Revista Innova Educación. (2019). Vol. 1 Num. 4. pags. 546-565

Revista Innova Educación https://revistas.inudi.edu.pe/rie ISSN: 2664-1496 ISSN-L: 2664-1488 Editada por: Instituto Universitario de Innovación Ciencia y Tecnología Inudi Perú
Artículo original

Escuela primaria con violencia desde la tríada: el uno-el otro y las cosas

DOI: https://doi.org/10.35622/j.rie.2019.04.009

Resumen

La investigación gira en torno al propósito de comprender desde la triada el uno-el otro y las cosas las realidades presentes en una escuela primaria venezolana inmersa en comunidades con diferentes niveles de violencia. Se utilizó el método de la fenomenología hermenéutica, con entrevistas focalizadas y análisis de contenido, surgiendo categorías y triangulando la información.  Los hallazgos desde el Otro son: violencia cultural, intolerancia y reconocimiento de la diversidad, desde las Cosas: Valores y Rol del docente y la Familia y desde el Uno: Cultura y Valores ancestrales, Comunicación afectiva. Se concluye que está presente la violencia intrafamiliar, cultural y escolar en tanto que moldean al joven en un ciudadano agresivo e intolerante. El reconocimiento del rol de la familia y del educador como promotor de los principios de paz, desde una ousía de sus acciones, se constituyen en un reto de práctica de paz, entonces la postura del común social se enmarca en una violencia colectivizante de la dominación de las cosas.

1. INTRODUCCIÓN

Aproximarse a la comprensión de la realidad en el aquí y en el ahora, desde la experiencia misma en el contexto, sus vivientes y complejas acciones que diariamente se dinamizan en el paisaje con lenguajes cuyas connotaciones se elevan en el juicio valorativo de nuestros pensamientos por el contraste entre el deber ser y el ser, tamizan las ideas del objeto de estudio desde una cosmovisión llena de controversias, donde los momentos de la historia comunitaria devela el tejido de significados y relaciones entre los miembros que cohabitan en un lugar y hacen vida en la escuela (Cáceres, 2014; Redondo, 2016).

La vida cotidiana de la escuela es el reflejo y anticipación de movimientos históricos que se han desarrollado en la sociedad y que se han expresado en ella, antes de que se cumplan a nivel macroscópico (Ezpeleta y Rockwell, 1983), por lo tanto, podemos afirmar que la institución escolar es producto de todos los sectores involucrados en ella, síntesis de prácticas y concepciones generadas en distintos momentos del pasado, cuya apariencia no es homogénea ni coherente. Las diferentes culturas que integran las instituciones educativas van construyendo su conciencia individual y social, en el exterior del ser humano, en la cultura, permeando las distintas esferas ideológicas y de grupos sociales. Desde allí se incorporan a la conciencia del sujeto, a través de su práctica comunicativa (Copertari y Fica, 2005).

En esta perspectiva, la educación tiene, según lo expresa Hanna Arendt (1993), la misión de mediar entre el niño y el mundo, de esta manera puede permitir que el primero se integre en el segundo, minimizando el riesgo de rechazo que existe naturalmente entre ambos. Esta integración, que pasa también por formar parte de los grupos de personas que ya son parte del mundo, es decir, los adultos, implica para el educador hacerse responsable del uno y del otro, en cuanto a que su tarea como mediador entre ambos (niño y mundo) va a determinar la manera cómo éstos se relacionan y sus expectativas de sostenimiento. De ahí su autoridad y su gran responsabilidad. El educador es entonces un ser privilegiado en la construcción no sólo de la cultura, sino, como consecuencia de ella, de la sociedad, de la manera cómo sus alumnos ven al mundo, de las distintas perspectivas con que interpretan a este mundo, a la sociedad y a su existencia social e individual, otorgan un orden a su convivencia naturalmente gregaria (Bustamante, 2006).

Este imaginario social, el cual invitamos explorar, permitirá encontrarnos con la cotidianidad de la institución, que se coloca en evidencia desde la convivencia permanente de sus estudiantes, docentes y representantes, aunado al estado de una infraestructura deteriorada y frente a una comunidad que aislada del sentir de su escuela, comunica desde su lenguaje subliminal los sonidos de la violencia, desde el rumor del muerto, producto de la delincuencia, del vecino que practica actividades ilícitas, del robo a la institución con anuncios de celebración por los hechos logrados, cosas que muchas veces el estudiante que asiste allí, sencillamente representa esa realidad desde su lenguaje. Ante esta descripción vale la pensar acerca del significado de la paz estructural, ¿es congruente encontrar paz desde una cultura de la violencia en su comunidad?; claro está, el ser humano es un complemento en su contexto, es quien convive con las vicisitudes del ambiente y sus diferentes manifestaciones, de factores que se materializan en una multiplicidad de necesidades, como la necesidad de armonizarse con su propio ser, existiendo en el centro escolar una condición no menos relevante como es el nivel de socialización de los actores y coactores del hecho educativo, pues expresan en sus discursos “la escuela deprime…”.   Una depresión colectiva que se materializa en el campo docente, administrativo, operativo, familiar y comunitario, pero ¿Cómo se ve manifiesta? Desde el inicio de la jornada escolar se evidencia una actitud apática del colectivo socioeducativo, donde los actos cívicos que implican respeto, gestos de solidaridad y compromiso se observan mecanizados en una dinámica de entonación repetitiva del himno nacional, frente a docentes que hablan discretamente mientras que algunos niños lo cantan en una repetición de fonemas sin sentido y algunos educandos sencillamente hablan y muestran una postura desafiante ante un grupo de representantes que sencillamente hablan en voz alta, muestran una actitud de festín social entre carcajadas y comentarios que ante una atmósfera de la norma son perfectos aisladores de los valores, que desde ese momento se debe fomentar en los escolares.

Así mismo, al inicio de la jornada entre ruidos, gritos y ansiedades sociales por la ausencia de los docentes que no asistieron a su compromiso laboral, por razones de salud o personales, el caos administrativo se manifiesta ante el delirio de “repartir” a los niños a otros docentes, con el aparente principio de la solidaridad abnegada ante el fenómeno del amiguismo que irrumpe en la selección y aceptación de quienes con su matrícula admiten sin antes preguntar ¿de qué docente son estos niños?.

En este sentido, la idea expresa de educación para la paz se presenta, de manera consciente o no, en una ontología del discurso mostrando su esencia como esa oportunidad de develar la necesidad propia de activarla, en todas sus dimensiones y manifestación del continuo humano social. Entonces, bajo la premisa “mundo de incertidumbre”, la violencia toma significado emocional e intelectual que rebosa en el principio inequívoco de desarrollar una cultura de la paz del uno, del otro y de las cosas.

Cada uno desde su lugar le corresponde, frente a esta realidad que se presenta caótica y sumida en una profunda crisis ética, asumir una actitud de respeto y tolerancia hacia la diversidad, condenando todo tipo de prácticas etnocéntricas y actos violentos. La tolerancia conlleva una actitud caracterizada por el esfuerzo para reconocer las diferencias y comprender al otro, es decir, reconocer su derecho a ser distinto (Martínez de Pisón, 2001; Copertari y Fica, 2005).

La problemática de la violencia se ha constituido en una preocupación central al interior de la sociedad y de la escuela en particular. La violencia escolar, muchas veces producida también por la situación de violencia familiar que padecen los estudiantes, y que obviamente dejan sus marcas en la vida escolar, como así también la violencia generalizada en todo el tejido social, ha adquirido un valor de síntoma social junto a otros sucesos de la infancia y la adolescencia, como son: la situación de los chicos “de” o “en” la calle, el consumo indiscriminado de drogas, la prostitución infantil, la mala alimentación, la explotación, la pobreza, entre tantos otros (Núñez Hurtado, 2001).

Por ende, ante esa orquesta natural que involucra al ser humano en su mismidad y lo invita subliminalmente hacia los caminos de la otredad, invita a encontrarse frente a destellos  filosóficos como acota Aristóteles con su idea de “Todo lo que se mueve es movido por otro”, lo cual permite el reconocimiento de una existencia propia, de fuerzas internas que sin duda están en un constante hacer de vida, bien sea en la búsqueda de su ataraxia o en su propia negación de ser social.

En esta perspectiva, la importancia del contexto de investigación en este transitar introspectivo-vivencial, se debe a que representa el escenario en el cual se desarrolla el fenómeno, cual prisma de hechos y acciones en donde los sujetos de investigación, desde la otredad, despliegan caminos para la interpretación, lo que sin duda implica una arista importante que desde esa dialógica contexto - realidad configura una pista significante de este viaje emprendido.

La columna epistémica que sostiene las ideas y paisajes de pensamientos expresados por los sujetos de investigación, en relación con la cultura de la violencia en comunidades deprimidas socialmente, implica el engranaje teórico sistémico de quienes en su oportunidad presentaron su mirada al fenómeno desde sus diferentes dimensiones y contextos de vida. Al aparecer el conflicto entre las partes puede generar en violencia, es decir, el conflicto no siempre detona el ejercicio de la violencia, pero regularmente donde hay violencia existió un conflicto no resuelto por vías pacíficas (Galtung, 2003). Visto de esta manera, la violencia debe ser entendida en su carácter procesual, ya que ni las relaciones de poder ni los conflictos suelen ser inmutables; por el contrario, se transforman constantemente y con frecuencia escalan y se desgastan (Chávez, 2017).

Desde esta configuración, Álvarez-García, Dobarro, Rodríguez, Núñez y Álvarez (2013, p.200), sostienen que “Son muchas las posibles manifestaciones de la violencia en el ámbito educativo. Entre ellas, destacan la violencia física, la violencia verbal, la exclusión social y la disrupción en el aula”. Una de las claves en el desarrollo de un comportamiento social apropiado en el niño es su progresiva interiorización de límites de conducta o normas de comportamiento.  Son la expresión de los valores de quien las propone y las hace cumplir. El periodo comprendido entre los 10 y los 12 años, que se corresponde con el final de la Educación Primaria, es un momento especialmente relevante del desarrollo social y moral. En esta edad el niño deja progresivamente de entender las normas como algo dado externamente, impuesto unilateralmente por el adulto, que simplemente debe ser obedecido, para pasar a entenderlas como algo discutible, de acuerdo con unos valores propios que el niño progresivamente se va formando. No obstante, esta transición no es fruto de un proceso endógeno, sino de una construcción activa por parte del niño y situada en el entorno cultural en el que se desarrolla. Los autores refieren que la violencia escolar tiene un carácter complejo y multicausal, por lo que su aparición no sólo depende de las medidas puestas en marcha por el centro educativo, sino también por otras múltiples variables.

Evidentemente, que comprender la manera en que los niños y niñas perciben su realidad va mucho más allá de investigaciones empíricas; por tal razón, el estudio de Álvarez et al (2013) es continuado en otras investigaciones de los mismos autores que siguen aportando información respecto a la violencia escolar, la agresividad o los conflictos escolares. El desarrollo de valores es un constructo muy amplio y que aun cuando está incluido en lo concerniente a violencia escolar, no la define ni la delimita. Por ello, es importante el aporte de investigaciones de corte cualitativo para ir manejando la epistemología del constructo o su estado del arte.  

En este sentido, Merma-Molina, Ávalos Ramos, y Martínez Ruiz (2019, p.561) sostienen que “uno de los grandes problemas de la educación española es el incremento de la conflictividad y de la violencia dentro y fuera de los centros escolares”.  Planteándose como objetivo, analizar y evaluar los planes de convivencia que se están implementando en centros de Educación Secundaria en España. Los hallazgos evidencian que la única fortaleza de los planes de convivencia es el adecuado planteamiento de los objetivos, mientras que las debilidades son el diagnóstico, que no refleja la realidad personal, familiar ni el entorno social del alumno; la inadecuada temporalización de las actividades; la falta de responsables y el deficiente seguimiento y evaluación. Se concluye que es necesario un enfoque holístico, práctico y realista de la convivencia en los centros orientado al cambio en la cultura escolar. Esta referencia evidencia que aun en tiempos contemporáneos, con mucha información y esfuerzos por la calidad de la educación, en cualquier país sea del primer o tercer mundo, existen problemas en las escuelas en cuanto a conflictividad y violencia escolar.

De igual manera, Domínguez, Álvarez y Vázquez (2017, p.337) plantean que “las causas que han originado la violencia en los centros educativos son muy diversas y a menudo interrelacionadas”. Analizaron la capacidad de predicción de las diferentes dimensiones que conforman el constructo violencia escolar. Los resultados sugieren que ésta se puede predecir en mayor medida por las dimensiones: violencia del alumnado hacia el alumnado y violencia del alumnado hacia el profesorado y amenazas entre estudiantes. Esto muestra la importancia de incluir la violencia del alumnado en los programas de prevención de la conflictividad en los centros educativos. Los autores señalan que, a pesar de los cambios educativos y normativos realizados en los espacios educativos, los hechos de violencia escolar han impactado de manera importante. Las conductas violentas surgen de un ejercicio de dominio a través del uso de la fuerza y se dan en contextos de desigualdad y desequilibrio de poder, que puede acrecentarse en los centros educativos.

El tema de la violencia escolar, ha sido conceptualizado de distintas maneras por diversos autores, aun cuando tiene múltiples formas de manifestarse, pero posee como denominador común, en la mayoría de los casos, la desigualdad, aun cuando este aspecto se trate de manera discreta, bien sea por no abordar conscientemente ese factor negativo de la sociedad o por no querer profundizar en ello, asunto tan delicado en materia de Derechos Humanos. Queda a juicio del lector su consideración al respecto. 

Por otra parte, Cooley-Strickland, Griffin y Furr-Holden (2011) revelan en su investigación la exposición a la violencia crónica en la comunidad, en tanto se centra en las minorías étnicas y en los colectivos más pobres y azotados por la delincuencia, mientras que los programas de tratamiento y prevención se centran en los perpetradores de la violencia, y no en los adolescentes, que son sus víctimas directas o indirectas. Estos autores precisan de más investigaciones longitudinales basadas en muestras amplias y representativas de niños expuestos a distintos niveles de violencia en sus comunidades. El objetivo es explicar los fundamentos de este ámbito de investigación y los retos a los que se enfrenta, y promover la intervención e investigación acerca de los efectos de la violencia crónica en los vecindarios. El impacto que tiene en la salud pública vivir en comunidades violentas es importante, en especial en el caso de los niños y adolescentes.

Esta referencia es, para los autores de este artículo, sumamente relevante por cuanto precisamente se centra en el estudio realizado en una escuela primaria con violencia desde su entorno, con alto riesgo de exposición a ella en su comunidad, más aún en tanto y cuando está deteriorando su capacidad de desarrollarse adecuadamente y lograr buenos resultados académicos.

Desde otra óptica, Cerezo (2011) plantea que el aumento de la desmoralización del profesorado en Zaragoza (España) al ver como sus intentos por hacer del aula un lugar de socialización positiva, son escasamente secundados por los padres y especialmente por los propios alumnos, hace pensar que se trata de colectivos desconexos ante un tema que debería aunar intereses y esfuerzos, especialmente cuando estos conflictos dan un salto cualitativo, y pueden ser calificados de violencia o maltrato escolar, allí se hace evidente la ausencia de acuerdo entre escuela y familia.

Estudios previos del mismo autor (Cerezo et al, 2010), han puesto de manifiesto la falta de comunicación entre familia y escuela, planteándose analizar hasta qué punto las familias están conformes con las actuaciones concretas ante los problemas graves de disciplina, adoptadas en los centros escolares a los que acuden sus hijos.

Esta autora ha realizado muchas investigaciones acerca de la conflictividad escolar, violencia en las aulas, agresividad entre escolares, ciberbullying, agresividad social entre escolares, entre 1992 hasta 2016 aproximadamente, destacándose en sus análisis y propuestas en esta temática, por lo cual sus trabajos son reseña obligada al tratar los temas mencionados preferiblemente en espacios escolares.

Por otra parte, Arce, Seijo, Fariña, & Mohamed-Mohand (2010), mostraron que los menores mexicanos educados en condiciones de riesgo social alto, adquieren una menor competencia social y más comportamientos delictivos. La socialización en un ambiente de riesgo social priva el crecimiento del autoconcepto social y familiar, dado que el autoconcepto familiar se relaciona con comportamientos prosociales, tales como la participación activa en la resolución de conflictos, esta característica del autoconcepto no protege a los menores de ambientes sociales de alto riesgo ante comportamientos antisociales. Por el contrario, los menores de alto riesgo de desviación social, al presentar un menor desarrollo del autoconcepto familiar, participan de una vulnerabilidad genérica que los predispone a la adquisición de comportamientos antisociales y otros problemas conductuales (la falta de apego a la red social primaria, la familia, se sustituye por un apego a otras redes de mayor riesgo como los iguales; en este contexto, de riesgo). De igual manera, los menores de alto riesgo social evidencian un infradesarrollo en la atención, claridad y reparación emocional, esto es, en la inteligencia emocional.

Indudablemente, algunos planteamientos de estos autores precitados fueron aportes importantes para la investigación que los autores de este artículo tomaron en cuenta, en tanto se abordaron constructos que permitieron revelar aspectos que distorsionan y dificultan la comprensión de los jóvenes y las familias en una comunidad de altos riesgos insertos en el contexto escolar estudiado.  

Todas las referencias consultadas formaron parte importante para los procesos de contrastación que a lo largo de la dialógica del fenómeno fue generando otros niveles de comprensión e interpretación del mismo; por ejemplo, el argumento central del estudio de Alvarado (2017) es que la cultura de paz en los centros educativos podrá calar en la vida de las personas cuando la paz sea una vivencia cotidiana dentro de las aulas. El documento presenta una reflexión respecto de los retos para la formación de docentes, quienes deberán prepararse para enseñar a las nuevas generaciones a enfrentar el conflicto sin violencia y a desarrollar una forma distinta de mirar las diferencias entre las personas y las sociedades.

Así mismo, Lamas (2017) plantea que el pensamiento y la acción mediadora del docente de Educación Primaria deben estar centrados en la cultura de convivencia escolar, además añade que el diálogo concreta el acercamiento humano, otorgando la confianza necesaria, valorando las necesidades del otro, estableciéndose de esta manera las relaciones fluidas de comunicación eficaz en los centros educativos y en las familias, por lo tanto, es un aval de concreción estratégica para la cultura de convivencia en paz.

Por ello, a lo largo de un viaje a través del tren de la interpretación en los rieles del piso epistémico de los textos revisados y trabajos de investigación tales como los mencionados, además de los estudios  de  Bautista en el 2011, Goleman (2006), Hoffman (2010),Misle y Pereira (2011) y Stamateas (2012), de cierta forma permitieron un encuentro con la idea de investigación, siendo importante señalar que hablar de cultura de la paz en el contexto de la educación y desde la esencia de sus actores constituidos por la triada estudiante-docente- familia, la ocupación científica del mundo o del contexto internacional circunda en la importancia de socavar la violencia en todos sus niveles, formas y tipos, sin embargo de acuerdo a la cohesión de las formas de comprensión desde las ideas expresadas por los autores consultados, la violencia tiene su génesis en el inicio mismo de la vida, pero ¿cómo entender este fenómeno hacia el paso de las luces que puede generar una visión caleidoscópica del asunto?.

En este sentido, Copertari y Fica (2005) describen perfectamente la realidad de la crisis de la educación, en tanto y cuanto el crecimiento de la violencia (real o simbólica), que no escapa a lo que sucede en otros escenarios socio-culturales, es una problemática compleja y multicausal donde se entrecruzan cuestiones que tienen que ver con el sujeto y sus vínculos, con las instituciones y las problemáticas socio-políticas y económicas, que se traducen en un malestar cultural. Tal y como sucede en el escenario estudiado en una escuela venezolana, tan parecida a otras escuelas de nuestra América y otras latitudes.

En concordancia con lo señalado, es una paradoja encontrarse con documentos elaborados para la paz, en un mundo donde la guerra es un negocio, esta curiosidad que abriga las inquietudes en esta indagación, nos acerca a la criticidad de las cosas desde la praxis misma de la existencia, por tanto lo afirma Bauman (2004, p.37) quien dice “Nuestras ciudades son metrópolis del miedo” , donde las luchas sociales emergen desde necesidades comunes que muchas veces se ven fragmentadas por las diferentes direcciones en que empujan las creencias y los valores de los individuos, estando en la afirmación antes señalada sobre la creencia de las acciones bélicas como negocio, en tanto epicentro de la ausencia de la cultura de la paz. En palabras de Chávez Gonzáles (2017, p.816), “la coincidencia entre todas estas investigaciones reside en entender la violencia escolar como un tipo de violencia social que se caracteriza por enmarcarse y producirse en un contexto institucional educativo.”

Desde la dialogicidad en la realidad misma buscamos introducirnos en esos factores de cambios ocultos que señala el autor precitado, debido a que desde el fenómeno de estudio las dinámicas sociales de la relación trialógica estudiante-docente-familia son mutlidiversas en sus esencias de proyección de vida, donde la convivencia se traduce muchas veces en un caleidoscopio de emociones, expresiones y acciones que se materializa en un ser humano complejo. De manera tal que, tamizando los aportes investigativos de los diferentes autores reseñados en el trabajo, asumimos cómo el universo científico social sigue hurgando los vestigios de la vida en sus diferentes escenarios, no obstante, a la luz de los significados encontrados, es necesario hacer vida de ellos, en un intento de socavar los espacios repletos de esfuerzos humanos, que en la búsqueda de comprender la complejidad del ser y del otro, se unge de ceguera colectiva pero sigue allí, en un letargo de aprehensión y socialización humanizadora de los valiosos hallazgos encontrados.

En el mismo orden de ideas, el papel de la familia es además un catalizador del entorno en sus innumerables bombardeos desde las interrelaciones del día a día, está en ella el eje comunicacional de la horizontalidad de las cosas, el centro de la axiología como columna vertebral del individuo de hoy, en ella se confluyen los valores sociales, colectivos, individuales y espirituales como un todo integrado, no hay fragmentación por la cotidianidad de sus eventos recursivos del apego permanente.

De tal manera, que en el aquí y en el ahora, la familia requiere resignificarse y emplear las herramientas del afecto como un puente hacia una cultura de la paz que bien puede multiplicarse desde el ejemplo, entendiendo el asunto como un acto responsable de accionar con conciencia, para así dar respuesta en cada uno de los significados que se presenta en la vida misma. La familia tiene que pasar a ser un cuerpo liberador del ser humano, un punto de vuelo en el que no existe cielo sino un infinito mundo por conocer y deconstruirse en su construcción misma.

En esta misma perspectiva, Piñeiro, Arense, y Cerezo (2013) analizaron la relación entre variables referidas a la familia, la violencia, la calidad de las relaciones, su estructura y variables sociodemográficas, con los roles de agresor y víctima en adolescentes en el contexto escolar. Señalan que la familia es el contexto más inmediato e importante de desarrollo del individuo y el principal agente socializador y educativo, pudiendo, en determinadas situaciones, favorecer el desarrollo de conductas violentas. Entre las variables que se señalan como más influyentes, se destacan la calidad de las relaciones paterno-filiales, la estructura familiar y las variables sociodemográficas y de la estructura familiar. La calidad del clima familiar se ha relacionado directamente con el desarrollo de la empatía, la actitud hacia el profesorado y la escuela como figura e institución de autoridad formal, así como con la prevención del comportamiento violento del adolescente en la escuela.

Estas variables mencionadas por los autores precitados fueron parte del sustento para conectar su estudio con el nuestro, es decir, apoyaron la ruta de imbricar la familia, el contexto comunitario y el desarrollo del individuo (educando-escuela) en un artefacto denominado “uno-los otros y las cosas” en tanto estudio de los actores en contextos con signos de violencia.

Por otra parte, Cruz (2008) encontró en su investigación que los conflictos con violencia se presentan en diferentes escenarios de la actividad humana: la familia los centros escolares, la barriada la comunidad los espacios laborales, deportivos de los centros urbanos y del campo. Quienes accionan la violencia en gran medida son los jóvenes. Por otra parte, Guzmán (2011) realizó un estudio acerca de la Educación para la paz como alternativa frente a la violencia intrafamiliar y sus hallazgos muestran episodios de violencia donde abundan las agresiones verbales, psicológicas y físicas. Esta realidad se caracteriza por una creciente dificultad de poder ver al otro como un semejante, ya que la intolerancia hacia las diferencias es cada vez más profunda. La sensación inmediata es que es más lo que nos separa del otro que lo que nos une. Se suma a esto, por otro lado, que tanto niños como adolescentes, llegan cada vez más desprotegidos, con serias marcas en la constitución subjetiva, producida por las heridas que en su vida han dejado la violencia familiar y social de diverso signo, demandando espacios escolares de contención, escucha y de ser posible “pronta solución” a sus problemas.

En este sentido, la investigación gira en torno al propósito de comprender desde la triada el uno-el otro y las cosas las realidades presentes en una escuela primaria venezolana inmersa en comunidades con diferentes niveles de violencia, al preguntarnos: ¿Cómo es el panorama de la tríada “uno-los otros y las cosas ante el fenómeno de la violencia en su entorno? ¿La realidad construida por cada sujeto de acción representa su visión, su mundo, su imaginario social?

2. MÉTODO Y MATERIALES

La postura metodológica fue de corte cualitativo a través de una investigación fenomenológica hermenéutica durante 2016-2017, la cual incluyó la realización de recorridos de campo (visita a las familias de la comunidad), observación directa, entrevistas focalizadas y conversaciones informales en una escuela primaria con niños de 10 a 12 años. En este sentido, también implica el seguimiento metodológico que suscribe la interpretación, dado que en el subyacen el contexto, el elemento social y cultural, como premisas inherentes de la experiencia de vida de los mismos.

Los sujetos significantes o informantes clave se seleccionaron de acuerdo a un conjunto de criterios que atiende a las características necesarias para ser parte esencial del proceso de investigación, en términos de la temática que atiende al constructo del fenómeno de la violencia en su entorno escolar y comunitario. El informante 1 (el Otro) fue un profesor de Educación Integral mención deporte, quien ha asumido cargos públicos como sub-director encargado del Centro de Apoyo al niño, niña y adolescente en el Municipio Linares Alcántara, así mismo asumió el cargo de Director encargado del Consejo del Menor del Municipio Mariño, actualmente es docente de aula del programa Talento Deportivo en la Escuela Básica Nacional Bolivariana Sorocaima.

La informante 2 (las Cosas) es madre de una familia constituida por 3 niños en edades comprendidas entre 5 hasta 14 años, quien vive con su esposo, ambos constituyen el núcleo familiar, con estudios en Derecho y Educación,  facilita tareas dirigidas en la comunidad cercana a la escuela. Ha ejercido cargos públicos como coordinadora de la Misión Ribas, actualmente apoya la Misión Madres del Barrio. Cuenta con experiencia como abogado desde su comunidad y se describe como una luchadora social.

El informante 3 (Uno) es  un niño de 11 años cursante, en el momento de la investigación, del sexto grado en la escuela mencionada, quien participa en actividades deportivas, concienciación con el ambiente, con su escuela, es patrullero escolar, tiene una visión crítica de la realidad, de su escuela, de su entorno, en la cual hace vida, es considerado un vocero ante los colectivos institucionales, su liderazgo es genuino y proactivo.

En relación con el escenario (forma parte de las Cosas) se trata de La Escuela Básica Nacional Bolivariana Sorocaima, ubicada en el territorio de la República Bolivariana de Venezuela, Estado Aragua, Municipio Santiago Mariño, Parroquia Samán de Güere, específicamente en la Urbanización Arturo Michelena, Calle unión sin número. La misma tiene a su alrededor la comunidad de Sorocaima I, II, III y Esteban Liendo, que vienen constituidas por los niños y representantes del plantel,  el horario es de ocho horas diarias, lo que permite unos niveles de convivencia entre los docentes, los estudiantes, la familia, la comunidad, y otros actores del entorno escolar que hacen vida en la misma.

La caracterización de cada uno de ellos, está centrada metafóricamente en la triada “el uno, el otro y las cosas”. Por tanto, desde este contexto, la triada se presenta como una posibilidad de deconstruir el significado de la violencia, en aras de comprenderla y construir desde la sensibilidad propia del ser humano y de sus intrínsecas relaciones afectivo-sociales la posibilidad de dialogizarlas, en una hermeneusis hacia la búsqueda de una cultura de paz al comprender los signos de violencia que se manifiestan de manera contínua. Cabe aclarar que cada sujeto, cada conjunto social va construyendo así su identidad. La misma es un saber permanente que está constituido por la diversidad de formas y concepciones que vienen de adentro y fuera del grupo. La subjetividad, en este marco, y en especial en escenarios violentos, puede concebirse como un complejo de significaciones y sentidos subjetivos que produce la cultura. La constitución subjetiva es producto del sujeto y su relación con los otros.

En cuanto a las Técnicas e Instrumento de obtención de Información se hizo una exhaustiva revisión bibliográfica o arqueo de información, detallado y específico de múltiples fuentes reconocidas en el campo de la investigación científica. También se utilizó la entrevista en profundidad  (con su guión), considerada  por  Sierra  (1998, p.299)  como: “un tipo de entrevista de carácter holístico, en la que el objeto de investigación está constituido por la vida, experiencias, ideas, valores y estructuras simbólicas del entrevistado aquí y ahora”, en tanto que  es considerada como una relación sujeto-sujeto de investigación donde el entrevistado es motivado para que exprese con libertad su opinión en cuanto a las preguntas formuladas, permaneciendo develados los estratos de la conciencia de cómo perciben su realidad, con la posibilidad de escuchar sus vivencias, desde sus diferentes puntos vista, esto ante un ambiente agradable y de conciliación y acuerdo al momento de ser aplicada. Se utilizó la grabadora de voz para registrar la información en la descripción de sus vivencias. Posteriormente, terminada la entrevista se procedió a la transcripción de la verbalización lo que llamamos notas crudas.

El proceso de categorización con los registros de las entrevistas, permitió darle significación e interpretación al fenómeno en estudio. La forma de desglosar la verbalización consistió en extraer los incidentes del texto, de allí descifrar el concepto, las propiedades y por último las categorías y reunirlas en Macrocategorías. Se procedió luego a triangular la información utilizando cada Macrocategoría con lo expresado por los informantes en relación a ésta, las concepciones de los autores consultados (postura teórica) en relación al tema y por último la postura de los investigadores del estudio. Esta triangulación comienza a presentar otro nivel de interpretación, que bien puede relacionarse con la postura de Gadamer (1998) en el círculo hermenéutico, dado a que ante el proceso de comprensión, interpretación, aplicación, se vienen dando simultáneamente ante ese devenir de comprensión de la realidad en estudio, además es importante señalar que, en este sentido viene tatuado con una pincelada de Ricoeur (1987) ante el momento de la reflexión del discurso hecho texto de información, en tanto ese texto que nace de la entrevista a profundidad ejecutada en los encuentros con los informantes clave vienen tomando sentido desde el primer suspiro semántico que subyace en su conciencia.

3. RESULTADOS

Cada sujeto de investigación desde sus vivencias dibujó su realidad desde el lienzo de su imaginario social. Por tanto “Uno” (El escolar), “el Otro” (el maestro) y “las Cosas” (Familia-Comunidad)  protagonistas de este devenir lo manifestaron de la siguiente forma: Para el mundo de “Uno” abordar la violencia desde la experiencia se ve manifiesta en las siguientes categorías: “Cultura y Valores ancestrales” La cultura es todo, primero la cultura, es las cosas que hacemos, como las manualidades, las poesías que usted me enseñó, conocer nuestra historia de dónde venimos, mi papá, mi mamá, mi abuela, usted sabe que yo quiero mucho a mi abuela y por eso creo que ella forma mi cultura también, ella me enseñó a hacer arepas, huevos fritos, a coser mis chores rotos, eso es cultura para mí. Ante esa maravillosa descripción se percibe la belleza de un concepto de cultura que transciende la teoría ante una dialéctica propia de sus vivencias en su entorno escolar y familiar, la visibilización de las actividades educativas creadoras, la presencia de un padre, una madre, y una abuela constituyen los sujetos significantes en el desarrollo de su visión cultural. Como hace mi abuelita, si peleo con mi hermano nos manda a abrazar, si no lo hacemos no jugamos más, y nos deja lo que nos gusta y cuando nos abrazamos nos da risa, después se olvida la pelea seguimos igualito que antes…es cómico porque uno está bravo después se olvida.” Se presenta el valor supremo de las generaciones antecesoras, la estructura axiológica a la luz de unas vivencias genuinas del anciano entendido este como ente de la sabiduría, de tal forma que la figura de la abuela conduce la personalidad y los criterios culturales de una filosofía de la paz desde la convivencia familiar basada en el respeto y el amor.

En cuanto a la categoría “Comunicación afectiva”, …  si hay paz porque siempre nos comunicamos, hablamos, nos queremos todos…en la escuela con mis maestros y maestras … en primer grado no me gustó, era muy gritona la maestra y siempre diciendo leeeleeee, pero no nos daba cariño, yo le decía a mi mamá y una vez vino mi mamá pero como estaba chiquito era tremendo salí perdiendo, pero en ese salón no había paz, siempre peleaban los niñitos….en segundo y tercero fue mejor la maestra era muy cariñosa..., en tanto unos de los elementos claves de la sinfonía de la paz es la comunicación desde los afectos y hacia la efectividad en lo que se desea comunicar, de tal manera que a la luz de este mundo descriptivo los lazos del lenguaje y las emociones se unen en una tranza necesaria para la humanización. En tanto y cuanto revelan en sus anécdotas desde los otros compañeros de escuela la existencia de la violencia intrafamiliar, cultural y escolar que moldean al joven en un ciudadano agresivo e intolerante. Autores como Míguez, 2008; Furlan, 2012; Gómez Nashiki, 2013; Gómez y Zurita, 2013) plantean en sus investigaciones que la violencia escolar se ha considerado como sinónimo del bullying y la que ocurre entre pares (regularmente entre alumnos) ha sido la que mayor atención ha obtenido. Esto ha generado una simplificación del fenómeno ya que en la escuela se generan y reproducen diversos tipos de violencias derivadas de conflictividades que no siempre son visibles ni atendidas y que no involucran solo a los estudiantes.

Los hallazgos desde el Otro son: “Violencia cultural”, que en el caso de la población infanta juvenil está representada en todo lo que ven en su casa, todo lo que ven en el entorno social y familiar y todo lo que ven dentro de la escuela, tres elementos fundamentales para que el chamo valla moldeando esa personalidad, los rasgos de la personalidad dentro de los cuales está la conducta como un ciudadano agresivo intolerante entre otras cosas..., emerge  la figura del docente integral que observa vive y critica las diferentes formas de manifestación de la violencia, denominando el constructo como una relación de lo familiar, la sociedad y la escuela, elementos que sin duda de acuerdo su visión generan la personalidad de un ciudadano agresivo e intolerante. Exponiendo que ese ser humano también construye esa personalidad desde lo que percibe de los medios de comunicación, que en la actualidad sencillamente está creando una atmósfera para la violencia.

Describe la categoría “Intolerancia” al referirse…la gente lucha contra el tiempo y eso lo vemos a lo interno a lo individual, crea ansiedades, estrés, angustia, guardándose eso a lo interno luego reflejándose al final del día en las noches o se va haciendo un cúmulo  hasta que ciertamente hay un estallido de intolerancia,… creo que la familia de los grupos sociales que me ha tocado, porque comparto días alternos fines semana, días feriados con actividades  que he hecho con los estudiantes en la disciplina de ajedrez y dominó, y encuentros deportivos, ésta todavía sigue siendo una familia pasiva, tranquila, temerosa de encontrarse con algunas realidades del entorno comunitario, como es la violencia, la inseguridad, algunos tópicos de algunos casos extremos de violencia de conducta, pero creo que está presta a que se le presenten alternativas de búsqueda a esas posibles soluciones, a esos posibles problemas, creo que el encuentro que he tenido con ellos están abiertos a buscar alternativas en la que se permita que sus chamos tengan una dinámica distintas a la que se viene dando… te digo esto porque muchos de ellos me han manifestado que, bueno... que se estén dando estas actividades, creo que la comunidad por sí, claro la escuela no es responsable de la totalidad de que hayan alternativas afuera, pero  corresponde a la misma comunidad organizarse, porque sabemos que el docente la gran mayoría, más del 80 % que no reside dentro de la comunidad, le corresponde a la comunidad organizarse con quienes habitan aquí y así presentar programas para bajar los niveles de desocupación, de ocio, de delincuencia, consumo de droga, de violencia infantil y juvenil dentro de la comunidad, ahí estamos conectados con algunos compañeros  de la comunidad haciendo algunos esfuerzos para ver si se sistematiza y se organiza la actividad como algo cotidiano, no puede ser eventual, tiene que haber un programa permanente, es necesario además la participación de las políticas a nivel municipal, pero si veo con cierta aceptación que los grupos familiares tienen sus focos de violencia en sus diferentes expresiones, pero a su vez están presto a buscar soluciones, en una actividad de dinámicas de compartir y eso demuestra  que hay canales desde la familia para la cultura de la paz, o sea en la manera que un padre, una madre, te permite que un chamo participe en una actividad que lo va formar como ciudadano, como ser humano social, pero como deportista, eso significa que está preparando  su proyecto de vida, pudiera estar en esa visión y eso hay que rescatarlo y potenciarlo.

Se exponen las vicisitudes de sus vivencias, en un reflejo tangible de la incertidumbre, en el manejo del tiempo, el orden, el desorden, el caos, una discursividad subliminal expresa desde esa manera de percepción.

Y la categoría “Reconocimiento de la diversidad”, donde introduce el visón del reencontrarse ante las diferencias, hacer del ser humano un respeto de la diferencia que necesaria comienza por autoreconocimiento de los puntos de desencuentro para el encuentro en común. No obstante sostiene  el conflicto como hecho aislado como un hecho netamente negativo, porque el conflicto representa en un momento determinado la posibilidad de reconocer donde están las fallas, la posibilidad de reconocer donde está lo distinto de lo tuyo con lo mío, luego la posibilidad va depender de la madurez la experiencia los niveles de tolerancia de aceptarme dentro de una sociedad diversa..., propone incluso el informante que desde el conflicto la posibilidad de entenderlo como una oportunidad de visibilizar las diferencias para horizontalizar la vías al respeto en medio de la diversidad.

En este sentido, es útil referirnos a que, en las observaciones de campo, fue evidente que las agresiones sutiles son las más cotidianas y las más normalizadas, esto puede definirse como actos cotidianos que generan algún tipo de molestia (psicológica o simbólica), como arrojar esferas de papel, empujarse, comerse el desayuno o merienda del compañero, decirse groserías o apodos. Los escolares suelen tener una actitud de pasividad muy marcada hacia este tipo de actos, “no hacemos nada y solo esperamos a que se harten”, al preguntarle al descuido a un grupo de estudiantes en el receso de clase. Este tipo de hostigamiento cotidiano es el que genera malestar entre los involucrados y para varios autores representan la conflictividad latente que, en caso de no atenderse, incrementa a niveles de violencia física o extrema (Prieto, 2005; Tello, 2005).

Pero, se presentaron dos casos extremos de unos niños que no llegaron a la hora , luego del retorno de la actividad, los padres se tornaron violentos físicamente con los niños al momento de preguntarles por qué estaban llegando tarde a una actividad, eso creó cierto ruido y  después el “otro” solicitó una conversación con ellos dándole ciertas orientaciones y lo que luego conversó  con los niños, …es que, bueno, que esa es la conducta habitual que su mamá les pega, les grita que es intolerante, que los regaña mucho y entonces pareciera que hay un cuadro de falta de orientación por parte de la madre en su rol de madre, sabemos que roles distintos de padre,  de madre, de cuidador, de tío entonces eso creo que pudiera abordarse en un momento determinado.

Desde las Cosas: la categoría “Valores” lo expresaron de esta manera… El ser humano tiene que redescubrir sus valores, colocándose en el lugar del otro, desde el entendimiento, la solidaridad, el amor a la vida, desde una visión positiva como ser social… El maestro del siglo XXI necesariamente requiere ejercer su profesión desde las aristas de la armonía, del equilibrio entre la realidad y lo existencial, para que a partir de allí, despliegue las raíces de una promoción de paz…. todos los promotores de paz necesitan del colectivo, todo líder necesita de seguimiento, entonces si yo no tengo comunicación con mis seguidores a través del colectivo yo pierdo la comunicación y al perder la comunicación pierdo la oportunidad para rechazar la violencia, la oportunidad para redescubrir la solidaridad, la oportunidad para  entender al otro… la oportunidad para lograr cambios en la institución, entonces los colectivos tienen que respetarse, tienen que mantenerse y lo que tienen que cambiar son las estrategias de comunicación que ya nosotros estamos en un nivel adulto, un nivel profesional que sabemos cómo deben ser esas normativas o esas formas de conducir, pero… no hay liderazgo, no hay agenda, si acaso agenda erradas, improvisadas, falta de gerente, entonces viene la improvisación y viene el caos.

Por otra parte, la categoría “Rol del docente y la Familia” las Cosas dicen…,  es un proceso dinámico donde debe existir congruencia entre lo que se ve en la escuela desde el docente y lo que se vive en la familia…, rechazar la violencia en todos sus tipos y formas es un principio necesario para lograr una cultura de paz. Ahora bien la crítica apunta a que el sistema educativo requiere activar su deber expreso para lo que fue creado, construir, despertar nuevos ciudadanos más críticos y esperanzadores de la vida, un sistema que en opinión de la informante  se tiene que revisar constantemente en el que tenemos, con que contamos, que estamos generando…, al ver la realidad tan triste de madres, padres que no atiende a sus hijos, lo que nos queda es acudir a las manos de Dios, irnos más hacia lo espiritual” Una invitación al encuentro con nuestra esencia.

4. DISCUSIÓN

Como base de discusión es importante destacar que la violencia en todas sus vertientes siempre ha existido, si bien su interpretación o análisis no ha sido ponderada hasta tiempos recientes. Lo que sí es indudable que nos hallamos inmersos en la época quizás de mayor sensibilidad ante cualquier manifestación o expresión de violencia. Es decir, consideramos pues que no nos encontramos ante una época o contexto especialmente violento, sino en un contexto especialmente sensible ante cualquier ápice de violencia, donde se ha incrementado el grado de tolerancia social hacia ésta, refrendado en su conjunto por la rápida accesibilidad de la sociedad a la información y los medios de comunicación de masas.

Lo señalado por Furlan (2012), Gómez, (2005), Míguez (2008, 2012) y  Chávez (2014), en cuanto a si bien regularmente se definen como violentos los hechos de agresividad extrema que provocan daños físicos, estos episodios nunca ocurren de forma aislada o espontánea, sino que se enmarcan en cierto tipo de relación social que provoca malestar en alguna de las partes aun cuando no se acepte de forma consciente o se identifique con claridad al destinatario final del daño causado.

La esencia de lo propio y la mirada de lo ajeno van constituyendo la identidad en un permanente cambio, reinvención, creación y proyección. Instituciones como la familia y la escuela contribuyen a la conformación de la identidad individual y social del sujeto, ya que son las instituciones a las que la sociedad les ha encomendado la transmisión de la cultura (Quilindo et al, 2014; Hall, 2010; Escobar, 2010; Copertari y Fica, 2005).

Desde esta óptica epistémica, reflexionamos sobre la sintonía que existe  entre los hallazgos de estudios consultados con nuestra realidad investigada, donde las situaciones del ser humano se ven como “torbellinos de dolor” que se desdibujan en una aceptación del mismo, al reconocimiento de la violencia como un argumento de normalidad desde sus discursos y acciones constituidas en sus propias expresiones, conductas y comportamientos sociales, que muchas se omiten por la misma dinámica de la velocidad de las cosas, lo que va ocasionando una aparente sensación de violencia que se materializa en un hacer cotidiano desde la propia deshumanización del ser humano en todos sus estratos.

El epísteme resultante es un apoyo ante los senderos teóricos del caminante investigador.  Un aporte ante la posibilidad de acariciar la idea de una interpretación dinámica desde sus puntos de encuentros y desencuentros.

Partiendo de lo descrito, el “Reconocimiento a la Diversidad” se muestra como una oportunidad de activar el sistema axiológico intrínseco en la formación de la vida, en tanto es un camino importante de andar ante la posibilidad de aprehender desde la práctica del Respeto-Tolerancia-Aceptación (RTA, figura 1), como una metodología de revisión constante del conflicto en la oportunidad propia que éste pueda presentar en sus mismas diferencias.

Entender que las diferentes aristas que pueda configurar una situación de conflicto, son directamente proporcional a las oportunidades con que sea visto, desde la flexibilidad del pensamiento del ser humano, muy lejos del ego intelectual que lo separa de la inteligencia implícita en cada individuo.

Figura 1. Reconocimiento de la Diversidad desde el RTA. Elaborado por Mora y Romero, 2018.

La exposición cotidiana a formas de violencia, así como las respuestas poco claras y efectivas de contención o erradicación de las mismas, genera en la población infanto juvenil, percepciones de indefensión y de indiferencia que motivan la pasividad y la permisividad ante este tipo de hechos. La institución escolar, se convierte en un espacio que contiene, genera y reproduce diversas violencias sociales susceptibles de ser identificadas y atendidas. Es por ello que resulta necesario no aislar los comportamientos de su contexto de producción o de la situación conflictiva en la que se generó.

Figura 2. Cultura Ciudadana. Elaborado por Mora y Romero, 2018

Desde esta representación (Figura 2) se configura la relación de los diferentes sistemas de acuerdo a Luhmann (1998) y Habermas (1987) en tanto se corresponde la acción comunicacional en los diferentes círculos que forman una intersección sombreada que materializa la tolerancia en términos del sistema escuela, comunidad, medios de comunicación y políticas de Estado, por la cual es fluida ante el valor de la paz como principio generador de la dinámica que se expresa además desde la tolerancia, desde allí es como la cultura de la paz pasa a ser del ciudadano . Por ello, esta cultura de la paz del ciudadano es entonces un entramado sistémico donde confluyen el sistema escuela, comunidad, medios de comunicación y Políticas de Estado, en una simbiosis necesaria y autopoiética que se regenerará en una dialéctica constante del reconocimiento del ser social corresponsable con sus principios y con su esencia humana, que se hace garante del reconocimiento de su existencia y coexistencia ante un Estado presente en sus derechos universales.

Así lo ve el “otro” porque representa en un momento determinado la posibilidad conocer si ciertamente el venezolano de hoy en día a través de estos años y particularmente por la situación que estamos pasando hoy en día en este siglo XXI,  en cuanto a los niveles de tolerancia, pues ciertamente la cultura de la paz representa la posibilidad de encontrarse en un territorio, en un país, en una República, con una diversidad cultural, una gran diversidad política con una diversidad de propuesta e ideas para la búsqueda de las soluciones de los problemas colectivos más allá de las particularidades y de las especificidades que podamos tener como individuo esa sociedad que busca elementos en común para construirse  la cultura de paz, alejando la agresividad y la violencia del entorno.

Ciertamente, se atraviesa por situaciones de conflicto y nosotros no podemos verlo como hecho aislado, como un hecho netamente negativo, porque el conflicto representa en un momento determinado la posibilidad de reconocer donde están las fallas, la posibilidad de reconocer donde está lo distinto de lo tuyo con lo mío, luego la posibilidad va depender de la madurez, la experiencia, los niveles de tolerancia, de aceptarme dentro de una sociedad diversa, de aceptar al otro tan diverso como es,  tan diverso como sus ideas y luego de eso reconocerme dentro de ese mundo diverso, solo así podemos luego una vez identificada, caracterizar las diferencias y buscar puntos de encuentro para poder así buscar las posibles soluciones y con el tiempo la cultura ciudadana, que no es más que la convivencia grata, placentera, en paz, con tranquilidad a pesar que hay dinámicas en los territorios, llámense territorios urbanos, extraurbanos, rurales, mixtos, complejos, porque ciertamente hay también factores que inciden en la conducta de la persona desde que se levanta hasta  que se acuesta y entran elementos tan puntuales como el horario de trabajo, el trueque en las ciudades, lo complejo de las localidades, el parque automotor, lo complejo del ser humano,  los hechos fortuitos que puedan presentarse en algunas ciudades y esto de una u otra manera va a incidir o te va a orientar de cómo van a ser las respuestas a ciertas motivaciones dentro de un contexto que se mueve, que es muy dinámico, que tiene un ritmo avasallante en el cual a veces vemos que la gente lucha contra el tiempo y eso lo vemos a lo interno, a lo individual, en tanto crea ansiedades, estrés, angustia, guardándose eso a lo interno, luego reflejándose al final del día, en las noches, o se va haciendo un cúmulo de cosas  hasta que ciertamente hay un estallido de intolerancia, de no aprender a vivir en la ciudad donde se habita, de no aprender a vivir en un colectivo tan dinámico y eso ha retardado, creemos, la posibilidad de que se tenga un aumento progresivo y sostenible de  paz.

Existen otros eventos de hecho cultural, que tienen que ver con la violencia intrafamiliar, la violencia doméstica, la violencia cultural, que en el caso de la población infanta juvenil  está representada en todo lo que ven en su casa, en los medios de comunicación, todo lo que ven en el entorno social y familiar y todo lo que ven dentro de la escuela, elementos fundamentales para que el niño, la niña y los jóvenes adolescentes del barrio modelen su personalidad, los rasgos de la personalidad, dentro de los cuales está la conducta como un ciudadano agresivo, intolerante, entre otras cosas; se busca todo lo contrario,  lo que deseamos es un joven tolerante, no agresivo, que tenga discurso,  que pueda discutir y argumentar, pero que respete y que tenga claro en su entendimiento que más allá de las diferencias, tiene que haber la convivencia y en sana paz, entonces  hay unos elementos de índole cultural a lo interno de los medios de comunicación que es otro elemento fundamental en esta sociedad, todo lo que escuchamos, todo lo que vemos y ahí éstos representan un factor fundamental de cómo ese patrón  cultural de nuestra población, hoy en día,  se hace cada vez más intolerante a la aceptación de las diversidades dentro de las necesidades humanas, es lo que muestran las redes sociales y la televisión. 

Hoy, en vez de hablar de  lucha de clases sociales, se habla de lucha de grupos sociales, el grupo que intenta salir de un cuadro isquémico emocional muy duro porque lucha por suplir sus necesidades y otro grupo social que intenta sobreponerse sobre él, de hecho, por dinámica natural hay un principio y un ejercicio práctico del ser humano que es el ejercicio de la supervivencia, de una u otra manera tiene que buscar cómo se desliza, salir de allí para no sentirse aprisionado.

En la ley venezolana hay un punto de encuentro donde establece la posibilidad de crear organizaciones a nivel local, en las comunidades, los cuales  son los comités de protección y acción social tanto en la ley de los consejos comunales como la Ley de protección del niño, niña y adolescente, encargándose éste de proteger a la familia en lo colectivo y en lo individual, el mismo debe tener personas que estudien el tema y que hagan conexión con los equipos multidisciplinarios de todos los sistemas de protección y la administración pública para abordar a la familia,  pues más allá de ser un problema asistencial, desde el punto de vista de salud, debe convertirse en un gran sistema de asistencia permanente, estable, sistemático, para así poder evaluar en un momento determinado si esas crisis o esas causas que generaron los estados de violencia en la familia todavía están presentes después de cierto tiempo.

5. CONCLUSIONES

En el espacio escolar confluye una diversidad de actores sociales (el uno y el otro) cuyas representaciones y acciones sobre el mundo están en constante diálogo, negociación y tensión (las cosas). La violencia es un fenómeno sociocultural en tanto que es significado y experimentado de diversa manera por los sujetos en función de sus contextos específicos (comunidades). De ahí que para los actores escolares la violencia escolar no se manifiesta de la misma forma, porque tiene orígenes diversos y puede llegar a ser justificada, normalizada o invisibilizada, siendo recatalogada a partir de los parámetros socioculturales de los diferentes actores inmiscuidos en ella. Por ello, no resultó extraño encontrar que un hecho ocurrido en la comunidad (entorno) que puede ser catalogado como violento por el cuerpo de maestros no lo sea para los estudiantes o los padres de familia.

Desde otro ángulo, por ser el conflicto y la violencia un fenómeno social, la experiencia misma de padecerlo suele depender en gran medida de la percepción de los sujetos que la viven, por eso es necesario incorporar una perspectiva que entienda a la violencia desde “adentro y abajo”, es decir, desde la experiencia de los sujetos que la viven (el uno y el otro) y desde el propio marco normativo que rige sus vidas cotidianas (las cosas). Abordar la violencia desde la experiencia de los sujetos implicó ir detrás de las diferentes lógicas de acción y marcos de interpretación del mundo que la explican; es decir, revisar las subjetividades nunca permanentes y coherentes de los distintos actores que la viven, por ello resultó fundamental la exploración de las acciones, representaciones y emociones vinculadas a la violencia en el contexto de estudio.

Los conflictos son parte de la vida de los seres humanos, sin embargo, si educamos a los niños y niñas del nivel de educación primaria en la convivencia y en la solidaridad estaremos fomentando la resolución, gestión y transformación pacífica de los conflictos a través del diálogo, el llegar a acuerdos y fomentar la negociación, así como garantizar el potencial creativo e imaginativo de los jóvenes para que desarrollen y apliquen los valores a lo largo de la vida. La escuela, como ente socializador, tiene que integrar a todos los niños y niñas como miembros activos en la comunidad escolar y en la sociedad. El papel de los padres de familia, en este sentido, tiene que ser de formadores de valores desde el nacimiento de los hijos hasta el primer contacto con el centro educativo, para que la escuela sea una continuación y reforzamiento de valores éticos y morales de los infantes en esta etapa fundamental de la vida.

Lo importante de este artículo es mostrar un panorama de lo que implica la violencia, la educación y la cultura de paz en una realidad que no pretende ser desalentadora, pero que nos está llamando a ejercer una dinámica totalmente diferente; ya que si bien es cierto se está trabajando con mucho esfuerzo y de manera esperanzadora. El papel del Estado también está interesado en dicha dinámica y pese a ser un proceso que vislumbra ser de largo plazo, debemos ser perseverantes para poder ver resultados en el futuro inmediato.

Dado como está la sociedad en la actualidad, en estos momentos no existe otra manera para ir dejando atrás la situación actual que se vive en el país, más que a través de la educación, una educación para la paz, para la no violencia, que debe estar impregnada de ética ciudadana. Finalmente debemos recordar constantemente las palabras de Mahatma Gandhi “El odio y la intolerancia son los enemigos del correcto entendimiento... La pobreza es la peor forma de violencia”.

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