se acentuaron las desigualdades económicas y sociales, con el auge de participación de las élites financieras transnacionales. Entonces, ante un escenario cada vez más caótico, con crisis recurrentes, con el arribo de grupos extremos difundiendo discursos excluyentes, y en la que afloran cada vez más conflictos bélicos internacionales, el autor menciona que la democracia liberal representativa, emanada de los postulados de las revoluciones norteamericana y francesa, está en decadencia, y debe reinterpretarse, a partir de los efectos que trajeron los cambios en el mundo global de libre mercado.  No obstante, como en toda dinámica social, estos efectos cuestionan los resultados decepcionantes de la democracia liberal. Estos cuestionamientos se enmarcan en tres límites. El primer límite encuadra a la democracia liberal como obstáculo epistemológico. Es menester considerar como los sujetos se transforman en la sociedad. Esto en términos de praxis ha llevado a la necesidad de reestructurar las instituciones. Por eso, no se puede concebir a una democracia de manera estática y mecánica, ya que hay que considerar e interrelacionar los cambios históricos, culturales, políticos y económicos que impactan y moldean el ejercicio democrático. La realidad avanza más rápido que la construcción teórica conceptual, por eso hay que ejercitar el pensamiento creativo, crítico, epistémico. Como segundo límite señala la igualdad como falacia. A pesar que la democracia liberal considera entre sus banderas la búsqueda de igualdad su delimitación solo recae en un sentido político hacia los ciudadanos, por ende, solo contempla formas de asociación y competencia política electoral. Sin embargo, es obligado circunscribir la igualdad en términos amplios; materiales y culturales. Más allá de América Latina, globalmente se observan serios desafíos ante desigualdades económicas, poniendo en tela de juicio la existencia de derechos universales que conlleven al bienestar social. Por tanto, la igualdad de oportunidades queda supeditada a la toma de decisiones emanadas del poder político económico. No obstante, si se observa que la democracia permite una elección racional, entonces hay una necesidad de votar y elegir gobernantes y representantes reales en la que refleja la incidencia de los votantes o sujetos en espacios de toma de decisiones protagonizando su propio destino. Aquí pues, el texto resalta esta dolencia de la democracia delegativa, reduciendo la acción colectiva a un ejercicio coyuntural que consolida la pasividad electoral. Como tercer límite está la tendencia decreciente a la oligarquización del poder. La representación real y efectiva es un cuestionamiento recurrente hacia las democracias. La apatía no surge de manera espontánea, sino que para García Linera, es resultado de prácticas que no reflejan cambios óptimos por la vía electoral, y los que son parte de la hegemonía de las elites políticas se apoderan de los espacios de representación, discusión y toma de decisiones. Estas élites, que son hegemónicas en el liberalismo político, se apropian de la interacción política deliberativa del pueblo, priorizando a las élites por encima del demos, la representación por encima de la participación, la especialización por encima de la deliberación (p. 63), monopolizando, legal pero injustamente, las decisiones en los representantes, o en el poder sea ejecutivo, legislativo o judicial.

En el apartado de la igualdad y sus múltiples agravios toma como referencia el caso de América Latina en la cual se profundizaron las desigualdades socioeconómicas, y que, a pesar de la llegada de democracias, posterior a las dictaduras militares, continuaron a través del modelo neoliberal. La democracia liberal no ha podido resolver problemas de desigualdad material en el reparto de riqueza, llevando a una concentración inmoral que profundiza la riqueza a pesar de reajustes a las políticas sociales. Así pues, cuando se habla de democracia se debe considerar otras determinaciones y profundidades para que surtan efecto las mejoras a las condiciones ciudadanas, que impacten en el bienestar económico, material y social (p. 73).

He aquí donde se devela el agravio “si la democracia liberal no resuelve los temas que agobian a las sociedades es inevitable que las personas asuman a la democracia como agravio” (p. 73) y propicie, justificadamente, otras formas de organización política que garanticen canales de representación con resultados óptimos para las condiciones de bienestar social. El autor pone el caso boliviano, vivido de manera personal, en la cual declara que, en este país andino, el crecimiento económico y reconocimiento pluriétnico no fue por resultados de la democracia representativa, sino por la presencia de nuevas formas de manifestación en las calles, en el campo, con debates públicos con indígenas, mujeres y otros actores que han incidido de manera protagonista en la política nacional. De allí el apoyo que han tenido gobiernos de izquierda o progresistas, y que estos últimos a pesar de reformismos, desafían toda una cuestión estructural de discriminación y exclusión. Más bien, hay un doble discurso que emana de los resultados de la democracia liberal, por un lado, el agravio en la continuidad de algunos problemas estructurales, pero por otro lado, la lectura es que las clases, como algunos sectores de las clases medias y en su mayoría de las clases altas, también ven erróneamente un agravio a sus privilegios, puesto que se ven desplazadas en la jerarquía global. Para ellos la inclusión y participación popular atenta con un privilegio que sólo esta clase dominante tenía. Esto ha generado narrativas y discursos de odio, extremistas, de nacionalismo exacerbado que atentan contra la diversidad. Los discursos de Donald Trump en Estados Unidos o Le Pen en Francia es una muestra de ello; los nuevos enemigos del bienestar, y de la democracia, no son los comunistas como antaño se describía en los discursos de la guerra fría. Ahora los migrantes, los indígenas, los diferentes cultural y racialmente son vistos como sujetos que atentan contra el establishment o estatus quo que permitió por décadas consolidar escenarios de desigualdad. Así pues, la igualdad es un agravio para estas clases, medias y altas, que sienten una expropiación de su estatus social y sus privilegios. De allí que emerjan discursos radicales antinmigrantes o antisindicales. Paradójicamente, este escenario democrático, en donde hay supuestas libertades de expresión, segmentadas algunas veces, engendra discursos de odio, racistas, clasistas, fascistas, con narrativas apocalípticas ante nuevos modelos o proyectos incluyentes. Aquí, para las élites o grupos autoritarios la democracia les parece un exceso de derechos, un exabrupto y la igualdad, un insulto (p. 87). Al concluir su obra con el apartado democracia compuesta, crítica la apropiación por parte de grupos y élites hegemónicos en la cual se han beneficiado de la riqueza nacional. Esto mediante discursos en la que los valores y principios de la democracia liberal representativa es la única capaz de garantizar mejores condiciones de vida, marginando o criminalizando todo aquel movimiento contestatario ante un sistema desigual e injusto. Sin embargo, los tiempos históricos han demostrado que para conquistar e implementar nuevas formas de representación, de sociabilidad y convivencia de forma satisfactoria, la democracia representativa no es suficiente.  La emergencia de los nuevos movimientos sociales y los cambios en los discursos ideológicos sobre necesidades o urgencias de problemáticas ambientales, étnicos, raciales y de género, movimientos sociales disruptivos, han propiciado la conquista de nuevos derechos y formas de participación realmente representativa. Esta nueva forma de establecer una representación y conducción democrática se logra a partir de formas de organización y deliberación a partir de principios igualitarios, de reconocimiento, considerando la democratización de recursos materiales (p. 95). A lo largo de esta lectura observamos un reforzamiento de aquella demanda que Anthony Giddens señalaba al tener que democratizar la democracia, y que en términos de García Linera está democratización se debe operar con múltiples formas de participación del pueblo en acción. De manera desafiante postula que se trata de dar paso a la democracia como cogobierno compuesto por múltiples democracias (p. 97). Esto implica la presencia latente de una insurgencia de la sociedad, con pronunciamientos democráticos, que abarque diversos sectores sociales y rompa con el acaparamiento institucional de élites oligarcas.

Parecería que García Linera acaricia, en otros términos y con otros ejes de acción, lo que titulaba David Runciman en su obra Así termina la democracia, en la cual esté último sentencia que la democracia ha muerto muchas veces en muchos lugares del mundo. Sin embargo, a pesar de esto no hay una resignificación de lo debe entenderse y practicarse como democracia.  Finalmente, estamos ante texto que insiste, ontológica y conceptualmente, de no aceptar que esas muertes que señala Runciman, y que para Álvaro García revive con nuevos movimientos sociales, son recuperadas por sujetos históricamente marginados, los cuales implementan, de manera novedosa, nuevas formas de participación y acción social. Sin embargo, se debe ser cauteloso ya que también son sustituidas, a nombre de la democracia, por golpes de Estado, o de otras prácticas represivas instrumentadas por poderes fácticos a nombre de la sociedad civil, con apoyo de instituciones como ejércitos militares o corporaciones trasnacionales que continúan disputándose el control el quehacer político.

Referencias

  1. Referencias no sincronizadas.