Resumen
Las conductas autolesivas, a menudo, surgen como un intento de regular emociones y aliviar el dolor emocional y social momentáneamente, pudiendo configurar con el tiempo el intento suicida, un fenómeno complejo que exige una comprensión profunda y diversa ante un intenso malestar emocional y una necesidad urgente de ayuda y apoyo. Así, el presente artículo tuvo por objetivo explorar las experiencias autolesivas en sobrevivientes de intentos de suicidio en la etapa universitaria a la luz de una metodología de revisión sistemática empleando el protocolo PRISMA, identificando y evaluando críticamente la calidad de 24 estudios, abarcando un periodo de tiempo entre el año 2003 y 2024, empleando en las bases de datos Web of Science, Redalyc y Dialnet palabras clave como autolesiones, autolesiones no suicidas, jóvenes universitarios, adolescentes, adultos jóvenes y otras. Se encontró que las experiencias autolesivas en jóvenes universitario incluyen cortes, quemaduras, golpes, pellizcos, caídas, mordeduras, rasguños y otros, productos de la depresión, ansiedad, estrés, impulsividad, desregulación emocional, estilos de afrontamiento evitativos, consumo de sustancias psicoactivas, acoso escolar, presión académica, historial de violencias, vacío existencial, actitudes fatalistas, baja autoestima, rumiación cognitiva, disfuncionalidad familiar, experiencias negativas en la sexualidad y más. Lo anterior revela que estas experiencias requieren de un manejo especializado que incluya protocolos de atención y acompañamiento institucional y familiar, abarcando factores tanto emocionales como sociales y personales, lo cual implica la creación de programas de intervención temprana, apoyo psicológico continuo y campañas de concienciación para reducir el estigma asociado a las autolesiones y el suicidio.
Palabras clave
1. INTRODUCCIÓN
En todo el mundo la conducta autolesiva se considera un grave problema de salud pública. Cuando se diagnostica, los comportamientos incluyen la repetición de la autolesión, la morbilidad de la salud mental, pobres resultados educativos y laborales, una disminución general de la calidad de vida, costosos gastos en el tratamiento y cortes, quemaduras, golpes u otras formas de daño físico deliberado sin intención suicida (Whitlock et al., 2006). Para explicar dicho fenómeno, en los últimos años han surgido varias teorías que resaltan cómo la autolesión puede surgir como un intento desesperado por lidiar con emociones abrumadoras, episodios de crisis y situaciones de angustia que, a corto plazo, proporcionan alivio; pero que, a largo plazo, agudizan los problemas subyacentes y perpetúan un ciclo de sufrimiento emocional.
Entre esta multitud de explicaciones destaca una, la cual sostiene que la autolesión es una estrategia desadaptativa de afrontamiento o de regulación del afecto que algunos adolescentes utilizan cuando se sienten abrumados o sobreexcitados por angustia emocional o demandas sociales inmanejables (Whitlock et al., 2006). Otra postura menciona que las autolesiones son comportamientos antinatura cuyas causas y factores son diversos.
Ahora bien, en términos de cifras, la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2019), reporta que cada cuarenta segundos ocurre un suicidio y una autolesión en el mundo; a su vez, se destaca que en América Latina se reportaron 65.000 casos de suicidio entre los años 2005 y 2009, de los cuales el 6.8 % correspondían a edades entre los 10 y 19 años. En el caso de Colombia, para el 2015 se calcularon 2.068 suicidios, de los cuales el 10.6 % fueron de jóvenes entre los 10 y los 17 años (Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, 2016). Estas cifras representan una preocupante necesidad de abordar la salud mental de los jóvenes, por lo cual se hace necesario un manejo integral y humanizado que logre mitigar el riesgo de suicidio y la prevención y atención en las autolesiones, promoviendo así entornos saludables que protejan el bienestar emocional de los jóvenes universitarios.
Es así que, por sus características, estos comportamientos pueden manifestarse de dos formas, a saber: en una autolesión suicida y en autolesiones no suicidas. Las primeras:
(…) implican un acto deliberado de las autolesiones con intención de acabar con la vida propia, mientras que las autolesiones no suicidas no tienen como objetivo principal el suicidio, sino que son acciones autoinfligidas que buscan aliviar el malestar emocional o comunicar la angustia interna sin intención de morir (Schmidt, et al., 2023, p. 12).
Las segundas, menos graves, pero igual de alarmantes, son lesiones con frecuencia autoinfligidas en las extremidades, el abdomen y en la espalda, zonas que no comprometen la vida del sujeto. Sin embargo, si exigen la atención de un profesional de la salud o de un experto en el tema pues la severidad de estas puede aumentar con el paso del tiempo siendo, quizá, en la etapa de la adolescencia en donde más se reportan autolesiones. En ese periodo, según expone Gill (2023), se configura la búsqueda de identidad y pertenencia social, por lo que los jóvenes pueden experimentar una serie de desafíos que los conducen a adoptar conductas negativas como mecanismos de adaptación. Entre ellas figuran, en concreto, las autolesiones suicidas y las no suicidas, que no son otra cosa que experiencias que contienen una carga emocional mediadas por el dolor físico y psicológico.
Todo este panorama deriva a cuestiones como: ¿Cómo entender estas prácticas? ¿Qué dicen los expertos sobre el problema? y ¿De qué forma la comunidad académica está reflexionando al respecto? De ellas es que, precisamente, el presente artículo aborda estos temas, explorando y comprendiendo las experiencias autolesivas en sobrevivientes de intentos de suicidio en la etapa universitaria, pues se estima que alrededor de un millón de personas se suicidan cada año en entornos académicos como colegios y universidades (Russell et al., 2019), haciendo que los estudiantes con ideación suicida se posicionan como la principal causa de muerte entre los universitarios, representando aproximadamente el 19 % de todas las muertes en este tipo de entornos.
Paralelamente, el suicidio figura como la primera o segunda causa de muerte entre los jóvenes que cursan alguna carrera quienes, por diversas situaciones que se pueden catalogar como dificultades sociales, personales, académicas, sentimentales, familiares y económicas, asumen una conducta destructiva. En este sentido, es urgente revisar de qué modo se está considerando el problema, qué alternativas existen y cómo la literatura está comprendiendo la autolesión suicida y la autolesión no suicida para así poder generar aproximaciones pertinentes que aborden de manera oportuna esta problemática de salud pública, por lo cual el presente artículo toma por objetivo explorar las experiencias autolesivas en sobrevivientes de intentos de suicidio en la etapa universitaria.
2. MÉTODO
La presente investigación adopta una metodología de revisión sistemática con enfoque cualitativo, (Vera, 2009, p. 24). Así, siguiendo una serie de pasos específicos y predefinidos, como la formulación de una pregunta de investigación clara y la evaluación crítica de estudios, este método ofrece una panorámica amplia de una situación o de un fenómeno, en este caso las autolesiones, aumentando la confiabilidad y validez de los hallazgos obtenidos (Manterola et al. (2013) para informar la práctica clínica y la formulación de políticas.
Por consiguiente, en aras de la transparencia del proceso, se opta por emplear el protocolo PRISMA (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses) (Anvar et al., 2022). Es así como, en primera instancia, se encontró un total de 5,962 estudios, de los cuales 3,789 provenían de la base de datos Web of Sciente (WOS), 2,000 de Redalyc y 173 de Dialnet; luego, con el fin de minimizar los resultados encontrados, se implementaron los operadores booleanos AND para agrupar los términos autolesiones, jóvenes y universitarios; OR para seleccionar artículos que mencionen autolesiones en jóvenes, autolesiones no suicidas y factores de riesgo; y NOT para excluir artículos que no aborden población de jóvenes universitarios. Cabe mencionar que se tuvo en cuenta un filtro por fechas e idiomas para así recabar todos los artículos que hablaran sobre el tema.
Con base en lo anterior, se elaboró el siguiente algoritmo de búsqueda: ((Self-harm OR Self-injury OR Non-suicidal self-injury OR “NSSI”) AND (Adolescents OR Youth OR Young adults OR Young people) AND (College students OR University students)) AND (Risk factors OR Prevention) NOT (Adults OR Elderly) (Sánchez, 2022).
Tabla 1
Criterios de inclusión y exclusión
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Inclusión |
Exclusión |
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— Aquellos que aborden una población universitaria desde la adolescencia hasta la adultez joven con antecedentes de autolesiones suicidas |
— Estudios no relevantes que tengan resultados o conclusiones ambivalentes |
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— Artículos que hayan realizado su investigación con un corte cuantitativo utilizando el método prisma |
— Artículos que nos presenten una muestra significativa |
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— Artículo con resultados de interés o acordes a la pregunta problema |
Como indica en la Tabla 1 los criterios de exclusión se refieren a estudios sin conclusión definitiva y publicaciones por fuera del ámbito de la psicología. En contraste, los criterios de inclusión toman como referencia documentos cercanos al problema de investigación, que cuenten con población universitaria en el trabajo de campo, como lo muestra la Figura 1.
Figura 1
Flujograma de procesos de búsqueda o flujograma de PRISMA
3. RESULTADOS
Se hallaron categorías relevantes que describen de manera detallada los comportamientos autolesivos, condensando la información en la Tabla 2.
Tabla 2
Síntesis de los aportes provenientes de los artículos revisados
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Autor/Año |
País |
Categoría |
Hallazgos |
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Quintanilla et al. (2003) |
México |
Intento suicida |
Se evidencia una alta prevalencia de desesperanza tanto cognitiva como motivacional y afectiva en personas con tentativa suicida, que varían a partir de la historia de vida de vida cada una de ellas. |
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Gómez et al. (2019) |
Colombia |
Se encuentra una prevalencia de intento de suicidio del 10,2% entre los estudiantes universitarios y destacó factores de riesgo como depresión, desesperanza e impulsividad. Se enfatiza la importancia de la detección precoz y el apoyo psicosocial |
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Blandón et al. (2015) |
Colombia |
El 16% de los universitarios presentó ideación suicida en el último año y el 12% intentó suicidarse al menos una vez. Identificaron factores de riesgo significativos como la falta de trabajo, malas relaciones familiares, y conocer a alguien cercano que se haya suicidado. |
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Vargas y Saavedra (2012) |
Perú |
Identificaron varios factores de riesgo y protección asociados con conductas suicidas adolescentes, incluyendo factores individuales, familiares y sociales. Se propone el modelo diátesis-estrés para entender el amplio rango de factores que contribuyen a esta conducta. |
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Ancajima y Cortez (2022) |
Perú |
Conductas autolesivas |
Se encontró que las funciones de autocastigo y antisuicidio, a manera de mecanismos de escape a la realidad y el dolor, se ubicaron en niveles altos (25,4%) y promedio (47,7%), respectivamente. |
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Obando et al. (2018) |
Colombia |
El 46% de los adolescentes presentaron conductas autolesivas, con métodos variados como pellizcos, mordiscos, cortes, golpes, rasguños, arrancarse el pelo, chuzarse, quemaduras, raspones en superficies y escarbarse la piel. |
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Córdova et al. (2024) |
México |
Identificaron una moderada prevalencia de autolesión en estudiantes universitarios (12,03%), con mayor incidencia en mujeres (8,62% frente a 3,41%). Subrayan la necesidad de enfoques de prevención y tratamiento diferenciados por género para abordar las conductas autolesivas en esta población. |
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Da Silva et al. (2022) |
Brasil |
Se encontró una edad de inicio de autolesiones no suicidas de 14-16 años asociada con el género femenino, el color de piel negro autoinformado, la insatisfacción con el curso elegido, el historial de acoso y el trastorno mental previo. Hubo un riesgo 10 veces mayor de comportamiento suicida entre los autolesionados. |
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Schmidt et al. (2023) |
España |
Conductas autolesivas sin intención suicida |
Los autores realizaron un estudio longitudinal sobre autolesiones no suicidas en una muestra clínica y de universitarios, cuyas edades de inicio fueron similares (14,73% frente a 13,22%). Se destaca la prevalencia y los factores de riesgo asociades, tales como la desregulación emocional, la rumiación cognitiva y la impulsividad. |
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Nurendah et al. (2022) |
Indonesia |
El 48,1% de la muestra había cometido conductas autolesivas, siendo las principales causas el manejo del estrés y la regulación emocional, destacando la necesidad de programas de intervención temprana y apoyo psicosocial en estas instituciones educativas. |
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Bautista et al. (2022) |
México |
La depresión, la desregulación emocional y el estilo de afrontamiento evitativo en adolescentes mostró una alta correlación con las conductas de autolesión, iniciando de manera temprana entre los 11-15 años |
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Olfson et al. (2018) |
Estados Unidos |
Se encontró que el riesgo suicida es 46 veces mayor para adolescentes y 19.2 veces mayor para adultos jóvenes en comparación con la población general. Se subraya la importancia de la identificación temprana y la intervención de conductas autolesivas, destacando la relación entre la regulación emocional y la frecuencia de estas. |
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Amézquita et al. (2003) |
Chile |
Comportamientos autolesivos en jóvenes universitarios |
Estudio sobre la prevalencia de depresión (49,8%), ansiedad (58,1%) e ideación suicida (41%) en estudiantes universitarios, con asociaciones significativas entre estas variables y factores como pérdidas afectivas, académicas, económicas y de salud. |
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Vinet et al. (2022) |
Chile |
Este estudio desarrolló el Inventario de Desajustes Psicológicos para Estudiantes Universitarios (IDP-EU) y encontró que el 5.3 % de los estudiantes reportaron conductas autolesivas vinculadas a la depresión. Se observó una media de .29 para “sentir ganas de hacerse daño” y 0.16 para “hacerse daño físico intencionalmente”. |
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Santoya et al. (2018) |
Colombia |
Los hallazgos revelan una asociación significativa entre los niveles de autoconocimiento emocional y los de autorregulación emocional, sugiriendo que el autoconocimiento es un factor crucial para la regulación de emociones y el manejo de problemas cotidianos, la cual podría ser efectivas en la prevención de conductas autolesivas. |
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Vianchá et al. (2013) |
Colombia |
Identificación y análisis de variables psicosociales asociadas al intento suicidas, ideación suicida y suicidio en jóvenes, encontrando que factores como la depresión, la ansiedad, el consumo de sustancias, problemas interpersonales escolares, la violencia intrafamiliar y el abuso sexual son determinantes en los mismos. |
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De Brigard (2021) |
Colombia |
Suicidio consumado |
Se analiza cómo el dolor emocional y social, derivado de la exclusión y la falta de reconocimiento, influye en las conductas autolesivas. Destaca la búsqueda de sentido de vida y la validación a través de la autolesión, y la importancia de un entorno de apoyo para su prevención. |
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Kaplan y Szapu (2019) |
Argentina |
El 48,1% de los jóvenes reportaron haber experimentado conductas autolesivas, la cuales están profundamente relacionadas con el dolor social y emocional derivado de la exclusión, la discriminación y la falta de apoyo en su entorno cotidiano. |
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Smith-Gowling et al. (2018) |
Reino Unido |
Se explora las experiencias de jóvenes con necesidades complejas de salud mental en cuanto a la autolesión de otros, revelando la influencia del entorno y las relaciones sociales en la denominada transmisión social de la autolesión y su impacto en el bienestar psicológico. |
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Fernández-Daza (2016) |
Colombia |
El artículo analiza el acoso escolar desde una perspectiva neuropsicológica, destacando que el acoso escolar puede llevar a diversas consecuencias emocionales y conductuales como ansiedad, depresión y autolesiones, destacando la importancia de la conducta prosocial como mediadora en estos casos. |
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Núñez et al. (2024) |
Colombia |
Factores de riesgo |
El estudio analizó el efecto de la depresión, la desesperanza y la impulsividad sobre la orientación al suicidio en universitarios con antecedentes de conductas autolesivas, encontrando que la impulsividad juega un papel mediador entre la depresión y la desesperanza en la predicción de la orientación suicida. |
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Rosero-Ordóñez et al. (2023) |
Ecuador |
El 66.67% de estudiantes presenta riesgo suicida bajo, el 14.67% riesgo medio y el 18.67% riesgo alto según la escala de SAD PERSONS. Destacan como factores de riesgo los problemas familiares, falta de pensamiento racional, uso de alcohol y drogas, presión académica, ansiedad, depresión, historial de intentos suicidas y falta de apoyo social. |
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González et al. (2022) |
México |
Los autores identificaron que los principales factores de riesgo asociados a la suicidalidad en jóvenes y adolescentes incluyen depresión, disfuncionalidad familiar, acoso escolar, violencia intrafamiliar, abuso de sustancias, aislamiento social, baja autoestima y eventos traumáticos como abuso físico y sexual. También destacaron que las mujeres tienen un mayor riesgo suicida que los hombres. |
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Paredes et al. (2022) |
Ecuador |
El estudio identifica múltiples factores de riesgo asociados al intento de suicidio en adolescentes, destacando la disfuncionalidad familiar, acoso escolar, violencia intrafamiliar y ausencia de padres en el hogar, que se relacionaron con el 91,4% de los casos de actos impulsivos. Además, el género femenino fue más susceptible (82,8%). |
Así, los significados de las categorías identificadas se expresan de este modo:
Intento suicida
Para los autores consultados, el intento suicida es un fenómeno complejo que requiere una comprensión profunda si el objetivo es lograr abordarlo de manera efectiva. Así, es crucial reconocer que los intentos suicidas no solo representan un riesgo para la vida del individuo, pues también reflejan un profundo malestar emocional y una necesidad urgente de ayuda y apoyo. En otras palabras:
La tentativa de suicidio se puede conceptuar como toda acción planeada o impulsiva tendente a autolesionarse, con o sin la conciencia que dicho acto podría generarle la muerte, y detenida en su proceso antes que dé como resultado la pérdida de la vida (Quintanilla et al. 2003, p.12).
Paralelamente, el intento suicida es un acto que refleja un sufrimiento y angustia emocional abrumadora en la cual, en muchos casos, los individuos que intentan quitarse la vida enfrentan una combinación de problemas emocionales, trastornos mentales no tratados, experiencias traumáticas o una sensación de desesperanza que requiere de alivio (Gómez et al., 2019; Blandón et al., 2015). Según Vargas y Saavedra (2012):
El intento suicida es un acto en que la inminencia de la consumación del hecho revela su intencionalidad fatal (planeamiento, hacerse daño a través de instrumentos) o su gravedad factual (cortarse las venas, ingerir un raticida). Son amenazas o gestos suicidas las verbalizaciones o actos que, si llegaran a consumarse, darían lugar a un daño serio o a la muerte del sujeto (p. 20).
Conductas autolesivas
Los hallazgos reflejan que la conducta autolesiva, en primer lugar, se concibe como un medio o mecanismo para aminorar situaciones que generan malestar a nivel emocional y solucionarlas de manera emergente, encontrando una regulación momentánea y un posible escape de la realidad y el dolor (Ancajima y Cortez, 2022). En segundo lugar, los textos consideran que estas conductas generan cierto tipo de satisfacción por el daño físico, razón por la cual las más relevantes son cortes en la piel, mordeduras, golpes, arrancarse el cabello, ingesta de medicamentos o sustancias tóxicas y consumo de Sustancias Psicoactivas (SPA) por un periodo de tiempo, cuyo propósito no es otro que exteriorizar dolor (Obando et al., 2018). Y, tercero, los investigadores resaltan que existe una pequeña brecha entre el sexo que más intentos autolesivos ha tenido en su vida, hallando un poco más arriba a las mujeres que los hombres (Córdoba et al., 2024; González et al., 2022; Paredes et al., 2022); sin embargo, quienes consuman el suicidio en su mayoría pertenecen al sexo masculino (da Silva et al., 2022).
Conductas autolesivas sin intención suicida
A primera vista, los hallazgos evidencian que no toda conducta autolesiva es con intención suicida, pues existe una variedad de sensaciones, situaciones y condiciones que estimulan esta práctica. Entre ellas están la desregulación emocional y los episodios traumáticos transitorios, los cuales generan ansiedad y depresión en los jóvenes que realizan cualquier tipo de práctica autolesiva sin que sea necesario el diagnóstico de una patología (Schmidt et al., 2023). De esta forma, se entiende que el comportamiento autolesivo se gesta por diversos factores como lo son las experiencias, el contexto y el propio desarrollo de la vida de cada individuo. Pese a ello, Nurendah et al. (2023) asume que, en ocasiones, este tipo de conductas tienen desencadenantes del comportamiento suicida, como aspectos neurobiológicos que implican cualidades propias de la neurosis o de la psicosis.
A su vez, se encontró un aspecto relevante a destacar, a saber: las conductas autolesivas sin intención suicida, en su mayoría, inician a una edad temprana (adolescencia) (Bautista, 2022; da Silva et al., 2022), siendo el principal motivo la disfuncionalidad en las esferas de vida, teniendo una mayor incidencia para llegar a la autolesión en el contexto social de los jóvenes (Olfson et al., 2018).
Comportamiento autolesivo en jóvenes universitarios
En el contexto educativo existen una serie de elementos del ambiente que ejercen presión en los universitarios y que, junto a aspectos personales, familiares, sociales y económicos, desencadenan conductas de riesgo como las autolesivas; por ende, se tiene conocimiento de que, en las carreras universitarias, es donde más se genera presión. Asimismo, los jóvenes que cursan estudios con los cuales no se identifican tienen mayor incidencia de generar autolesiones (da Silva et al., 2022; Amézquita et al., 2003). Consecuentemente, se encontró que una serie de características psicológicas y situacionales se consideran más relevantes para comprender el comportamiento suicida en esta población, como lo son la tendencia a la depresión, la ansiedad patológica, presencia de actitudes fatalistas, experiencias negativas en la sexualidad, conflictos interpersonales, vacío existencial y disfunción familiar, entre otros (Vinet et al., 2022; Santoya et al., 2018; Vianchá et al., 2013).
Suicidio consumado
Por otro lado, los jóvenes que llegan a consumar el suicidio presentaron en algún momento de su vida conductas autolesivas con y sin intención suicida. Por eso, se destaca que muchos de ellos experimentaron estos episodios como intento de soportar el dolor emocional, social, la carencia de un sentido de vida (de Brigard, 2021; Kaplan y Szapu, 2019) o como una sintomatología de una enfermedad mental subyacente. Esto quiere decir que es de suma importancia resaltar que cada lesión sin intención suicida que no sea atendida quizás implica más adelante un suicidio (Smith-Gowling et al., 2018).
Así pues, en esta categoría se resalta que la juventud es un ciclo vital en el que la psicología ha centrado su interés, destacando que esta etapa está marcada por la preparación para asumir responsabilidades y el establecimiento de metas personales. Sin embargo, también se reconoce que los jóvenes enfrentan una serie de vivencias que generan vulnerabilidad, como lo es el uso de sustancias psicoactivas, relaciones inadecuadas, violencia, acoso escolar, maltrato y suicidio, entre otros (Fernández-Daza, 2016; Vianchá et al., 2013).
Factores de riesgo
Igual de relevantes, son los factores de riesgo pues se convierten una oportunidad para reforzar la importancia de intervenir y abordar las señales de conductas autolesivas que conllevan al suicidio, tales como la depresión, la ansiedad, el estrés, la impulsividad, la desregulación emocional, los estilos de afrontamiento evitativos, el consumo de sustancias psicoactivas, el acoso escolar, la presión académica, historial de violencias, vacío existencial, actitudes fatalistas, baja autoestima, rumiación cognitiva, disfuncionalidad familiar, experiencias negativas en la sexualidad y otros (Núñez et al., 2024; Rosero-Ordóñez et al., 2023; Bautista et al., 2022; González et al., 2022; Paredes et al., 2022; Vinet et al., 2022; Santoya et al., 2018; Fernández-Daza, 2016; Vianchá et al., 2013).
Por ende, los autores consultados hablan de implementar estrategias de intervención efectivas y accesibles, así como de promover un entorno de apoyo y de comprensión que permita a los jóvenes expresar sus emociones y buscar ayuda sin temor al estigma o al juicio, desde el ideal de trabajar hacia la prevención de autolesiones y el fomento de una sociedad compasiva y resiliente (Smith-Gowling, et al., 2018).
De igual manera, en los textos consultados queda claro que las diferentes conductas, ya sean intentos suicidas, comportamientos autolesivos y no autolesivos, son acciones que se llevan a cabo para hacer frente a situaciones abrumadoras que generan malestar emocional, pudiendo tener consecuencias tanto a nivel físico como psicológico y, en algunos casos, pudiendo desencadenar ideación suicida o incluso llevar al suicido consumado. Para concluir este apartado se genera, a modo de síntesis, una discriminación comportamental para cada una de las conductas ya mencionadas que ayuda a comprender con más profundidad cuáles son conductas no suicidas, cuáles tienen la intención y cuáles conducen al riesgo consumado.
Síntesis de los aportes provenientes de los artículos revisados
Tabla 3
Distinción entre conductas suicidas, con intención suicida y factores de riesgo consumado
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Conductas con intención suicida |
Factores de riesgo frente al suicidio consumado |
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Quemaduras |
Sobredosis con pastillas |
Disfunción familiar |
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Cortes superficiales |
Corte de muñecas y antebrazo profundo |
Terminación de una relación |
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Golpes |
Pensamiento de autolesión de manera frecuente |
Conflicto escolar |
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Pellizco |
Abuso sexual |
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Caídas de su altura |
Dificultades en habilidades sociales |
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Mordeduras |
Pensamientos, sentimientos autocrítica negativa |
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Cortes superficiales |
4. DISCUSIÓN
A la luz de los textos consultados, queda claro que la alta prevalencia de conductas autolesivas suicidas y no suicidas entre los jóvenes estudiantes refleja una preocupante problemática de salud mental en la comunidad educativa, pues se evidencian cifras alarmantes que han aumentado durante los últimos años. Asimismo, estos hallazgos y resultados indican que, comúnmente, la praxis de conductas autolesivas con y sin intención suicida se gesta durante la adolescencia y la juventud, tal cual lo deja ver el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (2007).
Respecto a lo que moviliza a los jóvenes a practicar las autolesiones, lo hallado concuerda con lo expuesto por Méndez et al. (2021), quienes argumentan que es complejo atribuir una sola causa a estas conductas porque el fenómeno es de tipo multicausal, como también las maneras para autolesionarse son múltiples. Es decir, son varios factores los que propician las lesiones y el suicidio en jóvenes universitarios. Igualmente, en la revisión queda claro que es necesario comprender que las autolesiones no siempre tienen la intención de acabar con la propia vida pues, mientras que algunos jóvenes recurren a ellas como un medio para aliviar el malestar emocional o comunicar la angustia interna, otros pueden tener la intención suicida de terminar con sus vidas. Esto guarda una estrecha relación con lo que menciona Méndez et al. (2021) al diferenciar entre dos tipos de autolesiones que exigen de atención: la ideación suicida y los intentos de suicidio, ya que los adolescentes con estos pensamientos tienen mayor probabilidad de consumar el suicidio frente a aquellos que no las presentan.
Otro dato interesante se refiere a las diferencias de género en las conductas autolesivas. En la indagación, si bien se encontró que tanto hombres como mujeres pueden experimentar autolesiones, los patrones pueden diferir ya que se encuentran hallazgos que indican que las mujeres tienden a practicar más comúnmente las autolesiones no suicidas, mientras que los hombres presentan una mayor prevalencia de suicidios consumados, lo cual subraya la necesidad del enfoque de intervención sensible al género que aborde las exigencias específicas de cada grupo, tal cual lo mencionan Nurendah et al. (2023).
Por otro lado, es indispensable destacar que, pese a que las conductas autolesivas no se configuran como un trastorno o una patología, si existen afectaciones que se asocian a la materialización de las conductas autolesivas de los jóvenes, entre ellas se encuentran la ansiedad, la depresión, el consumo de sustancias psicoactivas, historiales de abuso y maltrato, problemas de identidad de género, impulsividad, déficits en la toma de decisiones y la resolución de problemas, estrategias de afrontamiento inadecuadas, estilos de apego inseguro, disfuncionalidad familiar, aislamiento, soledad y rechazo, todos relativos y contribuyentes a una falta de bienestar psicológico (López, Correa y Carmona, 2023; Ramírez y Restrepo, 2022; García y Arana, 2021). Al respecto, Cañón-Buitrago et al. (2021) argumentan en sus investigaciones que las autolesiones no implican, apodícticamente, trastornos o patologías, sino comportamientos anormales y disfuncionales para el individuo.
Desde otra perspectiva, entre los diferentes hallazgos en las múltiples lecturas se entiende que la autolesión no suicida (NSSI) es un fenómeno preocupante que está recibiendo una mayor atención en la sociedad contemporánea, especialmente entre los estudiantes universitarios. Por ejemplo, Yassmen y Sitwat (2023), en sus últimas investigaciones, observaron un aumento en la prevalencia de NSSI, especialmente durante la etapa inicial de la adultez, que abarca los años universitarios. En ese orden de ideas, los diferentes textos resaltan los métodos utilizados en NSSI, así como las diferencias de género en la manifestación de estos comportamientos, siendo los métodos NNSI más comunes entre los estudiantes universitarios el golpearse a sí mismos, arrancarse el pelo e interferir en la cicatrización de las heridas, así como a métodos indirectos como la sobredosis de medicamentos, fumar, consumir drogas y restringir la ingesta de alimentos.
Revisando este tema en cuanto a las diferencias de género, se observa que las mujeres tienden a utilizar métodos como la restricción de la ingesta de alimentos y la sobredosis de medicamentos con mayor frecuencia. En los hombres, prima el tabaquismo y el consumo de SPA como formas de NSSI (Son et al, 2021). En lo que atañe a las consecuencias de estas prácticas, todos los autores consultados, por mencionar Obando et al. (2018), Quintanilla et al. (2003) y Vianchá et al. (2013), recalcan serias implicaciones para la salud física y mental de los individuos involucrados, además de síntomas de trastornos emocionales subyacentes como la depresión, la ansiedad y el trauma emocional no resuelto, siendo concordante con lo que Yasmeen y Sitwat (2023) menciona al explicar que las NSSI pueden tener un impacto significativo en el rendimiento académico de los estudiantes universitarios, lo que resalta la importancia de abordar este problema no solo desde una perspectiva de salud mental, sino también desde una perspectiva académica y de bienestar general.
Frente a este último aspecto, se deben considerar distintos enfoques de tratamiento basados en las diferentes formas de pensamientos y conductas autolesivas, siempre teniendo en consideración que, dado que su ocurrencia puede ser procesual o simultánea, han de ser tratadas de manera concomitante por sus altos niveles de riesgo. A su vez, debido a que el riesgo de suicidio continuo parece empeorar, se deben considerar apoyos y servicios cada vez más intensivos en todo el espectro de conductas suicidas (lesiones autoinfligidas, pensamientos suicidas y otras conductas perjudiciales). A nivel preventivo, las iniciativas y programas de detección para promover la participación en el campus y la conexión social de los estudiantes podrían ayudar a fomentar el bienestar de estos y estas en pro de priorizar la salud mental y brindar servicios más intensivos, accesibles y eficaces (Marraccini et al., 2021, Cobo-Rendón et al., 2020; Vera et al., 2020).
A propósito de esto, Olfson et al. (2018), igual que los investigadores citados, cree que la discusión sobre la NSSI entre estudiantes universitarios muestra la complejidad del fenómeno y la necesidad de abordarlo de manera holística, considerando tanto los factores individuales como los contextuales que pueden contribuir a su desarrollo y persistencia (Yasmeen y Sitwat, 2023). Es decir, el problema no puede verse en un solo sentido o en un solo contexto. Más bien, debe intervenir múltiples formas y a partir de múltiples herramientas.
El resultado de esta transversalización no es otro que la identificación y precisión de factores específicos de riesgo asociados con la autolesión no mortal y el suicidio en adolescentes y adultos jóvenes. También, lo que llaman Olfson et al. (2018) como un conocimiento profundo de los métodos de autolesión utilizados, la incidencia de las armas corto punzantes, la frecuencia del consumo de medicamentos, en qué medida las personas utilizan métodos violentos como las armas de fuego, y la necesidad de una atención de seguimiento e intervención temprana para aquellos que se autolesionan, especialmente para aquellos que utilizan métodos violentos, con el objetivo de prevenir el suicidio y proporcionar un apoyo adecuado para la salud mental.
Así pues, los estudios consultados contribuyen a una comprensión más completa de la relación entre la autolesión no mortal y el riesgo de suicidio en adolescentes y adultos jóvenes, ponderando la importancia de enfrentar estos problemas de manera integral en el ámbito clínico y de políticas de salud mental (Olfson et al., 2018). Tanto es así que los artículos estudiados revelan diversas formas de vulnerabilidad que enfrentan los jóvenes, las características psicológicas y situacionales asociadas con el comportamiento suicida en esta población y cuáles son los desafíos que enfrentan los jóvenes. Todo esto proporciona, en palabras de Vianchá et al. (2013), una visión más detallada y específica sobre los factores que pueden contribuir al riesgo de suicidio entre los jóvenes vulnerables o al desarrollo de conductas anormales.
Por todo ello, algunas propuestas investigativas para posteriores estudios podrían enfocarse en un análisis longitudinal y multidisciplinario, el cual considere una muestra diversa de estudiantes, evaluando factores de riesgo intrapersonales, interpersonales y contextuales a lo largo del tiempo, preferiblemente desde el uso y empleo de métodos mixtos combinando, por ejemplo, cuestionarios cuantitativos y entrevistas cualitativas para así capturar una visión holística de las experiencias de autolesión de los y las participantes. Además, se debería incluir una comparación entre diferentes programas académicos y diferentes características sociodemográficas para entender mejor cómo estos factores influyen o no en las conductas autolesivas. Por otro lado, integrar intervenciones preventivas basadas en los hallazgos de estudios previos podría ofrecer una base para evaluar la efectividad de diferentes enfoques de tratamiento y programas de apoyo ante el fenómeno en cuestión.
Es así como, finalmente, los resultados de esta investigación son relevante para el campo de la salud mental, especialmente dentro del contexto educativo, ya que resaltan la prevalencia alarmante de conductas autolesivas entre los estudiantes universitarios y subrayan la necesidad de intervenciones específicas, logrado así contribuir a una comprensión más profunda de las conductas autolesivas en aras de facilitar e incentivar la creación de estrategias más adecuadas para apoyar a este grupo poblacional en riesgo y mejorar su bienestar psicológico, contribuyendo así no solo a su rendimiento académico, sino a su calidad de vida presente y futura.
5. CONCLUSIONES
A la luz de los textos consultados y analizados, se concluye que las conductas autolesivas sin intención suicida en los jóvenes universitarios pueden culminar en un acto de suicidio consumado pues se refuerzan estímulos negativos en relación a cómo se experimenta la vida. Además, todos los autores concuerdan en que los actos autolesivos y el afrontamiento de las diferentes dificultades están íntimamente relacionados, lo que deja ver que existe una tensión entre la forma en la que se superan los problemas y la manera en que se busca un escape pasajero.
También queda claro que un gran porcentaje de jóvenes presentó en algún momento de su vida un pensamiento o alguna conducta autolesiva sin intención suicida, ya sea por influencia del contexto, pares, por mecanismo de defensa momentáneo o para expresar su dolor emocional. Sin embargo, esa conducta autolesiva se puede transformar en una conducta autolesiva con intención suicida si no se dispone de canales de atención o protocolos para mitigar el riesgo de salud mental. Por otro lado, las autolesiones se enmarcan como un fenómeno a nivel global que afecta a todos los jóvenes sin discriminar género, cultura, contexto o aspectos socioeconómicos, pese a que los porcentajes varían de acuerdo con las regiones. De este modo, se habla de una realidad donde los comportamientos autolesivos requieren una atención y comprensión más amplia por parte de la sociedad, los profesionales en salud y salud mental como constructo teórico.
Así mismo, se evidencia que las autolesiones pueden surgir de una profunda falta de aceptación de las emociones, donde aquellos que la experimentan pueden sentirse abrumados por sus sentimientos o incapaces de manejarlos de manera saludable. Esto, porque en lugar de confrontar y procesar las emociones de manera constructiva, se recurre a la autolesión como una forma de escape o alivio temporal del dolor emocional. Por último, la prevalencia de autolesiones no suicidas es más común entre mujeres mientras que los hombres muestran una mayor propensión de completar el acto suicida, diferencia en la manifestación de la conducta suicida y autolesión que puede radicar en los roles y estereotipos de género o en la manera de vivenciar y expresar las emociones, destacando la importancia de entender y abordar las distintas necesidades y desafíos que enfrentan hombres y mujeres en términos de salud mental.
Conflicto de intereses / Competing interests:
Los autores declaran que el presente proyecto no representó conflicto de intereses de ninguna parte.
Rol de los autores / Authors Roles:
Marly Bolaños-López: Conceptualización, investigación, análisis formal, escritura – borrador original, escritura – revisión y edición, supervisión.
Liceth Hurtado-Ordoñez: Conceptualización, investigación, análisis formal, escritura – borrador original, escritura – revisión y edición.
Aspectos éticos/legales:
Los autores declaran no haber incurrido en aspectos antiéticos, ni haber omitido aspectos legales en la realización de la investigación.
Fuentes de financiamiento / Funding:
Las fuentes de financiación que dieron lugar a la investigación son de carácter personal y motivación profesional.
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