Revista revoluciones. (2024). Vol. 6 Num. 17. pags. 29-50

Revista revoluciones https://revistas.inudi.edu.pe/rr ISSN: 2710-0499 ISSN-L: 2788-0480 Editada por: Instituto Universitario de Innovación Ciencia y Tecnología Inudi Perú
Artículo original

Choque de paradigmas: Teoría de la Evolución contra Teoría del Diseño Inteligente

DOI: https://doi.org/10.35622/j.rr.2024.017.002

Resumen

El presente manuscrito es un bosquejo sintético sobre la teoría darwiniana de la evolución y la teoría del diseño o designio inteligente, específicamente, sobre el choque de paradigmas científicos que esto representa. Sabemos muy bien que se trata de un tópico ampliamente abordado. No obstante, sostenemos que los debates sobre el mismo aún no han concluido. Es así que el ensayo tiene como objetivo develar de forma crítica los equívocos o errores de la teoría de la evolución, y, así mismo, resaltar los principales argumentos de la teoría del diseño inteligente. Se explica la temática en cuestión desde una perspectiva filosófica, teológica y científica para dilucidar el choque de paradigmas, que es la propuesta pivote del ensayo. Se trata de hacer una filosofía de la biología, es decir, de analizar desde la complejidad ideas y conceptos biológicos, genéticos y químicos sobre la vida. Concluimos en que, como consecuencia de este choque de paradigmas, la teoría de la evolución se encuentra en crisis a causa del asedio, el cuestionamiento y la problematización que le presenta la teoría del diseño inteligente. Si bien es cierto que este planteo no es aceptado por la comunidad científica como tal, sin embargo, aún hay un remanente académico que lo postula y defiende, sobre todo en el plano filosófico.

INTRODUCCIÓN

La ciencia no es estática. Los científicos están constantemente avanzando en nuevos terrenos, investigando el mundo natural de nuevas maneras, excavando más profundamente en territorios en que el entendimiento es incompleto

Francis Collins

Las sociedades contemporáneas vienen experimentando diferentes cambios a nivel epistemológico, científico y tecnológico, ya que el progreso de la ciencia es constante y no tiene límites. En una sociedad del conocimiento, los saberes, informaciones y epistemes del ser humano se encuentran en permanente proceso de construcción y "deconstrucción" (Derrida, 2020). Así mismo, los paradigmas del conocimiento humano están en crisis, según Merton (1964), Kuhn (1971), Quijano (1990), Pigem (2010), Sandín (2010), entre otros, y nos encontramos, en consecuencia, en una transición de paradigmas en el conocimiento científico, según refiere Souza (2006) y Mignolo (2003). La ciencia trabaja con paradigmas, pero estas no son absolutas; pueden ser falseadas como resultado de la confrontación y choque dialéctico con nuevos paradigmas.

Es así que, lo que antes se pensaba científico hoy ya no lo es, lo que años atrás era un conocimiento valedero hoy es falseado, y los saberes de antaño no necesariamente se aplican en el contexto actual. En la ciencia de la biología y la genética, según refieren varios científicos de este campo, hay una crisis de paradigmas y en consecuencia un proceso de renovación del conocimiento en función a las investigaciones científicas vigentes. En el caso concreto de la Teoría de la Evolución propuesta por Charles Darwin en el siglo XIX, que fue considerado por muchos años como el único paradigma validado por la comunidad científica, y, por lo tanto, aceptado socialmente, hoy está en crisis porque es seriamente cuestionado por un grupo de académicos y científicos. En efecto, hoy hay nuevos paradigmas que explican el origen de la vida y la "complejidad" (Morin, 1990, p. 10) biológica, química y genética de los seres humanos. 

Bajo esta lógica, el presente ensayo trata de argumentar los aspectos básicos y fundamentales de un nuevo paradigma biológico-genético que hoy viene arremetiendo de forma compleja a los postulados de la evolución. Es un cuestionamiento racional directo. Se trata de un choque de paradigmas en este campo del conocimiento científico. Partimos desde una perspectiva crítica en función a los presupuestos teóricos del paradigma del "Intelligent Design", en español Diseño Inteligente (DI), cuya explicación, aparentemente, tendría mayores evidencias objetivas según los últimos avances de la ciencia y la tecnología hasta hoy desarrollados. No pretendo ser un experto en el tema; no obstante, con este texto se quiere aportar a la Filosofía de la Biología, específicamente en la explicación de este choque científico de "paradigmas" (Kuhn, 1971, p. 53).

DESARROLLO

Teoría de la Evolución y Teoría del Diseño Inteligente

Vamos a comenzar esta problematización con una profecía intelectual que el mismo Charles Darwin escribió en su clásico libro, El Origen de las Especies (1859), ahí textualmente dice lo siguiente: Si se pudiese demostrar que existió un órgano complejo que no pudo haber sido formado por modificaciones pequeñas, numerosas y sucesivas, mi teoría se destruiría por completo; pero no puedo encontrar ningún caso de esta clase” (Darwin, 1859, p. 158). Darwin (1859) escribe esto en el capítulo titulado; Dificultades de la Teoría, en donde él mismo reconoce que sus postulados son hipótesis y conjeturas con mediana o poca comprobación empírica, es decir, son meramente teóricas, no son completas, acabadas y menos aún una verdad en su real dimensión. Para los científicos, e incluso en el sentido común de la gente, se sabe que la ciencia no puede tener la verdad absoluta, no tiene todas las respuestas, ya que es relativa y progresiva, porque sus descubrimientos y teorías sobre la realidad natural y social son cambiados, y, modificados permanentemente en función a las investigaciones y adelantos científicos y tecnológicos que el ser humano logre alcanzar. La ciencia y su método científico es dialéctico.  

Así mismo, como bien se sabe en el tiempo y espacio en el cual Darwin (1859) estudió, investigó y sacó sus conclusiones, no existían los medios tecnológicos, metodológicos, técnicos e instrumentales para conocer realmente la complejidad, variabilidad y especificidad de la biología, la genética y la constitución química de las especies en su totalidad. Entonces, la teoría de la evolución gestada con la dinámica biológica de la selección natural del origen de las especies, tenía y tiene serios límites experimentales para explicar el origen de la vida y concretamente el génesis del hombre. De ahí que, “la victoria del darwinismo ha sido tan completa que es un shock darse cuenta de cuán vacía es realmente la visión darwiniana de la vida” (Sandín, 2009, p. 167). Esto es problemático porque el proceso de evolución propuesto por Darwin (1859) tiene graves errores racionales y empíricos, como demostraremos, al menos en parte, en este escrito. En este sentido, podríamos preguntarnos lo siguiente: ¿Es realmente la teoría de la evolución científica? ¿Puede el paradigma de la evolución explicar la complejidad de la vida? y, por lo tanto, ¿Es posible rebatir con parámetros y categorías científicas la teoría de la evolución?, según el paradigma emergente del designio o diseño inteligente si existen postulados científicos para refutar algunos aspectos de la tesis evolucionista de Darwin (1859), y por consiguiente también la de sus seguidores.

La teoría de la evolución, básicamente, hace referencia a que de una sola célula surgió la vida, esta fue cambiando gradualmente, en función al tiempo y el espacio, hasta dar lugar a todas las especies que existen en la actualidad. Existe, aparentemente, un auto–organización que se da de la siguiente manera: una célula, las plantas, los invertebrados, los vertebrados, los pescados, los anfibios, los reptiles, los mamíferos, los pájaros, el homo sapiens y, finalmente, el hombre tal y como lo conocemos hoy en día. Es decir, todo surgió de una generación espontánea y al azar en un tiempo y espacio no determinado. El mismo Darwin (1859) en sus conclusiones afirma lo siguiente:

Todos los individuos de una misma especie y todas las especies muy afines de la mayor parte de los géneros han descendido, en un período no muy remoto, de un antepasado, y han emigrado desde un solo lugar de origen (p. 459)

Para este autor el génesis de la vida, y de las diversas especies, se explica con la evolución a través de la selección natural y la transmigración de las especies cuyo umbral es solo un ente o unidad. Todo se inició en un solo lugar, empero, esto no parece muy racional por la naturaleza existencial de las cosas, y, porque su comprobación empírica hasta el día hoy no es tangible y concreta. Entonces, habría que responder a esa cuestión.

Los postulados de la evolución a luz de los descubrimientos científicos actuales en biología y genética pueden estar errados en algunos puntos, e incluso algunos afirman que es pseudocientífica. Ahora bien, aquí no estamos aseverando que la teoría de la evolución propuesto por Darwin (1859) sea una pseudociencia como tal, sino sostenemos que puede tener un equívoco o falla teórica, ya que en la ciencia “siempre estaremos sujetos al error. Lo máximo que puede esperar cada generación es reducir un poco el margen de error y aumentar el cuerpo de datos al que se aplica” (Sagan, 2019, p. 47). Los errores son parte del trabajo científico. Por tanto, la teoría evolucionista por más que sea científica está sujeta a errores, y, en consecuencia, también a refutaciones. Al respecto, Sagan (2019) dice lo siguiente:

La pseudociencia es distinta de la ciencia errónea. La ciencia avanza con los errores y los va eliminando uno a uno. Se llega continuamente a conclusiones falsas, pero se formulan hipotéticamente. Se plantean hipótesis de modo que puedan refutarse. Se confrontan una sucesión de hipótesis alternativas mediante experimentos y observación. La ciencia anda a tientas y titubeando hacia una mayor comprensión. Desde luego, cuando se descarta una hipótesis científica se ven afectados los sentimientos de propiedad, pero se reconoce que este tipo de refutación es el elemento central de la empresa científica (p. 38)

En efecto, la ciencia es hipotética y no pretende tener un conocimiento inmediato y acabado sobre las cosas, es progresiva porque va de menos a más, en ensayo y error, y por lo mismo es refutado permanentemente. La ciencia no es un dogma, así mismo, la teoría de la evolución no puede convertirse en un dogma, es necesario que sea examinado y abiertamente cuestionado (Vallejos, 2019, p. 118). Tal como sostiene Alfonseca (2014) “Como toda teoría científica, la teoría de la evolución siempre será provisional y estará sujeta a correcciones y cambios” (p. 12). En efecto, toda teoría científica es criticable y cuestionable, es perfectible y puede y debe ser mejorada.     

Es así que, desde hace un tiempo atrás, se viene dando una pugna científica y en consecuencia un choque de paradigmas, ya que la evolución no es una teoría que allá arribado a conocimientos totales y verdaderos, aún tiene falencias y errores en su observación y experimentación. Esto ha generado la gestación de teorías contrapuestas, tal es el caso del DI, entre otras más. El DI según Collado (2007) podría ser considerado un “nuevo paradigma científico” (p. 579), que aún está en proceso de construcción. No obstante, para sus gestores y defensores ya tiene el estatus de teoría y paradigma científico.                    

Una parte de la comunidad científica ha comenzado a criticar el paradigma de la evolución, específicamente la teoría darwiniana. El cuestionamiento que sus críticos vienen haciendo tiene como matriz argumentativa criterios lógicos, racionales, gnoseológicos y epistemológicos, ya que esta teoría se encuentra en una problemática grande, a tal punto que aún hoy no tiene respuesta final a su objeto de estudio, me refiero al hecho de que no explica de donde nació o apareció la primera célula, y menos aún el primer átomo o la materia en su estado original (aunque no era su propósito, porque sus estudios eran sobre organismos vivos). La interrogante es: ¿De qué forma y cuando comienzo la existencia o la vida? Aquí se puede aplicar el principio teológico de San Agustín de Hipona, Santo Tomas de Aquino y William Paley, de que de la nada, nada se hace o nada puede surgir, y, por lo tanto, se dice hipotéticamente que hay una causa trascendente y sobrenatural que diseñó de antemano todo lo que existe. Al respecto Rubbia (2019), Premio Nobel de Física, dice lo siguiente:

Cuando observamos la naturaleza quedamos siempre impresionados por su belleza, su orden, su coherencia (…) no puedo creer que todos estos fenómenos que se unen como perfectos engranajes, puedan ser resultado de una fluctuación estadística o de una combinación del azar. Hay evidentemente, algo o alguien haciendo las cosas como son. Vemos los efectos de esa presencia, pero no la presencia misma (Rubbia, como se cita en Tamames, 2019)

La naturaleza, y todo lo que existe en ella, se gestó en torno a una matriz determinada, no se dio de forma casual y abrupta, en otras palabras, las cosas no son resultado de la casualidad sino de la causalidad, y esta causalidad en la actualidad está en debate, no existe argumento científico para afirmar algo de forma objetiva y acabada. El discurso científico sobre esta temática hoy en día a cambiado, es así que, para una parte de la comunidad científica la evolución es un fraude intelectual, ya que la ciencia ha profundizado los estudios en biología, química, genética y la fisiología, y tienen evidencias de que la evolución sería un imposible, porque todo lo que existe en la biodiversidad de la naturaleza de nuestro planeta tiene aparentemente un diseño, un código y un plan específico. Si hay orden debe haber un ordenador. Este argumento podría refutar en parte la idea del azar en la teoría darwiniana, ya que, tal como sostiene Ortiz (2022) “no todo puede ser producto del azar en el sentido de la determinación de las leyes físico-químicas. El orden tampoco puede surgir por acumulación de errores” (p. 45). Si lo que existe tiene un orden y sentido, lo más probable es que hubo un ente inteligente que lo precedió. Claro que esta explicación es metafísica, y no científica como tal.     

Esta realidad existencial ha sido teorizada y se denomina el diseño inteligente o el designio inteligente. Los científicos que desde diversas perspectivas lo estudian, son: Nelson (2018), Kenyon (1969), Meyer (2010), Denton (1986), Wells (2000), Johnson (1993), Dembski (2006), Behe (1996), Ayala (2007), entre otros más. Parafraseando a Hawking y Mlodinow (2010), se trata de un “Gran Diseño” (p.196). que está detrás del universo y de todo lo que existe. Si bien es cierto de que los postulados de estos autores no hablan del DI, no obstante, a partir de las leyes físicas sostienen que todo lo que tiene vida posee un diseño, es decir, todo lo existente se rige en torno a leyes físicas. Estos postulados sólo pueden ser explicados a partir de las teorías cuánticas, y específicamente de la Teoría M, que no es otra cosa que la teoría del todo o teoría final. Lo que sí está claro es que, la existencia tiene un diseño. Ahora bien, ¿Qué es el diseño inteligente? Una respuesta clara y precisa lo da el matemático Dembski (2006):

El diseño inteligente es la ciencia que estudia los signos de la inteligencia. Obsérvese que el signo no es la cosa significada. El diseño inteligente no trata de introducirse en la mente del diseñador y dar forma a lo que el individuo está pensando. Su meta no es la mente del diseñador (la cosa significada) sino el artefacto fabricado por la mente del diseñador (el signo) (…) En su condición de programa de investigación científica, el diseño inteligente investiga los efectos de la inteligencia, pero no la inteligencia como tal (p. 31)

Se sostiene bajo la lógica de que todo lo que existe tiene una razón o propósito que evidentemente tuvo previamente un diseño, de lo contrario no existiría. En este sentido, el paradigma científico del DI tiene como objeto de estudio el signo o los signos de la inteligencia que se encuentran en lo tangible, físico, real y existente, es decir, en lo observable y que tiene vida. La comunidad científica que defiende este paradigma ha crecido aceleradamente. Al respecto, el biólogo Ayala (2007) dice:

Un movimiento reciente, iniciado en Estados Unidos, pero que se está extendiendo rápidamente a través del mundo, es el conocido como Diseño Inteligente. Propone este movimiento que los organismos son muy complejos y eso muestra que han sido diseñados. De la misma manera que la complejidad de un reloj muestra haber sido diseñado por un relojero (p. 16)

Se podría decir que, se trata de una teoría teológica y filosófica que se ha convertido en un paradigma científico, cuya acogida social ha provocado su popularidad al punto de que se ha formado un movimiento académico en torno al mismo. Su premisa fundamental es que, detrás de la complejidad de los organismos vivos existe un DI. Esta explicación tiene evidentemente un efecto espiritual, religioso y teológico porque plantea cuestiones metafísicas y ontológicas.              

Bajo esta perspectiva, es necesario hacernos algunas preguntas ontológicas: ¿Por qué existe el universo? ¿Por qué hay algo en lugar de nada? ¿Por qué existimos nosotros? ¿Necesita el universo un creador? ¿La existencia tiene un propósito o no? ¿Hacia dónde se dirige la humanidad y el universo? La filosofía, la ciencia, la teología y la religión han buscado dar respuesta a estas interrogantes, y no es nuestra intención abordar su complejidad en este pequeño ensayo. Empero, hay que reconocer que ha sido la ciencia quien ha aportado más al conocimiento de nuestra existencia y su propósito. Pero, la disyuntiva básica es el génesis u origen. Donde comenzó todo, de la nada o fue por sí sola, sea de un modo u otro, la existencia tiene un diseño, un orden y constitución sistémica. Recordando a la filósofa Rand (2009) diríamos que, la “existencia, existe” (p. 57), este axioma nos da a entender que lo que existe tiene una manifestación real, tangible, es verificable empíricamente y está sujeta a una explicación racional. Para Rand (2009) la evidencia de la existencia de alguien o algo se delimita en función a la “Ley de Identidad” (p. 74), es decir, la comprobación de la naturaleza objetiva y real, esto es, ¿Qué es? ¿De qué está hecho o compuesto? ¿Cuál es su función o razón de existencia? ¿Cuál es su origen o inicio existencial? y ¿Cuál es probablemente su fin último o destino? En otras palabras, se trata de demostrar racional y empíricamente la existencia de lo que existe.  

Lo real es lo que se puede conocer con criterios racionales y científicos. No obstante, si tenemos un enfoque complejo y total, es decir, si podemos ir un poco más lejos, al comienzo, debemos plantearnos la siguiente cuestión: ¿Desde cuándo, qué y cómo se suscitó lo realmente existente? o para ser más precisos ¿Cuál es el umbral de la primera partícula, materia, átomo, célula o unidad? Este es el punto principal o la matriz de la existencia y de la realidad. Sobre esta problemática no hay conocimiento científico que tenga una respuesta integral, completa y definitiva, aun el ser humano desconoce un montón de cosas, tenemos un mundo real por investigar, descubrir y explicar. De ahí que, el gran científico –quizás el mejor de todos los tiempos– Albert Einstein dijo; “toda nuestra ciencia, comparada con la realidad, es primitiva e infantil, y sin embargo es lo más preciado que tenemos” (Einstein, como se cita en Sagan, 2019, p. 18). Sin duda alguna, esto es cierto, la ciencia es la luz que nos alumbra en la oscuridad que aún tenemos en el mundo de lo real. No todo está explicado, nos queda aún un arduo trabajo por realizar.  

Al respecto el físico Lederman (1993), premio Nobel de Física, al no encontrar una conclusión convincente y comprobable, ha denominado al primer corpúsculo como “la partícula Dios”, “partícula divina” o la “partícula de Higgs”, (p. 262). Lederman (1993), hace un estudio complejo sobre la historia de la ciencia y la materia, pero parte de la premisa del físico británico Peter Ware Higgs –también premio Nobel de Física–, quien en 1960 elaboró la proposición de la nueva partícula o “bosón de Higgs” (p. 262), una explicación final en donde todas las leyes de la naturaleza pueden expresarse en una única y sencilla ecuación que dio origen a la existencia, al principio mismo. De ahí que, algunos sostienen que a lo mejor Dios es la partícula, o Dios creó esa partícula. Bajo esta lógica, muchos científicos tienden a creer en la existencia sobrenatural de un Dios creador de todas las cosas; o en todo caso un ingeniero o diseñador. El Ser inteligente que está detrás de todo lo que existe. Esto es posible porque la existencia tuvo un inicio metafísico, es decir, más allá de lo real y natural. Si bien es cierto que esta proposición no tiene una comprobación científica, no obstante, ahí justamente radica el meollo de la cuestión, tal como sostiene Azouri (2023) “Dios no existe, Dios Es”. Esto quiere decir que Dios es el Ser inteligente que dio origen a todo lo existente, está antes de lo real, es preexistente, está fuera del tiempo, no es parte de la materia, por eso mismo nunca se podrá demostrar su existencia bajo parámetros científicos. Según el famoso teólogo Craig (2001) “Él nunca entra en la existencia ni desaparece; más bien, su existencia es permanente” (p. 18). Es decir, Dios trasciende el espacio y tiempo de la existencia humana.

Así mismo, hasta ahora la existencia de la partícula primigenia no ha sido comprobada de forma científica, quizás es porque está fuera de la dimensión del mundo de lo real. Esta es la hipótesis cosmológica, filosófica, teológica y metafísica que defienden algunos científicos apegados al creacionismo y como tal también a la teoría del DI. Siendo más concretos, dichos postulados tienen una semejanza a los argumentos cosmológicos de la quinta vía propuesta por Santo Tomas de Aquino, específicamente, “en cuanto el modo en que Dios, como un diseñador inteligente, crea cada uno de los entes que componen el cosmos” (Velarde, 2022, p. 125). Dios sería la causa inteligente que está detrás de todo lo que existe, el responsable y creador.  

Hoy en día, numerosos hombres de ciencia se basan en esta lógica para estudiar y defender la teoría del DI, lo cual no quiere decir que sus postulados tengan bases religiosas. Empero, en esta pequeña disertación no pretendo desarrollar de manera compleja las premisas de dichos científicos, sin embargo, vamos a tratar de hacer una síntesis sobre sus resultados científicos que en la actualidad debaten y se contraponen a la teoría de la evolución.

Diseño inteligente, complejidad y choque de paradigmas

Este choque de paradigmas científicos se ha gestado por la misma crisis de un paradigma, que en este texto sostenemos que es el paradigma de la teoría de la evolución desde las proposiciones de Darwin (1859). Por otro lado, los planteamientos de la teoría del diseño o designio inteligente surgieron a partir del siglo XX con uno de los avances científicos más grandes de la humanidad, el Proyecto del Genoma Humano, el cual explica la interpretación de toda la información genética codificada, que posee todo ser humano y los seres vivos en general en las células, más específicamente, en los genes y el ADN (Ácido Desucirrido de Nucleico). Empero, sus inicios proporcionales lo podemos rastrear desde el siglo XIX con el Padre de la Genética Moderna, el austriaco Mendel (1870) quien básicamente sostenía que en la semilla o núcleo de los organismos existe todo un bagaje de información que determina cómo van a ser los cuerpos del mismo. El asevera que dichos datos e información se transmiten de generación en generación de acuerdo a un código, y, no nacen de alguna mutación o evolución. Por ejemplo, la semilla de papa no da trigo sino papa, esto es algo lógico. Así mismo, las características de un ser humano tienen un patrón predecible y se encuentran en el código genético que proviene de los padres.

Dentro de los genes se encuentra el ADN, el cual es la sustancia que encierra la clave para hacer que cada ser viviente sea distinto de los demás. El descodificar estos componentes biológicos es la clave de la individualidad de cada ser humano, esto es, el código genético. Realmente se trata de un laberinto genético. Para el bioquímico Behe (1996), estas evidencias nos permiten postular la preexistencia de un sistema de “complejidad irreducible” (p. 203) el cual básicamente explica de que existe una multiplicidad de piezas para la composición de cualquier organismo o sistema dado dentro de una célula, todas las cuales son necesarias para su funcionamiento, es decir, si se elimina una pieza el sistema pierde su movimiento y funcionalidad. Dice Behe (1996), “si un sistema requiere de varias partes armónicas para funcionar, es irreductiblemente complejo, y podemos llegar a la conclusión de que se produjo como una unidad integrada” (p. 70). Estas partes deben estar juntas y en organización desde un inicio, es imposible que cada parte surja por sí sola hasta hacer un orden molecular. Según Behe (1996), un ejemplo claro y preciso es la máquina molecular del “flagelo bacteriano” (p. 272), el cual tiene un total de 40 piezas que hacen posible su funcionamiento, cada parte no puede autoconstruirse gradualmente en un tiempo y el espacio determinado o indeterminado, ya que su función solo puede darse cuando todas estas piezas estén en su sitio. Es así que, la complejidad irreducible, plantea un problema a la teoría darwiniana. Al respecto, dice Michael Behe (2000):

Para Darwin, la célula era una «caja negra» --su funcionamiento interno le era completamente misterioso. Ahora, la caja negra ha sido abierta y sabemos cómo funciona. Aplicando el criterio de Darwin al mundo sumamente complejo de la máquinaria molecular y de los sistemas celulares que han sido descubiertos durante los últimos 40 años, podemos decir que la teoría de Darwin «se ha desmoronado por completo» (Behe, 2000)

En efecto, lo que antes era desconocido hoy ya no lo es. La célula y su complejidad en la actualidad están siendo estudiadas, y se están encontrando respuestas para la explicación del origen de la vida y su constitución física, biológica y química. La caja negra de Darwin (1859) ha sido abierta, ya se puede conocer –al menos en parte– la complejidad del origen de la vida. La ciencia y específicamente la genética humana no es un sistema cerrado, sino por lo contrario está abierto a nuevas explicaciones que brindan los nuevos conocimientos que son resultado de investigaciones rigurosas y objetivas, siempre en cuando sigan el proceso de experimentación del Método Científico, el cual, como bien se sabe, es plural y flexible.

La complejidad irreducible se puede ilustrar con una trampa de ratones; ya que se trata de una máquina con diversas partes o piezas que con una organización colectiva funcionan con un objetivo específico, si una de las partes falta o no está en su lugar, no puede funcionar, ya que se altera todo el sistema al punto de que puede convertirse en una entropía. Para que un aparato funcione primero debe estar bien organizado, y para que esté bien organizado primero debe haber sido cuidadosamente diseñado. Todo sistema complejo tiene componentes indispensables para su funcionamiento, estas no aparecen por sí solos, sino son consecuencia de un diseño previamente establecido. La complejidad no es un azar indeterminado, es una constitución previamente planificada y con fines específicos. 

Sobre este tópico en particular, la evolución con la dinámica biológica de la selección natural sostiene que la complejidad celular fue resultado del tiempo y el espacio, y que cada parte surgió de la nada y se hizo así mismo para funcionar de una forma determinada. En otras palabras, se trata de una auto organización por casualidad, necesidad, azar y competencia, es decir, la naturaleza por sí soladio origen a todos los organismos vivos. La existencia surgió de la nada de forma paulatina, poco a poco todo apareció, las especies más aptas sobrevivieron hasta llegar a nuestros días. En específico sentido, creer y defender la teoría darwiniana es como pensar que el motor de un automóvil aparezca de forma abrupta en un desierto después de cientos de miles de millones de años, y que su funcionamiento sea perfecto sin alguna intervención humana e inteligente. Esto lógicamente sería imposible. Ya lo dijo el filósofo Paley (1802): “no puede haber diseño sin diseñador; invención sin inventor; orden, sin elección” (p. 15). Sin duda alguna, racionalmente –e incluso desde el sentido común– se entiende que debe haber una fuente o matriz objetiva de todo lo que existe, específicamente, de la información del código genético, dónde viene, quién lo diseñó así y por qué, ya que, evidentemente, hay un propósito de existencia en los organismos vivos más pequeños y también los más grandes. Se podría decir incluso que, la vida tiene un propósito. 

Por definición, se podría sostener que la selección natural no podría haber funcionado antes de la existencia de la primera célula viva, porque solo puede actuar sobre organismos capaces de reproducirse, estos son, las células dotadas de ADN que pasan sus cambios genéticos a generaciones futuras.  Sin ADN no hay auto reproducción, y sin auto reproducción no hay selección natural, de modo que no puede usarse la selección natural para explicar el origen del ADN sin dar por supuesta la existencia previa de aquella misma cosa que se está tratando de explicar. Es así que, según el DI la evolución es imposible, por las evidencias de la complejidad irreducible de la genética celular y bioquímica, ya que un organismo funcional no puede surgir de la nada sino de un orden pre diseñado. Por tanto, se concluye en que, la fuente no viene de nosotros, de una auto organización de la misma naturaleza, por lo contrario, es posible que haya una inteligencia detrás de todo, hay un designio inteligente que formó todas las cosas con un propósito específico. Sin duda alguna, se puede aseverar de que hay una causa que ha generado este efecto biológico, natural, genético y químico. El paradigma del DI llega a esta conclusión con la observación e investigación de lo realmente existente.

Según Collins (2016), estudioso y su vez crítico de esta teoría, sostiene que el DI tiene tres postulados básicos: 

                    i.            La evolución promueve una concepción atea del mundo y, por lo tanto, debe ser rechazado por los creyentes en Dios.

                  ii.            La evolución es fundamentalmente fallida, ya que no puede explicar la intrincada complejidad de la naturaleza.  

                iii.            Si la evolución no puede explicar la complejidad irreducible, entonces debe existir un diseñador inteligente involucrado de alguna manera, que entró para proporcionar los componentes necesarios durante el curso de la evolución. (p. 197-201)   

La primera proposición denota de forma clara y precisa el cuestionamiento y crítica que hace Collins (2016) a este paradigma, ya que literalmente afirma que tiene orígenes religiosos reduccionistas más que argumentos científicos, reconoce que hay una comunidad científica que lo estudia y defiende, sin embargo, no la comparte. La tesis antagónica de Collins se sustenta en que aparentemente los principios científicos del DI han sido tomados del texto, Teología Natural (1802) del teólogo y filósofo William Paley, quien bajo un razonamiento analógico sostenía que Dios es el diseñador del universo, con la ilustración del reloj y el relojero, es decir, todo lo que existe, existe porque tiene un diseñador o creador. Dice Paley (1802):

Es inevitable la inferencia de que el reloj debe tener un creador, que tiene que haber existido, en algún momento y lugar, un artífice o artífices que lo formaron para el propósito que actualmente sirve, que comprendió su construcción y diseñó su uso (p.16)

Hay un artífice detrás de todo lo que existe, las cosas no existen por sí solas, inevitablemente alguien lo diseñó y creó. En efecto, siendo racionales el diseño antecede a la existencia. No obstante, en contraposición a lo que plantea Colllins (1802), y al supuesto reduccionismo religioso de este paradigma, el génesis de esta premisa no se limita a Paley (1802), ni a la herencia del pensamiento judeocristiano, ya que en la filosofía antigua 100 A.C. Cicerón –como también otros filósofos– postulaban la idea del diseño para explicar el cómo o el origen de todo lo que existe. Entonces, el DI más que ser algo religioso es algo racional y ahora también con postulados científicos. Sin embargo, tampoco hay que negar el vínculo teológico y filosófico (intencional o no) que existe entre los postulados de Paley (1802) y el DI. Esta conjunción teórica es evidente, tal como Ortiz (2019) lo sostiene: “1. Todo orden es resultado de la acción de un ser inteligente. 2. La Naturaleza muestra orden. 3. Por tanto, la Naturaleza es resultado de la acción de un ser inteligente” (p. 55). Estos axiomas son compartidos tanto por Paley (1802) como por los defensores del DI. 

No obstante, sobre este punto, el bioquímico Behe (1996) sostiene lo siguiente: “la idea del designio inteligente es totalmente científica, desde luego, puede que tenga implicaciones religiosas, pero no depende de premisas religiosas” (Canal IIlustra Media, 2019, 62m40s). La teorización del DI tiene, sin lugar a dudas, un efecto religioso, lo cual, no obstante, no significa que se base en creencias subjetivas, sino por lo contrario sus proposiciones son lógicas, racionales y reales. Si vamos a la investigación científica de los hechos, a la verificación de los datos, a observar las evidencias, y si somos racionales al estudiar el universo, y todo lo que en él existe, podremos concluir en que las causas inteligentes son reales, dejan evidencia de su existencia. Frente a esto el paradigma de la evolución no tiene respuesta, probada y definitiva, al origen de la vida, a la diversidad de la existencia y a la complejidad del cosmos natural. Frente a este fracaso o equívoco intelectual, la alternativa más racional y lógica que hoy en día viene congregando a varios hombres de ciencia, es el llamado diseño o designio inteligente iniciado por Johnson (1993). El diseño afirma que hay un propósito en todo lo que existe en el tiempo y espacio del universo en su totalidad, el propósito es la razón original de que algo existe. Hay una razón de existencia. 

Uno de los críticos del DI, que, a su vez, defensor apasionado de la teoría evolucionista, es Dawkins (1993) filósofo y biólogo, de gran fama por sus debates con teístas creacionistas, y uno de los más respetados representantes del evolucionismo contemporáneo. Dawkins (1993) afirma lo siguiente:

El planteamiento de este libro es que nosotros, al igual que todos los demás animales, somos máquinas creadas por nuestros genes. De la misma manera que los prósperos Gangsters de Chicago, nuestros genes han sobrevivido, en algunos casos durante millones de años, en un mundo altamente competitivo. Esto nos autoriza a suponer ciertas cualidades en nuestros genes (p. 11)

Desde los postulados del DI se afirma que el análisis que hace Dawkins es bien antojadiza, porque no tiene evidencias científicas para aseveraciones como estas, sus fundamentos no son otra cosa que la reproducción de las premisas darwinianas, de ahí que, la aseveración de que somos resultado de nuestros genes es tan simplista –sobre todo el ejemplo de los Gangsters de Chicago– como irracional, ya que no puede dar respuesta al origen del primer gen o en todo caso genes. La pregunta es ¿Dónde inició la existencia? Es muy básico y simple decir que nos hemos auto-creado a partir de nuestros genes, pero es muy difícil aseverar el génesis de la existencia y su razón de ser. No se puede atestiguar el funcionamiento de algo sin antes demostrar su existencia real primigenia, esto es, donde se originó es gen o genes.     

Por otro lado, el mismo Dawkins (1986), trata de explicar la variedad de los organismos vivos, de ahí que sostiene lo siguiente: “La biología es el estudio de las cosas complejas que dan la apariencia de haber sido diseñadas con un fin” (p. 10). Esta declaración es, sin duda alguna, contradictoria, ya que tanto el diseño como el fin o propósito dan a conocer un precedente originador de las cosas, en cuya planificación compleja necesariamente hubo una inteligencia de por medio. La inteligencia tiende a un derrotero racional con fines específicos, tiene un comienzo, sigue un proceso y busca un resultado previamente determinado, aunque este no sea perfecto. La biología de la evolución por lo contrario es ininteligente e irracional, porque aparentemente tuvo un inicio –que no ha sido científicamente demostrado– que va por un camino sin un fin establecido, no sabe a dónde se dirige, es ciega e incierta. La evolución no sabe hacia dónde va, sigue un camino ciego sin destino fijo alguno. Por lo contrario, es plenamente evidente que el universo y todo lo que en él existe tiene un diseño y propósito, cada componente, por más mínimo que sea, tiene una razón de existencia, cumple una función concreta en el sistema del cual es parte constitutiva, esto la ciencia cada día lo viene descubriendo. Así como todo lo que ha creado el hombre tiene un propósito, de la misma manera todo lo que naturalmente existe tiene un plan, designio y diseño inteligente. En otras palabras, el cosmos en el cual vivimos tiene un bosquejo previamente establecido.

En la sociedad contemporánea la teoría de la evolución aún es considerada como una teoría científica sin errores, sin cuestionamiento alguno, y es aceptada socialmente, porque en los libros de ciencias naturales, y, en la mayoría de colegios e incluso en instituciones de educación superior y universidades, solo se enseña las premisas evolutivas para explica el origen de la vida, pocas veces se da al estudiante la posibilidad de investigar más alternativas científicas sobre el tema en cuestión. Por tanto, se hace necesario una filosofía crítica de la biología. Por no tener una mirada crítica, la ignorancia nos hace pensar que solo la teoría de la evolución es científica y las demás son solo filosofía religiosa o especulaciones pseudocientíficas, cuando los argumentos del DI tienen cierta lógica y racionalidad al igual que la selección natural y la transmigración de las especies. Al respecto, el reconocido biólogo y bioquímico Máximo Sandín (2010), critico frontal de la teoría evolutiva, dice lo siguiente: “en principio, la biología se encuentra actualmente en un estado absolutamente caótico, se encuentra sin base teórica” (Canal Ernesto Caballero Garrido, 2011, 50s). Según este autor, esto se debe a que se ha creído, reproducido, enseñado y aceptado como la única verdad científica los axiomas de la evolución darwinista, de tal manera que gran parte de las bases teóricas de la biología y la genética necesitan ser revisadas, experimentadas y redefinidas de acuerdo o en función a las últimas investigaciones que se tienen en estos campos del conocimiento.

No obstante, de un tiempo a esta parte –desde hace más de 30 años– la teoría del DI se ha convertido en un paradigma emergente que está arremetiendo con argumentos científicos los postulados darwinianos. En todo caso se trata de un choque de paradigmas entre la filosofía y las ciencias de la biología, la genética y la química. Esta pugna científica nos ha llevado a una “crisis de paradigmas” (Kuhn, 1971, p. 138), específicamente, del paradigma biológico de la teoría de la evolución, diversos científicos de este campo así lo sostienen. Quien más lo ha ratificado es Sandín (2009), ya que sostiene que la evolución está en crisis, e incluso llega a afirmar que ya no tiene la misma validez científica, y que por lo tanto es un fraude intelectual. Incluso, él respetado filósofo de la ciencia Karl Popper a propósito de este tópico reconoció que, “no podía decidirse si el darwinismo era o no científico” (Popper, como se cita en Boudon, 2004, p. 218), ya que evidentemente las falencias, vacíos y pocos argumentos empíricos-racionales del evolucionismo se alejan de las proposiciones científicas. En efecto, toda teoría científica, en términos popperianos, puede ser falsable con su constatación empírica. A la luz de los experimentos genéticos, químicos y biológicos que se han realizado en el marco de la construcción de los postulados de la teoría del diseño o designio inteligente, la evolución viene siendo seriamente rebatida. Sin embargo, no estamos sosteniendo que la teoría de la evolución haya sido refutada directamente, pero sí que se encuentra en una confrontación epistémica. 

Desde la filosofía, la principal crítica que tiene la teoría de la evolución, es la realizada por Popper (2001), quien hace una filosofía de la biología, específicamente, de la evolución biológica. Popper (2001) sostiene que la teoría darwinista no tiene carácter científico porque no tiene una comprobación empírica, no tiene una experiencia posible, ya que esta teoría se presupone como valedera sin ningún cuestionamiento, no puede ser falsable porque es una tautología. En otras palabras, la teoría de la evolución es una tautología, no es científica sino meramente metafísica. Textualmente dice Popper (2001):

Un problema central de la teoría evolucionista es el siguiente: de acuerdo con esta teoría, los animales que no están bien adaptados a su entorno cambiante parecen; en consecuencia, aquellos que sobreviven (hasta un cierto momento) han de estar adaptados. Esta fórmula está muy cerca de ser tautológica puesto que bien adaptado por el momento significa casi lo mismo que posee aquellas cualidades que le hicieron sobrevivir hasta ahora. En otras palabras, una parte considerable del darwinismo no tiene la naturaleza de una teoría empírica, sino que es una perogrullada lógica (p. 69)

La teoría de la evolución puede resumirse con el enunciado, “solo los más eficaces sobreviven”, esto es una tautología porque se limita a decir que sólo sobreviven los que sobreviven, se trata de una frase vacía que no dice nada, y, por lo tanto, no requiere comprobación empírica, sino solo su aceptación acrítica. Una tautología no puede o no necesita una demostración empírica (porque se considera por sí misma verdadera), ergo, la teoría de la evolución no es científica, porque toda teoría que se considere científica debe validarse empíricamente. Si la evolución darwinista no es una teoría científica, ¿Qué es entonces? Popper (2001) va decir que solo es un postulado metafísico.  Según Diéguez (2012) se puede resumir la crítica popperiana a la teoría evolucionista con los siguientes axiomas:

                    i.            No hay leyes de la evolución. 

                  ii.            La teoría de la evolución, entendida como la supervivencia del más apto, tiene un carácter tautológico o casi tautológico y, por tanto, no es empíricamente contrastable.

                 iii.            La teoría de la evolución es un programa metafísico de investigación. Ahí radica todo su valor y la razón de su amplia aceptación. 

                iv.            En una forma general la teoría de la evolución está de hecho refutada. (p. 94)       

Como podemos ver, desde la filosofía de la ciencia, específicamente, desde la filosofía de la biología, se cuestiona directamente la cientificidad de la teoría de la evolución. Debido a esta crítica filosófica realizada por Popper (1991), muchos científicos han seguido esta línea explicativa para cuestionar la teoría darwiniana. Se sabe muy bien que Popper (1991) examina lógicamente los postulados de la ciencia, no hace ciencia en sentido estricto, pero si, logra encontrar vacíos racionales en las teorías y paradigmas científicos. Por más que una teoría sea validada por una parte de la comunidad científica, y tenga aceptación social, esto no significa que sea verdadera. Por eso, dice Popper (1991): “una teoría puede ser falsa, aunque tengamos razones relativamente buenas para aceptarla” (p. 278). En efecto, por más que se nos enseñe que la teoría de la evolución es plena y totalmente científica, sin embargo, esto es cierto hasta cierto punto, ya que, desde hace mucho tiempo atrás, se han dado críticas a sus postulados; inicialmente eran metafísicas, religiosas y teológicas, pero, posteriormente, se constituyeron en filosóficas, y ahora, con el paradigma del DI, tiene también fundamentos científicos. A continuación, presentamos, según Diéguez (2012), los principales argumentos del DI en confrontación directa con la teoría de la evolución:

                    i.            La evolución cifra el origen de la complejidad en el mero azar, y la probabilidad de que sistemas tan complejos como los seres vivos surjan por azar es infinitesimal.

                  ii.            La evolución viola el segundo principio de la termodinámica.

                iii.            La selección natural no tiene poder creativo, sólo puede eliminar individuos inadaptados. No puede generar novedades y mucho menos dar lugar a nuevas especies.

                iv.            Las mutaciones son siempre dañinas. Nunca añaden información útil o beneficiosa.

                  v.            No existe en el registro fósil formas transicionales entre unas especies y otras.

                vi.            Hay una diferencia abismal entre el hombre y los simios.

               vii.            Un rasgo en un estado evolutivo inicial no puede tener valor adaptativo.

             viii.            Nadie ha podido crear vida en el laboratorio. (p. 129)

Por estas razones y evidencias, la teoría darwiniana es hoy en día seriamente cuestionada. El mismo Darwin (2019) años después de la publicación de sus escritos sobre el origen de las especies, dijo lo siguiente; “a menudo me atemorizo y me he preguntado si tal vez me he devotado a una fantasía” (Canal IIlustra Media, 2019, 45m20s). Al parecer llegó a reconocer que sus postulados tenían ciertos errores teóricos, tanto en su formulación racional como en su comprobación empírica, de ahí que, hablar de una fantasía no sería algo exagerado sino más bien acertado. Entonces, la teoría de la evolución es una quimera –su mismo gestor lo testifico–, o, en todo caso está en crisis. El paradigma de la evolución esta crisis por tres motivos: 1) por las falencias en su explicación integral (teórica y empírica) y compleja del origen de la vida, 2) por qué desde hace algunos años atrás viene siendo rebatida por la teoría del designio o diseño inteligente, y 3) porque muchos biólogos están cuestionando las bases teóricas de la evolución, a la luz de los últimos descubrimientos de la ciencia. Se trata de un choque de paradigmas científicos.    

CONCLUSIONES

Con los argumentos filosóficos, teológicos y científicos que hemos expuesto en este pequeño ensayo, podemos terminar con los siguientes planteamientos:

En la ciencia nada es absoluto, todo es relativo. El conocimiento científico es progresivo, puede ser refutado y sigue un derrotero de mejora continua –por decirlo de una forma clara y precisa–, en otras palabras, va de menos a más. De ahí que, lo que antes era considerado científico según las actuales investigaciones puede que hoy ya no lo sea, porque pueden gestarse nuevas teorías con hipótesis verificadas en la realidad concreta. En el campo de la ciencia de la biología, la química y la genética las cosas están cambiando; el paradigma para explicar el origen de la vida y la complejidad humana está en crisis, es cuestionada, se tiene una perspectiva crítica, y, como tal se encuentra en transición y renovación en su fundamento epistemológico. Nos encontramos en un choque de paradigmas en este campo de la ciencia.

Bajo una perspectiva crítica, podemos afirmar que la Teoría de la Evolución, según las últimas investigaciones, tiene vacíos teóricos y sobre todo empíricos, y, por tanto, es, hasta cierto punto, una ciencia equivocada. Para una parte de la comunidad científica es considerada un fraude intelectual. Desde un polo científico opuesto se piensa que la evolución no es posible porque no puede explicar la complejidad biológica, genética y química del ser humano y las diferentes especies en su totalidad. Como lo hemos podido argumentar, el mismo Charles Darwin lo anticipó al encontrar dificultades en sus presupuestos teóricos. No tiene respuestas totales y concretas sobre el origen de la vida, solo tiene aproximaciones teóricas, nada más que ello. De ahí que, es un paradigma en crisis, ya que por mucho tiempo se aceptó como la única teoría valedera en su campo de estudio, pero hoy, ya no es así.    

En la actualidad encontramos un paradigma científico emergente que puede explicar de forma más compleja, racional, organizada e integral el origen de la vida, de la diversidad y profundidad de las especies y sobre todo el código genético del ser humano; este es, el Diseño o Designio Inteligente. No lo abarca todo, no tiene todas las respuestas y es aceptado solo por una pequeña parte de la comunidad científica. Incluso se considera que el DI es una pseudociencia. Sin embargo, sí tiene fundamentos epistemológicos lógicos, rigurosos y experimentales al igual que la teoría evolutiva. Esta nueva tesis filosófica y científica, ha generado un choque de paradigmas que nos ha permitido desarrollar cuestionamientos a los postulados de la biología, la genética y la química del origen de la vida. Hoy –en realidad desde hace muchos años atrás– la teoría de la evolución se enfrenta a un serio problema.   

Conflicto de intereses / Competing interests:

El autor declara que no existe ningún conflicto de interés con algún autor o institución.

Rol de los autores / Authors Roles:

No aplica.

Fuentes de financiamiento / Funding:

El autor declara que no recibió un fondo específico para esta investigación.

Aspectos éticos / legales; Ethics / legals:

El autor declara no haber incurrido en aspectos antiéticos, ni haber omitido aspectos legales en la realización de la investigación.

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