Resumen
El objetivo de la investigación fue proporcionar una nueva perspectiva al perfil del evaluador universitario, con mejores alternativas, propósitos y alcances científico-académicos. Sabemos que el perfil del evaluador universitario debe cumplir requisitos académicos y sociales altos para lograr un mejor sistema educativo, coherente con el entorno social. Sin embargo, el problema es que pocos evaluadores se encuentra correctamente capacitado para ejercer una labor que implica la medición científica de los procesos de la comunidad universitaria. En consecuencia, proponemos como tesis, redefinir el quehacer del evaluador universitario, con valores y visiones claramente marcados para un avance académico sistemático. La metodología de la investigación ha seguido el enfoque cualitativo de tipo analítico-reflexivo. Se concluye que el evaluador universitario debe predisponerse al cambio desde métodos, formas y prácticas que den un mejor resultado a la educación universitaria.
Palabras clave
1. INTRODUCCIÓN
El evaluador universitario es el agente académico que se encarga de examinar el rendimiento educativo de los estudiantes de acuerdo al contexto institucional y social de estos. En consecuencia, el evaluador universitario participa en la adaptación y elaboración curricular en busca de mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje que faciliten la evaluación institucional. (Tárraga et al., 2021) el evaluador es aquel que propone niveles de implementación a trabajar para alcanzar mejoras palpables, por consiguiente, es aquel que evalúa constantemente de manera formal e informal para observar el progreso acorde sus niveles o parámetros.
Por su parte, la educación universitaria “es considerada como base para un buen desarrollo socioeconómico orientada a diversas especializaciones sobre una carrera particular, con conocimientos, técnicas y saberes específicos sobre una profesión” (Chinchay et al., 2021, p. 220).
Ahora bien, el contexto evaluativo universitario en el mundo indica que, según (Carpio et al., 2021) el neoliberalismo ha impuesto tales condiciones sociales y laborales en el mundo que las universidades no escapan, pese a su crítica, de su contexto formativo de futuros profesionales, donde los criterios y estándares evaluativos pasan a ser plenamente dependientes del sector empresarial.
Así, los acelerados cambios mundiales hacia la tecnología y nuevas formas de vida y relación humana, conllevan necesariamente a cambiar también el sistema educativo desde su enseñanza hasta sus métodos de evaluación. Se pretende una enseñanza crítica, socioafectiva y democrática que no logrará desarrollarse sin nuevas maneras de evaluar los avances académicos de cada estudiante. Los avances científicos en Norteamérica y Europa encuentran un porque en las nuevas formas de examinar los intereses del estudiante y su entorno, donde los mecanismos de educación no se orientan a lo que pretende la universidad sino los universitarios y sus problemas y necesidades contemporáneos. Esto, preocupa que el resto del mundo se quede rezagado debido a métodos de enseñanza-evaluación anticuados para estos tiempos, basado en adquisición y evaluación por repetición o memorístico.
García et al. (2020) establecen que, una de las problemáticas serias que enfrenta la emergente educación universitaria globalizada, con nuevos métodos de evaluación, es que los centros universitarios persisten en enfocarse
más a cuestiones administrativas, infraestructura, recursos disponibles para cada estudiante, entre otros; sin embargo, los marcos de referencia carecen de criterios que pretendan evaluar los aprendizajes adquiridos por el alumnado, la aplicación de los conocimientos en el contexto profesional, así como también aquellas percepciones e interpretaciones que este pueda manifestar con respecto al compromiso y satisfacción que le produce el estudiar bajo modalidades no convencionales (p.14).
En consecuencia, se plantea redefinir el quehacer del evaluador universitario hacia nuevas posibilidades educativas donde las mediciones dejen de ser mecánicas para pasar a considerar el sentir y pensar del estudiantado. Se pretende pues un nuevo perfil del evaluador universitario, reflexivo, crítico, líder, ético y coherente con el medio donde trabaja, donde desarrolla nuevas capacidades en favor de alcanzar una educación democrática, con fáciles mecanismos de comunicación e interacción para la consecución de sus objetivos/metas. Se desarrolla así, una renovada educación universitaria que visualiza a la ciencia de otra manera, con otros objetivos más exactos acorde a una evaluación universitaria exacta en pretensiones y alcances.
2. MÉTODO
La investigación se ha desarrollado estrictamente bajo el enfoque cualitativo de tipo analítico bibliográfico y hermenéutico al tener a las investigaciones bibliográficas como únicos recursos fehacientes del trabajo, vale decir, sin una población de estudio que condicione los resultados expuestos.
Se empleó la ficha de análisis bibliográfico para poder ordenar mejor los trabajos encontrados, y, posteriormente, seleccionarlos para su análisis y reflexión. Asimismo, estos materiales fueron plenamente digitales, donde se pudo hallar todas las fuentes para el presente trabajo.
3. DESARROLLO
3.1 La necesidad de la evaluación en el mundo
Es claro que no existe un sinceramiento de los avances y retrocesos educativos si no se procede a evaluar de manera correcta. En consecuencia, la necesidad de evaluación encuentra su respuesta en la importancia de su alcance para mejorar los procesos educativos encontrando debilidades y fortalezas. Ante esto, Kirkhart (1981) estableció que el evaluador universitario debe necesariamente poseer “1) Habilidades metodológicas 2) Áreas de conocimiento que proporcionan antecedentes sustantivos 3) Habilidades de análisis de sistemas 4) Astucia y entendimiento políticos 5) Ética profesional 6) Habilidades de gestión 7) Capacidad de comunicación 8) Habilidades interpersonales o rasgos del carácter” (pp. 188-189).
Figura 1
Evaluación universitaria
3.2 La evaluación educativa en la educación universitaria
Los avances sociales establecen nuevas formas de relacionarse y comunicarse, sus urgencias parecen ser otras y, con ello, sus preocupaciones académicas giran hacia otro rumbo. Las evaluaciones universitarias, deben entonces mostrarse a la par de los tiempos, rápidos y eficaces y, por tanto, rezagar los aspectos tradicionalistas que se limita a evaluar “la memoria, la capacidad de retención y comprensión (…) [siendo lo verdaderamente] importante (…) ponerlos en problemas donde sus capacidades salgan a flote” (Monereo, 2021).
Esta formación de los evaluadores universitarios debe ser, además de continua, una acción pedagógica que se preocupe por los factores internos y externos de los evaluados. Las condiciones internas del hombre parecen obviarse al momento de someter a alguien a prueba, sin embargo, el evaluador del futuro debe mostrarse preocupado por este aspecto a raíz de haber sido formado desde la multiplicidad científica que intenta comprender la acción del hombre como la psicología, antropología, sociología, entre otros. Lo que se pretende entonces es formar un evaluador socio-afectivo, que encuentre dentro de sus alternativas evaluativas la manera de llegar al ser, al problema institucional y social para enfocar la educación de otra manera.
Figura 2
Formación del evaluador
Se forma así un perfil de evaluadores universitarios que comprenden las siguientes características:
Buenas prácticas ética
Alegamos, que las buenas prácticas evaluativas se desprenden de la ética docente que, según Madariaga y Lekue (2019) parte por informar al estudiante con anticipación los temas que se elaborarán, los materiales que se brindarán y necesitarán para desarrollar las mismas, las modalidades de la evaluación, las propuestas a discutir para que esta no sea autoritaria y lo que se pretende lograr con ellos al final de la carrera, es decir, lo que se espera del estudiante. Se trata entonces de anticipar la evaluación de manera clara, precisa y democrática.
Saber proceder la evaluación
El proceso de la evaluación universitaria implica un conjunto de saberes que va desde el conocimiento del currículo hasta de la población a evaluar. Su procedimiento por tanto debe estar orientado a indagar, conocer, reflexionar, sintetizar y establecer resultados para mejorar la educación. Debemos erradicar entonces la evaluación cuantitativa que se basa en un procedimiento que, según Saavedra (2004) “podría estar basado en una combinación de evaluación y ranking de los supervisores, de otros maestros, y de los estudiantes” (p. 226), esto sin tratar de comprender los motivos de los resultados.
Conocedor de estándares universitarios
El nivel universitario se fija básicamente desde su producción científica, sobre el cual el evaluador, además de visibilizar la tendencia investigativa de la institución, debe considerar también la suficiencia en gestión que presenta dicha institución para agilizar eventos académicos de impacto universitario que impulse el estándar como talleres, congresos y simposios Anchondo et al 2020.
Competencia comunicativa
Grácia et al. (2020) postulan que, sin el manejo de la competencia comunicativa “no es posible un diálogo igualitario entre los diversos participantes (docente y aprendices) que sustente el proceso de construcción social intersubjetiva” (pp. 133-134). Por tanto, es fundamental el dominio de esta competencia por parte del docente para que reproduzca una interacción productiva con el estudiante para una mejor educación.
Liderazgo cooperador en equipo
Para que un evaluador universitario se presente como líder de grupo debe, en primera instancia, según Anijovich (2022), pasar por un proceso de autoevaluación constante en el que se autorregulan sus conocimientos aprendidos y su forma y/o método de trabajar con los demás; es en este marco que los verdaderos líderes desarrollan competencias y capacidades distintos al resto y se convierten en un guía de equipo interesante para los educandos.
Conoce el contexto a evaluar
Los contextos del hombre delimitan su comportamiento, el evaluador debe necesariamente conocer el ambiente en el que se desenvuelven y se desenvolverán sus estudiantes para orientar sus evaluaciones no solo al contexto presente, sino futuro como es la preparación universitaria hacia su ambienta laboral. En ese sentido, es importante que el evaluador conozca este mercado para apuntar sus exámenes hacia los nuevos requisitos ocupacionales que requieren otras destrezas, creatividades y un conjunto de condiciones sociocognitivas que solo se encuentra en el trabajo y que permitirá al estudiante adelantarse al contexto futuro buscando soluciones laborales que le posibiliten destacar y actuar de manera asertiva en la misma (Salmi, 2019).
Elabora instrumentos de evaluación
Los instrumentos de evaluación en el presente deben orientarse al contraste, indagación y observación minuciosa interna y externa de la población evaluada, ir más allá de las rúbricas tradicionales. La idea es que estas fichas cumplan con condiciones básicas de una correcta evaluación superior como es la pertinencia, la validez y la confiabilidad (Morales et al, 2020).
Capacidad de autoevaluación
El evaluador no solo orienta su evaluación hacia la población universitaria, sino también, hacia sí mismo tratando de encontrar sus dificultades para mejorar los mecanismos de examen. La correcta capacidad de autoevaluación debe contener el manejo de “la reflexión, el intercambio profesional entre los equipos, el recojo de evidencias, el fortalecimiento de capacidades, y la aplicación de acciones de mejora” (Ravela, 2020).
Experto del tema evaluar
La transdisciplinariedad es una corriente fundamental para todo docente-evaluador científico universitario, sin embargo, debemos considerar que este debe necesariamente manejarse como experto dentro de un tema particular, puesto que, según Guevara y Veytia (2021) solo el experto evaluará con grandes conocimientos de causa el tema tratado, considerando el conjunto de factores internos y externos que pueden dificultar algún avance académico.
Investigador y creativo
El conocimiento científico es un remolino de cambios que no permanece estático, en ese sentido, necesita ser cuestionado y revisado constantemente a favor de las nuevas necesidades. El evaluador entonces debe ser un investigador constante que combine los nuevos hallazgos con su creatividad evaluativa para mejores resultados. Enkvist (2020), propone al evaluador creativo e investigador como un agente activo al momento de almacenar conocimiento en su cerebro para de esta manera poseer la habilidad de combinar los saberes y realizar una síntesis científica sustancial que brindará a los estudiantes a través de la evaluación, se trata pues de acoplar nuevos saberes añadiendo un contexto particular del entorno evaluado.
Conoce los estándares a evaluar
Todo evaluador universitario necesariamente debe realizar un estudio previo de campo que le permita conocer los estándares a evaluar, es preciso que el evaluador no adelante opinión educativa y evaluativa de la población puesto que sus resultados no serán reales. Este estudio de campo previo permite “al modelo de evaluación y al diseño que resulte más pertinente a ese propósito” (Gómez y Valdés, 2019, p. 493).
Posee habilidades blandas
El enfoque socio-afectivo es fundamental para todo evaluador que pretende llegar a la raíz de la problemática educativa. Así, poseer habilidades blandas es una característica del evaluador competente de hoy. Según Tobon (2019), considerar los factores internos ajenos también es un proceso de reflexión interna de su acción evaluativa para resolver problemas, el modo en el que articula sus conocimientos para ponerlos en práctica, sus visiones, pertinencia y metas que se plantea lograr con los evaluados de manera sostenida.
3.3 Tipos de evaluadores
Los tipos de evaluadores más fuertes que se presentan en el ámbito educativo son los evaluadores sumativos y los cualitativos. Los primeros presentan evidencia académica en base a la medición y sumatoria de conocimientos memorísticos y estáticos, es decir, son quienes se han quedado en el tiempo con respuestas inamovibles o predeterminadas. Los evaluadores cualitativos por su parte, apuntan al cambio desde el fortalecimiento mutuo (docente-estudiante) de las capacidades reflexivas del hombre que permiten una evaluación más real y crítica de la población.
Figura 3
Perfil del evaluador
4. DISCUSIÓN
No solo la educación en temas de enseñanza-aprendizaje deben cambiar en las universidades, las evaluaciones también deben girar hacia el futuro acorde a los nuevos tiempos. Erradicar las evaluaciones memorísticas y estáticas es una labor constante que implica el compromiso de todos los actores académicos y sociales en busca de normar los nuevos compromisos educativos a través de currículos y planes de trabajo.
Sabemos que evaluar implica un conjunto de saberes científicos, emotivos y tecnológicos que faciliten la comprensión real de los avances y retrocesos académicos. Por lo que, surge un nuevo perfil del evaluador universitario, el cual debe contemplar acciones previas de evaluación, éticas, responsables y coherentes con el entorno que posibiliten un diagnóstico acorde a los estándares institucionales.
Hablamos de saberes emotivos cuando nos referimos a la capacidad socioafectiva del evaluador, esta que debe desarrollarse continuamente para no alejar al evaluado del evaluador. Aquí entonces se recomienda un adecuado manejo de la comunicación activa y participativa, el cual permitirá al evaluador conocer factores ajenos a la evaluación propiamente dicha y enlazar estos con su nuevo método de evaluar.
Igualmente, la autoevaluación del evaluador no debe escaparse de cada proceso evaluativo institucional. Esta acción permite al evaluador replantearse su labor a través de una introspección academicista convirtiendo su evaluación y métodos acorde a las condiciones holísticas de todos los que participan en el proceso.
El conocimiento científico del evaluador universitario debe ser necesariamente transdisciplinar y experto en una materia. Con esto, lo que se pretende es que el evaluador, además de contar con distintos enfoques científicos, pueda también desarrollar sus mecanismos de evaluación en base a los detalles más mínimos sobre el tema a evaluar, esto toda vez que maneja perfectamente el tema a trabajar, es decir, es un experto en la materia.
Finalmente, el evaluador universitario debe un investigador constante y creativo, que le permita los nuevos hallazgos crear renovadas maneras de alcanzar a los estudiantes en conocimiento y emociones. Hablamos de renovar la pedagogía desde resultados acuñados a la rigurosidad científica de una evaluación seria que permita mejorar a los estudiantes sus capacidades, habilidades y destrezas en favor de la sociedad.
Discrepamos con posturas que totalizan la labor del evaluador universitario en función a sus experiencias eliminando todo concepto teórico de su práctica. Debemos entender que toda práctica académica parte de una base teórica-filosófica y, por tanto, esta no puede eliminarse de la formación del evaluador que pretender ser integro y resolver los problemas educativos universitarios. Sobre esto, Deming (1986) afirma que, la experiencia de manera individual, sin alguna concepción teórica, no es una buena praxis de enseñanza y evaluación, puesto que ambos deben ir de la mano para mejorar la competitividad y calidad de quienes son sometidos a avaluación.
La parte teórica del evaluador se encuentra básicamente en la lectura científica constante que invierte para mejorar sus métodos y prácticas. Los nuevos conceptos adquiridos son transformados así en maneras creativas que se van amoldando a cada contexto y que relativizan la constante interacción entre la teoría y la práctica.
Lo que se pretende es que el evaluador se vea fortalecido en todos los aspectos para no verse sorprendido con avances académicos engañosos producto de haber marginado algún planteamiento descrito líneas arriba. Buscamos integrar las líneas sociales, científicas y prácticas en un solo paquete evaluativo con miras al futuro, al cambio de paradigma socio-educativo puesto que, “Los nuevos mundos están esperando, y también los nuevos paradigmas la clave para su descubrimiento es su deseo de abrir los ojos para ver las posibilidades que están frente a ustedes” (Barker, 2002. 18m14s).
5. CONCLUSIONES
La mejora social es posible a través de una educación democrática, homogénea y futurista en todos los sentidos. Cuando referimos al evaluador universitario, este debe entender que su labor está en función a las nuevas interacciones humanas que desarrollan otras maneras de entender el mundo y sus problemáticas. Por tanto, la educación debe cumplir los requisitos antes mencionados con una evaluación universitaria que entienda las nuevas los nuevos mecanismos de relación humana.
Los avances y retrocesos académicos solo es posible conocerse a través de evaluaciones sistemáticas, éticas y científicas, en consecuencia, existe la necesidad de formar y capacitar constantemente a los encargados de evaluar todo un proceso educativo, quienes deben cumplir un perfil acorde a la estructura socio-académica de la institución. Proponemos entonces que las universidades presten mayor atención a la formación de evaluadores si pretenden sincerar sus cifras académicas y virar hacia un mejor futuro científico.
No solo los evaluadores deben cambiar y mejorar sus métodos y alcances, las propias universidades deben esforzarse por renovar todos sus contenidos académicos desde normas que movilicen toda actividad educativa como el currículo, los estándares de rúbricas, proyectos y demás. Las universidades en crecimiento deben entonces mejorar todo un paquete académico que implica renovar sus métodos tradicionales de evaluación que implique la cognición y sentimiento del evaluado universitario.
La educación universitaria necesita un cambio de paradigma que posibilite descubrir nuevas maneras de solucionar el mundo, erradicando métodos puramente estadísticos que cuantifiquen resultados sin considerar las opiniones, pensares y sentimientos de la población universitaria y social. En tal sentido, postulamos a los evaluadores universitarios como uno de esos agentes de cambio que posibiliten al estudiantado a través de sus exámenes, otra manera de fortalecer al hombre y permitir visibilizar sus destrezas no encerrándolos en cuestiones que no son propiamente del interés del educando.
Conflicto de intereses / Competing interests:
Los autores declaran que no incurren en conflictos de intereses.
Rol de los autores / Authors Roles:
David Auris Villegas: Conceptualización, curación de datos, análisis formal, investigación, metodología, recursos, software, supervisión, validación, visualización, administración del proyecto, escritura -preparación del borrador original, escritura -revisar & amp; edición.
Beatriz Carhuachín Velásquez: Conceptualización, análisis formal, investigación, metodología, administración del proyecto, escritura -preparación del borrador original, escritura -revisar & amp; edición.
Pablo Saavedra Villar: Conceptualización, análisis formal, investigación, metodología, administración del proyecto, escritura -preparación del borrador original, escritura -revisar & amp; edición.
Nicomedes Esteban Nieto: Conceptualización, análisis formal, investigación, metodología, administración del proyecto, escritura -preparación del borrador original, escritura -revisar & amp; edición.
Alex Daniel Reátegui Chavarri: Conceptualización, análisis formal, investigación, metodología, administración del proyecto, escritura -preparación del borrador original, escritura -revisar & amp; edición.
Fuentes de financiamiento / Funding:
Los autores declaran que no recibieron un fondo específico para esta investigación.
Aspectos éticos / legales; Ethics / legals:
Los autores declaran no haber incurrido en aspectos antiéticos, ni haber omitido aspectos legales en la realización de la investigación.
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