Resumen
Qué pasa si al final de la batalla perdemos, pero esta vez, todo. Qué pasa si al último minuto de la resistencia recibimos el golpe de gracia, el feroz golpe irreparable de la derrota, uno que pueda dejarnos en seco, sin esperanza alguna, en el suelo, abatidos y sin aliento. Qué hacemos, cómo quedan los rosales, los sueños y los pueblos. Justo ahí, en los temblores de estas preguntas, cuando el frío, la noche y el invierno neoliberal toman posición con el fin de enfriar las almas, necesitamos una vez más, caldear el corazón, renacer de las cenizas, reanimar las voluntades caídas con tal de infringir un último contraataque, una última jugada en la que se defina el destino de la educación pública. Este apretado ensayo, da respiro a una pedagogía latinoamericana, una que, en suma, a sus pares de lucha contra-hegemónica permita en el día después del alud, retornar el calor volcánico a aquellas fuerzas venidas desde abajo.
Palabras clave
INTRODUCCIÓN
Durante las últimas décadas del siglo XXI, se ha visto como los cielos se han cubierto con una supertormenta neoliberal que ha definido las acciones del Estado y el destino de los pueblos en la tierra. En días como este, los amos son esa liga de potencias hegemónicas, megacorporaciones e instituciones supranacionales que dominan el vasto territorio que los Estados en desarrollo y arranque piensan que son suyos bajo el imperio de la ley (Chomsky, 1993). Idea discutible cuando se trata de una era administrada por colosos cuya fuerza, al igual que las olas del mar después de un maremoto, son capaces de empujar reciamente, someter o destruir todo a su paso (Gélinas, 2006).
En tal coyuntura, no es de extrañar que nos topemos con una guerra de clases, de ricos contra pobres, élites contra súbditos, gobernantes contra ciudadanos (D’Eramo, 2022); y, lastimosamente, donde el ambiente globalizador juega a favor de los de arriba (Sánchez, 2023), todo hace suponer que perderemos la última pelea. La única que va quedando. Justo ahí, muchos pregonan corrientes de conjuro, resistencia, esperanza y otras alternativas de combate y acciones contrahegemónicas que puedan aplacar el avance abrumador del neoliberalismo, y, así darnos todavía, espacio para respirar (Huanca-Arohuanca, 2019; 2022; 2023).
Sin embargo, qué pasa si de una vez por todas, cansados de nosotros, en una cólera enardecida que termine por apoderarse de los poderosos, estos decidan finalmente asestar el golpe de gracia (coup de grâce). Un feroz golpe monumental que pueda dejarnos en seco, sin ilusión alguna, en el suelo, abatidos y sin aliento para aguantar el gélido choque devastador. ¿Qué hacemos? ¿cómo quedan los rosales y los sueños de las naciones?
Apegados a estas interrogantes, este breve ensayo da respiro a una pedagogía latinoamericana, una que, anidada en el Sur, como una sola flecha junto a sus pares de lucha contra-hegemónica permitan en el día después de la catástrofe, retornar el sueño de los caídos, devolverles su calor volcánico, de reverdecer aquellas fuerzas venidas desde abajo; y, por si no bastara, lanzar a niveles teóricos y prácticos un directo ataque al corazón del neoliberalismo (Canaza-Choque et al., 2022).
Para permitir el análisis de tal escenario, el trabajo se estructura bajo tres hélices: la primera, denominada «invierno ultraneoliberal», aquí, pretendemos dar cabida a una estación del año, más precisamente a aquella época gélida donde los pobladores, en especial de quienes menos poseen, se enfrentan a días muy duros y brutales, en el que sus sueños se ven congelados y el calor de sus almas, se ven apagadas. Similar impacto de frialdad, es lo que ocasiona la avalancha neoliberal, cuando este, en su deslizamiento sin clemencia entierra a campos y ciudades habitadas por los que menos tienen y los que no tienen. La segunda parte, titulado el «enfriamiento del Estado», tiene en su delgada intención engrosar discusiones previas, las conocidas sobre cómo es que el principal guardián, el protector supremo de la gente, ve capturada su gestión por grupos de poder que debilitan su capacidad social, que, en consecuencia, cortadas sus alas, minimizadas sus fuerzas institucionales, este reduce su papel de centinela de sectores empalados por la ira del neoliberalismo.
Por último, en la tercera sección del ensayo: «la llegada de la primavera», cultivamos una pequeña parcela que busca dar fruto a lo que denominados como pedagogía del contragolpe, una herramienta con el justo poder de no solo regresarnos la fuerza después de la derrota, sino, desde la trinchera educativa, osar e infringir contra los poderosos y sus embriagados intereses un último golpe del destino (coup of destiny).
DESARROLLO
Invierno ultraneoliberal
De las cuatro estaciones del año, invierno representa; independientemente a su impacto y propiedad, una temporada donde los países de la zona intertropical toleran fuertes y torrenciales precipitaciones lluviosas. Época inevitable debido a su ciclo inaplazable y a su determinada localización que, a medida que se acerca al trono, al salón dorado, la noche termina venciendo al día, y mientras dure y ruge el régimen de por lo menos tres meses, las temperaturas alcanzan su punto más bajo en relación con la distancia del paralelo 0°, que, finalmente divide en dos opuestos la tierra: Norte y Sur.
Estando su marcado comienzo para aquellos Estados y pueblos circunscritos en áreas boreales el 21 o 22 de diciembre; y, para las regiones australes entre el 20 y el 21 de junio (Greshko, 2023), donde la sola transición, el inicio o la coronación de la primavera en ambos hemisferios es el fin de un período desolado, frígido, en la que la flora no invernal (Guzmán-Lucio et al., 2013; Barba, 2022) después de haber sido azotada por los vendavales del otoño, se quedan pasmadas, quietas, bajo el aguardo de retoñar algún día.
Esta franja epocal, por su definición ineludible sirve como hilo inductor de diferentes procederes. Sus efectos exigen migrar a espacios más tórridos (Senar & Borras, 2004), de llevar reservas al refugio antes de que el hambre se apodere de los ciudadanos o de inventar paliativas reformas de normalidad en la coyuntura de la noche, del frío, la nieve y la helada.
En un reino de este tipo, apresado por tiranos del hielo, en algunas partes de Europa, Asia, Sudamérica y Norteamérica, la vida de millones de personas desprotegidas y tiranizadas se paraliza, se congelan los sueños debido a que las grandes masas de aire frío conquistan el terreno, lo hacen suyo, se apropian y solo aquellos pueblos bien equipados o aclimatados, por lo menos le hacen frente; mientras que algunos, a duras penas intentan adaptarse en una suerte con pocas opciones frente al señoreaje invernal.
En tanto que, otros, acostumbrados o no a las condiciones meteorológicas dadas, a como dé lugar buscan desafiar la gélida temporada mediante políticas de climatización (Vásquez, 2006). Sin embargo, para el grueso número de personas rebatidas por demás desmanes, el residir en estos dominios no solamente se torna más difícil; sino que, la situación severa lleva a que las atrevidas y diseñadas respuestas de resguardo y seguridad terminen mortalizándose mucho más de lo previsto ante la llegada de un marcado enfriamiento en ciertas regiones y subregiones del planeta, del que podría acrecentarse y ser aún más frecuente y agresivo a causa de los remezones del cambio climático (De & Sinha, 2000).
En esta temporada, contrariamente a aquellas ciudades capitales de Estados blindados, nodales, desarrolladas y abrigadas por la opulencia. Las que son, en efecto, dotadas geográficamente, privilegiadas por la inversión, servidas por fuentes de riqueza, pegadas a la modernización y habitadas por sectores de poder, clases medias consolidadas, en ascenso y con indicadores sociales mucho más fuertes y gruesos (Ziccardi, 2019), el invierno libera un suave impacto.
En cambio, en países en el que la nueva forma de gestionar lo público (Verger & Normand, 2015) o la retirada del Estado deja sitios semiurbanos, periurbanos y zonas menos desarrolladas, cuyos poblados precarios de hogares de limitada infraestructura, yacen asediados por la falta de oportunidades económicas, con desigualdades estructurales y con grandes carencias básicas (Robinson, 2016), el azote del invierno, pega, pero bien fuerte.
Peor aún, cuando estas olas de frío desconocen condición alguna. Dado que, en su airado paso cubre con una fina capa de escarcha las praderas, castiga y seca los campos, desabasteciendo a sus comunidades de fuentes hídricas, apagando sus sembríos, congelando sus ríos, atacando sus ganados y retando sus actividades económicas y productivas.
No hay duda, el tamaño del impacto nocivo puede ser mucho más brusco y letal para las naciones y su infraestructura en la medida en que el guardián, el defensor estatal haya quedado sin la capacidad o el poder necesario para hacerle cara al belicoso friaje. Aquí, es cuando ocurre el enfriamiento del Estado. Pues, en el instante en que el calor interno se agota, entre otras cosas, se reduce el ejercicio de su poder público, se pierde la capacidad de querer, de abrazar, de curar heridas, de alimentar las carencias.
Allí, incapacitado de entregar amor en días difíciles, el Estado deja desamparado a sus conciudadanos a demonios de temperaturas nocturnas, que, anclados en los confines de la tierra y al verse aumentando su impetuoso poder al pie de la superluna, salen al asecho, mientras que otros, en su despertar vertiginoso, en solitario o en manada dan comienzo a la caza furtiva de una sobrepoblación privada de recursos, servicios básicos y derechos dentro de un sistema que los deja a una suerte en el que sus días serán su peor tormento (Bauman, 2005).
El enfriamiento del Estado
Tocando las puertas del siglo XXI, los presupuestos fijados durante las últimas décadas imprimen como idea principal el fin de la época del compromiso mutuo, de la caída de las masas y luchas sociales, de grandes sueños rotos y destruidos por demonios populares que no descansan hasta no haber saciado su hambre (Bauman, 2003; 2004; 2008).
Es, de todas maneras, un lugar donde el despertar de deseos impuros de reyes modernos buscan con arrebatar tierras y manantiales en nombre del progreso, vencer o pactar con sus similares, acordar con instituciones internacionales predicadoras de este tipo de orden, en el que el liderazgo geopolítico, económico, tecnológico y militar, facilitarían la captura de las principales fuerzas públicas, donde empujados, tanto Estados como naciones enteras caerían a las fauces del neoliberalismo (Canaza-Choque, 2019; Suárez, 2023).
Así, en pleno apogeo ultraneoliberal, el rol redistribuidor, proveedor, regulador y social del Estado son arrinconados por decisiones y direcciones relevantes tomadas por agencias calificadas, corporaciones colonizadoras, bancos capitalizadores, instituciones influyentes e indiscutibles Estados poderosos que gobiernan, mandan e impactan los suelos conquistados, en el que los efectos en un atisbado capitalismo hegemónico no tardan en atentar contra su poderío al punto de derrocarlo en el papel activo de derrotar la pobreza, el desempleo, la desigualdad y de evitar a toda costa confrontaciones entre los poderes populares y los planes empresariales (Acosta-Rosero, 2022).
No obstante, la etapa terminal del Estado de bienestar, su destronización tendría como principal verdugo al Estado neoliberal, que, como bastión de los apetitos perseguidos por la furia globalizadora y los gestionados por los amos de la noche, este avanzaría en un propósito despiadado de destruir a su viejo contrincante, o, lo que sobre de este, de hacerlo pedazos en una maniobra que provocase el ascenso de una cúpula de liberales radicales, azuzadores de peleas internas en el centro de los más importantes sindicatos. Impulsadores de reformas estructurales, legales e institucionales buscarían igualmente reducir las políticas públicas, a cambio de empoderar las fuerzas del mercado, para de esta forma consolidar sobre el territorio los intereses hegemónicos de grupos dominantes instituidos (Ferrer, 2012) y los demandados por los llamados gestores de la globalización neoliberal (Fernandez, 2017).
En estos parajes, a falta de un escudo social del tamaño para recibir el mega-golpe transnacional, de un abrigo contra el frío durante el anochecer o de un Estado protector que pueda contraponerse a esta ráfaga de problemas y bélicas intenciones, el sueño de los moradores de tierra se encuentra sitiados por un invierno represor que promete para los explotados y desamparados, imposiciones de austeridad, recorte de planes y programas de desmantelamiento social.
Frente al asalto de esta nueva realeza estatal en Latinoamérica y el Caribe y dada una situación de estas características –que ya en otros estudios se ha endurecido bastante (Jiménez, 1992; Kohan, 2006; Vásconez, 2018; Diehl & Mendes, 2020)–, creemos estar seguros de que las naciones, especialmente, las sometidas por el atraso, precarizadas y plagadas por arrolladoras medidas privatizadoras y desregularizadoras no puedan soportar el impacto destructivo del ciclón neoliberal.
Justo ahí, cuando el frío se apodera del Estado, y la noche y el invierno neoliberal toman posición con el fin de acorralar hogares golpeados, familias destruidas, empleados despojados, pobres, huérfanos, enfermos olvidados, en el que, afectados hasta el punto de enfriar sus almas, se invocarían en diferentes direcciones posturas que hicieran frente a los discursos predominantes del neoliberalismo. Confrontando a sus nobles contemporáneos, rompiendo sus reglas, saqueando sus fortunas, andando contra aquellas órdenes que nos condenan, contra su opresión y contraponiéndonos a un Estado neoliberal casi incuestionable.
Entre esas tantas espadas de la lucha, se alzarían pensamientos pedagógicos que les devolvieran a los educadores su conciencia de clase. Eran corrientes que de nuevo encenderían el motor de la lucha, que agitarían sus corazones contra el sitial de los poderosos. Tales esfuerzos pasarían desde la pedagogía del oprimido, de la liberación, indignación, de los sueños posibles (Freire, 2005; 2012; 2015), de la rabia, rebelión, resistencia, emancipación, revelación (Korol, 2006), crítica (McLaren, 2012; Giroux, 2013), revolucionaria (McLaren & Huerta-Charles, 2011), disidente (McLaren, 1998; Oliart, 2020), decolonial (Walsh, 2013; Cabaluz, 2015; Ortiz et al., 2018), descolonizadora (Guelman & Palumbo, 2019), contra el despojo (Carr et al., 2018), contrahegemónica (Flores, 2014), etc.
Todos, modelos de enseñanza forjados en el calor de la escuela, de una justa plataforma de lucha sindical, donde la bandera del contraataque, de la real defensa irrestricta de la educación pública lo llevaría una vez más, el profesorado. En efecto, quizá erremos en alguna parte, pero es más que obvio que los diferentes enfoques enlistados tendrían un solo propósito: ser la pesadilla de quienes pasan la noche en palacios de oro.
Empero, qué pasa si perdemos la pugna, qué pasa si después de una fría noche ultraneoliberal, de pronto los poderosos, hastiados, cansados de nosotros en una cólera hinchada finalmente terminan arremetiendo un golpe fúnebre. Uno que nos deje atados bajo tierra, sin la oportunidad de levantarnos. Si pasara o no, ¿acaso no sería tiempo de reunir todas aquellas almas abatidas y ver qué pasa cuando se juntan? O, mejor dicho, ¿acaso no estaría bien de evocar de una vez por todas un contraataque? Uno, que nos desentierre, que nos enardezca para alzar un remate final.
La llegada de la primavera
Contrariamente a las acciones que buscan contener, evitar o minimizar la acometida del adversario. El contragolpe es la reacción ofensiva en respuesta al ataque infringido por los rivales. Es lanzar –para efectos de la propuesta– un potente contraataque en nombre del pueblo, de los caídos en esos reinos ocupados por el oponente con el propósito de recuperar el terreno perdido. Pero, cuándo, cómo, por qué y para qué se invoca esta operación.
Para empezar, la arremetida tiene lugar justo después de haber recibido el ataque de los gigantes, cuando, reunidos los poderosos bajo los mismos propósitos de siempre, de querer poseer hasta el último pedazo de tierra o hacer suyo cada alma desabrigada, se decide al fin asestar el golpe del destino por parte de los desenterrados.
En segundo lugar, al ser un golpe venido desde abajo contra los de arriba o al encontrarnos en la zona del enemigo, la pelea dista del tamaño del poder y la fuerza, donde no hay lugar para una igualdad de ataques. En ese sentido, es posible que la colisión, el choque abrumador que debiera acabar con las intenciones y los deseos de estos emperadores modernos no resulte efectivo. Por ello, o esperamos el día o la noche indicada para tomar por asalto y derribar el castillo, o, recaudado toda la energía, reunidos todos los corazones, los sueños y dolores, dejando de lado cualquier diferencia para el día después de la victoria, desatemos un puñetazo explosivo.
Por otra parte, las razones que conducen a emprender este camino, no es más que la sacudida provocada por la fuerza con la que el golpe del ultraneoliberalismo ha tocado territorio educativo, la cual pone en juego muchas cosas. Ya que, para nadie es nuevo que las reformas de modernización impulsadas desde un Estado capitalista, neoliberal o ultraconservador, golpean con reajustar, desfinanciar, privatizar y mercantilizar la educación pública (Canaza-Choque, 2022b), apuntando con eliminar y/o reducir su papel social. Si solamente nos quedamos quietos, y dejamos caer aquellas instituciones claves que definen a la democracia y la soberanía popular, habremos perdido parte de los pilares del bienestar, las últimas torres de la protección.
Finalmente, el para qué del contragolpe. La respuesta resulta más que evidente, para derrotar a los señores del cielo y de la tierra, para desterrar a los sitiadores, hacerlos retroceder con un justiciero golpe lleno de calor y honor. Confrontando al poder macizo de los titanes neoliberales con el fin de restaurar lo perdido, lo destruido.
De esta forma, esta última contienda requerirá desplazar al campo de batalla todas las demandas, agitar las almas en una táctica amparada bajo el poder constitucional y popular en defensa de lo poco que nos va quedando. Lo peor que podría pasar, es que sea un fallido golpe. Pero, mucho peor, sería no haberlo intentado.
En efecto, en esos terrenos donde los principales enfoques y los diseños curriculares se han fungido y fundido bajo un invierno neoliberal, el profesorado tiene un valioso compromiso pegado a su gente, con sus niños y los buenos deseos de su corazón, que, incluso son ideales que pueden desafiar, en cualquier tiempo y lugar, todo el pesado propósito de un sistema hegemónico.
Pues, como antes, como en esas épocas cuando los ríos se quedaron quietos y los poderosos de ese entonces tiranizaban los campos, la palabra de quienes habían crecido con el fin de enseñar, acompañar y guiar, les devolvería el poder y el movimiento a pueblos desprovistos de armas para cuidar de sus hijos y de sus tierras; y, sin que se dieran cuenta, junto a su quehacer pedagógico, los maestros también acabaron sembrando en las chacras la lucha por la reconquista de aquellos sueños robados.
Esta premisa, no es tan diferente, no se aleja mucho de lo que pasa en la actualidad. Puesto que ahí, cuando se enfría el papel del Estado o este es capturado por élites de poder (Canaza-Choque & Huanca-Arohuanca, 2022); los poderosos, cerrados en sus fines más atroces no hacen más que arremeter duros golpes que dejan sin soporte al tipo de casa que sea. En días como ese, embestidos por huracanes y mareas iracundas, la escuela se convierte en el último refugio. En el paladín para pueblos desahuciados.
Prístino rol, en la que la escuela vuelve a acoger a quienes antes fueron sus niños, a mantenerlos seguros y abastecerlos con lo necesario para recuperar una vez más, la fuerza, la confianza y la ilusión en épocas grises.
No obstante, aquí no podría terminar todo. En tanto el imperio esté afuera, dominando y pastando, nada podrá afianzar que los golpes se detendrán (Canaza-Choque, 2022a). En esos términos, liderar la marcha de primera línea, el grito de guerra y conducir a las escuelas y a su gente contra los vientos propalados por el discurso preponderante, seguirá siendo parte de esa labor que el educador tiene y debe ante su pueblo.
De ahí que, en tal desatada batalla, su formación pedagógica, la práctica docente y su plataforma de lucha, sumado al poder crítico serán claves, por un lado, en desterrar el discurso hegemónico enquistado al interior del currículo, de contrarrestar el ataque a la democracia, la justicia y el saqueo de los recursos por quienes son los gestores de la pobreza y la desigualdad; y, por otro lado, de preparar el terreno para cuando la invencible primavera llegue, y termine derrotando al invierno.
Para cumplir con este destino, el caballero de la contraofensiva tendrá que acabar en primera con su actitud imparcial (Canaza-Choque et al., 2020), encendiendo la llama de su corazón, alentando a ese bloque magisterial que actualmente ha perdido la fe y que solo ve el abismo, en un trabajo que los encadena y condena, para así enfrentarse a la furia desmedida de instituciones privilegiadas y de modelos rígidos que imponen un único itinerario de qué aprender, qué enseñar y qué y cómo evaluar. Lo anterior, es más que un desafío para la escuela del mañana. Es un directo desafío al profesor, de atender al llamado de su comunidad, de infundir un colosal puño frente a fuertes truenos que azotan la tierra.
CONCLUSIONES
La llegada de la supertormenta ultraneoliberal traería en Latinoamérica y el Caribe sus propios estragos. Pues, acompañado de vientos intensos y truenos inusuales, la faceta predadora, la última del capitalismo salvaje no solo sometería Estados y pueblos enteros, sino que, además, en su torrente avance globalizador degollaría beneficios sociales conquistados, los ganados en las diferentes y largas luchas del siglo XX y XXI. Voraz ataque que confrontaría en uno de sus puntos, el papel de la educación pública, popular y no-formal. Aquí, los educadores entrarían al campo de combate bajo el presupuesto de defenderla, de dar ante la ofensiva un golpe duro y contundente al corazón del sistema dominante.
En ese plan de ideas, ponemos sobre la mesa de discusión, la propuesta de un movimiento educativo contrahegemónico que pretenda y ayude a cuestionar, desafiar, invocar, despertar y lanzar con fuerza un golpe venido desde abajo contra los de arriba. De eso trata esta corriente al que denominamos como pedagogía del contragolpe. Pensamiento erigido con la sola intención de asumirla o no como opción en la gran batalla. No nos queda duda, la lucha debe hacerse en la alta dirección, es ahí donde se mueve el timón de los sueños, el destino y la gestión de las líneas políticas. Por eso, no sorprende que el ataque, el golpe en sí, llegue a la cima. Al aposento de quienes por largo tiempo han instaurado su interés.
El contragolpe ha estado ahí, desde siempre. Por lo menos, desde que los poderosos, sobre un entorno de poder y ataque desigual, empezaron por arrebatar, arrancar, desterrar, acumular, privatizar, ganar y quedarse con la riqueza de quienes, por diferentes factores, se quedarían abajo. De ahí esta pelea, de mortales contra dioses, vasallos contra amos, siervos contra reyes, esclavos contra emperadores, aldeas contra reinos, conquistados contra conquistadores, campesinos contra feudales, héroes contra villanos, ciudadanos contra gobernantes, pequeños contra gigantes, y así, quizá la lista se detenga en algún punto. Pero, como hemos indicado, al embate de quienes abusan de su poder, le ha sobrevenido una contraofensiva. Es ley, a una acción, le sigue una reacción.
Con todo, todavía queda como reserva presentar los principios y elementos, el rigor filosófico y metodológico, el componente ético, social, técnico y político que sostienen a la brotada pedagogía del contragolpe. Reconocemos que todavía es una propuesta por madurar, un paradigma al que le hace falta robustecer su núcleo central. Este es un primer paso, uno que tras el resultado final del choque entre los que defienden los anhelos del pueblo frente a los que se apoderan de esos sueños, pueda calibrarse un supergolpe, uno que apague la tormenta, que regrese los sueños a los caídos y que en su cabida caldee las almas de quienes caminan bajo el auge de un invierno neoliberal.
Conflicto de intereses / Competing interests:
El autor declara que no existió ningún conflicto de intereses.
Rol de los autores / Authors Roles:
Franklin Américo Canaza-Choque: Conceptualización, investigación, metodología, recursos, supervisión, visualización, administración del proyecto, escritura - preparación del borrador original, escritura -revisar & amp; edición, recolección archivos, codificación abierta, estructuración, teorización, preparación del borrador.
Fuentes de financiamiento / Funding:
El autor declara que no recibió un fondo específico para esta investigación.
Aspectos éticos / legales; Ethics / legals:
El autor declara no haber incurrido en aspectos antiéticos, ni haber omitido aspectos legales en la realización de la investigación.
Referencias
- Referencias no sincronizadas.