Resumen
El país incaico comienza su recorrido político en medio de una pandemia letal sin precedentes y una crisis política recurrente que pone en el ojo de la tormenta a sus principales actores. El objetivo del artículo es analizar el gobierno de Castillo Terrones bajo un escenario oscuro con serias debilidades para dirigir el timón político, frente a una oleada de contendores que se posicionan en su contra dispuesto a dejarlo fuera del banquillo presidencial. Para llegar a tal estado de cosas, existen ciertas motivaciones que obedecen en primera instancia a la peculiar forma de comportamiento del presidente de la República y el lenguaje empleado en los medios de comunicación; en segunda instancia, sigue vigente el resentimiento de la centralidad contra el hombre de montaña que se atrevió a arrebatarles el poder.
Palabras clave
INTRODUCCIÓN
“[…] nunca me formé para político, yo no fui entrenado para ser presidente” Pedro Castillo Terrones presidente Constitucional de la República del Perú.
Puede ser un pecado mortal no saber los mecanismos y la teoría básica en ciencia política para conducir un país acostumbrado a repudiar la casta y el lenguaje del hombre provinciano. No es casual que exista una gama de ramificaciones prejuiciosos frente a los habitantes de montaña en el seno del Estado. El problema actual no pasa porque el presidente tenga implicaciones a ciertos actos de corrupción o que su entorno esté rodeado a una mafia dedicado a sacar ventaja del gobierno, sino pasa por la impotencia de la clase conservadora que no acepta la derrota; como es de suponer, Castillo Terrones ha roto 200 años de dominio político de la raza blanca y eso se vuelve insostenible para los conservadores de la actualidad (Huanca-Arohuanca, 2021a; 2021b; 2022b; 2022c; Huanca-Arohuanca y Barria-Asenjo, 2022; Barria-Asenjo et al., 2022).
La historia de la República inicial, enseña que los primeros gobiernos militares no hicieron más que consolidar el fascismo que llevó a la debacle en términos económicos al Perú a pesar de la abundancia del recurso guanero. Para 1872 surgía el Primer Civilismo como esperanza de dar mayor sostenibilidad a la clase conservadora, pero todo ello, se desvaneció por la misma razón de no materializar el derecho de los indígenas y esclavos que pasaron a manos de sectores gamonales-terratenientes y, en consecuencia, fueron a parar a la Guerra del Pacífico de 1879. Una república que no garantiza la libertad de sus habitantes, deja de serlo cuando existen estratos de esclavitud e injusticia en todas las plataformas que el Estado conduce. El presente siglo ha demostrado que la injusticia y la discriminación sigue vigente de diferentes formas, ya que, se manifiesta cada vez que la cómoda residencia centralista entra en peligro cada cinco años, donde intentan recuperar el control total del aparato estatal para decidir libremente su destino y el de la mayoría popular que contradictoriamente sugiere cambios en todos los niveles del Estado. No es fácil controlar de nuevo el poder cuando existe el viraje de la población indígena que ahora se ha vuelto peligroso académicamente y sabe cuáles son los puntos ciegos de la clase conservadora. El desafío de la clase conservadora para resometer a los indígenas actuales es enorme, tendrán que ser más estratégicos si el deseo es volver al Perú en un neo virreinato de siervos y amos.
Existe entonces la probabilidad de que la táctica esté en desaprobar estadísticamente a Castillo Terrones, manipulando y haciendo creer a la población de que el jefe de estado tiene una desaprobación del 70% y que su gobierno está al borde del colapso, más todavía cuando se codea con un movimiento político radical de extrema izquierda. Si la estrategia funciona, seguro vendrán tiempos donde aproxime a los peruanos a la experiencia tenebrosa de la dictadura del Congreso con serias debilidades para gobernar. El Congreso peruano está lejos de ser aquel sistema bicameral preparado en términos académicos para tomar con seriedad los múltiples problemas que el Perú presentaba antes de la Constitución de 1979 y lo que presenta con la actual Carta Magna elaborado en el gobierno dictatorial de Fujimori. Lo que, si queda claro, es que el Congreso está dedicado a velar por la seguridad de un modelo que presenta fisuras visibles en materia de Derechos Humanos, libertad, democracia, economía y la política en su esencia práctica.
La presión política que tiene el gobierno peruano es enorme, tanto así que el presidente tuvo que renunciar al movimiento con el que llegó al palacio de Pizarro. A ello se suman, las malas decisiones para elegir a su gabinete ministerial para conducir el Perú y la falta de preparación en política que llegó a admitirlo, sacando a la luz su inocencia cubierta por un enorme sombrero blanco. A un año de su gobierno, comienza la cuenta regresiva de si terminará vacado por una incapacidad moral o por su propia torpeza para dirigir el timón presidencial que se asemeja a un Titanic que navega por los peligrosos icebergs que están a la orden del día.
DESARROLLO
Palabra de maestro en política
En Perú existe la mala costumbre de suponer que cualquiera puede ser presidente de la República, siendo suficiente ser peruano de nacimiento, gozar del derecho de sufragio y tener más de treinta y cinco años establecidos por la Constitución Política del Perú de 1993. Castillo Terrones cumple a cabalidad la normativa anterior, pero como se ve exteriorizado su precariedad para conducir la nación, pone en cuestionamiento que la ley tiene vacíos. De ninguna manera puede pasar por alto la idea de tener como gobernante al Rey filósofo anunciado por Platón para la Grecia antigua; entonces, atendiendo a la propuesta del filósofo que escribió La República, es requisito elemental colocar al candidato presidencial con mínimamente un doctorado en Ciencia Política en el exterior y que tenga estudios elementales en Economía y Filosofía; pues, solo así existe la garantía de que el próximo sujeto que pretenda ser presidente, sea exitoso en el gobierno.
Castillo Terrones tiene la profesión de maestro de escuela y una dudosa maestría en materia educativa en conjunción a su consorte. Así mismo, tiene una trayectoria sindical de ancha base en el magisterio y en algunos sectores gremiales con fuertes vínculos a los ronderos de su región. Lo anterior no es suficiente si el deseo es conducir una nación con más de treinta y cuatro millones de peruanos divididos en dos fracciones con intereses diferentes. Existen peruanos conservadores que prefieren seguir su existencia bajo el modelo neoliberal, porque sencillamente les da resultados y una serie de comodidades desde el proceso de Independencia. Al otro lado de la orilla, se ubican los separatistas no conformes con el paradigma económico propuesto por los múltiples gobiernos respaldados casualmente por curiosas Constituciones ajustados siempre a los intereses de la clase central. El último grupo es conformado desde la República inicial por los indígenas, amazónicos, campesinos y toda la masa popular que sigue pidiendo cambios al sistema de gobierno.
Retomando la situación del mandatario peruano, parece no ser suficiente gobernar con la experiencia sindical y la profesión de maestro, aunque existen excepciones en América Latina como un caso atípico del ex presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, pero las cosas no siempre resultan igual. En ese punto, habría que recordar que el gobierno altiplánico fue exitoso gracias al enorme conocimiento sobre temas de política y gobierno del ideólogo Álvaro García Linera (Huanca-Arohuanca, 2022b). La analogía entre Castillo Terrones y Evo Morales no es tan precisa cuando el primero carece de un ideólogo de tal trayectoria, a ello se suma el incumplimiento de las promesas de campaña que le llevaron al poder; por ejemplo, el cambio de la Constitución de 1993 por otra que se pudiera ajustar a la otra fracción cansado de la política tradicional. Seguro la historia hubiese sido diferente de tener una mano derecha de la talla de García Linera y, las propuestas iniciales estarían hablando por Castillo Terrones en este momento. Como era de esperar, la frase de Castillo Terrones que más aplausos le dio en su carrera por el poder, era la premisa: “palabra de maestro”, cliché que fue utilizado cada vez que terminaba de hablar en la prensa y en los debates; en apariencia, a esa otra mitad de peruanos que buscan cambios trascendentales, el término quedó legitimado por todos, más aún por los maestros del Perú con una serie de petitorias no atendidos por los gobiernos de turno. La casta profesoral quedó muy entusiasmado de que ahora por fin recibirían un mejor trato por el nuevo presidente de la República con la profesión de maestro. A partir de la premisa anterior se consolidó la esperanza de tener una mejor educación; pues, la “palabra de maestro” no es una frase sin valor moral, más por el contrario, representa un símbolo de confianza y honestidad para los peruanos. En esa caución, Castillo Terrones tendrá la obligación de cumplir las promesas de campaña, de no ser así, la “palabra de maestro” se convertirá en una frase embustero sin valor que será reemplazado por la “palabra de un mentiroso”.
La cuenta regresiva ha comenzado en todas las líneas del poder frente un Congreso decidido a tomar el poder a la fuerza. Por ello, al igual que en los periodos 2016-2020, el Poder Ejecutivo dirigido por el que lleva el sombrero blanco, debe tener en consideración que ha perdido fuerza frente a un Congreso de la República en su mayoría contestatario a su gobierno y que ha alcanzado mayor protagonismo (Dargent y Rousseau, 2021). La eventual vacancia al presidente peruano, sería un ajuste de cuentas implacable por los sectores no conformes con el gobierno. Para que no suceda lo a priori, Castillo Terrones debe concentrarse en resolver la economía nacional evaluando lo que ocurre en el escenario internacional y buscar apegarse a una fórmula económica que resuelva la crisis. Como es de suponer, la “dicotomía pueblo/élites se articula con otros componentes ideológicos que permiten predecir en cierta medida la orientación general de la política exterior […] En una perspectiva similar, unos adoptan el neoliberalismo cuando otros lo denuncian sin reemplazarlo completamente” (Brun et al., 2022, pp. 98-99). Por ahora, no existe otra alternativa que apegarse a un sistema neoliberal y después pensar en una fórmula distinta.
En definitiva, lo que el maestro haga o deje de hacer, seguirá siendo lo más llamativo en el Perú, porque, ser educador y tener un cargo inmenso, hace que la mirada del público se dirija hacia el que se para frente a millones de peruanos, aquí todo cuenta; la forma de hablar, los gestos que se hace, la mirada y una serie de componentes que hacen visible los dotes de maestro. Da la impresión que el mandatario peruano es evaluado como maestro y no como presidente de la República, incluso es juzgado como a un maestro de aula sin previo acompañamiento. En esa connotación, la única salida es aprobar esta vez el examen que impone el Congreso y los sectores conservadores con ganas de colocar una nota desaprobatoria.
200 años de gobierno blanco
La República comienza con el poder de los militares que sentían tener el derecho de gobernar al Perú naciente, solo por el hecho de haber participado en el proceso de Independencia. Más adelante, vendría el intento fallido del Primer Civilismo que terminaría en una guerra sangrienta que selló el destino de la política peruana; luego, otra vez llegaría la presencia del Segundo Militarismo con Andrés Avelino Cáceres al mando, quien terminó consolidando a una clase de aristócratas interesados en los principales recursos naturales de superlativa ganancia económica. Para el año 1919, se dio el gobierno de Augusto Leguía con serias contradicciones y un populismo intencionado donde logró estar dos periodos consecutivos en el poder, ese gobierno terminó golpeado por la crisis de 1929, dando lugar al Tercer Militarismo y algunos gobiernos de poca relevancia. En el año 1968 se pondría a la nación entera bajo una potencia revolucionaria de las fuerzas armadas dirigido por Juan Velazco Alvarado en donde primó el nacionalismo como esencia de la República. Para los años 80 y 90 se produce el conflicto interno orquestado por Sendero Luminoso y otros grupos insurgentes que definieron la dictadura de Fujimori-Montesinos. A inicios del siglo XXI, se retomó la hoja de ruta aparentemente democrática con gobiernos obedientes a la hegemonía de los Estados Unidos, pero todo ello colapsaría para el periodo 2016-2021, donde el tema de vacancia fue el principal menú de la política peruana.
La síntesis histórica de los 200 años de República en el Perú, ayuda a comprender que en ningún momento la raza indígena, explotada, esclavizada, discriminada y silenciada estuvo en el poder. Probablemente Castillo Terrones sea una excepción o un mal cálculo de la poderosa clase conservadora de raza blanca que en términos teóricos y prácticos coloca y saca presidentes a través de la manipulación mediática (Huanca-Arohuanca, 2021a; 2022a). Tal dominio político es una constante en el Perú, porque la idea de superioridad de la raza blanca, al parecer “se originó como referencia a las diferencias fenotípicas entre conquistadores y conquistados, pero lo que importa es que muy pronto fue construida como referencia a supuestas estructuras biológicas diferenciales entre esos grupos” (Quijano, 2014, p. 778). Más adelante, el mismo Sociólogo Aníbal Quijano descartaría la suposición biológica de superioridad entre razas. Sin embargo, Eduardo Galeano en su apartado sobre la Fundación científica del
racismo, sostiene de modo literal: “raza caucásica se llama, todavía, la minoría
blanca que ocupa la cúspide de las jerarquías humanas” (Galeano, 2008, p. 45), haciendo entrever que tal suposición que indicaba Quijano, parece mantenerse vigente en el Perú; pues, después de 200 años transcurridos, el país incaico fue absorbido por la raza blanca y el poder político se utilizó para someter a la raza cobriza.
En esa connotación, conviene citar al filósofo colombiano Santiago Castro-Gómez, quien sostiene categóricamente:
El concepto de raza, al igual que todas las categorías utilizadas por la historia, no tiene correspondencia alguna en la naturaleza, sino que es fruto de una operación formal del entendimiento, es decir, de una observación realizada desde el punto cero (Castro-Gómez, 2005, p. 40).
La referencia anterior es un termómetro que indica la invalidez de la superioridad natural de una raza hacia otra, por el simple hecho de que la naturaleza proporcionó a ciertos sectores determinados colores para dominar a otros. De modo que, el pensar que la raza opera como un dispositivo efectivo para estructurar la jerarquía dando niveles de desventaja a la población indígena o afrodescendiente (Caicedo y Bermúdez, 2022), se vuelve una falacia o un mal razonamiento. Ni siquiera la idea de que los hombres están regidos por una acción masculina para condicionar el dominio y establecer determinadas jerarquías de género o la superioridad de algunos hombres caucásicos frente a los indígenas (Menjivar, 2017) tiene un sentido programático.
Desde la pluralidad de voces, la superioridad de razas se diluye fácilmente, ya que solo existe la diferencia de razas que están impregnadas a cada contexto ocupado por sus habitantes. Por tanto, el gobierno de un indígena aparente en el Perú, presupone un avance significativo para la Historia del Perú y rompe el esquema dibujado por los grupos de poder vinculado a los sectores conservadores. También es importante considerar que la gente ubicada fuera de la centralidad, tiene múltiples deficiencias para manejar el idioma español y la educación recibida no es lo mismo a diferencia de los que estudian en la urbe. Tal parece que la calidad educativa define a los hombres en Perú. Entonces, lo que ocurre con Castillo Terrones es la carencia de preparación en sus inicios escolares y una deficiente elección de la Universidad para dar continuidad a sus estudios de posgrado. Todo ello y más, hacen que el presidente tenga problemas cuando enfrenta a una prensa tanto internacional y nacional decidido a destruirlo en conjunción al Congreso que busca su vacancia.
En términos definitorios, pertenecer a los pueblos originarios implica un marco conceptual mínimo de poder, política pública y proceso político (Calleros, 2022) dentro del aparato gubernamental. De seguro, la experiencia de Castillo Terrones hará pensar a las futuras generaciones que, el poder no se administra solo con la faceta sindical y profesoral, sino requiere de preparación a un alto nivel y firmeza implacable para tomar decisiones eficientes para conducir el timón del Poder Ejecutivo. Así mismo, entrar al menú que ofrece la Historia del Perú resulta doloroso y exigente para todos los mandatarios. No cabe duda que las acciones a realizar en los próximos meses por el presidente, definirá su estabilidad para gobernar el vasto territorio peruano; como es predecible, el Congreso de la República no permitirá seleccionar con libertad el plato elegido por la masa popular que debe ejecutar el jefe de Estado, más por el contrario, se impondrá la carta preferencial de los que votaron en contra de Castillo Terrones.
A MANERA DE CONCLUSIÓN
La crisis política en el Perú no es una contracción minúscula reciente, puesto que es una constante recurrente de la República desde el proceso de Independencia hecho fáctico con la proclama realizado por San Martín. En ese sentido, los golpes de Estado definen a los múltiples gobiernos conservadores que intentaron escribir una historia diferente para velar en primera línea los intereses de la casta blanca y, al último tramo, arrojar lo que sobraba a los indígenas de la raza cobriza que en ese momento histórico eran considerados como no elegibles para el poder. En la actualidad, la idea de la clase conservadora convertido en términos generales en la maquinaria denominado: derecha política, es la insistencia por tener el control del país. No obstante, los herederos de la cultura Inca entraron casi a la fuerza al juego de los blancos, demostrando que ellos no están para ver solo desde la tribuna, si no que, pueden ganar el juego. De manera que, Castillo Terrones es la apuesta ganadora de los que alguna vez fueron considerados como los sin voces y de los que carecían del juego político en el Perú.
Consideraciones éticas y financiamiento Conflicto de intereses / Competing interests:
El autor declara que no incurre en conflictos de intereses.
Rol de los autores /Authors Roles:
No aplica.
Fuentes de financiamiento / Funding:
El autor declara que no recibió un fondo específico para esta investigación.
Aspectos éticos / legales; Ethics / legals:
El autor declara no haber incurrido en aspectos antiéticos, ni haber omitido aspectos legales en la realización de la investigación.
Referencias
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