Revista revoluciones. (2022). Vol. 4 Num. 9. pags. 89-101

Revista revoluciones https://revistas.inudi.edu.pe/rr ISSN: 2710-0499 ISSN-L: 2788-0480 Editada por: Instituto Universitario de Innovación Ciencia y Tecnología Inudi Perú
Artículo original

Representaciones de la Independencia en las primeras celebraciones de las Batallas de Junín y Ayacucho en la ciudad de Trujillo

DOI: https://doi.org/10.35622/j.rr.2022.09.007

Resumen

En este artículo se hace una aproximación histórica a las representaciones de la independencia que se realizaron durante las primeras festividades por las batallas de Junín y Ayacucho a fines de 1824 e inicios de 1825, respectivamente, en la ciudad de Trujillo, en un contexto político de formación de las primeras representaciones nacionales del proceso. Se sostiene que, a pesar que éstas siguieron, en general, patrones de representación bolivariana, hubo un intento de apropiación simbólica de estas victorias militares por parte de los trujillanos; que, aunque en menor medida, llegaron a expresarla de manera indirecta en público y, por el contrario, abiertamente en privado.

INTRODUCCIÓN

En América, los países que se independizaron de la monarquía española en el siglo XIX crearon un calendario patriótico en el que se registraron los acontecimientos más importantes de este proceso y que, en adelante, debían ser conmemorados por los integrantes de sus respectivas naciones. Sin embargo, la celebración de estos aniversarios no generó necesariamente entre la población similares respuestas de entusiasmo e identificación con el acontecimiento elegido para ser el que represente un momento fundacional.

Durante los primeros años no gozaron de una amplia difusión, debido a que la independencia también trajo consigo disputas sobre cómo debería ser rememorada. Las diferencias regionales de cómo se relacionan con el poder, vigentes en el antiguo régimen, no desaparecieron con la república.

Más bien, en algunos casos, se agudizaron y, en otros, ya dentro de un nuevo escenario político, terminaron resolviéndose a favor de posturas centralistas de gobierno sostenidas por las ciudades económicamente más fuertes, que también habían tenido un status político principal durante el virreinato y que querían seguir manteniéndolo en el nuevo régimen. En el caso peruano, el centralismo se manifestó inicialmente de manera simbólica2, monopolizando la designación y jerarquización de las fechas conmemorativas y la elaboración de los símbolos patrios. Por ejemplo, el Himno Nacional no incluyó al norte entre sus líneas (tampoco lo aludió), pero sí se vio representado en el Escudo Nacional durante el periodo bolivariano, a través del árbol de la quina.

Este proceso inició tempranamente ─durante el protectorado de San Martín4─, aunque de una manera más elaborada cuando se instaló el Congreso de la República. Fue precisamente esta institución la que se encargó de convertir al 28 de julio (día de la proclamación de la independencia de Lima) en el aniversario de la independencia nacional y dejar sin efecto la clasificación conmemorativa similar que también poseía la proclamación de Trujillo, entre otros acontecimientos más. Sin embargo, este trabajo político-histórico quedó prontamente interrumpido a causa de la ocupación de Lima por el ejército español en 1823 y 1824 y posteriormente, por la presencia de Bolívar en el gobierno central entre 1825 y 1826. Estas acciones de centralismo simbólico volverían a ser retomadas en 1828, durante la presidencia de La Mar, quien establecería oficialmente la proclamación de la independencia de San Martín como la representativa del Perú.

Es así que, después de 1821, aún durante la guerra de la independencia, Trujillo fue representada desde Lima como una ciudad que, si bien se inclinó por la separación de España, no tuvo participación directa en el proceso general. A la otrora capital virreinal, la representación de agente activo le fue atribuida rápidamente por políticos e intelectuales que se encargaron de divulgarla como tal a través de la prensa. Mientras la guerra continuó, desde Trujillo no hubo respuesta simbólica inmediata a esta versión temprana de los acontecimientos, sino una vez consumada la independencia, aunque sin tener un carácter regionalista. Así, en 1825, el congreso de la república, con un número importante de políticos norteños entre sus miembros, procedió a cambiarla de nombre por “ciudad Bolívar”5 y, a diferencia de la forma en que conmemoraban el 28 de julio, las autoridades locales decidieron, por corto tiempo, exaltar las victorias militares de Junín y Ayacucho.

Pero no fue la abierta identificación de Lima con San Martín y el esfuerzo político-histórico emprendido desde esta ciudad para convertir la proclamación del general argentino en la representativa de la independencia nacional lo que provocó esta diferencia conmemorativa inicial; ya que, en ese momento, la capital peruana celebraba también la independencia bajo patrones de representación bolivariana (Ortemberg 2016). Los trujillanos, en los primeros años de la república, se identificaron con Simón Bolívar sobre todo porque este había elegido a Trujillo como capital provisional del Perú en 1824, le había otorgado una corte superior de justicia y una universidad, y había convertido al norte en su cuartel general para realizar la campaña final.

Aún no se han realizado estudios que analicen este aspecto del pasado trujillano, o el de otro ámbito regional a comienzos del periodo republicano; sin embargo, existen investigaciones dentro del marco nacional que, aunque abordando la ritualidad o cultura política, permiten comprender las tensiones regionales por la hegemonía del poder político. Especialmente, las manifestadas entre las narrativas locales sobre la independencia y la versión histórica de Lima sobre el mismo proceso, además de las primeras actitudes centralistas que algunas ciudades manifestaron en esos años. Pablo Ortemberg sostiene, por ejemplo, que si bien la ritualidad de la conmemoración de la independencia no fue innovada por el congreso antes de la batalla de Ayacucho, sí hubo un manifiesto interés por darle a esta un sentido nacional, pues se designaron también nuevas fechas conmemorativas oficiales y se intentó, después de 1824, convertir al aniversario de esta victoria en el más importante del Perú6. Una expresión de centralismo político que, según Carmen McEvoy (1996), inició años antes y quedó evidenciada a partir de la caída de Monteagudo a mediados de 1822 y, aún más, con la posterior salida de San Martín del país que posibilitó, como refiere Natalia Sobrevilla (2013), el acceso de la élite limeña a la dirección del estado.

En el gobierno de Bolívar, se intentó representar a la población peruana a través de ocho estrellas en la bandera (que era el número de departamentos que había); una muestra simbólica ─como sostienen Carlota Casalino y Rafael Sagredo (2006) ─, que tuvo un objetivo integracionista que no se había manifestado antes. Sin embargo, para Natalia Majluf (2006), la élite limeña construyó una nación a su medida a través de símbolos que representaran la riqueza natural peruana y no aspectos étnico-culturales o políticos que podrían generar contradicciones dentro de ella; así, la imagen del sol en el escudo creado por San Martín fue, años después, omitida por considerar que podía interpretarse como el dios de los incas y evocar, por asociación, a la conquista española. En 1825, entonces, la cornucopia, la vicuña y el árbol de la quina fueron elementos incorporados también con esta finalidad: la de configurar una imagen territorial de la nación peruana. Se puede decir que, durante los primeros años de la república, la élite limeña se apropió de los elementos simbólicos, elaborados en las etapas sanmartiniana y bolivariana, que le eran útiles en su objetivo de representarla de manera homogénea y alejada de conflictos interpretativos.

Una representación de la independencia que, buscando difundirla con la creación de estos símbolos patrios, se vio rápidamente plasmada en los discursos conmemorativos oficiales y también en la prensa estatal y privada7. Sin embargo, la población no rememoró necesariamente este proceso bajo los patrones de representación sugeridos desde el estado; las diferencias regionales y la débil política de la historia realizada desde Lima a comienzos de la república evitaron su influencia inicial a nivel nacional, aunque no su difusión parcial. En el caso de Trujillo, las representaciones sanmartiniana y bolivariana de la independencia se conocieron, en gran medida, a través de estos medios informativos; precisamente, el norte fue representado por la prensa estatal como agente pasivo del conflicto (Trujillo, 2021) y no tuvieron inicialmente, por lo menos desde esta ciudad norteña, una respuesta regional a esta influencia

En Trujillo, la proclamación del 28 de julio de 1821 pasó casi desapercibida, así como la conmemoración de su primer aniversario en 18229 y la de los años siguientes; contrariamente, la noticia de la victoria de Junín en 1824 provocó una celebración no convencional que contó con la participaron de las autoridades y la población.

Además, se representó discursivamente la independencia desde un punto de vista semejante al que se iba difundiendo desde Lima, debido a la presencia de Bolívar en el poder; meses después, a diferencia de la victoria de Junín, al momento de llegar la noticia de la victoria en Ayacucho, se planificó desde el cabildo y la prefectura una celebración. No obstante, la apoteosis conmemorativa de estos acontecimientos no impidió que se manifestara, de manera privada, una representación disidente a las principales: una representación regionalista opuesta a la bolivariana y sanmartiniana.

¿Cómo surgió en este contexto una representación de características regionales que no trascendió a la esfera pública? En este estudio, se intenta dar respuesta a esta pregunta a partir del análisis de las representaciones de la independencia realizadas con motivo de estas celebraciones. Entendidas éstas (las representaciones) no como puestas en escena (rituales), sino como imágenes del pasado configuradas a partir de las palabras (Chartier, 1996) y que tienen un carácter explicativo. En este caso, se escogen, puntualmente, las que son plasmadas en textos como: informes institucionales, reseñas periodísticas y cartas.

DESARROLLO

Las victorias de Junín y Ayacucho y la representación de la Independencia del Perú

Una vez concluido el proceso sudamericano de la independencia en la sierra peruana, lo que siguió a ello fueron las puestas en escena celebrando estas victorias militares en diversas partes del Perú. Sin embargo, Lima fue el centro donde se realizaron los más apoteósicos homenajes a los vencedores y, especialmente, a Simón Bolívar. Con la capitulación de los españoles en Ayacucho no solo comenzó una nueva etapa de gobierno independiente, sino una donde los protagonistas dejaron de ser San Martín y las festividades cívicas que impulsó o que se crearon durante su gobierno protectoral. El general venezolano ahora ocupaba el lugar central de la política peruana y, los aniversarios de estas dos últimas batallas, los de acontecimientos fundantes de la independencia nacional10.

El 27 de diciembre, Bolívar estableció formalmente por decreto las primeras medidas en homenaje a quienes participaron de esta última batalla. Entre las más importantes, estuvieron: denominar al ejército vencedor en Ayacucho como Libertador de Perú; a los individuos que la componían como Beneméritos en Grado Eminente; a usar el sobrenombre de Ayacucho para un cuerpo de cada arma del Perú y Colombia; a llevar los vencedores del 9 de diciembre una medalla con la inscripción Ayacucho; y a designar al general José Antonio de Sucre con el sobrenombre de General Libertador del Perú (de Quirós, 1830).

El congreso, por su parte, ante la negativa de aquel de continuar como dictador, decretó el 10 de febrero de 1825 ratificarlo en la dirección del gobierno peruano, disolviéndose hasta nueva convocatoria en 1826 (Basadre, 2000); también resolvió que se realizara una acción de gracias en homenaje a la república de Colombia por los servicios prestados al Perú; otro, en reconocimiento al senado colombiano por permitir que Bolívar viniera a este país y, finalmente, una acción de gracias al libertador como Padre y Salvador del Perú y al Ejército Unido Libertador por la independencia otorgada al Perú (de Quirós, 1830). Estas medidas tomadas por el congreso fueron una muestra del viraje simbólico que se dio en el Perú respecto al gobierno anterior.

Así, uno de los actos que más ejemplificó este cambio fue, como sostiene Ortemberg (2019), la erección de una estatua ecuestre de Simón Bolívar en la Plaza de La Constitución para perennizar su memoria cuando, unos años antes, había sido destinada a perennizar la memoria de San Martín. Sin embargo, fue la introducción de un nuevo calendario patriótico lo que en la práctica impulsó un cambio en las representaciones de la independencia en relación al período protectoral. El 1 de marzo de 1825 el congreso, con motivo de perpetuar en la memoria estos acontecimientos, decretó:

1.       Se declare todos los años una misa solemne de Acción de Gracias con Te Deum en las iglesias mayores en las capitales de departamento, el día 6 de agosto, aniversario de la batalla de Junín.

2.      El 1° de setiembre, aniversario de la primera entrada del Libertador en Lima.

Se celebrarán el 17 de diciembre en las mismas iglesias, exequias solemnes, por los defensores de la libertad, que murieron en las jornadas de Junín y Ayacucho. (de Quirós,1830: p. 72,)

A estos aniversarios se sumaron el cumpleaños de Bolívar, el 24 de julio; el día de San Simón, el 28 de octubre; y el de las exequias por los caídos en Junín y Ayacucho, el 17 de diciembre (Ortemberg, 2016). Pero hubo también celebraciones anteriores al establecimiento de este calendario; por ejemplo, la realizada en enero de 1825 en el Cusco, con motivo de la victoria de Ayacucho donde, además, se proclamó la independencia ante la presencia de los jefes del Ejército Libertador ¾meses después, en junio del mismo año, Bolívar se convertía en objeto de homenajes y celebraciones en esta ciudad, así como también en Arequipa¾. En Lima, por el contrario, las primeras fiestas por estas dos victorias fueron de carácter religioso; las grandes celebraciones se realizaron cuando se conmemoró en 1825 el primer aniversario de cada una de estas batallas.

El 10 de agosto de 1824, desde Cerro el ministro Sánchez Carrión envió una Orden Suprema, acompañando el parte de la victoria de Junín, en la que comunicaba al Gobernador Eclesiástico de la Diócesis de Trujillo la obligación de dar gracias al Señor de las Batallas. El documento llegó el 27 de agosto y al día siguiente el cabildo acordó se celebre el 1º de setiembre una misa solemne de acción de gracias por “por la interesante ocupación de Jauja por las Armas de la Patria”. Dos meses después el prefecto Luis José de Orbegoso dio a conocer otra Suprema Orden del 9 de octubre mediante la que ordenaba realizar solemnes exequias en la catedral por los caídos en Junín, así se fijó el 18 de noviembre para la realización de estos actos11.

Las representaciones de la Independencia en Trujillo durante las primeras celebraciones de las batallas de Junín y Ayacucho

La noticia de la victoria del ejército patriota en Junín llegó a la ciudad de Trujillo en la última semana de agosto de 1824 y fue recibida con entusiasmo por los sectores populares. Se desconocen los detalles de la celebración que se preparó para homenajearla12; sin embargo, se sabe que se realizó un convite que contó con la presencia del prefecto. Se tiene conocimiento también, gracias a la descripción que hizo el Nuevo Día del Perú en su edición del 26 de agosto, que el mismo día de la reunión los pobladores de Moche, Huamán y Mampuesto (pueblos de indios) se presentaron ante la autoridad departamental y le mostraron su regocijo por el resultado de la batalla. En este periódico, escrito por Hipólito Unanue y Félix Devotti, también se detallan algunos hechos que sucedieron ese día, como la decisión de las mujeres mocheras de presentarse con las manos amarradas con cintas ante el prefecto para que éste las liberara. Una vez cortados los lazos, las expresiones de dolor fueron remplazadas por canticos de alegría y vivas a Bolívar, la libertad y la Patria; luego, procedieron a acompañarlo a la casa donde Tristan, Bouchard y Cordova habían preparado un banquete y un recital de poesía.

Una característica que se aprecia en esta celebración es la exaltación que se hace de Bolívar antes que del ejército, conformado por un número importante de norteños; no consideran la victoria en Junín como un logro de sus habitantes, como años después lo plantearía Nicolás Rebaza13. La independencia (o más bien, los resultados de este proceso), no fue vista, en ese sentido, como un aporte de esta región, sino como algo distante, dado desde afuera: no hay en Trujillo una actitud regionalista de apropiación de esta victoria militar para entonces. El prefecto Antonio Gutiérrez de la Fuente tampoco mencionó al ejército patriota durante el homenaje, sino únicamente al general venezolano. Así, en la mesa, con motivo del brindis, expresó lo siguiente:

Las demostraciones sinceras de los Peruanos de Moche, Huamán y Mampuesto hacia el Libertador Bolívar, inspiran los más nobles sentimientos de ternura, y de compasión. Si el libertador estuviera presente tocando los trasportes, y los enajenamientos de gozo de estas inocentes víctimas que su espada vencedora acaba de rescatar de la servidumbre española; su alma sublime daría a estas expresiones todo su valor, y aún se creería anonadada y vencida con el peso de una tan inmensa gratitud. Presenciar el regocijo y el nacimiento de millares de seres que siente por vez primera su existencia, es un espectáculo arrebatador, y ser la causa de esta existencia es la obra más espléndida del poder humano. Señores yo propongo la salud del Libertador Bolívar y la dicha de los primitivos habitantes del Perú14.

Nuevamente, el objeto de homenaje, en esta oportunidad, es Simón Bolívar y los militares: la población norteña (y en general, la del Perú) solo es considerada agente pasivo del conflicto. Así lo considera el prefecto, por lo que, luego de mencionar que es un espectáculo arrebatador presenciar el regocijo y el nacimiento de miles de seres que tienen por primera vez existencia (se refiere a los habitantes de esos tres pueblos), sostiene que “ser la causa de esta existencia es la obra más espléndida del ser humano”; es decir, aparte de Bolívar, él (militar), que presencia aquellas expresiones de júbilo, es también la causa de que esta población sea libre. El norte, en esos años, era visto como un lugar de avituallamientos (Trujillo, 2021), y al parecer esta representación era también compartida por la autoridad departamental, aunque con extensión a todo el Perú.

Esta era una representación limeña difundida desde 1821 a través de la prensa, en un contexto de guerra por la independencia en el que desde el norte no hubo inicialmente una respuesta clara a estas primeras imágenes del proceso. Por ello, en esta ciudad, esta forma de verlo era también compartida en parte por sus habitantes, entre ellos autoridades locales. Así, por ejemplo, el 1 de setiembre de 1824 en la Catedral de Trujillo, durante la misa de acción de gracias por el primer aniversario de la entrada de Bolívar a Lima, el Gobernador Eclesiástico Carlos Pedemonte manifestó en su discurso lo siguiente: “Lleno el Perú por todas partes de recursos, abundante en tropas, rodeado de auxiliares, al frente de las armas buenos jefes, hombres de talento y de luz frente a sus consejos, manos honradas en la administración de sus tesoros”15.

Si bien se refiere al Perú como un lugar con recursos (materiales y humanos) para la guerra, lo cierto es que en el momento que lo dice el sur del territorio estaba aún bajo ocupación española, y también el centro antes de la batalla de Junín. En ninguna parte de su discurso intenta relacionar el proceso de independencia con el norte, para así atribuirle los resultados favorables de la guerra; excepto, tal vez, cuando más adelante dice: “Justicia y paz, que han ido a comprarnos con su sangre nuestros bravos guerreros […]”16. En este caso, implícitamente, alude al norte como el punto de partida: el lugar desde donde marcharon hacia la sierra central. Sin embargo, en esta oportunidad, al igual que durante el convite por la victoria en Junín, el personaje principal que resalta el eclesiástico es Simón Bolívar.

Refiriéndose a su participación en esta batalla, sostuvo: “Bolívar se arroja al centro del peligro, digámoslo mejor: el rayo de la guerra serpenteando entre todos los cuerpos todo lo inflama, todo lo electriza: al trueno de su voz los ánimos caídos recobran el aliento […]”17. Del mismo modo, también Luis José de Orbegoso, prefecto departamental18, destaca la participación del general venezolano, cuando, en una misiva, le dice a Pedemonte:

La oración que se dignó V.S. pronunciar en la Iglesia Catedral el día 1° del corriente cuando se dieron gracias al eterno por la victoria que alcanzaron nuestras armas en Junín bajo la dirección del genio Libertador, es muy propio de la energía de su alma […]”19.

Meses después, a fines de diciembre, llegó la noticia de la victoria patriota en Ayacucho20, por lo que se decidió realizar una corrida de toros en su homenaje (Castañeda, 2021). Una práctica común para celebrar acontecimientos importantes que durante el gobierno de San Martín había sido prohibida y que con Bolívar volvió a ser retomada, dada su permisibilidad (Ortemberg, 2016). Pero, en esta ocasión, desde la prefectura, la representación de la independencia que se realizó con motivo de esta celebración fue, inicialmente, diferente a las manifestadas durante los homenajes por los resultados favorables en Junín. No fueron Bolívar ni los norteños (aludidos éstos últimos por Pedemonte) quienes fueron asumidos, esta vez, como agentes de la independencia, sino únicamente Colombia; así, al presentar la lista de vecinos aportantes para la fiesta taurina en febrero de 1825, se afirmó: “[…] en celebridad del grande éxito del Ejército Libertador de Colombia que felizmente […] terminó la guerra en Ayacucho el 9 de diciembre de 1824”. Sin embargo, más adelante, al hacer la lista de comerciantes que contribuyeron económicamente a la corrida de toros, se replantea esta afirmación, introduciendo a Simón Bolívar; y se sostiene:

[…] por los dichos días de corridas de toros y fuegos artificiales q.e se han de hacer en la Plaza General de la Catedral en obsequio del buen éxito de S.E. el Libertador de Colombia y Reconquistador de nuestra Libertad en la feliz batalla del 9 de diciembre21.

Por su parte, el consejo municipal, a mediados de diciembre, al tomar conocimiento de la victoria patriota en Ayacucho, acordó dar “[…] las gracias a S.E. el Libertador de Colombia y del Perú por medio del Señor Ministro por el beneficio que acaba de recibir la República del Perú de su Libertador ganada en la gloriosa batalla de Ayacucho” (Santisteban, 1968, p. 128.). Es decir, al igual como había sucedido en la prefectura, solo el general venezolano fue representado como el autor de la independencia peruana. Sin embargo, en este contexto, se manifestó también públicamente, aunque de manera ambigua, una apropiación de las victorias de Junín y Ayacucho por parte de los vecinos trujillanos cuando, al momento de decidir sumarse a las celebraciones generales con el financiamiento de seis corridas de toros, le expresaron al prefecto: “Tenemos el honor de hacer presente a V.S. que deseosos de concurrir al regocijo general y en celebridad de los gloriosos triunfos de nuestras armas terminando pa siempre la guerra sangrienta en que estábamos envueltos [ las cursivas son de los autores] […]”22.

Así, si bien se destacó públicamente a Simón Bolívar y al ejército colombiano como agentes de la independencia23, y se manifestó de manera poco clara expresiones de regionalismo norteño, lo cierto es que en el ámbito privado se manifestó algo diferente. La apreciación de los acontecimientos no fue necesariamente unánime entre los trujillanos, a pesar que predominó en la ciudad una representación de los hechos donde el general venezolano fue el protagonista de las victorias militares que consolidaron la independencia. Por ejemplo, fray Anselmo Vargas, en una carta dirigida al Vicario de Piura Tomás Diéguez el 30 de diciembre de 1824, a tres semanas de la batalla de Ayacucho24, le manifestó:

El 28 […] llegó el pormenor, y tenga q.e la satisfacción, q.e así como nuestra tierra ha sido la q.e materialmente ha dado la libertad al Perú, puede q.e en parte alguna se celebre con más entusiasmo ni sin haber cesado desde aquella hora […]. Era necesario ser testigo para concebir las cosas pues de otro modo, ni se le pueden pintar, ni el que no las vea comprender […].

Este punto de vista de carácter regionalista sobre la victoria patriota en Ayacucho contrastaba con las que públicamente se manifestaban; se apartaba completamente de los patrones de representación bolivariana de la independencia que predominaron en estas primeras celebraciones. Pero, contrariamente a lo que se hubiera esperado, en 1825, Simón Bolívar diría ante el Congreso que fue el norte la región que le dio la independencia al Perú (Rebaza, 1898) y no él o el ejército colombiano. Sin embargo, los trujillanos respondieron fortaleciendo su apego inicial al general venezolano y no haciendo suya la interpretación que realizó, tanto así que cambiaron de nombre a la ciudad de Trujillo por ciudad Bolívar, por lo que la representación regionalista quedó circunscrita al ámbito privado.

Finalmente, con el retiro de Simón Bolívar del Perú y con su reputación venida a menos en este país, los trujillanos no solo volvieron a designar a su ciudad con su antiguo nombre, sino que se apartaron públicamente de aquella representación de la independencia. Muchos años después, a fines del siglo XIX, las representaciones bolivariana y regionalista de la independencia serían rescatadas del olvido por el magistrado Nicolás Rebaza con la publicación de su libro Anales del Departamento de La Libertad en la guerra de la independencia, donde pondría énfasis sobre todo en la segunda.

CONCLUSIONES

En Lima, las celebraciones apoteósicas por las victorias conseguidas en Junín y Ayacucho se realizaron en 1825, para la conmemoración del primer aniversario de estas batallas. Este año se creó un nuevo calendario cívico donde estos acontecimientos adquirieron la categoría de aniversarios fundacionales de la independencia, al igual que el 28 de julio. En celebraciones previas, inmediatas a los acontecimientos, en ciudades como Ayacucho, Cusco y Arequipa, se exaltó a Simón Bolívar, pero también a su ejército y sus generales; en Lima, mientras tanto, las primeras acciones celebrativas fueron de carácter religioso y tuvo nuevamente a Bolívar como la figura principal. La representación bolivariana fue común en ese contexto a nivel nacional, pero con matices regionales en el modo de manifestarla; y Trujillo no fue la excepción. Sin embargo, a pesar de ello, en esta ciudad, si hubo una representación distinta, de carácter regional, que asomó entre aquélla que gozaba de mayor masividad.

Las primeras celebraciones de las batallas de Junín y Ayacucho en Trujillo se caracterizaron por tener a Simón Bolívar como el agente principal de ambas victorias militares, a pesar de no haber participado de esta última batalla. Así, en los homenajes de Junín, fue el general venezolano el personaje aclamado por los sectores populares y por las principales autoridades políticas y religiosas locales. Excepto por la alusión que hizo el Gobernador Eclesiástico Carlos Pedemonte, en su discurso del 1 de setiembre de 1824, a los norteños peruanos como agentes del resultado favorable a la causa de la independencia en la sierra central, no hubo explícitamente, por parte de éstas, mención a alguien más ni explicaciones diferentes fuera de los patrones de representación establecidos a nivel nacional.

Durante la celebración de la victoria de Ayacucho se volvió a destacar al Libertador como el hacedor de la independencia, así como al ejército colombiano; sin embargo, en este contexto, de manera privada, se dio a conocer una representación regionalista del proceso de independencia donde el norte fue considerado el sujeto colectivo que había dado la libertad al Perú.

Consideraciones éticas y financiamiento Conflicto de intereses / Competing interests:

Los autores declaran que no incurren en conflictos de intereses.

Rol de los autores /Authors Roles:

No aplica.

Fuentes de financiamiento / Funding:

Los autores declaran que no recibió un fondo específico para esta investigación.

Aspectos éticos / legales; Ethics / legals:

Los autores declaran no haber incurrido en aspectos antiéticos, ni haber omitido aspectos legales en la realización de la investigación.

Referencias

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