Resumen
Este artículo esclarece las causas psicosociales que inciden en la permanencia de mujeres en relaciones sentimentales con violencia doméstica a través de un estudio descriptivo-cualitativo. Los resultados demuestran que los factores que subyacen a este fenómeno son psicológicos (distorsiones cognitivas, creencias irracionales, dependencia emocional, apego inseguro y la adaptación paradójica a la violencia) y sociodemográficos (dependencia económica, nivel educativo, número de hijos y años de maltrato). En conclusión, esta revisión teórica sugiere realizar estudios multidisciplinarios que brinden herramientas eficaces para la prevención e intervención de la práctica clínica.
Palabras clave
1. INTRODUCCIÓN
En los últimos años, la violencia en relaciones de pareja ha sido considerada como un problema universal debido a su alta incidencia en la población y su presencia en distintas clases sociales, culturas, niveles educativos, sexo y edades. Este conflicto arremete contra los derechos humanos e incrementa los costos de salud púbica como resultado de las graves consecuencias físicas y psicopatológicas que produce en las víctimas. Es importante señalar, en este sentido, que la mayoría de quienes experimentan violencia de pareja son mujeres, y son los hombres quienes la perpetran (J. Rodríguez, 2005).
Del mismo modo, la Organización Mundial de Salud (OMS, 2013) reportó que en todo el mundo el 30% de las mujeres que han mantenido una relación sentimental ha sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja, y en algunas regiones, como América Latina, este porcentaje puede llegar al 38%.
En Bolivia, los estudios sobre esta problemática indican que 7 de cada 10 mujeres han padecido algún incidente de violencia (74,7%), con mayor prevalencia en el área rural (82,5%) que en el área urbana (71,3% Instituto Nacional de Estadística).
Al respecto Aiquipa y Canción (2020) definen la violencia de pareja como cualquier conducta dentro de una relación íntima que cause daño a nivel físico, psicológico o sexual y que genere consecuencias perjudiciales en la mujer víctima, en su entorno familiar y en el medio social en general.
El estudio de las causas por las que una mujer maltratada permanece en convivencia con una persona que la agrede prolongadamente, en este caso su cónyuge, es uno de los temas más controvertidos que ha suscitado un gran interés de estudios en el ámbito de las ciencias comportamentales y ha derivado en distintos enfoques investigativos (Amor et al., 2006). Por ejemplo, la teoría de la acción razonada/conducta planificada, en la que la mujer decide abandonar o continuar con su relación de pareja (intención conductual) en función a la norma social y a las expectativas de los resultados basados en una valoración de costes y beneficios de las posibles alternativas (Ajzen, 1985 como se citó en Amor & Echeburúa, 2010).
De la misma forma, el modelo de inversión desarrollado por Rusbult en 1980, Rhatigan en 1983 y Axsom en 2006 (como se citó en Amor & Echeburúa, 2010) plantea que las víctimas que se sienten más comprometidas dentro de la relación de pareja tienen una mayor probabilidad de permanecer en ella. Este compromiso se mide a partir de tres factores, a saber, el grado de satisfacción, las alternativas disponibles y la inversión realizada.
Finalmente, el modelo transteórico del cambio Prochaska y DiClemente (1982), adaptado por Brown (1997) al ámbito del maltrato, se centra en el análisis de las etapas de cambio por las que atraviesa una víctima para abandonar una relación de pareja violenta, a saber, la pre-contemplación (en la que la víctima tiende a minimizar o negar el problema y sus consecuencias), la contemplación (en la que existe una gran ambivalencia y disonancia cognitiva entre el afecto y el maltrato que sufre), la preparación (que disminuye la ambivalencia, presenta mayor conciencia del problema y aumenta los deseos de cambio), la acción (en la que se realizan cambios, se toman decisiones, se emprenden acciones legales, etc.), y finalmente, el mantenimiento y/o terminación de la relación violenta.
Por ello, el presente trabajo tiene por objetivo esclarecer las causas psicosociales que inciden en la permanencia de mujeres en relaciones sentimentales con violencia doméstica.
2. MÉTODO
Se realizó un estudio descriptivo, que recoge información de manera independiente, o conjunta, sobre los conceptos o variables pertinentes para este estudio. Este método es útil para mostrar con precisión las dimensiones de un fenómeno (Hernández et al., 2014).
El enfoque utilizado fue cualitativo ya que la investigación examinó la forma en que los individuos perciben y experimentan los fenómenos que los rodean y profundizan sus puntos de vista, interpretaciones y significados. En dicho enfoque, la recolección de los datos está orientada a brindar un mayor entendimiento de los fenómenos estudiados (Hernández et al., 2014).
Se identificaron estudios relevantes a la investigación mediante una búsqueda en las bases de datos de las revistas Dialnet, SciELO, Redalyc y Elsevier, cuyos registros contenían violencia doméstica hacia las mujeres, la convivencia prolongada con sus agresores, distorsiones cognitivas, creencias irracionales, dependencia emocional, apego inseguro o preocupado, síndrome de adaptación paradójica a la violencia, indefensión aprendida, respuestas emocionales, dependencia económica, nivel educativo y años de maltrato.
Finalmente, la búsqueda en la base de datos generó más de 200 resúmenes. La gran mayoría fue excluida debido a que la fuente no presentó datos originales o no proporcionó ninguna indicación de variables psicosociales que incidieran en la permanencia prolongada de mujeres maltratadas en relaciones sentimentales violentas. Un total de 40 artículos publicados cumplieron con los criterios de inclusión.
Criterios de inclusión
Solo se incluyeron estudios publicados entre los años 2000 y 2020. Los estudios incluidos evaluaron dos factores, a saber, procesos psicológicos de la víctima y condiciones sociodemográficas de las mismas.
Las muestras de los estudios debían estar conformadas únicamente por mujeres en un rango de edad de 25 a 75 años y haber mantenido una relación sentimental (casadas o en concubinato) por 10 años o más.
Criterios de exclusión
Se excluyeron los estudios que presentaban datos sobre mujeres que eran maltratadas por sus conyugues, pero que no tenían hijos, ya que, en los estudios analizados, la variable de número de hijos se vio como una importante condición para la toma de decisiones respecto de la permanencia o abandono de la relación violenta (Echeburúa et al., 2002).
Asimismo, no se tomaron en cuenta los factores psicosociales que impulsan al conyugue agresor a perpetuar la violencia en su pareja, tales como los rasgos disposicionales y los factores situacionales.
3. RESULTADOS
apego se caracteriza por una alta preocupación por su entorno familiar actual, un alto traumatismo parental relacionado a experiencias de su niñez y una alta percepción de ambivalencia frente a las figuras paterna y materna, que fueron percibidas durante su desarrollo infantil como poco consistentes e incapaces de ejercer autoridad (Loubat et al., 2007). Esto conllevó a una carencia afectiva temprana y una focalización excesiva en fuentes externas de autoestima (Z. Méndez et al., 2012).
Ya que es posible que hayan sido víctimas de abuso físico o psicológico durante su desarrollo, una persona caracterizada por ser fría u hostil les resultaría más familiar como pareja (Del Castillo et al., 2015). Por ello, las víctimas perciben que carecen de espacios propios y sienten que no cuentan con instancias de apoyo en su núcleo familiar. Esto se traduce en una baja capacidad de confianza en los otros y de búsqueda de ayuda, caracterizada por una libertad limitada para expresar emociones que impide una evaluación objetiva de los pros y contras de la relación en la que se encuentran (Loubat et al., 2007).
Resultados similares fueron hallados en las investigaciones de Zalapa y García (2012) en las que las mujeres víctimas de violencia se caracterizaban por presentar un apego paradójico en el que sienten compasión por su agresor y le conceden perdón bajo la creencia, motivada por los factores mencionados anteriormente en este artículo, de que la violencia no se repetiría si se aceptan sus órdenes, insultos y faltas de respeto, en un intento por evitar, mediante su complacencia, el abandono del agresor.
Por otra parte, las respuestas emocionales de la víctima hacia el constante maltrato doméstico atraviesan por distintas etapas de modificación afectiva (Echeburúa et al., 2002).
En una primera fase, al comienzo de la relación, si el maltrato surge de una forma sutil e incluso imperceptible para la víctima (como gestos aislados de desprecio, desvalorizaciones frecuentes, conductas de control excesivo, etc.), cabe la posibilidad, sobre todo si la víctima está enamorada, de un acostumbramiento progresivo a la violencia. Este fenómeno ha sido denominado como síndrome de acomodación al maltrato (Perrone y Martine, 1998 como se citó en Amor et al., 2006).
Ahora bien, si la violencia se plantea de forma explícita ya desde el principio, uno de los factores que puede contribuir a que la mujer siga en convivencia con el agresor es la esperanza de que, si se sacrifica y esfuerza lo suficiente, logrará una relación armoniosa. Este esfuerzo inoperante, que realizan algunas víctimas de maltrato, es el aspecto central de la teoría de la trampa psicológica (Brockner y Rubin, 1985 como se citó en Amor & Echeburúa, 2010).
De hecho, Aiquipa y Canción (2020) encontraron que los malos tratos generan emociones disfóricas como ansiedad, tristeza, ira, temor y miedo.
En este sentido, Flores y Velasco (2004) plantean que los miedos se activan como respuesta emocional ante la percepción de daño o peligro. Llama la atención, sin embargo, el hecho de que si bien, en parte, la función auto-protectora del miedo conduce a las víctimas a hacer repetidas denuncias, no consigue ser determinante a la hora de tomar acciones que pudieran poner un alto de manera definitiva a la situación de violencia.
Aparentemente, existen otros temores relacionados con la consecuencia de perder a la pareja. El miedo a la soledad, la indefensión económica, la crítica social, las represalias físicas por parte de su pareja o familiares y la pérdida de los hijos se configuran con mayor intensidad que el miedo a continuar siendo víctimas de este tipo de violencia (Sagot, 2000).
Es así que, en el proceso de toma de decisiones, las mujeres maltratadas deciden continuar o concluir la relación en función de la respuesta a dos preguntas clave: ¿estaré mejor fuera de la relación? y ¿seré capaz de salir de ella con éxito? La primera pregunta estaría modulada por cuatro factores: a) el grado de satisfacción con la relación de pareja, b) la inversión realizada, c) la calidad de las alternativas disponibles y d) la presión ambiental y familiar para continuar o concluir la relación. La respuesta a la segunda interrogante, por otro lado, depende de los recursos psicológicos disponibles a la víctima (como las expectativas de autoeficacia y sentimientos de control) y de los apoyos comunitarios (ya sea sociales, jurídicos y económicos). Si la mujer maltratada responde negativamente a cualquiera de las dos preguntas, tenderá a continuar dentro de la relación de pareja (Goodman et al., 2003).
Respecto de este proceso, Jaen et al. (2015) plantean que la toma de decisiones se asocia de manera positiva con la ausencia de violencia. Dicho de otro modo, las mujeres con puntuación alta en la participación activa en la toma de decisiones cotidianas tienen mayores posibilidades de no experimentar eventos de violencia. Esto se debe a que la autonomía y autoeficacia permiten equilibrar el control y el poder en la relación de pareja (Antai, 2011).
Finalmente, junto con los elementos descritos anteriormente, también es importante hacer mención a las variables sociodemográficas asociadas con la permanencia de la mujer con el agresor.
Éstas incluyen dependencia económica, nivel académico (estudios primarios), profesión (amas de casas u otras extra-domésticas), apoyo social y familiar número de hijos (en un rango de 0 a 6) y años de maltrato (en un rango de 1 a 40 años) (Echeburúa et al., 2002).
Las investigaciones consultadas para este artículo han encontrado que las mujeres con niveles bajos de escolaridad y desventaja socioeconómica tienen mayor riesgo de experimentar y permanecer en relaciones violentas, frente aquellas con escolaridad elevada (Avila et al., 2009).
Lo anterior indica que el nivel educativo tiene un efecto protector, ya que se vincula con una mayor capacidad no sólo económica, sino también de resolución de conflictos en las relaciones interpersonales (González & Fernández, 2010).
No obstante, también debe recordarse que la percepción de falta de control de la situación, la baja autoestima y la dependencia emocional de la víctima, que tienden a darse como consecuencia de la ascensión lenta y progresiva del proceso de maltrato, pueden ser factores más significativos que las variables socioeconómicas para explicar la permanencia de la víctima con el agresor (Rhodes y Baranoff, 1998 como se citó en Echeburúa et al., 2002).
4. DISCUSIÓN
Como evidencian las investigaciones estudiadas, el abandono de una relación de pareja violenta supone una decisión extremadamente compleja y difícil de tomar.
Amor y Echeburúa (2010) indican que, en cada caso, existen circunstancias vinculadas con la víctima (por ejemplo, creencias y actitudes irracionales, sentimientos de baja autoestima y de culpa, malestar emocional y miedo extremo) al agresor (por ejemplo, presencia de características antisociales, severidad de la violencia, “arrepentimientos” intermitentes, amenazas de suicidio o de muerte a su mujer e hijos y manipulación psicológica a la víctima) y a la relación (dependencia económica, aislamiento, presiones familiares o sociales y dificultades para acceder a recursos comunitarios).
En este sentido, la decisión de permanecer en convivencia con el agresor o de abandonar la relación supone un proceso dinámico que está condicionado por múltiples factores socioeconómicos, cognitivos, emocionales y psicopatológicos (trastorno de estrés postraumático y alteraciones clínicas como la depresión, la ansiedad patológica y la baja tolerancia a la frustración) (Goodman et al., 2003).
El maltrato crónico sólo puede ser soportado, relativamente, si existen distorsiones cognitivas y estrategias de afrontamiento inadecuadas e ineficaces (Echeburúa et al., 2002; Rhatigan et al., 2006).
Bajo esta línea, los resultados compartidos por Flores y Velasco (2004) demuestran que es más fácil soportar la agresión de la pareja que hacerse responsable e independiente económicamente y socialmente.
Generalmente, las víctimas tienden a atribuir la causa de los sucesos violentos del agresor a factores externos (como estrés laboral, consumo de alcohol, crianza de los hijos, etc.) y minimizan de este modo la noción de su capacidad personal.
No obstante, también cabe destacar que se ha otorgado mayor prioridad a erradicar la violencia de pareja, ejercida contra las mujeres, con base en un modelo clínico de hombre-agresor y mujer-víctima sin tomar en cuenta la dinámica de las relaciones interpersonales desde el noviazgo (Rojas, 2013).
En este sentido, Corral (2009) menciona, que la violencia de pareja en jóvenes no ha recibido tanta atención en la literatura como la violencia en parejas adultas; sin embargo, la violencia durante la relación de noviazgo puede ser un pronóstico de violencia doméstica, y se constituye en un campo importante de investigaciones futuras.
5. CONCLUSIONES
En el presente artículo se han descrito diferentes investigaciones que buscan explicar las causas psicosociales que inciden en la permanencia de mujeres en relaciones sentimentales con violencia doméstica.
En definitiva, el discernimiento de estas causas permitirá que la intervención psicológica se enfoque en proporcionar estrategias de afrontamiento cognitivo y habilidades de resolución de problemas más eficaces.
Esto implicaría brindar mejores recursos, tanto personales como psicológicos, para la adecuada toma de decisiones en los momentos en que se presenta la situación de violencia.
A nivel preventivo, permitirá el conocimiento necesario para abordar eficazmente el fenómeno descrito. De esta manera, se proporcionará información y orientación sobre las causas y consecuencias de la violencia con el propósito de brindar posibles alternativas que erradiquen las conductas agresivas e impulsivas en las relaciones de pareja.
Con base a la revisión y descripción teórica realizada en este artículo, se sugiere realizar estudios multidisciplinarios que proporcionen mayor información sobre la permanencia prolongada de mujeres en situación de violencia doméstica.
Asimismo, se recomienda analizar variables relacionadas al fenómeno descrito, como ser las características disposiciones y situacionales del agresor y los factores protectores que estimulan un abandono más inmediato de la relación disfuncional.
Conflicto de intereses / Competing interests:
La autora declara que no incurren en conflictos de intereses.
Rol de los autores / Authors Roles:
No aplica.
Fuentes de financiamiento / Funding:
La autora declara que no recibió un fondo específico para esta investigación.
Aspectos éticos / legales; Ethics / legals:
La autora declara no haber incurrido en aspectos antiéticos, ni haber omitido aspectos legales en la realización de la investigación.
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