Revista Innova Educación. (2020). Vol. 2 Num. 4. pags. 576-587

Revista Innova Educación https://revistas.inudi.edu.pe/rie ISSN: 2664-1496 ISSN-L: 2664-1488 Editada por: Instituto Universitario de Innovación Ciencia y Tecnología Inudi Perú
Artículo original

Estructura y cultura socio-económica de la comunidad campesina en el Perú

DOI: https://doi.org/10.35622/j.rie.2020.04.005

Resumen

Objetivo: Fue evaluar la estructura organizativa de comunidades campesinas en el Perú    y su contribución al desarrollo de la economía nacional. Se trabajó con 6 comunidades campesinas. Métodos: Descriptivo, observacional y mixto. Instrumentos: entrevista, encuesta, revisión documentaria y ratios financieros.  Resultados: Las ratios financieras fueron bajos, cuentan con una solvencia para endeudarse, pero son incapaces para fortalecer la comunidad, la producción agrícola no tiene definido los mercados y las ventas son aisladas. En consecuencia, el modelo actual de comunidad no ayuda a la nueva visión de comunidad - empresa. Conclusiones: Trabajar como comunidad no es rentable y es imposible pagar a sus asociados. La capacitación tiene incidencia directa en la gestión y desarrollo comunal. La liberalización de tierras resulta peligrosa porque los comuneros terminarían sin tierras y más pobres. Los socios no tienen interés en mantenerse en la comunidad. La contribución al fisco solo se da a través de impuestos indirectos como el IGV, por estar exonerados de todo impuesto el sector agrario primario. Es importante implantar cultivos de mayores demandas en el mercado a la vez rentables en una nueva estructura de comunidad.

1. INTRODUCCIÓN

La situación actual de las comunidades campesinas en el Perú se ha convertido en una carga para el gobierno peruano, producto de la reforma agraria que dejó al libre albedrio su manejo administrativo (Delahaye, 2006; Fernandez-Maldonado, 2015). La situación rural ha empeorado a pesar de gozar de beneficios tributarios. Los directivos comunales, en su mayoría, no conocen y/o aplican instrumentos de gestión en la toma de decisiones que ayuden al desarrollo de las comunidades campesinas.

            El modelo actual de comunidad campesina es obsoleto y requiere de ajustes a su estructura organizativa (Samuano, 2007). Los arraigos culturales como el trabajo comunitario: el ayni y la minka, el manejo del agua, la pachamama y el aire no son aprovechadas de acuerdo a los pisos agroecológicos que manejan y se encuentran postrados en la pobreza (Frías, 2016; Kendal & Rodríguez, 2009; Mora, 2020). Entonces resulta necesario la modernización y transición de una economía campesina de sobrevivencia  hacia una economía de mercado   donde el gobierno debe jugar un rol importante en la inserción de los productos comunales al mercado (Martinez, 2002; Berdegué, 2015; Kervyn et al., 1987; O´shaughnessy, 1991).

En consecuencia, esta investigación analiza la situación de los comuneros de la región sur del Perú tanto en el aspecto social como económico. Sobre la base de los resultados, se estima la necesidad de implementar un nuevo modelo de comunidad campesina. 

2. MÉTODO Y MATERIALES

El diseño de investigación empleado fue la no experimental, descriptivo usando el muestreo por conveniencia (Arrivillaga et al., 2006; Cairampoma, 2015; Otzen & Manterola, 2017).  Se acopió los datos a través de encuestas por cuestionario, entrevista, observación directa  (Taylor-Powell & Steele, 1996; Torres et al., 2009) y revisión documentaria (Cuellar et al., 2015). La técnica utilizada para el procesamiento de datos fue el paquete estadístico SPSS. En este marco se establecen las tendencias económicas, porcentajes y tendencias centrales. Se tomó como unidades de estudio a seis comunidades en un muestreo no probabilístico intencionado. Este estudio se hizo en las comunidades campesinas de Carata[1], Llachahui[2], Lluco[3] y Chingarani[4] de la provincia de Puno, la comunidad nativa de Queros en el distrito y provincia de Paucartambo y la comunidad campesina de Yaca del distrito de Circa, provincia de Abancay.

Universo y unidades de estudio

Universo de Estudio

Unidades de Estudio

Subunidades de Estudio

Estructura y cultura socio-económica de la comunidad campesina en el Perú

A nivel social

Estructura de la comunidad campesina, cultura y tradición, tierra, modernización de comunidad, empresa y motivación.

A nivel económico

Rentabilidad, ventas, ratios económicas, producción



[1] Carata, comunidad campesina del distrito de Coata, provincia y región Puno-Perú

[2] Llachahui, comunidad campesina del distrito de Coata, provincia y región Puno-Perú

[3] Lluco, comunidad campesina del distrito de Capachica, provincia y región Puno-Perú

[4] Chingarani, comunidad campesina del distrito de Tiquillaca, provincia y región Puno-Perú

3. RESULTADOS Y DISCUSIÓN

a.      Estructura Organizacional Comunal

La Ley N° 24656 de Comunidades Campesinas, en el Artículo 2°, expresa que “Las Comunidades Campesinas son organizaciones de interés público, con existencia legal y personería jurídica, integradas por familias que habitan y controlan determinados territorios, ligadas por vínculos ancestrales, sociales, económicos y culturales, expresados en la propiedad comunal de la tierra, el trabajo comunal, la ayuda mutua, el gobierno democrático y el desarrollo de actividades multisectoriales, cuyos fines se orientan a la realización plena de sus miembros y del país”.  El Artículo 7°, refiere que las “tierras de las Comunidades Campesinas son las que señala la Ley de Deslinde y Titulación y son inembargables e imprescriptibles, también son inalienables”.  Respecto al Régimen Administrativo, en el Artículo 16°, indica que “son órganos de gobierno de la Comunidad Campesina: a) La Asamblea General; b) La Directiva Comunal; y c) Los Comités Especializados por actividad y Anexo (Ley 24656, 1987; Ley   N° 30982, 2019)”.

La comunidad campesina mantiene la estructura de la Ley N°24656, pero sus Comités Especiales no cumplen las responsabilidades. Esto es aprovechado por el presidente de la comunidad para hacer y deshacer el manejo comunal, más precisamente en las comunidades de Puno. En la comunidad de Queros, la estructura organizativa es más rígida y los Comités Especiales cumplen con sus responsabilidades. Los comuneros mantienen las actividades comunales cuando se requiere y el resto del tiempo dedican a sus quehaceres parcelarias, orientados a una producción de sobrevivencia y muy poco para el mercado. Los comuneros de Yaca realizan los trabajos comunales como la limpieza de canal de riego y la reconstrucción de la casa hacienda. Los terrenos eriazos están abandonados y son usados mínimamente en el pastoreo familiar. Los directivos están interesados más en lo individual dejando de lado las actividades comunales.  

Las comunidades campesinas conservan varios arraigos culturales que constituyen una fortaleza excepcional; emplean los saberes andinos en el manejo del agua, la pachamama y el aire (Mora, 2020); y poseen un sistema de trabajo comunitario como el Ayni y la Minka.  Sin embargo, estas potencialidades no son aprovechadas debidamente y las ventajas comparativas de pisos agroecológicos son simplemente ignoradas (Kendal & Rodríguez, 2009). Entonces resulta necesario modernizar y transitar de una economía campesina de sobrevivencia (Berdegué, 2015) hacia una economía de mercado  (Kervyn, 1987; O´shaughnessy, 1991), donde el gobierno debe jugar un rol importante en la inserción de la producción comunal al mercado (Martínez, 2002).

Los sistemas de trabajo ancestral andino Ayni y Minka  

La Minka (mink'a o minga en quechua) es una tradición incaica de trabajo comunitario o colectivo voluntario con fines de utilidad social o de carácter recíproco donde los miembros portan sus propias herramientas y alimentos. Se realizan en la construcción de locales, canales de riego, fortalezas, minas, cultivo de tierras estatales, así como la ayuda en la chacra de las personas incapacitadas, huérfanos y ancianos. Cuando el ayllu convoca al trabajo de la Minka, y las personas que no asistían al trabajo eran expulsados del ayllu (Enciso & Mendoza, 2011).

El Ayni es un sistema de trabajo recíproco entre las familias o los miembros del ayllu, destinado a trabajos agrícolas y a las construcciones de casas. El Ayni consiste en el trabajo que realiza un grupo de personas para ayudar a los miembros de una familia, con la condición que esta corresponda de igual forma cuando los primeros necesiten (Portugal, 2009). 

En entrevistas realizadas a exdirectivos de las comunidades en estudio se ha podido captar que los socios se han vuelto muy individualistas y no quieren saber nada con los trabajos comunales, ya no existen animales ni cultivos comunales. Por otro lado, diagnosticando la realidad organizativa de las comunidades se observa que los saberes culturales andinos han perdido vigencia, ya no se practican el trabajo comunitario de antaño. Por ejemplo, el comunero Julio Contreras de la comunidad de Chingarani manifiesta que:

(…) Cuando yo dejé la presidencia comunal teníamos 1,800 hectáreas de terreno adjudicado, 80 vacunos, 60 alpacas y 200 ovinos. Mientras unos hacíamos esfuerzos para que el ganado comunal siga reproduciéndose, ampliar el cultivo en los terrenos comunales y poder redistribuir a los socios como compensación a su trabajo, otros directivos han entrado a saquear lo poco que teníamos. Ahora nos hemos parcelado y solo quedan 200 has de terreno comunal, cero animales comunales ni se hace el cultivo asociativo. Cada quien hace lo que puede en su parcela repartida y ya no se practican las costumbres de los abuelos y estamos camino a la destrucción final de la comunidad campesina.

Frente a esta realidad con certeza podemos decir que el modelo actual de comunidad campesina es obsoleto y requiere de ajustes a su estructura organizativa. Este resultado concuerda con las conclusiones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (2007).

La nueva ley de tierras ya autoriza que los terrenos comunales son enajenables por acuerdo de por lo menos dos tercios de los miembros calificados de la Comunidad (Ley de Comunidades Campesinas del Perú, 1987, Art. 7). Asimismo, la liberación de tierras con un uso eficiente necesita ser reconocido formalmente los derechos individuales sobre estos (Deininger & Binswanger, 2001). Las Instituciones internacionales también estuvieron interesadas en modernizar la agricultura en el Perú y transferir esas tierras a sectores con capacidad de invertir capital y tecnología (Banco Mundial, 2019) Deininger, Feder y Binswanger, 1998). El objetivo de estas instituciones fue romper y debilitar las formas asociativas a la organización campesina y su poder de negociación frente al capital, para ello presiono el sector económico a los gobiernos de  turno para acelerar  la  parcelación de la tierra (Ferrando, 2015; Bitia & García, 2016; Acuña &Petrantonio, 2003). 

En entrevista y conversaciones informales con el Sr. Ireneo Córdova Huamán, comunero y ex directivo de la comunidad de Yaca, se le preguntó cuál será el destino final de los terrenos comunales:

(…) manifestó que le gustaría dar un giro a estos suelos pobres, sería más conveniente repartirnos el terreno con documento y así poder tener más capital para invertir en la producción o de pronto realizar otras actividades más rentables que no sean agropecuarios sino de servicios.

Podemos afirmar que el comunero está más interesado en obtener el título de propiedad del terreno para tener mayor solvencia de bienes que sirvan como garantía de un crédito y cuyo destino serían las actividades de servicios secundarios y terciarios. Aquí se ve el mercado como un instrumento de política de tierras, pero su aplicación tuvo resultados nefastos en México, Guatemala, Chile y Bolivia donde no se resolvió la redistribución de tierras, sino ha profundizado la desigualdad existente. Este hecho provocó que las grandes empresas compraran dichas tierras, acelerando la invasión en el agro, revalorizándose el terreno y quedando los campesinos sin tierra (Naupay & Lincoln, 2017; Thiesenhusen, 1996). 

En observación directa realizada al comportamiento de los comuneros, se pudo notar que el comunero solo cultiva la tierra comunal para el mantenimiento de sus días festivos y deportivos y no así para vender al mercado. Sería interesante adaptar algunas características técnicas de producción del modelo israelí (Mancilla, 2005) de la venta a las cooperativas en donde la propiedad es privada y no del estado y funcionaría como una empresa  Moshav (De la Puerta, 1999),  basado en un fuerte sistema de apoyo público y una red de instituciones pertinentes. Para ello se requiere contar con un grupo de habitantes idealistas, altamente motivados y dispuestos a llevar una existencia comunal a lo largo de su vida (Affon, 2004). Lo concreto es adaptar y no adoptar permitiendo viabilizar la continuidad como comunidad.   

En tal sentido, la comunidad trabaja solo para sus días festivos y de representación comunal; por tanto, no incentiva a sus miembros para fortalecer la perdurabilidad de la comunidad campesina (Affon, 2004).  Al igual que las comunidades madereras mexicanas que al tener problemas de mercado, precios bajos para sus productos y carencia de maquinaria para la industrialización optaron por cambiar el giro del negocio a actividades terciarias (Science, 2002;Rocha, 2004).

Al contrastar, las hectáreas de terrenos adjudicados Vs ingreso 2012 – 2013 se obtuvo un valor de

4. CONCLUSIONES

Los comuneros han perdido la herencia cultural del trabajo comunitario (el Ayni, la Minka) y han cambiado por el asistencialismo del gobierno. Actualmente, la comunidad es incapaz de retribuir y motivar a sus socios para fortalecer la continuidad de la comunidad campesina. Los bajos precios de los productos, la carencia de mercados adecuados, la falta de maquinaria para la transformación y las ventas aisladas son factores que contribuyen a este deterioro. Por estos motivos, las comunidades campesinas requieren ser refundadas en función a sus tierras comunales, desarrollo de cultivos más rentables y acceso a los mercados más adecuados.

Los directivos y los socios de las comunidades campesinas buscan destruir el sistema y están interesados en la parcelación de los terrenos comunales. Por la inseguridad en la tenencia de la tierra, al contar con títulos de propiedad pueden alquilarlo o poner como garantía de crédito; pero esto genera un alto riesgo de perderlos por el impago de créditos como sucedió con la liberalización de la tierra en países latinoamericanos donde la condición del campesino empeoró y se quedaron sin tierras.

El campesino y su parcela no operan como empresa en un sentido económico, pues sus actividades están orientadas a lograr el desarrollo del hogar y no de un negocio que lleve su contabilidad, emitiendo comprobantes por las actividades que desarrollan y se conviertan en entes activos que ayudan en la captación de impuestos al país.

Hoy se requiere de una agricultura moderna y dinámica, vinculada a la agroindustria y la exportación.  El campesino no aprovecha el saber andino en el manejo de agro-ecosistemas para conducir mejor la parcela bajo condiciones adversas. Es posible repotenciar las comunidades campesinas, si se juntan con sus vecinos para ampliar la economía de escala para adquirir los insumos y comercializar sus cosechas en conjunto.  En comunidades que aún tienen terrenos comunales, animales y plantaciones deben equilibrar el manejo comunal con lo parcelario.

La capacitación debe ser priorizado por el gobierno con alcances a tecnologías apropiadas, fomento de un segundo piso de banco que ayude a comuneros asesorando en finanzas y colocación de la producción comunal.  En un nuevo esquema de comunidad basado en la eco-producción como una alternativa de desarrollo sustentable con ventas colectivas de productos orgánicos de alta calidad y que el gobierno priorice la compra de la comunidad para sus programas sociales.

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