Revista revoluciones. (2023). Vol. 5 Num. 11. pags. 89-110

Revista revoluciones https://revistas.inudi.edu.pe/rr ISSN: 2710-0499 ISSN-L: 2788-0480 Editada por: Instituto Universitario de Innovación Ciencia y Tecnología Inudi Perú
Artículo original

Resistencia ante el poder desde las prácticas de activistas en Derechos Humanos

DOI: https://doi.org/10.35622/j.rr.2023.011.007

Resumen

Los activistas en Derechos Humanos son sujetos que ante una situación de injusticia, en la que las relaciones de poder están desequilibradas, ejercen resistencia ante este poder opresivo. En este artículo se analizó cómo se configuran estas acciones que emprende el sujeto ante las situaciones de opresión. A partir de una aproximación cualitativa, se utilizó un diseño fenomenológico. Por medio de entrevistas a profundidad realizadas a ocho activistas en Derechos humanos, se encontró que los sujetos van aprendiendo diversas estrategias de lucha y resistencia. En su camino han descubierto que muchas veces las estrategias propositivas funcionan mejor que las confrontativas. Se han alejado de la victimización como carta de presentación y han descubierto la importancia de seguir aprendiendo nuevas estrategias. A partir de la información obtenida se puede concluir que en el ejercicio del activismo se movilizan vectores de fuerza que reproducen órdenes sociales o que los rechazan. La forma de resistencia de un sujeto adquiere sentido al comprender a una sociedad no sólo en sus dimensiones institucionales, sino además como un despliegue de relaciones humanas.

INTRODUCCIÓN

En este artículo se abordan los conceptos “poder” y “resistencia” en el marco de un activismo en Derechos humanos. Ambos conceptos, permiten un acercamiento teórico a la comprensión del porqué un sujeto actúa de una determinada manera y no de otra ante una situación de abuso de poder.

Los activistas en Derechos humanos son sujetos que ante una situación de injusticia y opresión, en la que las relaciones de poder están desequilibradas, ejercen resistencia ante este poder opresivo. La resistencia, en tanto concepto teórico, ayuda a comprender cómo un sujeto logra oponerse a estos dispositivos de poder, a través de los cuales una forma de existencia (ya sea un sujeto, un grupo o un orden social) se impone sobre otras y las imposibilita, las violenta o las anula. Los activistas en Derechos humanos luchan contra el poder ejerciendo resistencias, ya sea desde lo social, lo político, lo cultural o lo económico.

Los Derechos humanos en sí mismos tienen sus desafíos, tanto en lo teórico como en lo pragmático y algunas veces existen momentos de tensión entre ambos ámbitos. Estos momentos surgen de la instrumentación política que hace el Estado de estos derechos, ya que sin duda los Derechos humanos tienen un significado político en tanto que su visibilización y ejercicio son prácticas de resistencia, de emancipación y de regulación. La tensión surge cuando los Derechos humanos se producen desde el Estado y se defienden desde las resistencias, siendo al mismo tiempo prácticas discursivas en contra del Estado y una tarea del Estado mismo. En este sentido, uno de los retos es eliminar su uso meramente retórico y alejado de lo pragmático, así como reivindicar su potencial emancipatorio y su papel como una fuerza resistente, que es precisamente la tarea que cumplen los activistas en Derechos humanos (Correa, 2018).

Por otra parte, un claro ejemplo de la difícil situación de los Derechos humanos en México es la llamada “crisis humanitaria” en donde se pueden encontrar manifestaciones de gran gravedad como el hostigamiento, la intimidación y las amenazas que reciben los activistas de Derechos humanos, estas manifestaciones llegan muchas veces a convertirse en casos de desapariciones forzadas o de ejecuciones extrajudiciales (Yáñez, 2020). En países como México, los activistas o defensores de los Derechos humanos son de igual forma víctimas de discriminación y violencia, ya sea por parte del Estado o de los grupos en contra de los que se oponen para defender los derechos vulnerados. Muchas veces esta discriminación o violencia se acrecienta cuando los defensores son, a su vez, parte de los grupos vulnerados. Así lo han evidenciado los informes del Relator Especial de Naciones Unidas en México en el caso de los defensores de migrantes, refugiados, pueblos indígenas y comunidades rurales que se oponen a proyectos a gran escala, ya sean de extracción o de desarrollo (Naciones Unidas, A/73/215, 2018).

Las y los activistas, en tanto sujetos políticos, configuran sus experiencias y su realidad; por lo tanto, es posible analizar cómo estos sujetos construyen su relación con el poder. De igual forma, este análisis brinda un acercamiento a la manera en la que los activistas enfrentan el poder creando resistencias, y a la comprensión de cómo interactúan las resistencias con el poder en la búsqueda de un cambio social. También se exponen las prácticas de resistencia que los activistas han aprendido y desarrollado a través del tiempo y cuáles son los factores o elementos clave de sus resistencias.

En el recorrido teórico de este trabajo se explora el concepto de resistencia, analizado y desarrollado a partir de la obra de Michael Foucault. En este desarrollo teórico, poder y resistencia interactúan de forma permanente en toda relación social sin que sea posible que existan por separado.

A partir de entrevistas a profundidad realizadas a activistas en Derechos humanos, se tuvo acceso a las experiencias con las cuales un ser humano aprende a comprender el mundo que lo rodea y se auto construye a partir de su interacción en éste. Los activistas narraron y construyeron su propio discurso acerca de su activismo y de cómo configuran su lucha y se posicionan ante el mundo para defender los Derechos humanos.

Como se verá en las narrativas de los activistas, la resistencia tiene diferentes manifestaciones, sin embargo, el elemento común en todas ellas es el rechazo a la dominación (González, 2001).  Los activistas responden a las situaciones de injusticia y de opresión que perciben a su alrededor, responden resistiendo y oponiéndose a la violencia y a las violaciones a los Derechos humanos. Y así como el sometimiento no viene siempre de la violencia, puede ser físico, pero no violento, puede ser más bien sutil y organizado (Foucault, 2002); también las resistencias que los activistas ejercen o desarrollan, pueden tomar desde las formas más abiertas y públicas hasta algunas más sutiles y no tan evidentes.

Los activistas en el ejercicio de su activismo están resistiendo. Sus acciones de activismo, su lucha y su manera de expresarse es una resistencia antes ciertas relaciones de poder representadas por opresión, injusticia o desigualdad. Por lo tanto, el objetivo de este trabajo es comprender, por un lado, la manera en que un sujeto activista en Derechos humanos se relaciona con el poder, cómo se resiste a su poder normativo; y por otro, cómo se expresan las resistencias ante el poder, es decir, cómo configura estas estrategias de resistencia. En este trabajo se responde cómo surgen y cómo se configuran estas resistencias en los activistas de Derechos humanos.

El poder en términos de Foucault

En su extensa obra, Foucault dedica gran parte al estudio y análisis del poder, tanto en su origen como en su constitución y su ejercicio. De igual forma, la manera de abordarlo y conceptualizarlo evoluciona a lo largo de su desarrollo teórico. Se hace más completo y complejo el desarrollo teórico hacia el final de su obra, ya que analiza las diferentes estructuras de poder en la sociedad, así como de las estrategias que utilizan para conservar el poder y el dominio sobre los ciudadanos. Entiende al poder como una red de relaciones y fuerzas que todo el tiempo están en movimiento e influenciadas por el momento sociohistórico en el que se desarrollan. El poder no tiene sentido sin el ser humano, quien al constituirse en sujeto se encuentra inmerso dentro de esta red de poder que existe en toda relación social.

Foucault (2007) presenta tres diferenciaciones del concepto de poder que procuran evitar malentendidos tanto de identidad como de forma y de unidad en su conceptualización. La primera diferenciación radica en que el poder no es el conjunto de instituciones estatales o el aparato de sujeción de los ciudadanos al Estado. La segunda consiste en que el poder no es un opuesto a la violencia, es decir, cuando hay subordinación o dominación, si no hay violencia, es el poder el que actúa. La tercera diferenciación es que el poder visto por Foucault, tampoco es un sistema general de dominación que se ejerce por un sólo ente (persona o grupo) y que atraviesa todo el cuerpo social, en el sentido de que un individuo o grupo tenga el poder de dominar a través de otros a un grupo final.

En este sentido, la condición que hace posible al poder no se encuentra en un punto central, es decir el poder no emerge desde, o cómo, un foco único a partir del cual se domina o desde el que se derivan otras ramas de dominio. No existe este punto único desde donde se genere y extienda el poder (Foucault, 2007). El poder en el sentido foucaultiano no es algo que posea una persona, por lo mismo nadie lo tiene de manera específica ni dispone de él. El poder es más bien una capacidad de ejercer y de hacer, dentro de un espacio social. De este modo, el Estado no podría ser un punto monopolizador de poder, más bien sería un sistema dinámico de múltiples focos de poder (Castro, 2017).

Al no estar en un único lugar en el que se le pueda localizar, el poder se encuentra en constante transformación. Se encuentra más bien en una multiplicidad de redes que se interrelacionan entre diferentes estrategias que surgen de y para el ejercicio del poder. El poder tampoco es vertical en una única dirección de arriba hacia abajo, está mejor representado como una tensión continua entre núcleos de poder, en donde un punto o una localización está condicionada en su acción por la reacción del punto opuesto que es su complemento y del que se retroalimenta constantemente (Horen y Rivarola, 2007).

De acuerdo con Foucault (2007), el poder es más bien un conjunto extenso de relaciones de fuerza que se ejercen en un dominio sobre algo. Este tipo de relaciones son inseparables y pertenecientes al dominio que las ejerce. También son parte de un juego de luchas y enfrentamientos que pueden transformarlas, reforzarlas o invertirlas. Estas relaciones de fuerza pueden formar un sistema muy unido apoyándose unas a otras, o bien pueden verse en contradicciones que las separen.

Si bien el poder no se ubica en una institución social específica, sí puede haber una mayor afluencia de relaciones de poder en algunas formas sociales, como puede ser el Estado. Éstas formas determinan y encuadran la práctica del poder imponiendo la dominación en una sociedad. Mientras que el poder es relacional, la dominación se instaura por medios institucionales, es decir, es institucional (Castells, 2009). De este modo, cuando el poder se fundamenta en el Estado y en el monopolio de la violencia a través de las instituciones, se difunde hacia toda la sociedad y pone a los sujetos dentro de una estructura bajo la que coexisten los deberes formales conviviendo en el día a día, con las agresiones informales. Este monopolio institucionalizado es lo que Foucault etiqueta como microfísica del poder (Castells, 2005).

Existen estados de poder en los que el poder se concentra de manera desigual. Estos estados se sostienen en el sistema de las relaciones de fuerzas, por lo tanto, son móviles e inestables. Tienen la capacidad de concentrar una gran cantidad de poder. En estos casos el poder es relacional ya que se está produciendo en todos los puntos que unen una fuerza con otra, creando un sistema de relaciones (Foucault, 2007). Otra característica importante de estas relaciones de poder es que tienen numerosos puntos de enfrentamiento e inestabilidad, lo que lleva a conflictos, luchas e inversiones de estas relaciones de fuerzas (Foucault, 2014).

Las relaciones de fuerza utilizan herramientas o estrategias que las hacen efectivas. Estas estrategias toman forma en el uso de la ley o en las hegemonías sociales; por lo tanto, para comprender el poder se requiere comprender: 1) las relaciones de fuerzas que se ejercen; 2) el juego de luchas en el que se ven envueltas estas relaciones de fuerza; 3) cómo se autorrefuerzan o autosabotean estas relaciones de fuerza y 4) las estrategias que utilizan (Foucault, 2007).

El poder, como ya se ha expuesto, se ejerce, no es algo material que se adquiera, que se comparta, que pueda conservarse o que se escape. De igual forma, en las relaciones de poder no existe una oposición binaria de arriba-abajo o de dominado-dominante. Son las relaciones de fuerza que se crean en los aparatos de producción las que forman una línea de fuerza general, que se traduce en dominación. Ésta esta sostenida de manera continua por la intensidad de los enfrentamientos que se dan en un determinado cuerpo social como resultado del movimiento de fuerzas (Foucault, 2007).

El concepto de resistencia

Para entender el concepto de resistencia que se abordará en este trabajo, es preciso hablar del poder y entender la relación o vínculo inseparable que existe entre ambos conceptos. En términos de la teoría foucaultiana de poder, ambos conceptos se unen para formar uno solo, en donde la relación e interacción entre ambos termina siendo más que la suma de las partes, ya que no pueden existir el uno sin el otro.

El poder es en todo momento una estructura de relación, no existe como sustancia ni como una propiedad perteneciente exclusivamente a una clase social. Existen relaciones de poder entre personas que están en posiciones distintas y asimétricas. El hecho de que sea una relación implica que hay dos términos, y al modificarse uno, el otro también es modificado. Esto significa que el poder es un sistema de relaciones, mismo que resulta cambiante, móvil, modificable y tiene también la característica de ser un sistema frágil (Foucault, 2016).

Por otra parte, las resistencias, explica Foucault, no son la contrapartida del poder en el sentido en que creen un hueco dentro de la red de poder o que lleven a un ataque destinado a la derrota, o a un sistema de dominación específico.  Las resistencias son “el otro término” en las relaciones de poder, son el elemento enfrentador (Foucault, 2007, p. 117). En este sentido, no existe una contraposición entre poder y resistencia ya que en cuanto existe una relación de poder, también existe la posibilidad de una resistencia. Lo anterior sucede porque siempre es posible alterar el dominio del poder bajo ciertas condiciones y emplear diferentes estrategias (Foucault, 1981). Visto de este modo, el poder y las resistencias son parte del mismo sistema, de un sistema dinámico en constante movimiento, conformado tanto por el poder como por las resistencias.

Así como la resistencia no puede ser opuesta al poder, tampoco puede ser exterior al poder. Esto es así porque en donde hay poder, hay resistencia. De igual forma, es importante remarcar que las relaciones de poder son estrictamente relacionales, ya que es imposible que existan estas relaciones si no es en función de múltiples puntos de resistencia. Éstos están presentes en todas partes de la red de poder y toman el rol de adversario, de blanco, de apoyo, o de punto de salida de una aprehensión (Foucault, 2007).

Dentro de la red de relaciones de poder también se encuentra la red de puntos de resistencia. Así como la primera atraviesa los aparatos sociales y las instituciones, también la red de puntos de resistencia atraviesa las estratificaciones sociales y las unidades individuales. Ambas construyen un espeso tejido que lo atraviesa todo sin que se localice en ninguno de ellos específicamente, “es sin duda la codificación estratégica de esos puntos de resistencia lo que torna posible una revolución” (Foucault, 2007, p. 117). Una de las características de las resistencias es que están distribuidas de manera irregular en tiempo y espacio. Los puntos o focos de resistencia en la red de poder están diseminados con mayor o menor densidad, de ahí su carácter irregular (Foucault, 2007).

La vinculación del poder y la resistencia está claramente expuesta por Foucault cuando responde que, para resistir, la resistencia tiene que ser como el poder. La resistencia requiere una organización y una estrategia, “…tiene que ser como el poder. Tan inventiva, tan móvil, tan productiva como él. Es preciso que, como él, se organice, se coagule y se cimente. Que vaya de abajo arriba, como él, y se distribuya estratégicamente” (Foucault, 1981, p. 162). 

Los puntos de resistencia de los que habla Foucault son al mismo tiempo contrapoderes. Esto se debe a que cada vez que existe un objeto sobre el que se apoya el poder, o sobre el que se ejerce el poder, ese objeto también puede ser relacionado con una capacidad de resistencia que lo vuelve contra ese mismo poder. Las resistencias son “el afuera de las relaciones de poder” (Deleuze, 2014, p. 208).

Comprender la resistencia en los espacios individuales cobra sentido en el momento en que las diversas reflexiones teóricas y explicaciones de la historia social, como un campo del conocimiento amplio y extenso, se tornan incompletas. Cuando no son suficientes para explicar las condiciones sociales de dominación y opresión que llevan a un sujeto a implicarse en un acto de cambio social. Los mecanismos a través de los cuales se manifiestan la resistencia y la oposición adquieren vida en las experiencias de un sujeto que trata de transformar su entorno social y que en el proceso va generando esos mismos mecanismos y acciones para lograrlo.

Manifestaciones y estrategias de resistencia

El concepto de resistencia se ha revisado desde diferentes abordajes. Sin embargo, su definición ha estado más bien desarrollada a partir de las problemáticas sociales que han dado lugar a su estudio. De igual forma, se ha abordado desde diversos marcos analíticos, más recientemente desde la teoría poscolonial, en donde se abordan las formas de resistencia que han surgido en las culturas dominadas, heredadas de esta concepción cultural del colonialismo (González, 2001).

La resistencia tiene diferentes manifestaciones, sin embargo, el elemento común en todas ellas es el rechazo a la dominación. Otro componente en común se presenta cuando la resistencia se acompaña de un objetivo, ya sea que se logre éste o no, siempre existen cambios y quiebres en la situación de dominación (González, 2001).  Vista de este modo, la resistencia es un elemento fundamental en cualquier proceso de cambio social. Es una noción compleja y multidimensional. Es una capacidad política y una posición que hace posible cambiar lo establecido, ya que las resistencias contribuyen a reconocer y desestructurar lo hegemónico (Martínez y Cubides, 2012).

Decía Foucault que es necesario abrir los ojos a lo que se encuentra en “el propio terreno” en la causa misma que permite resistir, a aquello que hace una situación insoportable que puede dar el coraje a las personas para levantarse y morir incluso por una palabra. Es necesario conocer qué hace a hombres y mujeres “casi iletrados” encontrar fuerza para resistir. También es necesario entender qué hace a una persona decir “no me rendiré”, escucharlos para hallar de dónde proviene su energía, en qué se apoyan, cómo opera su resistencia y su insurrección (Foucault, 1981, p. 76).

La resistencia, vista como capacidad instaurada en un sujeto de cambio, se expresa en la transformación que se da en sus acciones y en sus prácticas. Se expresa a partir de las fuerzas que se movilizan desde la subjetividad para provocar la acción crítica. Estas fuerzas operan para comprender la realidad de manera crítica y replantear dicha realidad, así como para realizar los cambios necesarios en el pensamiento y actuar desde una lógica de poder (Martínez y Cubides, 2012).

Los fenómenos de dominación no son hechos masivos y únicos, tampoco es una estructura binaria y rígida de dominante y dominado. La dominación se organiza como una estrategia o estrategias bajo las cuales se producen formas múltiples de dominio que se integran a esta estrategia de dominio. Ésta a su vez se transforma, se ajusta o se refuerza gracias a otros fenómenos como son las resistencias (Foucault, 1981). Los sujetos que viven en una situación de opresión logran sobrevivir y resistir porque van creando sus propios espacios políticos y sus propias dinámicas. Los crean fuera del radar del poder dominante, encuentran un lugar para construir las subjetividades de sus resistencias, de manera sutil e inadvertida (Ceceña, 2008).

El concepto de resistencia se encuentra con mayor frecuencia en los estudios de los movimientos sociales, en donde el énfasis está en las características, así como en el contexto social e histórico de dichos movimientos. Las resistencias se abordan desde lo social a partir de la constitución de un grupo social de acción civil y política y las estrategias de acción de estos grupos ante una situación de injusticia social. Sin embargo, es en la teoría foucaultiana del poder en la que es posible encontrar el abordaje del concepto de resistencia como un marco de análisis de los fenómenos sociales a partir del sujeto. Este abordaje permite encontrar el hilo conductor en el proceso de comprender cómo la resistencia, en su relación dialógica con el poder, permea toda relación y construcción social.

Ya daba cuenta Foucault de la dificultad de comprender lo que lleva a una persona a resistir. El planteaba que pueden existir mil razones para que una persona se someta, la primordial es la supervivencia. Sin embargo, señalaba, es “enigmático” que una persona elija morir antes que vivir sometido, “morir antes que morir” (Foucault, 2016, p. 65).

En el marco de los escenarios sociales en los cuales nos encontramos y que se interpretan a partir de los hechos que son significativos para una persona, las acciones de resistencia permiten transitar del mundo privado cotidiano a otras dimensiones de la existencia. Ayudan a transitar a un mundo social que implica otras formas de expresión, sociales, culturales y políticas. Esta acción toma forma en la vida cotidiana, con respecto de las experiencias que posibilitan o reprimen cuestionar el sentido y la configuración practica del modelo hegemónico ¿Por qué alguien llega a rebelarse?

MÉTODO

Para la elaboración de esta investigación se eligió el paradigma cualitativo, como estrategia de acercamiento a la realidad de los sujetos activistas que han convertido la defensa de los Derechos humanos en su modo de vivir.

En el caso de las y los activistas en Derechos humanos, carecería de sentido comprender cómo construyen sus resistencias ante el poder fuera de su entorno natural, fuera del contexto en el que el activista se desarrolla. El paradigma cualitativo implica un énfasis en las cualidades de un fenómeno de estudio. Enfatiza también la naturaleza de una realidad socialmente construida. Bajo este paradigma, se formulan preguntas que permiten destacar la manera en que la experiencia social se crea y adquiere sentido (Denzin y Lincoln, 2012).

En la investigación cualitativa se busca un acercamiento al mundo de afuera, desde las experiencias en el mundo real. También se busca entender el mundo, desde el mundo interior de los sujetos, ya sea a través de sus experiencias o del análisis de sus interacciones (Gibbs, 2012). Cada uno de los sujetos activistas que formarán parte de esta investigación se encuentran en escenarios distintos. Son sujetos han tenido una trayectoria única que los ha llevado a convertirse en los activistas que son ahora.

En la investigación cualitativa, los sujetos comparten sus experiencias pasadas dándoles un determinado sentido de acuerdo con sus contextos, por lo tanto, el contenido como el estilo y el contexto de los relatos son importantes (Gibbs, 2012). En esta investigación se conocerán las experiencias de los sujetos activistas desde su propia perspectiva, que es la que los ha llevado a resistirse y a defender los Derechos humanos.

Se utilizó la fenomenología como guía metodológica, ésta se pregunta por la experiencia de los sujetos, a manera de un proceso de auto interpretación y de un ejercicio de conciencia. Este enfoque permite que la subjetividad de los activistas en Derechos humanos se exprese a través de la palabra, que el yo interior y la exterioridad se encuentren y que la palabra sea el puente entre ellos (Piedrahita, 2013).

Los sujetos activistas interpretan su entorno desde su propia posición política. El discurso enunciado va asociado tanto a una posición como a un ordenamiento, esto implica un posicionamiento y una jerarquización, todos ellos espacios de poder (Álvarez et al., 2019). La fenomenología permite analizar estos espacios de poder a partir de la propia interpretación que los sujetos activistas hacen de él.

Se realizaron 8 entrevistas a profundidad a activistas en Derechos humanos. Se realizó un muestreo teórico conformado por 8 activistas que se definieron bajo ciertos criterios específicos que respondieron a las necesidades de la investigación, los criterios de selección de los participantes fueron los siguientes: Personas de uno u otro sexo que se autoidentifican como activistas o defensores de derechos humanos y que realicen actividades de defensa, de derecho en general o de algún derecho en específico. Y personas que aceptaran participar de manera voluntaria en la investigación. No se realizó distinción por sexo, nacionalidad o alguna otra condición.

A través de preguntas dirigidas, la entrevista a profundidad busca encontrar lo que es significativo e importante para los sujetos. De igual forma, busca descubrir acontecimientos y dimensiones subjetivas de los sujetos tales como creencias, pensamientos y valores. Esta información es fundamental para comprender su visión del mundo (Buendía et al., 1998). A través de estas entrevistas a los activistas en Derechos humanos, se logró conocer y dar respuesta al planteamiento inicial acerca de cómo éstos se relacionan con el poder.

RESULTADOS

Configuración de las prácticas de poder y resistencia ante el poder

El poder y las resistencias son parte del mismo sistema, de un sistema dinámico en constante movimiento, conformado tanto por el poder como por las resistencias. En la postura foucaultiana no existe una contraposición entre poder y resistencia, ya que en cuanto existe una relación de poder, también existe la posibilidad de una resistencia. Esto dado que siempre es posible alterar el dominio del poder bajo ciertas condiciones, empelando diferentes estrategias (Foucault, 1981); que es precisamente lo que los activistas hacen en su día a día.

El entender la relación que las y los activistas tienen con el poder, cómo lo conceptualizan, como lo confrontan o cómo se relacionan con él, es de suma importancia para entender cómo construyen su resistencia. De acuerdo con Foucault (2007), las relaciones de poder son estrictamente relacionales, ya que es imposible que existan estas relaciones si no es en función de múltiples puntos de resistencia. Estos puntos están presentes en todas partes de la red de poder y toman el rol de adversario, de blanco, de apoyo, o de punto de salida de una aprehensión.

Los procesos de dominación no pueden separarse del llegar a ser un sujeto, ya que no existe individuo exento de la influencia de las relaciones de poder. Y así como no hay poder que no cree resistencias, esto significa que tampoco hay individuo que no se oponga a los poderes que lo someten (Tassin, 2012).

Para Foucault, poder y resistencias son parte de una lucha perpetua, al ser una red de relaciones de fuerza en la que cada punto de la red ejerce una fuerza con una dirección distinta, existe una tensión constante en esta red. Al no ser una relación de dos fuerzas encontradas que jalan cada una para un lado, es muy difícil que exista una relación de dominación total. En este mismo sentido, el autor menciona que las relaciones de poder nunca triunfan por completo y nunca será imposible de eludir la dominación (Foucault, 2012). Al mismo tiempo, esto implica que una vez que se mueve un punto en la red de poder-resistencia, este movimiento que lleva determinada fuerza de poder, con cierta magnitud; hace que otro u otros puntos de resistencia también se muevan, ejerciendo de igual forma una fuerza que hace un contrapeso.

Este concepto del movimiento de los puntos de poder y resistencia y de las fuerzas que ambos ejercen, nos ayuda a comprender el por qué cuando se ejerce una resistencia, el poder arremete también con una fuerza de magnitud tal que intenta contrarrestar esa fuerza de resistencia. Es por eso por lo que en la red que forman el poder y la resistencia, existe un movimiento permanente de estos puntos de poder y resistencia, ejerciendo fuerzas distintas cada uno. Es un proceso cíclico y permanente en el que cuando se ejerce un poder también se ejerce una resistencia que a su vez afectará nuevamente a uno o varios puntos de poder de la red, que responderán con una fuerza equivalente. En este sentido, cada acción que los activistas llevan a cabo, para contrarrestar un poder que genera injusticia y opresión, es una forma de resistencia.

En su trayecto como activistas, los sujetos han aprendido a resistir, han aprendido ciertas estrategias de lucha, han aprendido qué es lo que funciona y qué es lo que no funciona, ha explorado distintas maneras de ejercer esta resistencia. En este sentido Rico (2013), ha encontrado que las resistencias se componen de una compleja red de estrategias que se formulan no sólo en lo político, también en lo cultural y en lo social de la vida cotidiana. Estas resistencias vas desde las más evidentes, explícitas y visibles, hasta las más sutiles y desapercibidas.

Uno de los elementos importantes o puntos clave a partir de los cuales los activistas construyen su resistencia es la no victimización. A pesar de que la mayoría de los activistas han sido en sí mismos víctimas de injusticias en relación con la causa que defienden; se encontró en las narrativas que la victimización no es una estrategia de resistencia que utilicen. No eligen posicionarse ni presentarse desde un papel de víctimas. No encuentran beneficio o utilidad en la victimización de ellos mismos, ni de las personas a quienes defienden, tampoco de la causa en sí misma. La victimización, lejos de ser una estrategia de resistencia útil, es un posicionamiento que rechazan y que ven como un obstáculo para realizar un activismo efectivo:

yo lo que sí siempre he hecho énfasis es, con los grupos con los que trabajamos, y eso fue desde el inicio y eso fue desde mi investigación y todo, es sacar a la gente de ese lugar del pobrecito. Esa para mí es una parte fundamental, o sea porque desde el momento en que te relacionas así con una persona, reproduces esa relación de desigualdad (Andrea).

el obstáculo también son los medios de comunicación, cómo presentan a los indígenas, para bien o para mal siempre está esa victimización de los pueblos indígenas, donde no nos toman como personas, que también tienen sus propias decisiones, y que también tienen derechos, y también piensan, y eso se vuelve una relación muy tóxica yo diría, de gobierno y sociedad (Celerina).

…yo no creo que, o no creía en ese momento que el poner fotos violentas o exponer públicamente fotos violentas fuera hacer algo más que ponernos como mártires en los ojos de esta sociedad regiomontana. Y qué era qué simplemente no íbamos a ganar mucho. Yo en lugar de eso, he optado más por actividades de empoderamiento, no de victimización… (Dania).

Por otra parte, autores como González (2001) clasifican a las formas de resistencia como resistencia activa y resistencia pasiva. Se considera la resistencia activa como las luchas, la rebelión, la confrontación abierta y el enfrentamiento. La resistencia pasiva sería entonces aquella cuyas manifestaciones están más relacionadas con actos simbólicos de conservación identitaria. De acuerdo con el autor, ambas formas coexisten y se manifiestan de mayor o menor manera dependiendo del contexto y circunstancias específicas. También podemos observar estas formas de resistencia en las narrativas obtenidas. Sin embargo, se encuentran en mayor medida las resistencias que el autor denomina como activas, sin que necesariamente sean confrontativas.

La mayoría de los activistas no consideran una lucha violenta como algo útil o que les ayude a generar resultados, en la mayoría de las narrativas se encuentra un rechazo hacia la violencia, no piensan que la violencia sea provechosa. De hecho, la violencia es una de las problemáticas en contra de las que luchan, por lo tanto no quieren generar más violencia:

… Eso es lo que sostengo ahora, ni victimizarnos ni hacer actividades que conlleven violencia (Dania).

…desde un inicio yo tenía muy claro que mi lucha, no era una, vamos, ha sido una lucha insurgente, sino más bien una lucha desde otra trinchera que en donde yo pudiera aprovechar más mis recursos (Dania).

…también en el activismo muchos se vuelven muy radicales, pero radicales que tú dices, haber espérate, porque por ahí no iba...y tampoco es así, porque si estamos peleando…, si se supone que tú quieres un cambio y lo que generas es un conflicto desde tu activismo, entonces, qué es lo que quieres? (Celerina).

Mas que resistencias confrontativas o violentas, los activistas han elegido y aprendido a generar resistencias estratégicas como, por ejemplo: llevar a cabo acciones de visibilización, buscar colaborar con instancias gubernamentales, crear redes de apoyo y en general acciones que lleven a incidir en las políticas públicas. Los activistas han encontrado que la colaboración con el gobierno, con las instancias públicas y con sus representantes, son estrategias que los acercan más a conseguir su propósito y a lograr los cambios que esperan en la sociedad.

Un elemento que se encontró en las entrevistas es que los activistas tienen un enfoque de estrategias propositivas más que confrontativas, sus estrategias van encaminadas a proponer soluciones y a colaborar con los actores clave:

más bien hemos asumido eso, ante el reclamo la propuesta, o sea sí reclamo, pero entonces cómo vamos a responder ante esa protesta, estamos protestando porque no hay medios de comunicación, porque no llega la información, porque no reconocen los derechos, porque no les importan las lenguas. Ah, bueno, pues entonces hagamos, esa información, hagamos esos talleres, hagamos, o sea, más bien es como ir envolviéndote, dando también respuestas como sociedad (Celerina).

ya he dicho que con Prisma ha contactado el gobierno algunas veces, así que realmente no solo estoy construyendo el poder a partir de mayorías. Sino que también… se hace a través del discurso, se hace a través de en el ámbito científico asegurarse de que las cosas estén bien, de que no se acepta cuando un científico gilipollas dice que las mujeres somos tontas. Que había algunos estudios mal hechos que decían cosas de estas… (Aurora)

Acabo de realizar la reestructuración del Plan Estatal de VIH en Jalisco, que es una chamba del Estado. No debería estar una organización civil haciendo ese trabajo, pero si lo sabemos hacer y lo podemos hacer, es un gran trabajo de incidencia, es una gran gestión del cambio. Y creo que eso es lo importante (Carlos).

Existen ciertas estrategias de resistencia que cada uno ha aprendido e incorporado, el aprendizaje en sí mismo es una de estas estrategias, que a su vez conduce a adquirir herramientas de conocimiento para su lucha. Los activistas saben o se van dando cuenta de que el saber les da poder. Saben que el conocimiento es una estrategia de resistencia porque les ayuda a obtener herramientas para seguir luchando.

El saber, como expresa Foucault (2008), es una forma de poder. Las sociedades se van desarrollando con sistemas cada vez más complejos de poderes y por consiguiente de saberes. El saber, el poder y las experiencias; dentro de éstas últimas Foucault se refiere a la locura, la sexualidad, la transgresión de las leyes, entre otras; se relacionan creando estructuras de poder cada vez más complejas en las sociedades, la pregunta para él es en qué nos ha convertido este tipo de conocimiento. Los activistas han encontrado en el saber una estrategia para lograr cambiar la sociedad, para transformar su realidad en una realidad mejor para todas y todos.

Como se puede apreciar en las narrativas, conocimiento y el aprendizaje juegan un papel importante en la construcción del sujeto activista. En un inicio este aprendizaje se da de manera involuntaria, al empezar a involucrarse en una causa, empiezan a aprender. Al empezar a interesarse en una problemática, este mismo interés los lleva a buscar información sobre el tema, se despierta una curiosidad, que posteriormente se convierte en una necesidad de entender ciertas cosas. Para los activistas, el aprendizaje es una estrategia de resistencia muy útil y que los acompaña durante todo su proceso, todo el tiempo están aprendiendo y adquiriendo conocimientos que después ponen al servicio de su activismo:

lo transmito muchísimo a las nuevas personas que están involucradas, no basta con la furia, no basta con las intenciones, no basta con la buena voluntad, ni basta con la razón. Necesitas profesionalizarte, necesitas aprender, leer, investigar, saber qué se hizo, que no se hizo. Conocer las políticas públicas de pe a pa, conocer las estructuras de las farmacéuticas, conocerlo todo, tenerlo ahí. El hacerte experto en el tema que estás manejando, desde la vista académica incluso, para mí ha sido una fortaleza, porque a mí no me sorprenden con alguna cosa, ya lo sé, ya lo investigué, me preparé para esa sesión, me preparé para este discurso, y creo que esa es una gran herramienta que desde mí lo he desarrollado (Carlos).

Por otra parte, no puede dejarse de lado el papel que juega el componente emocional en los procesos de resistencia. Ya se ha mencionado cómo las emociones tienen un papel fundamental como elementos activadores del activismo. Las emociones son parte fundamental de la subjetividad de un individuo; por lo cual siempre estarán presentes en las manifestaciones de “ser sujeto”. Los activistas o defensores de Derechos humanos son sujetos que “están en el mundo” a partir de su configuración como sujetos políticos, activistas y resistentes.

El activismo lleva implícito el resistir, por lo tanto, el factor emocional también es un componente que tiene una gran influencia en el proceso de resistencia de un sujeto. En los sujetos que ejercen una resistencia ante el poder, el factor emocional funciona como un detonante o punto de inflexión que los lleva a resistir. Para Poma y Gravante (2015) emociones como la indignación, el dolor o el ultraje motivan a los sujetos a iniciar un movimiento de resistencia. En el caso de los activistas participantes en esta investigación, es claro que un sentimiento de injusticia y enojo es un factor detonante para llevar a cabo ciertas acciones que para ellas y ellos son su manera de resistir. Si bien emociones como el coraje y la indignación son detonantes, otras emociones como la esperanza o el anhelo de un mundo mejor, también están relacionadas con la resistencia como factores motivantes.

Un elemento importante encontrado en las narrativas y que juega un papel clave en el ejercicio de su resistencia es el hecho de alzar la voz. Para Juliao (2016) el discurso muchas veces ya es una acción. El autor analiza lo político a partir de la acción y la virtud que un sujeto debe tener para dar paso a este cambio, al estado político, es el coraje. El hacer público una injusticia ya es, en sí mismo, un acto de coraje. Este elemento surgió de manera recurrente al analizar las narrativas de los activistas:

…el sentirme ajena a esa comunidad me hizo ver la necesidad de ser más visible, de ser más, de alzar la voz y hacer ver las injusticias que se estaban cometiendo (Dania);

…el presionar, el estar alzando la voz, el opinar es político… (Carlos)

…creo que es importante que se oiga nuestra voz, este tema que han dicho muchas veces que no hemos tenido voz, de hecho, en años antepasados nos han dicho las “sin voz”, queremos darles voz…aquí están los pueblos indígenas, con sus voces, con su lengua. Y que la gente lo oiga (Celerina)

Los activistas expresan sus resistencias de maneras distintas, han encontrado diferentes estrategias para resistir, lejos de buscar una generalización en esta investigación, se pretende hacer un acercamiento a esta diversidad de maneras de expresar la resistencia ante la opresión y la injusticia. Los activistas son sujetos que resisten, que luchan, que accionan; con el fin de lograr un cambio hacia una sociedad más justa.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

En el ejercicio del activismo se movilizan vectores de fuerza que reproducen órdenes sociales o que los rechazan. La idea de un sujeto que resiste cobra sentido si se comprende a una sociedad no sólo en sus dimensiones institucionales, sino además como un despliegue de relaciones humanas. La construcción del sujeto activista, por lo tanto, es un asunto político, ya que lo corpóreo se configura con relación a los órdenes sociales que predominan en un momento y un contexto sociohistórico específico.

Por otra parte, el poder permea todas las relaciones sociales, ya sea entre ciudadanía y Estado, entre grupos sociales o entre individuos. En todas estas relaciones sociales existen mecanismos distintos para ejercerlo. En donde existe un espacio de interacción social, hay relaciones de poder en las que los puntos o focos de poder hacen que la red de fuerzas tenga distintas configuraciones. Como se pudo observar, en cada caso de los activistas en Derechos humanos, los focos de concentración del poder son distintos, y como ya se ha mencionado, dinámicos.

De igual forma, la resistencia es un elemento fundamental en cualquier proceso de cambio social. Es una noción compleja y multidimensional. Es una capacidad política y una posición que hace posible cambiar lo establecido. El ejercicio de la resistencia que realizan los activistas contribuye a reconocer y desestructurar lo hegemónico (Martínez y Cubides, 2012) y precisamente, una de las principales motivaciones de los activistas es llegar a cambiar las situaciones que ellos consideran injustas.

Como ya se ha mencionado, la resistencia que ejerce un activista en Derechos humanos no es sólo una oposición a la afectación del exterior hacia el sujeto, en donde el sujeto aplica una fuerza contraria de igual magnitud a la que recibe del exterior (García, 2002). En las narrativas podemos observar que los activistas son sujetos que enfrentan al poder, que ejercen resistencia ante un poder hegemónico que oprime o que violenta de alguna manera a una parte de la población. Está claro que lo que buscan es crear un sistema social más justo y equilibrado y para esto tienen hacer un cambio en estas relaciones de poder y van generando estrategias para lograrlo.

De acuerdo con Foucault, esto sucede porque siempre es posible alterar el dominio del poder bajo ciertas condiciones y utilizando diferentes estrategias (Foucault, 1981). Dado el carácter móvil y dinámico de las resistencias, los activistas van creando un mundo mejor a partir de sus acciones. Lo que hacen al resistir es más una estrategia que una respuesta. Esto se puede observar claramente en las narraciones de los activistas entrevistados en donde encuentran, descubren y aprenden estrategias que se convierten en recursos claves en el ejercicio de su resistencia.

Todas estas acciones que realizan en su vida diaria a partir de su activismo es la manera en que ellos ejercen su resistencia. Al final, las estrategias a partir de las cuales ellos expresan sus resistencias se transforman en su día a día, forman parte de la construcción de ellas y ellos como sujetos activistas. Estas acciones de resistencia que configuran al sujeto activista, en tanto sujeto político, van desde el simple hecho de alzar la voz ante una injusticia, hasta el hecho de hacer un cambio social como resultado de incidir en las políticas públicas.

Tal como menciona García (2002), los activistas tienen la capacidad de detener esa fuerza externa y transformarla, para devolverla hacia el exterior de donde provino. Tienen la capacidad de afectar también, no sólo de ser afectados. Y lo interesante es que se observa en las narrativas de los activistas que ellas y ellos devuelven esta fuerza transformada en colaboración, en redes de apoyo, en solidaridad, entre otras formas de crear justicia e igualdad. Ellos cambian el mundo que les rodea, lo transforman con sus acciones, en un mundo mejor.

En su camino de resistir, los activistas han aprendido que, en esta red de poder y resistencias, mientras más ostentosas y confrontativas sean las formas de resistencia, el costo de resistir es más elevado y no necesariamente da mejores resultados. En las narrativas de los activistas podemos ver que la mayoría han aprendido a resistir utilizando mecanismos más estratégicos y sutiles. Tienen claro que su objetivo es lograr un cambio, su objetivo no es confrontar; por lo tanto, dirigen sus esfuerzos y configuran sus resistencias de modo tal, que funcionen de la mejor manera para lograr su propósito.

Las formas de resistencia que encontramos en las narrativas dejan clara la influencia del contexto social, económico, cultural en la configuración de las resistencias. Los activistas van adaptando sus resistencias a su contexto y a los recursos que tecnológicos y sociales que en cada sociedad se van desarrollando. Los autores Hardt y Negri (2004) dejan claro el carácter histórico y cambiante de las formas de resistencia, uno de sus principios rectores establece precisamente la correspondencia entre las resistencias y la producción económica y social. Los activistas van adaptando sus resistencias a sus contextos, entonces ahora vemos como hacen uso de redes sociales para alzar la voz, hacen énfasis en llevar a cabo acciones de visibilización, de difusión, participan en foros temáticos; todas estas acciones de resistencia son acciones sutiles, alejadas de lo confrontativo.

Conflicto de intereses / Competing interests:

Los autores declaran que no existió ningún conflicto de intereses.

Rol de los autores / Authors Roles:

Aidee Rodríguez-Veja: Conceptualización, curación de datos, análisis formal, investigación, metodología, recursos, software, supervisión, validación, visualización, administración del proyecto, escritura -preparación del borrador original, escritura -revisar & amp; edición.

Rocío Quintal-López: conceptualización, revisión y análisis de información, investigación, metodología, recursos, software, visualización, escritura y edición.

Claudia Salinas-Boldo: conceptualización, revisión y análisis de información, investigación, metodología, recursos, software, visualización, escritura y edición.

Fuentes de financiamiento / Funding:

Los autores declaran que no recibieron un fondo específico para esta investigación.

Aspectos éticos / legales; Ethics / legals:          

Los autores declaran no haber incurrido en aspectos antiéticos, ni haber omitido aspectos legales en la realización de la investigación.

Referencias

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