Resumen
En la actualidad, el neoliberalismo tiene un predominio sobre la sociedad, generando una crisis de toda índole. El objetivo del presente trabajo fue analizar la educación en el contexto neoliberal y estudiar la alternativa de la pedagogía crítica como salida a la crisis educativa actual. Para el análisis, se empleó el método cualitativo con un diseño de tipo documental, para lo cual, se hizo una revisión de literatura científica relacionada a la educación, el neoliberalismo y la pedagogía crítica. La revisión de la literatura científica permitió entender la crisis política y educativa del modelo neoliberal, asimismo, permitió conocer una propuesta denominada pedagogía crítica que posibilita emancipar el contexto académico, cultural, ecológico y social, fomentando el pensamiento crítico y ejercicio de la ciudadanía.
Palabras clave
1. INTRODUCCIÓN
La sociedad de mercado requiere la intervención del Estado para garantizar su desarrollo, a través de la aplicación de políticas y normas que la favorezcan. En este sentido, las instituciones públicas son convertidas en instrumentos y objetivos de mercado gracias al establecimiento de la competitividad, desregulación y privatización de instituciones con la garantía del Estado (Molina, 2020). También, la libertad es usada por el sistema neoliberal para ocasionar cálculo y egoísmo, donde se privilegia lo individual a través del “talento” para asegurar el triunfo personal, haciendo a un lado lo colectivo y originando así, el neodarwinismo social (Díez, 2019), constituyéndose este sistema, como la gran fábrica de pobres (Álvarez, 2018). Por otro lado, el objeto productivo del capitalismo es la máxima producción y para ello, necesita trabajadores rentables que brinden altas fuerzas de trabajo, con gasto energético y alimenticio que sea similar al de niños y ancianos. En consecuencia, los jóvenes en etapa escolar son vistos como las futuras masas productivas (Gómez & Gómez, 2011).
En el ámbito educativo, el sistema neoliberal maneja una narrativa de inclusión y promueve, nominalmente, que se practique la igualdad y equidad. Sin embargo, en los hechos, preconiza la marginación, la ausencia, la opresión y la exclusión. En consecuencia, el sistema educativo neoliberal excluye a quienes no cumplen con los parámetros instaurados por su dimensión económica (Ortiz & Zacarías, 2020). Por otro lado, la noción neoliberal de calidad en el ámbito educativo es propio del mundo empresarial porque se la califica con parámetros mercantiles tales como el control, la mejora y el aseguramiento de la calidad educativa, tomando a la educación como una empresa productora de mercancías, que pueden ser sujetas a control e incluso a procesos de cuantificación y estandarización (Vega, 2014). Una muestra concreta del resultado negativo de lo señalado anteriormente, es revelada por la prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos), aplicada el año 2018 por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), en donde podemos observar un panorama claro sobre la situación educativa en América Latina. Estos resultados permiten reflexionar sobre las políticas del neoliberalismo y su implicancia en el ámbito educativo.
Ante esta realidad de la educación en crisis, se han ido desarrollando nuevas corrientes pedagógicas que buscan luchar contra la mercantilización de la vida y del saber. Luchan por una educación digna, una educación gratuita, universal, laica, democrática, integral y sobre todo, crítica que tiene que ser digna y no de calidad exclusivamente (Vega, 2014).
La nueva pedagogía debe luchar contra cualquier tipo de explotación, así como contra la miseria y la expulsión. Asimismo, realizar cambios profundos en lo cultural, esto implica frenar el avance del sistema neoliberal en el cual estamos inmersos (Tranier, 2019).
Una nueva alternativa es la pedagogía crítica la cual se fundamenta en reivindicar al individuo, fortaleciéndolo para resistirse, liberarse y emanciparse del modelo actual deshumanizante. Sin embargo, emanciparse viene a ser un avance en la búsqueda de una sociedad alterna que posea un modelo económico humanista, inclusivo e independiente y sobre todo, que anteponga la vida. Esta pedagogía contiene implícitamente una propuesta de carácter político y ético (Gómez & Gómez, 2011). En ese sentido, la pedagogía crítica tiene la capacidad de reconocer y potenciar espacios educativos de conflicto, resistencia y creación; ratificando así, la esperanza emancipadora de la voluntad humana. Su fundamento es de carácter teórico - científico y también se fundamenta en prácticas educativas funcionales. No obstante, necesita de una utopía posible (Trujillo, 2017). Además, la pedagogía crítica tiene el reto de suprimir cualquier impedimento como el racismo, el sexismo y otras desigualdades impuestas por el sistema educativo, las religiones y el Estado que impide a las personas desarrollar sus potencialidades. Por ende, el nuevo educador debe ceñirse al carácter evolutivo de esta pedagogía y en ese sentido, ser autocrítico para renovarla permanentemente y construir una nueva sociedad donde prime la razón y no la autoridad, la tradición y no el dogmatismo (Ross, 2020).
Por todo lo expuesto, es necesario implementar nuevos modelos pedagógicos como la pedagogía crítica que busquen una educación humanizadora, digna, sin desigualdades, con carácter integral y democrática para que las personas sean libres de tomar sus decisiones y puedan construir una sociedad emancipada.
2. MÉTODO Y MATERIALES
Se empleó la metodología cualitativa con un diseño de tipo documental, ya que el proceso estuvo basado en la búsqueda, recuperación, análisis, crítica e interpretación de datos, los que fueron obtenidos y registrados por otros investigadores en fuentes documentales (Arias, 2012). Para la obtención de la literatura científica, se efectuó la búsqueda con las palabras clave: pedagogía crítica, educación y neoliberalismo, pedagogía de la liberación, fracaso neoliberal, alternativa educativa, entre otros. Se utilizaron los diferentes sitios web de indagación como Scopus, Redalyc, Scielo, Dialnet, Science Direct, Google académico, revistas especializadas en pedagogía y otros. Para gestionar la bibliografía se utilizó el sofware bibliográfico Mendeley. Asimismo, se ha recurrido a fuentes primarias y secundarias, privilegiándose lo primigenio (Baena, 2017).
Para el procesamiento y análisis de los documentos se tomó como referencia el esquema propuesto por Arias (2012) y Guirao et al. (2008) de la siguiente manera:
Etapa 01: Búsqueda de fuentes en base de datos, principalmente electrónicas. Donde consistió en la búsqueda de documentos en las diferentes páginas científicas y palabras clave de acuerdo al tema de investigación.
Etapa 02. Lectura inicial de los documentos disponibles. Se dio una revisión preliminar de los documentos identificando la información relacionada al tema de investigación.
Etapa 03. Elaboración de un esquema preliminar y organización de la información. Se ha realizado un esquema tentativo como base para la estructura del artículo, asimismo, organizar la información científica.
Etapa 04. Recopilación de datos mediante la lectura evaluativa y elaboración de resúmenes. Se hizo un estudio exhaustivo y analítico de los documentos para la elaboración de resúmenes estrictamente relevantes con el tema de investigación.
Etapa 05. Análisis e interpretación de la información recolectada en función del esquema preliminar. Se procedió a realizar un análisis crítico e interpretación de todos los documentos obtenidos y organizarlos de acuerdo al esquema propuesto.
Etapa 06. Formulación del esquema definitivo y desarrollo de los capítulos. Consistió en organizar y estructurar en forma definitiva con base en la información obtenida anteriormente.
Para la selección de los documentos científicos se ha verificado la calidad metodológica –el título, los autores, el resumen y resultados– y científica (Guirao et al., 2008), de los cuales, se recopilaron 337 documentos y se descartaron 252 documentos por falta de rigor científico y relación con los fines de búsqueda.
3. RESULTADOS Y DISCUSIONES
Implementación de la política neoliberal
En 1970 se iniciaron las políticas sociales y económicas de corte neoliberal, iniciando con Chile y para 1980, con injerencia del Banco Mundial (BM), se establecieron políticas neoliberales en Latinoamérica, África Subsahariana, Nueva Zelanda y Australia (Molina, 2020). Como consecuencia, la relación del Estado con la sociedad y las instituciones sufrió un cambio significativo (Giraldo & De La Cruz, 2017). Con ayuda del BM y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), muchos gobiernos de Latinoamérica aprueban políticas a través de leyes educativas de carácter neoliberal (Tello, 2015). Estas instituciones financieras internacionales tienen como objetivo instaurar e imponer políticas que beneficien al gran capital (Galindo et al., 2015).
Otro de los organismos internacionales que promueve el neoliberalismo educativo es la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Los países como Brasil, Argentina y México con la participación del BM y la UNESCO, han promovido el servicio educativo desde el sector privado, dando la percepción de la educación como un componente mercantil que debe estar inmerso en la lógica de oferta y demanda (Ascolani, 2008), asignándole valor monetario en el mercado (Rifo, 2013). Se evidencia entonces al respecto, que la UNESCO es un organismo parcializado (Bonilla, 2017).
En América Latina, la aplicación del neoliberalismo ha mermado el accionar del Estado (Kay, 2009), particularmente en la educación. Por ejemplo, en Chile, la política educativa sostenida en el modelo neoliberal, ha privilegiado al sector privado a través de subsidios estatales y con restricciones en los gastos fiscales en la educación estatal, afectando de manera directa el presupuesto del sistema educativo público (Espinoza, 2017). Otro ejemplo claro es el caso peruano, en donde la educación universitaria está tomando la ruta comercial, para integrarse al proceso de globalización neoliberal de la sociedad (Mejía, 2017). En estas condiciones, el Estado juega un rol subsidiario, favoreciendo lo mercantil en vez de garantizar la educación (Tovar, 2020). Del mismo modo, el modelo neoliberal celebra la militarización, la hipermasculinidad, la supervivencia y la competencia extrema, tal es así, que los portavoces del neoliberalismo eliminan o destruyen las condiciones sociales, los programas de jubilación y los beneficios sanitarios permitiendo que la desigualdad se amplíe con el objeto de expandir y salvaguardar los intereses de la élite mercantil, en vez de invertir en las escuelas, en la atención sanitaria, en la niñez y la juventud, en infraestructuras que son muy necesarias para la sociedad (Giroux, 2013).
En ese sentido, los teóricos que defienden la mano invisible del mercado, se esmeran en señalar que no hay compatibilidad entre crecimiento, extensión y calidad del servicio educativo que emane del sector público, por ende, las políticas de universalizar la educación, traen consigo la pérdida de la calidad educativa ( Miñana, 2010; Santarrone & Vittor, 2004). En efecto, las políticas educativas neoliberales son políticas mercantiles que promueven la competencia en la educación, demostrándose a través de estudios que este modelo propicia resultados negativos (Assaél et al., 2015). Consecuentemente, en términos de calidad el sistema educativo, es irrisorio (Astete, 2014). Además, los promotores de la ideología y política neoliberal, en términos de la educación mercantil, consideran a los docentes como simples asalariados y a los estudiantes en simples consumidores. Para alcanzar esta magnitud degradante, los defensores neoliberales pretenden traerse abajo la educación pública y destruir cualquier tipo de imaginación para establecer sus fines económicos (Giroux, 2018b; Giroux, 2019). En consecuencia, la educación actual ha perdido: “por un lado, la pretensión socio-política de sustentar la construcción de la utópica sociedad del mañana (…) y por otro lado, el optimista humanismo enciclopédico-ilustrado que aspira al progresivo desplegamiento de las facultades humanas, mediante la acción educativa” (Guzmán, 2020, p. 189). Asimismo, en las currículas vinculan al saber, la ciencia y la tecnología solo con fines económico-administrativos, atomizando los conocimientos como una consecuencia de formular e imponer contenidos específicos como “socialmente validos” y la clasificación de estos contenidos tienen como objetivo la asimilación pasiva de ciertas informaciones, atrofia de la crítica, reflexión y compromiso (Santarrone & Vittor, 2004).
En definitiva, las reformas educativas de corte neoliberal han significado un fracaso: las pruebas evaluativas, los currículos, entre otros. Sin embargo, es necesario abandonar estas políticas y tomar nuevos rumbos de gran escala, que permita forjar una clase política interesada en el bien social, pero, que nazca del corazón de la ciudadanía con cohesión y convicción (Giroux et al., 2020).
Por último es importante señalar que, la imposición del modelo neoliberal en países que se encuentran en vías de desarrollo, por parte de Estados Unidos y sus organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el BM, han sido violentas y coactivas, se impuso con la falsa propuesta de llevar progreso y desarrollo, siendo víctima de este proceso, la educación (Ramírez, 2020). Por otro lado, las políticas educativas de carácter neoliberal, no ha forjado ciudadanos críticos y creativos, no se ha conseguido las condiciones básicas de calidad y tampoco una educación democrática e integral que fomente el desarrollo (Jiménez, 2017). En lo económico, a nivel de presupuesto, ha sido ineficiente para cambiar la situación actual de la educación (Alcántara, 2008). Al contrario, se ha fomentado la privatización, el libre comercio y desregulación, teniendo como consecuencia el darwinismo económico (Giroux, 2018a).
El neoliberalismo en la educación
La educación, el neoliberalismo y la globalización, son prácticas sociales de carácter político, económico y social que no está libre de contradicciones (Rivero, 2013). El neoliberalismo, como una filosofía e ideología afecta cada espacio de la vida colectiva, y no solamente tiene que ver con la política, la economía que busca el libre comercio, la disminución del gasto estatal y la anulación de cualquier tipo de intervención que venga del Estado (Giroux, 2004). En ese sentido, no solamente implica la intervención en el plano económico o estructural, sino también en el plano espiritual, cultural y finalmente educativo.
La cultura neoliberal, no permite experimentar la cultura del pensamiento. El contexto cultural predominante en la actualidad es el crecimiento económico, sin importar otras aristas. Esta cultura altera la organización de los sujetos y las mentes, por otro lado, este sistema llama a educar sin quebrantar o criticar el modelo establecido (Cánovas, 2014). La escuela es precaria porque se olvida formar hombres que ejerzan una verdadera ciudadanía y solo se centran en forjar emprendedores (Caviglia, 2016). Como resultado se tiene individuos bien adiestrados y competitivos para satisfacer el mercado laboral (Ferreira & Vicentini, 2017). En este sentido, la academia cambia la posición cultural y social de la gente, pero ¿en qué medida los valores son favorables para algún tipo de sociedad o en qué medida la escuela produce actitudes sociales que influya en la vida de la gente? De hecho, es válida y vigente esta pregunta para analizar la situación de la gente educada, la crisis educativa, la estructura y presupuesto del sistema educativo (Recio, 2014). Además, hoy en día, en las academias, los estudiantes aprenden a ignorar el sufrimiento de la gente, aprenden a ignorar el verdadero valor de la vida, porque la política y la moral es la nada. Son educados para el interés o preocupación individual, mas no por la comunidad. Asimismo, la calidad es un término utilizado por el neoliberalismo para cuantificar y cosificar la educación actual (Santarrone & Vittor, 2004). El ser humano está en peligro de ser abatido por el capitalismo porque es sometido y reducido a simple objeto, los valores y normas de la vida se inclinan hacia el olvido, las desigualdades se sumergen en lo social (Mclaren, 2015), generando desigualdades en el sistema educativo con un marcado énfasis en el sector rural (Canaza, 2018). Una educación de esta naturaleza despolitiza la sociedad, destruye el pensamiento que permita buscar una sociedad más justa, democrática y equitativa (Giroux, 2015b). Entonces, la enseñanza, vista como un entrenamiento, se convierte en aquello que perturba la mente y apaga el imaginario de los docentes y estudiantes (Giroux, 2015a). El pensamiento crítico es desacreditado, ya que permite al individuo involucrarse y organizar la sociedad (Giroux, 2017).
La educación con sometimiento ideológico neoliberal, anula cualquier tipo de participación real de la ciudadanía, dada la dominación de la lógica de reproducción social, la homogenización, la búsqueda inalcanzable de la calidad estandarizada y la competitividad, haciendo que predomine la moral neoliberal (Cortés et al., 2020). En consecuencia, un modelo educativo con características plenas de libre mercado y competitividad, trae consigo la segregación socioeconómica e inequidad de oportunidades, generando problemas y dificultades graves por un lado, y por el otro, beneficiando a un sector minoritario y elitista (Díaz, 2012). Por ello, la educación actual es una crisis bajo los efectos del neoliberalismo, porque los individuos que han sido instruidos con estas políticas dejan de percibir la realidad, dejan de alzar la voz, dejan pasar de manera natural cualquier injusticia social para que los ideólogos liberales y las empresas multinacionales, aprovechándose de ese contexto, sigan destruyendo al ser humano con guerras, explotación, con hambre, sed y epidemias. Por eso, a la humanidad solo le queda resistirse inteligentemente, sin entreguismos, así como nuestros antepasados indígenas soportaron a los invasores. Además de esto, la nueva educación debe investigar la verdad, la vida, la realidad de manera íntegra, sin desmerecer la importancia de la ecología (Padilla, 2014).
Luchar por la educación es una cuestión de Estado y defensa irrestricta de la democracia, porque esta lucha no solamente pasa por la simple actividad tecnócrata y tampoco se resume en los salones escolares o en los ministerios, ni mucho menos en los espacios sindicales (Torres, 2008).
La pedagogía crítica como alternativa
Es evidente que la educación bajo los parámetros neoliberales ha devenido en rotundos fracasos y que en tanto se mantengan los modelos educativos de corte neoliberal, esta situación no podrá revertirse. No obstante, a pesar de todo, se percibe una educación diferente, una educación que aspira más allá de lo mercantil, una educación emancipadora que surge de la sociedad con acceso igualitario al saber y se forja con principios de libertad y esperanza (Mejía, 2018).
Entonces, desde la educación es necesario generar nuevas formas de civismo, para que las futuras generaciones se involucren en la emancipación radical y urgente que necesita nuestra sociedad (Giroux et al., 2020). Por ello, el reto principal del nuevo paradigma educativo es considerar a la educación como práctica de la libertad y lograr una democracia auténtica que enseñe al educando que es un ser social con ética y que debe respetar a sus congéneres del mundo (Giroux, 2015b). Por otro lado, es necesario reconocer lo político, desterrar la idea de que la neutralidad es posible y promover la deconstrucción de lo establecido para embanderar y repensar el contexto social e histórico (Forcadell & Socolovski, 2018). Es imprescindible, entonces, relacionar o enlazar la educación con la acción política, para inducir ciudadanos críticos y de esta forma resolver urgentemente el problema ético del sufrimiento humano (Giroux, 2020).
En la formación del hombre, la pedagogía posee su propio objeto de estudio como ciencia social, porque promueve el desarrollo íntegro del ser humano en actitudes, habilidades productivas, desarrollo de inteligencias, aprendizaje de las culturas, etcétera (Hernández & Gayoso, 2010). En síntesis, es una práctica social en escenarios de otras prácticas sociales y se relacionan entre si (Rivero, 2013).
En la actualidad, en medio de un proyecto político y económico que se centra en la producción, consumo y la ganancia es necesario revalorar lo humano. En este sentido, la formación escolar que pretende ser pública, puede aportar elementos importantes en relación a identificar la “lógica del consumo”, que cosifica el conocimiento, utilizando a este en pro de la producción y el marketing, al tiempo que ve a la persona como un trabajador y un consumidor (Alves, 2017). Los centros educativos, tienen la obligación de producir saberes y conocimientos, al mismo tiempo debe ser un espacio de transformación donde los profesores y estudiantes sean los elementos fundamentales en la búsqueda de una sociedad más justa, y que el salón sea el espacio donde se reconozca y se comparta la experiencia social, donde aprendan a reconocerse a sí mismos, a los demás y su entorno socio-cultural y político (Casillas, 2019).
Es innegable la crisis de la educación y la política en Latinoamérica. Por eso, es imprescindible aplicar la pedagogía crítica y considerar al pensamiento crítico como el punto cardinal que debe insertarse en las ciencias sociales y humanidades con rasgos importantes de lo “rural-urbano-rural” (Huanca & Canaza, 2019). También, el ejercicio docente debe romper con la pedagogía bancaria, vertical, homogeneizadora y prescriptiva, tomando como alternativa la pedagogía crítica planteada por Freire (Garduño et al., 2020).
La pedagogía crítica fue desarrollada por Paulo Freire y ampliada por Giroux y McLaren. Este último, se vio obligado a definirse a qué tipo de pedagogía pertenecer y al final se convenció del postulado de Freire, ya que la pedagogía neoliberal reproduce el capitalismo y la dominación, además considera al estudiante como un sujeto pasivo que solo recibe conocimientos e instrucciones y después se adiestra para la producción. A esta categoría, Freire la llamó “educación bancaria” y es por esta razón que, si no se detiene el avance de este sistema decadente, terminaremos en la barbarie (Quiroz, 2018).
La pedagogía crítica con principio contrahegemónico estimula la pedagogía del individuo autónomo, genera habilidades críticas, equipa de conocimientos y habilidades que permita al ciudadano interpretar la realidad de manera crítica. También, permite movilizar y propiciar la modificación de aquellos obstáculos que limita la potenciación del individuo y las comunidades (Gonçalves, 2015). Por ello, la pedagogía crítica no solo promueve el pensamiento crítico, más al contrario, propicia el compromiso social como responsabilidad ciudadana, vincula lo académico al ámbito social, el conocimiento a la vida pública, la educación a la democracia entendiéndose como actividad moral y política (Giroux, 2004; 2015b; 2020). Por ende, un sujeto social, aprende a vivir en sociedad (Aguilera & Clavijo, 2021). La pedagogía emancipadora ayuda a entender que el trabajo escolar trasciende los límites del aula (McLaren, 2012), evita la búsqueda de la verdad y la justica fuera de la historia viva de la humanidad, lucha por construir el proceso de transformación (McLaren & Jaramillo, 2010), promueve la conciencia transformadora y liberadora (Monroy et al., 2018), contempla el derecho real a la educación, porque no solo garantiza la igualdad de oportunidades, sino que también impulsa la igualdad de resultados (Flecha & Villarejo, 2015). Lo más resaltante de la pedagogía crítica es su carácter no colonizador a nivel de la práctica educativa, porque pretende liberar al sujeto promoviendo el autoaprendizaje para la generación del conocimiento colectivamente (Cánovas, 2014). Con estudiantes creativos, reflexivos y analíticos cabe la posibilidad de crear un espacio diferente para el conocimiento (López, 2019). Y en esta propuesta, se defiende prácticas educativas que consideren lo humano, la unidad entre la enseñanza y la investigación, la problematización como punto de partida y el dialogo como puente de la praxis pedagógica (Ferreira & Garrido, 2019).
Así mismo, la pedagogía crítica, por su carácter integral, también tiene que ver con la interculturalidad y formación de un a conciencia ecológica. Por ello, la pedagogía de Freire, con relación a la interculturalidad como educación, concibe que el sujeto se encuentra en proceso de construcción de la historia, denominando a esta concepción como educación problematizadora (Verdeja, 2017). Con relación a la educación popular ambiental, se revela que la práctica emancipadora favorece la articulación del ser humano con el entorno ambiental, se fortalece de esta manera, la ética ecobiocéntrica que refuerza la construcción de alternativas sociales y ecológicas (García, 2020). La teorización y la metodología, y la combinación de estas, en el proceso pedagógico ayuda a reflexionar sobre la problemática educativa ambiental, permite avanzar en la educación hacia el desarrollo sostenible y la comunicación ambiental (Alarcón, 2020). En Freire, apreciamos la posibilidad de cambio, del mundo injusto a un mundo ético y solidario (Verdeja, 2017).
Por otro lado, la labor docente es importante en el proceso de la implementación de la pedagogía crítica, dado su papel de facilitador de información y guía en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Entonces, para el éxito académico el docente debe contextualizar a los sujetos participantes y durante este proceso de diagnóstico, es importante considerar la situación de los estudiantes, sus aspiraciones, sus perspectivas y el objetivo del currículo; solamente así, es viable facilitar el proceso de aprendizaje (García, 2016). Al respecto del currículo central, este debe estructurarse y garantizarse desde el Estado y no así, un currículo de mínimos (Díaz, 2012). El nuevo docente debe superar la mera transmisión de contenidos y debe impulsar la vinculación aula-comunidad, debe ser consciente de la realidad política, económica y social, debe luchar por la igualdad y construir el pensamiento crítico, pero no solamente ello, también, debe luchar por transformar su condición laboral considerando de que una sociedad mejor y diferente se construye a partir de un docente digno (Toruño, 2020). Además, debe potenciar las posibilidades del sujeto y de esta manera logre la emancipación económica, política y cultural (Amaya, 2017). Para que se dé una pedagogía transformadora, es imprescindible la coherencia entre lo que dice y lo que hace, de lo contrario, no se llevará a cabo el proceso crítico y de liberación (Villamar et al., 2021). Freire, reconoce al educando como sujeto cognoscente, reflexivo, cuestionador de la realidad y constructor de su propia historia y de la sociedad (Núñez, 2020). Por eso es importante que el docente según el enfoque de la pedagogía crítica, consiga conjugar el ámbito cognitivo (las habilidades y competencias) con el ámbito político (González, 2016).
Por otro lado, las metodologías y los currículos pedagógicos se construyen de acuerdo a las necesidades y motivaciones de la sociedad en particular y para esto, se debe considerar el contexto histórico, territorial, social, cultural y la cosmovisión (García, 2020). Porque la realidad social no es igual en todo el mundo y por ello, es necesario considerar lo particular del contexto social en sus dimensiones físicas, intelectuales, emocionales, sociales y éticas para conjugar armoniosamente la labor científica con la naturaleza subjetiva del individuo (Cánovas, 2014). En este sentido, el rol de las humanidades es imprescindible para el desarrollo de la sensibilidad, la empatía, el respeto, la investigación e innovación, el pensamiento crítico y los valores, que son importantes al momento de formar personas capaces de liderar una emancipación socio-cultural (Llanos, 2018). Asimismo, la complejidad de los fenómenos sociales, hace que los docentes den respuesta a las diferentes facetas de la vida diaria (Ruiz, 2010). Por ello, la escuela no debe ser vista como un sistema monolítico, unitario, obediente a las reglas y normativas; por el contrario, tiene que ser un escenario cultural que movilice los grados de acomodación, contestación y resistencia (Mclaren, 2015). Es importante desde la pedagogía crítica, reivindicar el éxito escolar mediante procesos constituyentes con participación inclusiva de todos los agentes sociales y educativos (Cortés et al., 2020). Porque, como plantea Freire, la pedagogía crítica genera elementos para el cambio social y el enfoque hacia la educación con derechos humanos (Núñez, 2020). La relación entre educación y derechos humanos no solo debe formar parte de un currículo como sustento, sino para construir un acervo cultural y ético que alimente las relaciones interpersonales (Álvarez, 2018).
Por otro lado, se vive tiempos donde el verdadero significado de la democracia, está sufriendo cambios radicales (Apple, 2010) y el asalto a la democracia, parte con la mercantilización educativa (Giroux, 2015b). Por ello, es difícil comprender la denominación del éxito educativo, si no se desarrolla el ejercicio real de la ciudadanía (Soler, 2017). Asimismo, la pedagogía debe volver a retomar el verdadero valor de la democracia, porque la democracia ha sido tergiversada, hay que profundizar y transformarla para que nuestra práctica cotidiana haga un rechazo a la exclusión, la pobreza, la corrupción y la mercantilización (Carabantes & Contreras, 2019). La escuela debe construir ciudadanos que ambicionen buscar una sociedad justa, solidaria e inclusiva, que permita acercarse cada vez más a la equidad de oportunidades, a la igualdad política, económica y cultural; asimismo, que faculte deshacerse de los accionares discriminatorios. Para lograr ello, no se debe hacer a un lado la democracia real, al contrario, hay que explicar el contexto real de la democracia, y al hacerlo, debe considerarse principalmente la participación de los ciudadanos en la toma de todas las decisiones que involucre a la comunidad, la nación y el mundo y no la falsa democracia electoralista, porque esa democracia es vacía e insuficiente para realizar cambios verdaderos en la sociedad. Por eso, es urgente y necesario practicar la verdadera democracia para alcanzar una participación plural de la ciudadanía y fomentar el pensamiento libre, creador y crítico con autonomía reflexiva para hacer a un lado cualquier intento de dominación (Gómez & Gómez, 2011). Es decir, para implementar una pedagogía emancipadora, se necesita de un contexto de democracia real, que no favorezca a unos cuantos y perjudique a muchos.
Finalmente, muchos adversarios dirán que este planteamiento es una utopía romántica que se aleja del mundo objetivo y que es irrealizable. Pero en la historia de la humanidad, la pedagogía y la política han servido como escenario potencializador de construir otras formas posibles del devenir humano. Por ello, es importante la utopía porque permite motivar la acción de construir proyectos políticos y sociales, en base al principio de adaptabilidad del ser humano al momento histórico en el que se encuentra (Muñoz, 2016). Es momento de entender como ciudadanos, la necesidad de romper con este modelo imperante y decadente. Para ello, es inevitable impulsar una educación que lo haga posible, que genere ciudadanos y profesionales críticos de la realidad y asuman la verdadera democracia sin apasionamientos, sin confundir el ejercicio crítico con la anarquía o activismo infundado. También es necesario que los pedagogos desarrollen en el colectivo la capacidad de reflexionar, pensar y actuar conscientemente en discusiones profundas y no en convicciones individualistas y superficiales (Marinho & Silva, 2018).
Definitivamente no necesitamos a Freire a nuestro lado, sino necesitamos y nos dirigimos a su legado teórico y práctico, al Freire activista comprometido con la educación popular que defienda la praxis emancipadora y la educación revolucionaria. De hecho, es vital el postulado de Freire para avanzar hacia lo factible sin defraudarnos y transformar, a través de la educación, la realidad opresiva (Ferreira & Garrido, 2019). También es necesario recoger la ética propuesta por Freire que prescinde o va más allá del discurso y es esencialmente práctica y por eso es una ética instrumental que, más que una herramienta de reflexión, es una herramienta de acción, y más que una acción, esta se da (Méndez, 2020).
El análisis de la revisión nos permite evidenciar dos cosas importantes: primero, la insostenibilidad de la educación dentro del modelo neoliberal dada por su carácter mercantil y competitivo, promovido por una ideología individualista que conlleva a la pérdida del pensamiento crítico de los estudiantes. Segundo, ver en la pedagogía crítica una alternativa importante como paradigma para el cambio de la pedagogía neoliberal imperante. No obstante, se sugiere realizar otras revisiones con respecto al desarrollo histórico del neoliberalismo y la educación desde los inicios de la revolución industrial, también, realizar estudios con respecto al desarrollo de la pedagogía crítica, así como el análisis del contexto económico y social de su origen, desde el pensamiento de sus principales exponentes como Freire, McLaren y Giroux.
4. CONCLUSIONES
El modelo neoliberal se ha enquistado en muchos países latinoamericanos a través de políticas públicas que han sido promovidas y desarrolladas por instituciones internacionales como el BM, el BID y la UNESCO, desregulando el papel del Estado en materia educativa.
La consecuencia de la aplicación del neoliberalismo en la educación es la pérdida del pensamiento crítico. Las personas son educadas para no quebrantar o criticar al sistema, son bien adiestradas y competitivas para satisfacer el mercado laboral, son educados para el interés o preocupación individual mas no por la comunidad y sirvan como instrumentos para producir y acumular capital. Es así que, la escuela es precaria y trae consigo la segregación socioeconómica e inequidad de oportunidades, llevando a la educación actual a una crisis. Por otro lado, mirar a la educación desde el lado teórico sin visualizar el lado político es una ceguera, porque lo político está intrínsecamente relacionado con la educación. Por ende, las intenciones de los demagogos liberales es apagar la capacidad crítica de los estudiantes para fortalecer el modelo que tanto defienden. Entonces, se debe reconocer y practicar la importancia de lo político y desterrar los planteamientos de neutralidad.
No obstante, existe la pedagogía crítica, como una alternativa para combatir la crisis pedagógica y educativa que hoy agobia. Esta alternativa consiste en formar personas con compromiso social y responsabilidad ciudadana generando habilidades críticas, promoviendo la conciencia transformadora y liberadora. También dota de conocimientos y habilidades que permiten al ciudadano interpretar la realidad de manera crítica. La pedagogía crítica permite reconocer la interculturalidad y genera una conciencia ecológica real. Sin embargo, para la implementación de esta propuesta emancipadora primero, el docente debe superar la enseñanza que se centra en la transmisión de contenidos, debe ser el promotor e impulsor de la vinculación aula-comunidad, fomentar el pensamiento crítico y fortalecer la transformación de la desigualdad social, explotación y la enseñanza bancaria en el escenario neoliberal y segundo, el currículo debe surgir de la necesidad del contexto social o comunidad tomando en consideración su cultura, su historia, su territorio y necesidades particulares. Debe expeler cualquier currículo de imposición o aquello que atente la integridad del estudiante y el maestro. Para que esta propuesta se haga realidad, es necesario contar con una democracia real que permita la intervención plural de todos los actores sociales en el proceso educativo. Por último, esta alternativa es una propuesta utópica y como tal, permite visualizar un mundo más humano, como una guía para su realización.
Por último, se sugiere realizar estudios que puedan ahondar en los mecanismos claros y herramientas concretas para implementar la pedagoga crítica en los centros educativos escolares y universitarios. Asimismo, se sugiere realizar estudios en cuanto al papel del Estado en función a implementar una nueva pedagogía como política real.
Agradecimientos / Acknowledgments:
Expresamos el agradecimiento a los docentes de la maestría en Investigación y Docencia Universitaria, de la Escuela de posgrado de la Universidad Nacional del Altiplano de Puno, Perú.
Conflicto de intereses / Competing interests:
Los autores declaran que no incurren en conflictos de intereses.
Rol de los autores / Authors Roles:
Yerwin Salinas: conceptualización, curación de datos, análisis formal, adquisición de fondos, investigación, metodología, administración del proyecto, recursos, software, supervisión, validación, visualización, escritura - preparación del borrador original, escritura - revisar & amp; edición.
Ruben Huaman: conceptualización, investigación, metodología, administración del proyecto, recursos, software, supervisión, validación, visualización, escritura - preparación del borrador original, escritura - revisar & amp; edición.
Fuentes de financiamiento / Funding:
Los autores declaran que no recibieron un fondo específico para esta investigación.
Aspectos éticos / legales; Ethics / legals:
Los autores declaran no haber incurrido en aspectos antiéticos, ni haber omitido aspectos legales en la realización de la investigación
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