Resumen
Los aportes de Norbert Elías y Aníbal Quijano tienen plena vigencia en la teoría social actual. En el caso específico de las sociedades latinoamericanas, los estudios culturales, subalternos poscoloniales, decoloniales, las epistemologías del sur, el eurocentrismo y la crítica a la modernidad, pueden ser revisadas a luz de sus postulados. Es así que, en el presente texto se explica la relación teórica que existen entre Proceso de Civilización y Modernidad Eurocéntrica, categorías propuestas por Elías (1988) y Quijano (2000) respectivamente. La tesis central del ensayo es que, civilización y modernidad en el contexto latinoamericano, son las dos caras de una misma moneda, y se han entrelazado históricamente con un fin epistémico, esto es, tener el poder del conocimiento.
Palabras clave
INTRODUCCIÓN
“El interés de la sociología actual se concentra sobre procesos a plazo relativamente corto y, fundamentalmente, sobre problemas que se refieren a una circunstancia concreta de las sociedades. Las transformaciones de larga duración de las estructuras sociales, así como de las estructuras de personalidad, han desaparecido por completo del horizonte actual de la investigación”
Norbert Elías
La obra de Norbert Elías se avoca a estudiar la formación socio-histórica y estructural de las sociedades. De ahí que, es el gestor de la llamada Sociología Figuracional. Su trabajo teórico es una pionera aportación a la sociología histórica, con el fin de explicar la configuración de las estructuras sociales complejas sin menoscabo de agencias individuales. Su libro más importante es, sin duda alguna, El proceso de la civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas (1988), fue publicado por primera vez en alemán en 1939. Por causa de la Segunda Guerra Mundial fue ignorado, pero ganó notoriedad cuando fue reeditado en 1969 y traducido al inglés. Publicado en español en 1988. Se trata de una sociología histórica del proceso de civilización de las sociedades europeo-occidentales, esto es, la evolución social y la constitución de las sociedades modernas.
DESARROLLO
El Proceso de Civilización
El concepto de civilización es clave para el entender el desarrollo y progreso de las sociedades contemporáneas, esto muy bien lo atestiguan los estudios historiográficos y antropológicos. Hay un prolijo bagaje teórico al respecto. Sin embargo, Elías (1988) construye una mirada epistémica particular sobre la civilización, ya que lo aborda desde el paradigma sociológico, cuestión que no había sido revisado por los clásicos de la sociología, a saber, Karl Marx, Max Weber y Émile Durkheim. Es así que, según Elías (1988):
El concepto de «civilización» se refiere a hechos muy diversos: tanto al grado alcanzado por la técnica, como al tipo de modales reinantes, al desarrollo del conocimiento científico, a las ideas religiosas y a las costumbres. El concepto puede referirse a la forma de las viviendas o a la forma de la convivencia entre hombre y mujer, al tipo de las penas judiciales o a los modos de preparar los alimentos (p. 57).
Se trata de una categoría multidimensional, es decir, que se desarrolla de forma continua y recurrente en los diferentes aspectos de la vida del ser humano. Todos estos componentes tienen que ver con un cambio social significativo, que comienzan específicamente en la transformación del comportamiento del individuo y los agrupamientos sociales. Es una metamorfosis de la conducta o acción social fraguado en la sociedad occidental para después ser reasentado e impuesto en diferentes partes del mundo, a donde se expandió el hecho socio-histórico de la colonización. Elías (1988) es bien claro y preciso al respecto, por eso lo menciona en diferentes partes de su texto:
Con el término de «civilización» trata la sociedad occidental de caracterizar aquello que expresa su peculiaridad y de lo que se siente orgullosa: el grado alcanzado por su técnica, sus modales, el desarrollo de sus conocimientos científicos, su concepción del mundo y muchas otras cosas (p. 57).
El concepto de civilité alcanzó su significado para la sociedad occidental en aquella época en que se rompió la sociedad caballeresca y la unidad de la Iglesia católica. El término es encarnación de una sociedad que, en su calidad de etapa en la evolución, en su calidad de matriz para la configuración específica de las costumbres occidentales o de la civilización (p. 99).
No es una mera coincidencia temporal, el hecho de que en los siglos en los que se configura de manera absolutista la función del rey y de los príncipes, también se hace más intensa aquella forma de comportamiento emocional y de moderación de la que hablábamos en páginas anteriores, aquella civilización del comportamiento (…) En los flujos y reflujos de esta época, las cortes acaban convirtiéndose en los centros reales de determinación del estilo de vida en Occidente (p. 258).
Todo el bagaje o capital civilizatorio tiene un contexto sociocultural de gestación, es decir, tiene una matriz de constitución, cuyo espacio y tiempo es en el siglo XVI en la sociedad occidental. Según Elías (1988), la civilización es en esencia una transformación específica del comportamiento humano en la transición de la Edad Media (sociedad caballeresca, hegemonía de la iglesia católica, sociedad feudal y sociedad cortesana) a la Edad Moderna (sociedades de estados nacionales, industriales y capitalistas). La civilización se convierte en un paradigma de vida socialmente configurado, para ser modelado por todos los individuos y grupos de una sociedad. En otras palabras, la civilización es un proceso histórico que una sociedad configura (la occidental), y después lo influencia a las demás.
Estas nuevas formas de comportamiento social civilizado son adoptadas primeramente por los grupos de poder, a saber; por la corte, los feudos, la aristocracia y la burguesía. Se trata de estilos de vida cuya matriz, según Elías (1988), se encuentra en el siglo XVI, específicamente, con la popularización de la obra de Erasmo de Rotterdam, De civilitate morum puerilium (De la urbanidad en las maneras de los niños) publicado en 1530. En este texto se detalla los patrones de conducta y las normas racionales de convivencia social que todas las personas deben de seguir; se convierte en un condicionamiento sociocultural. Elías (1988) cita diferentes situaciones específicas en donde Erasmo de Rotterdam recomienda como se debe de actuar:
A menudo se ofrece a los demás el vaso propio para que beban o beben todos de una jarra común. Erasmo recomienda: «Límpiate antes la boca». Pero también es frecuente que alguien muestre su aprecio hacia otro ofreciéndole de la carne que está comiendo en ese momento. «Es mejor no hacerlo», dice Erasmo, «no es muy correcto ofrecer a otro lo que uno tiene ya medio comido» (p. 103).
Estas prácticas o hábitos sociales se configuran de forma Sociogenética y Psicogenética, es decir, de manera social y natural, así como de manera individual y natural, las mismas que después en las interrelaciones e interdependencias se coaccionan y autocoaccionan en la sociedad. Se trata de un autocontrol social. Es así que, según Elías (1988) el texto de Erasmo de Rotterdam se vuelve fundamental en la educación de los niños y adolescentes (las nuevas generaciones), y son básicamente los
linajes reales y las cortes aristocráticas quienes, por tener un acceso directo al mismo, son los primeros en adoptarlo y reproducirlo, en términos de Bourdieu y Passeron (1996), se trata de una Reproducción Social. Por tanto, se convierten en la clase civilizada y distanciada a quienes todos tienen que modelar, esto es, imitar y seguir. Se trata de una coacción sociocultural que después, poco a poco y de forma sigilosa, se vuelve en una autocoacción en cada individuo de la sociedad.
Ahora bien, algo que es evidente en la teorización de Elías (1988), es que, la civilización es un proceso continuo, tuvo ciertamente un punto de inicio, pero, hasta el día de hoy, no tiene un punto final como tal. Según Elías (1988); “Civilización se refiere a un proceso o, cuando menos, al resultado de un proceso; se refiere a algo que está siempre en movimiento, a algo que se mueve de continuo hacia delante” (p. 58). No es un punto a donde se ha llegado, sino un movimiento constante a largo plazo, del cual todos somos parte. Se trata de un proceso civilizatorio lineal, sigue un derrotero delimitado y con cierto orden, aunque este no haya sido previamente planificado. Se sabe, hasta cierto punto, hacia donde se va, no obstante, este no se planeó con antelación. Elías (1988) habla de un orden civilizatorio sin un plan racional inicial, esto lo deja bien evidente en diferentes pasajes de su obra:
El proceso de civilizatorio supone una transformación del comportamiento y de la sensibilidad humanos en una dirección determinada (…) Es impensable que el proceso civilizatorio haya sido iniciado por seres humanos capaces de planificar a largo plazo y de dominar ordenadamente todos los efectos a corto plazo, ya que estas capacidades, precisamente, presuponen un largo proceso civilizatorio (p. 449).
En su conjunto, la transformación se produce sin un plan previo, aunque, sin embargo, sigue un orden peculiar (…) Esta interrelación fundamental de los planes y acciones de los hombres aislados puede ocasionar cambios y configuraciones que nadie ha planeado o creado. De esta interdependencia de los seres humanos se deriva un orden de un tipo muy concreto, un orden que es más fuerte y más coactivo que la voluntad y la razón de los individuos aislados que lo constituyen (p. 449).
Hay una dirección y un orden determinados, aunque no hayan sido planificados por seres humanos aislados y establecidos por medios de medidas «racionales», esto es, intencionales. La civilización no es «racional», y tampoco es «irracional», sino que se pone y se mantiene ciegamente en marcha por medio de la dinámica propia de una red de relaciones, por medio de cambios específicos en la forma en que los hombres están acostumbrados a vivir (p. 451).
El proceso de civilización va hacia adelante sin ser pensado y racionalizado del todo, esto es, desde su punto de partida. No es rígido sino flexible, porque se trata de un cambio o transformación del comportamiento humano, el cual en sentido sociológico tiende a mutar de forma permanente, es decir, la acción y conducta de la persona no es perpetua, cambia en función a la configuración del tiempo y espacio social. Para Elías (1988), el proceso civilizatorio como una constante, ha sido a su vez la base de la configuración de los estados nacionales de las sociedades modernas, ya que estas estructuras sociales se constriñeron a partir de la reproducción social de los comportamientos humanos civilizados, esto es, occidentalizados. La occidentalización no es otra cosa que la civilización. Y, toda civilización tiene una coacción y autocoacción individual y social.
Según Elías (1988), la civilización social es un proceso a largo plazo que tiene fines específicos, pero no absolutos, es decir, la civilización no es un lugar a donde se llega, sino un proceso continuo de transformación del comportamiento humano. El proceso civilizatorio no tiene un plan u objetivo elaborado por las personas, pero sigue cierto orden porque es resultado de los entramados humanos y sus configuraciones sociales. Puede ser racional o no, es racional e irracional a la vez, ya que es producto de la acción humana que no siempre sigue un proceso de racionalización. Por eso, las sociedades pueden experimentar procesos de des-civilización. Si bien es cierto que la civilización es una constante social, sin embargo, no es un absolutismo, puede en algún momento detenerse e incluso autodestruirse, diferentes hechos históricos así lo atestiguan. En La sociedad cortesana Elías (1982a) va a decir, “Por el contrario, es absolutamente posible que Estados nacionales muy centralizados se disgreguen, y que los descendientes de quienes los constituyeron vivan como simples tribus nómadas” (p. 24). El proceso de civilización va siempre hacia adelante, pero también puede tener escollos que lo paralicen.
El proceso de civilización es en esencia la transformación del comportamiento humano, una metamorfosis indisoluble, es decir, en términos sencillos, que siempre va cambiar hacia algo nuevo y mejor. Ahora bien, no todo lo nuevo, en sentido ético, es bueno y mejor, pero, en el lineamiento civilizatorio lo nuevo tiene que ser bueno y mejor. La acción social no es estática, es versátil, por eso mismo, el hecho civilizatorio es un trayecto a largo plazo sin un fin esperado, aunque esto también no es absoluto. Por eso, Elías (1988) estudia el proceso civilizatorio de la sociedad europea-occidental desde la Edad Media hasta la constitución de los Estado-Nación, no obstante, como él bien lo argumenta, este proceso aun no a acabado. Las estructuras humanas pasan por un proceso largo de configuración social. Entonces, la civilización desde una perspectiva sociológica es un proceso de configuración social continuo, Elías (1988) lo estudia desde la Edad Media hasta las Edad Moderna, donde justamente nace la Sociología, cuyo enigma de gestación era y es explicar a las sociedades modernas, y en el contexto actual, las sociedades contemporáneas en su proceso civilizatorio.
La Modernidad Eurocéntrica
En consonancia o de forma paralela, en sentido sociológico, Norbert Elías coincide con el sociólogo peruano Aníbal Quijano. Se trata de una confluencia teórica en el estudio socio-histórico de la sociedad europea-occidental y la sociedad Latinoamérica. Quijano (2000) acuña el concepto de Colonialidad del Poder para explicar el proceso de dominación y la hegemonía de control que ejerció Europa Occidental sobre el resto del mundo, específicamente, en esta parte del globo, esto es, hoy en día el continente americano, norte, centro y sur. Aunque este poderío ha cambiado con el tiempo (ahora Estados Unidos dirige el poder mundial con alianza de Europa), la matriz de constitución sigue vigente, es decir, el patrón de poder es el mismo, todavía somos una sociedad dominada y dependiente. Según Quijano (2000), se llama Colonialidad del Poder porque el control social se gesta en el proceso de colonización española en el siglo XVI bajo la idea de raza; aquella forma de pensar en el que supuestamente hay seres humanos superiores e inferiores por sus rasgos físicos diferentes propios de su lugar de origen y morada.
La Colonialidad del Poder se funda poco a poco desde la conquista e invasión española y su consecuente colonización, esto es un hecho histórico que Quijano (2000) lo evidencia y lo explica a partir del eurocentrismo, más específicamente, de la Modernidad Eurocéntrica. Hay una relación entre Colonialidad del Poder y eurocentrismo, son constitutivas desde sus inicios. Con la colonización española se funda la influencia hegemónica de Europa, esto es, el eurocentrismo, cuya base se va fraguar la Colonialidad del Poder, y con esta, posteriormente, la idea de modernidad.
Para Quijano (2000), “la modernidad fue también colonial desde su punto de partida” (p. 796), es decir, con el establecimiento de la colonia se instaura también la modernidad, pero, una traída de afuera, de Europa. Esta forma de pensar y actuar que es la modernidad va desplegarse de forma exitosa en el imaginario social y el conocimiento cultural de las personas de esta parte del mundo, gracias a la ya instaurada Colonialidad del Poder. Por eso, dice Quijano (2000), “la colonialidad del poder jugará un papel de primer orden en esa elaboración eurocéntrica de la modernidad” (p. 796). En otras palabras, la Colonialidad del Poder hizo posible la constitución de la Modernidad Eurocéntrica.
Ahora bien, ¿qué es la modernidad en sentido básico y estricto? y, por tanto,
¿cómo define Aníbal Quijano la modernidad? Según Quijano (2000):
El concepto de modernidad es referido, sólo o fundamentalmente, a las ideas de novedad, de lo avanzado, de lo racional-científico, laico, secular, que son las ideas y experiencias normalmente asociadas a ese concepto, no cabe duda de que es necesario admitir que es un fenómeno posible en todas las culturas y en todas las épocas históricas (p. 791).
La modernidad es un proceso de transformación en la racionalización y el conocimiento, que, por consiguiente, trae un cambio en el pensar y la acción social, a saber, en el comportamiento y los estilos de vida de los individuos, comunidades y sociedades. Es así que, el cuestionamiento que hace Quijano (2000) no es la modernidad en sí misma, sino a la Modernidad Eurocéntrica, por ser está, impuesta y reconocida como la única forma de modernidad valida, racional y universal. Esto lo tenía bien claro Quijano (1988) desde los años 80 cuando comienza sus estudios sobre la modernidad.
La modernidad como categoría se acuña, ciertamente, en Europa y particularmente desde el siglo XVIII. Empero, fue una resultante del conjunto de cambios que le ocurrirían a la totalidad del mundo que estaba sometido al dominio europeo, desde fines del siglo XV en adelante. Si la elaboración intelectual de esos cambios, tuvo a Europa como su sede central, eso corresponde a la centralización de su posición en esa totalidad, a su dominio (p. 11).
Por tanto, si bien es cierto que la modernidad tal y como la conocemos, por la influencia europea, es la que tuvo y tiene hegemonía, sin embargo, no es de exclusividad de estas sociedades. El desarrollo de un nuevo conocimiento técnico y científico, de una nueva forma de pensar y actuar, es posible en nuestros contextos sociales. De ahí que, se hace urgente construir saberes propios, esto es, las epistemologías del sur a partir de la Des/Colonialidad del Poder. No obstante, la modernidad y la racionalidad dominante hoy en día sigue siendo, aunque hasta cierto punto, eurocéntrico. Desde una mirada más amplia y actual, según Quijano (1988), se trata de una “modernidad euro-norteamericana” (p. 29). Pero, lo que no se puede negar es que la idea de modernidad surge con el eurocentrismo y la Colonialidad del
Poder. Esto lo deja bien en claro Quijano (1988; 2000; 2007; 2011) en diversos textos:
Modernidad, identidad y utopía en América Latina (1988)
Esa nueva totalidad histórica en cuyo contexto se produce la modernidad, se constituye a partir de la conquista e incorporación de lo que será América Latina al mundo dominado por Europa. Es decir, el proceso de producción de la modernidad tiene una relación directa y entrañable con la constitución histórica de América Latina (p. 11).
Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina (2000)
La modernidad y la racionalidad fueron imaginadas como experiencias y productos exclusivamente europeos. Desde ese punto de vista, las relaciones intersubjetivas y culturales entre Europa, es decir Europa Occidental, y el resto del mundo, fueron codificadas en un juego entero de nuevas categorías: Oriente-Occidente, primitivo-civilizado, mágico / mítico-científico, irracional-racional, tradicional-moderno (p. 189).
Colonialidad del poder y clasificación social (2007)
Ese modo de conocimiento fue, por su carácter y por su origen eurocéntrico, denominado racional; fue impuesto y admitido en el conjunto del mundo capitalista como la única racionalidad válida y como emblema de la modernidad (p. 287)
Bien Vivir. Entre el desarrollo y la Des/Colonialidad del Poder (2011)
La hegemonía del Eurocentrismo en el debate llevaba en América Latina a plantearse el “desarrollo” en relación al Estado-nación. Pero, en el contexto de la Colonialidad Global del Poder, esa perspectiva era históricamente inconducente. Más aún, precisamente cuando después de la Segunda Guerra Mundial (p. 850).
Ha pasado muchos años, y las sociedades de América Latina aún siguen bajo el patrón de dominio eurocéntrico, y la razón principal es la Colonialidad del Poder. La forma de pensar, de ser, de saber y hacer, gira en torno a la razón moderna, es decir, a partir del saber y conocimiento de las sociedades europeas-occidentales, con Norteamérica (sobre todo Estados Unidos) con una hegemonía mayor. Para nadie es una sorpresa de que hoy en día el poder mundial lo tiene y lidera Estados Unidos, sin embargo, esto no significa que no lo comparta con otros países, que en este caso son sobre todo los Estados-Nación europeos-occidentales. Su alianza no solo es política y económica, sino es ante todo histórica y epistémica, ya que el poder que tienen se configuro desde antaño, poco a poco, hasta llegar a ser mundial, y se sostuvo y sostiene en el saber o conocimiento que impusieron con la Modernidad Eurocéntrica.
Por tanto, sostiene Quijano (2007), “la modernidad eurocéntrica ha terminado siendo admitido como una de las piedras angulares de la racionalidad” (p. 296). En otras palabras, Europa Occidental establece lo que es y no es racional, que saber es verdadero y falso, que conocimiento es valedero y cual es marginal, quien hace filosofía y quien no, y, que es ciencia y que no lo es. Bajo esta lógica, para nuestro contexto social regional, lo racional y moderno viene solo de afuera, de sociedades extranjeras, esto es así desde el proceso de colonización, y se ha sostenido a pesar de las independencias y la fundación de las repúblicas libres y democráticas. Lo real es que en el aquí y ahora, la Modernidad Eurocéntrica marca el derrotero a seguir en América Latina y en diferentes partes del sistema-mundo contemporáneo.
Proceso de Civilización y Modernidad Eurocéntrica
Se ha revisado a grosso modo los conceptos Proceso de Civilización y Modernidad Eurocéntrica teorizado por Norbert Elías y Aníbal Quijano respectivamente. Ahora, en esta parte, vamos a ver la relación que existe entre ambas categorías sociológicas. La tesis que planteamos es que, Proceso de Civilización y Modernidad Eurocéntrica son las dos caras de una misma moneda, si bien es cierto que en sentido conceptual no son los mismo, no obstante, ambos apuntan a lo mismo, esto es, al poder epistémico; el dominio y hegemonía del conocimiento, del ser, saber y hacer. En otras palabras, buscan el control social del pensar y actuar de la persona y los agrupamientos humanos de las sociedades contemporáneas. Hoy en día nos encontramos aun en plena expansión de la razón moderna eurocéntrica y en un proceso civilizatorio.
Ahora bien, Modernidad Eurocéntrica y Proceso de Civilización como hechos históricos y realidades actuales en América Latina, tienen como matriz fundacional la conquista o invasión española, ya que de forma contigua ambos se instauraron en diferentes partes del mundo; hasta donde pudo llegar el poder y la hegemonía de las sociedades europeas-occidentales. El eurocentrismo se configuro poco a poco a nivel global, con ciertas variaciones en el tiempo y espacio, pero, al fin y al cabo, con el objetivo de ejercer el poder epistémico. Como se suele decir en la filosofía moderna, el conocimiento es poder. Tanto la idea de modernidad como la idea de civilización fueron impuestas de forma directa, ya sea de manera violenta o sigilosa, se forma paulatina se fueron configurando en todas las regiones del mundo colonizadas y dominadas por Europa Occidental. Esto muy bien lo explica Elías (1988):
La sociedad europea occidental llevó a cabo sus guerras coloniales y expansivas en nombre de la cruz durante la Edad Media, como más tarde lo haría en nombre de la civilización. Y, a pesar de toda la secularización, en esa consigna de la civilización resuena un eco de aquella idea latina de la cristiandad y de las cruzadas caballerescas-feudales (p. 99).
Así como la religión judeocristiana jugo un papel de primer orden en la colonización de América Latina y del resto del mundo, así mismo, la idea civilizatoria fue la consigna para fortalecer y dar continuidad al control social que ejercía Europa Occidental. Cuando a finales del siglo XV llega a su término la Edad Media, se apertura la Edad Moderna, y con está, el proceso civilizatorio. Específicamente, según Elías (1988), en el siglo XVI la idea de civilización cobra notoriedad de la mano de la corte o grupo gobernante y dominante, es así que, se consolida como el patrón de comportamiento a ser imitado y modelado por todos; no solo en las sociedades europeas-occidentales, sino también, sobre el resto del mundo subyugado. En síntesis, con la Modernidad Eurocéntrica se expande el Proceso de Civilización occidental.
La Modernidad Eurocéntrica da pie al Proceso de Civilización. Bajo la lógica de la metodología científica, aquí se puede identificar una relación de causalidad, esto es que, la variable modernidad influencia a la variable civilización. Siendo más específicos, se puede hablar de una variable independiente y otra dependiente, tanto en sentido teórico como en sentido práctico. La modernidad trae o produce el proceso civilizatorio. En otras palabras, la modernidad esparce la civilización. Esto lo atestigua de forma directa Quijano (2000):
La elaboración del eurocentrismo como perspectiva hegemónica de conocimiento, de la versión eurocéntrica de la modernidad y sus dos principales mitos fundantes: uno, la idea imagen de la historia de la civilización humana como una trayectoria que parte de un estado de naturaleza y culmina en Europa (p. 789)
Como podemos ver, el discurso, la razón y conocimiento que nos presenta la Modernidad Eurocéntrica viene a configurar la idea de que lo culto y civilizado viene solo de las sociedades europeas-occidentales, todo lo demás es primitivo, mítico, irracional y tradicional. Por tanto, con la modernidad el proceso civilizatorio eurocéntrico se expandió casi de forma global. Se trata de un mito que se hizo hegemónico, a tal punto que al día de hoy se sigue pensando de esa manera, razón puntual por la cual es exigua la generación de conocimientos (filosofía, ciencia y tecnología) para la industrialización y el desarrollo de nuestros países. Si lo moderno y civilizado viene solo de entidades foráneas, por tanto, el Yo se conforma, sigue y reproduce lo creado por el Otro. Este mito tiene que ser refutado. Para Quijano (2000), este mito no ha sido del todo rebatido porque se sostiene y fortalece en la Colonialidad del Poder. De ahí que, posteriormente, Quijano (2010), propone la Des/Colonialidad del Poder.
Con la modernidad viene el proceso civilizatorio, categorías sociológicas que no son de exclusividad de un individuo, comunidad o sociedad, sino por lo contrario, son logros que muy bien pueden ser alcanzados por todos. Pero, la idea de que modernidad y civilización es propio de las sociedades europea-occidentales, tuvo un soporte imaginario, gestado con el choque cultural que se produjo en la conquista o invasión, esto es, la idea de raza, un discurso que sostenía que por un estado de naturaleza los europeos eran y son una raza superior que tienen el mandato se someter a los demás. Quijano (2000) es bien claro al respecto:
El hecho de que los europeos occidentales imaginaran ser la culminación de una trayectoria civilizatoria desde un estado de naturaleza, les llevó también a pensarse como los modernos de la humanidad y de su historia, esto es, como lo nuevo y al mismo tiempo lo más avanzado de la especie (p. 790).
En efecto, el sujeto europeo-occidental se imaginaba como lo moderno y civilizado, y con la misión de llevar ese mensaje a los demás e imponerlo de una u otra forma. Se creía y se cree que, se encuentran en la cúspide del desarrollo de la humanidad, y como consecuencia todos deben de seguirlo y modelarlo, para lo cual es necesario dejarse someter bajo ese poder. Sin duda alguna, este discurso a calado hondo en el imaginario sociocultural de América Latina, y no solo es una cuestión de antaño, sino también, una realidad actual, es parte de las sociedades contemporáneas, con la diferencia de que hoy el sistema-mundo y la globalización lo lidera también Norteamérica, más específicamente Estados Unidos.
Esta realidad social es cuestionada tanto por Norbert Elías como por Aníbal Quijano, cada uno con mirada particular y desde espacios y tiempos disimiles, pero con el mismo propósito, develar el poder epistémico que está detrás de la Modernidad Eurocéntrica y el Proceso de Civilización. Ahora bien, como es lógico, Elías (1988) por más que fue un ciudadano e intelectual europeo, fue objetivo y entendió bien la problemática social mundial que se generó en la conjunción histórica de las sociedades europeas-occidentales con el resto de mundo, de ahí que, a lo largo y ancho de su obra sociológica sostuvo que el trayecto civilizatorio aún no se ha terminado, por eso mismo
es un proceso que no es de exclusividad de un solo grupo humano. Es así que, Norbert Elías concluye su texto El proceso de la civilización (1988) de la siguiente manera:
Únicamente cuando la estructura de las interrelaciones humanas tenga este carácter, cuando la colaboración entre los hombres, fundamento de la existencia de cada individuo, funcione de tal modo que todos los que trabajan en la larga cadena de tareas comunes puedan alcanzar aquel equilibrio, los hombres podrán decir de sí mismos con razón que son civilizados. Mientras no llegue ese momento se encuentran en el proceso civilizatorio, obligados a seguir diciendo: «La civilización no se ha terminado. Constituye un proceso» (p. 532).
No se puede hablar de una civilización plena mientras se crea y piense que es un logro propio y exclusivamente de un solo lugar del mundo, cuando en realidad es producto y resultado de interrelaciones de interdependencia entre diferentes individuos, grupos, comunidades y sociedades. La colaboración social es la base para el proceso civilizatorio; no la imposición, el dominio y hegemonía de unos por sobre otros. Mientras exista desigualdad social, exclusión, discriminación, explotación, marginación y desvalorización de ingentes grupos sociales, no se puede hablar de civilización. El respeto y la valoración racional de todos los saberes es la consigna de una civilización, todos pueden y deben participar en el desarrollo del conocimiento. El dialogo y el debate de la diversidad o pluralidad de los saberes, debe ser equilibrado, con objetividad y bajo una razón moderna.
Para Quijano (2000), la Colonialidad del Poder es también en el fondo una Colonialidad del Saber, ya que con la conquista española se impuso una nueva forma de pensar y actuar, lo cual fue a su vez la plataforma en donde se sostiene el dominio europeo-occidental y norteamericano. Por tanto, quien tenga la hegemonía del saber tendrá el poder. Se trata de un poder epistémico. Es así que, tanto la Modernidad Eurocéntrica y el Proceso de Civilización, tiene como fin fundamental el dominio del saber, del conocimiento, la racionalidad, la filosofía, la ciencia y la tecnología. Quien controla la episteme lo controla todo, y tiene a los demás como subalternos, periféricos y subdesarrollados; países del tercer mundo. En términos de Jesús Huanca (2023), frente a la totalización epistemológica occidental, la Muchedad (los subalternos) y su Amuyawi (pensar o pensamiento) fue postergado y silenciado. Urge, por lo tanto, una episteme contra-hegemónica.
El saber te da poder. La hegemonía social, política, económica y cultural, se sostiene en el poder epistémico. A sido y es la Modernidad Eurocéntrica y el Proceso de Civilización, la forma en cómo se despliega el poder, de forma directa y sigilosa, de las sociedades europeas-occidentales y norteamericanas, sobre el resto del mundo, específicamente, sobre América Latina. El estudio de esta problemática socio-histórica ha sido realizado por los sociólogos Norbert Elías (1982b) y Aníbal Quijano, con lo cual han aportado a la Sociología de la Modernidad, ya que con la modernidad se da el proceso civilizatorio.
CONCLUSIÓN
Sin duda alguna, los aportes teóricos de Norbert Elías tienen plena vigencia para explicar la problemática de las sociedades contemporáneas, sobre todo Europa-Occidental y América Latina. Así mismo, sus postulados tienen una relación categórica con la teorización de Aníbal Quijano, esto es, Proceso de Civilización y Modernidad Eurocéntrica. No obstante, con el análisis sociológico que se ha realizado en este texto, podemos ver que, la Modernidad Eurocéntrica dio paso y esparció el Proceso de Civilización, en realidad son las dos caras de una misma moneda; son hechos históricos y actuales que afectan a todo el sistema-mundo. Tanto en sentido teórico como practico, la modernidad es un sistema social mayor y más extensivo, y civilización es un proceso menor inherente al primero. Ahora bien, modernidad y civilización tienen como fin fundamental el poder epistémico, esto es, la hegemonía del conocimiento y el saber, para así garantizar la dominación social, política, económica y cultural. A pesar de que las proposiciones de Norbert Elías y Aníbal Quijano fueron escritas en espacios y tiempos disimiles, concuerdan teóricamente, ya que ambos estudian e investigan la realidad social bajo el paradigma sociológico, concretamente, para la configuración de una Sociología de la Modernidad.
Conflicto de intereses / Competing interests:
El autor declara que no existió ningún conflicto de intereses.
Rol de los autores / Authors Roles:
Luis Miguel Lazo López: Conceptualización, investigación, metodología, recursos, supervisión, visualización, administración del proyecto, escritura -preparación del borrador original, escritura -revisar & amp; edición, recolección archivos, codificación abierta, estructuración, teorización, preparación del borrador.
Fuentes de financiamiento / Funding:
El autor declara que no recibió un fondo específico para esta investigación.
Aspectos éticos / legales; Ethics / legals:
El autor declara no haber incurrido en aspectos antiéticos, ni haber omitido aspectos legales en la realización de la investigación.
Referencias
- Elías, N. (1988): El proceso de civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas México: Fondo de Cultura Económica.
- Elías, N. (1982a): La sociedad cortesana México: Fondo de Cultura Económica.
- Elías, N. (1982b): Sociología fundamental Barcelona – España: Editorial Gedisa.
- Elías, N. (1987): La sociedad de los individuos Barcelona – España: Ediciones Península.
- Elías, N. (1987): “La soledad de los moribundos” España: Fondo de Cultura Económica.
- Bourdieu, P. y Passeron, J. (1996): La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza. México: Fontamara.
- Huanca-Arohuanca, J. W. (2022). Otros Dioses también respiran: Amuyawi (pensar) desde la Muchedad y el método imprecativo-contrapoder frente a la epistemología universal. Revista de Filosofía, 40(2). https://doi.org/10.5281/zenodo.7297119
- Huanca-Arohuanca, J. W. (2023). Dioses terrenales contra Dios: El nacimiento del Amuyawi (pensar) de Frontera para la América de Colores y el paralelismo con Slavoj Žižek. Revista Izquierdas, 52, 1–26. http://www.izquierdas.cl/images/pdf/2023/52/art14.pdf
- Quijano, A. (1988): Modernidad, identidad y utopía en América Latina Lima – Perú: Ediciones Sociedad y Política.
- Quijano, A. (2000): Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina en La colonialidad del saber: Eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires – Argentina: CLACSO.
- Quijano, A. (2007): Colonialidad del poder y clasificación social en El giro decolonial: reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global. Bogotá – Colombia: Siglo del Hombre UC y PUJ.
- Quijano, A. (2011): Bien Vivir. Entre el desarrollo y la Des/Colonialidad del Poder en Ecuador Debate. Quito – Ecuador: OXFAM.